Lo que Monterrey me enseñó que no aprendí en ningún salón de clases
Llegué a Monterrey el jueves 24 de abril con una delegación de jóvenes hidrocálidos. Llegamos al Segundo Encuentro Nacional #JovenEsMorena, un campamento de formación política organizado por el Comité Ejecutivo Nacional a través de la Secretaría de Jóvenes. Trescientos jóvenes de siete estados: Nuevo León, Aguascalientes, Coahuila, Guanajuato, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas. Tres días de talleres, conferencias, mesas de trabajo, conversatorios.
Regresé con algo que no esperaba. No es un dato ni un contacto, aunque tuve muchos de los dos. Es una certeza que antes tenía en abstracto y ahora tengo concreta: la formación política no es un lujo para los jóvenes que quieren hacer carrera dentro de un partido. Es la condición básica para que la participación política valga algo.
Lo que pasa cuando jóvenes de siete estados se sientan en la misma mesa
Antes de ir a Monterrey, yo tenía una lectura del país hecha principalmente desde Aguascalientes. Desde San Francisco de los Romo, para ser más preciso. Esa lectura no estaba mal, pero estaba incompleta de maneras que yo no sabía.
Una joven de Tamaulipas que lleva tres años organizando comunidades en municipios con presencia del crimen organizado tiene una experiencia de la política que yo no tengo. Un joven de Zacatecas que trabaja en municipios mineros con conflictos ambientales activos sabe cosas sobre la relación entre territorio y poder que ningún libro de texto explica con esa claridad. Una joven de Guanajuato que ha crecido en una entidad donde Morena es oposición real conoce formas de construir base política bajo presión que en Aguascalientes apenas empezamos a necesitar.
Eso no es intercambio de anécdotas. Es formación. Es la manera más directa de ampliar el mapa con el que uno lee la realidad.
Este encuentro se planteó como un espacio de capacitación estructurada, no como un evento centrado en movilización o coyuntura electoral. Eso importa: significa que el partido apostó por algo que rinde fruto lento. Que sus jóvenes aprendan a pensar, no solo a reaccionar.
Por qué la formación académica y política no son lo mismo, y por qué las dos son necesarias
Hay una confusión que escucho seguido en jóvenes que se acercan a la política: creen que la formación académica y la formación política son caminos separados, incluso competidores. Que uno puede ser buen activista sin saber teoría, o buen profesionista sin meterse en política.
Los tres días en Monterrey me confirmaron lo contrario.
La formación académica te da las herramientas para entender por qué pasan las cosas. Te enseña a leer datos, a construir argumentos, a distinguir una correlación de una causa. Sin eso, la participación política se reduce a intuición y voluntad, que a veces alcanza y muchas veces no.
La formación política te enseña a actuar en el mundo real, que no se parece mucho al mundo de los libros. Te enseña que las decisiones se toman con información incompleta, que los actores tienen intereses que no siempre dicen en voz alta, que construir acuerdos requiere ceder en cosas que te importan para avanzar en las que más te importan.
El campamento en Monterrey ofreció talleres, conferencias y debates con una constancia de valor curricular avalada por el Instituto Nacional de Formación Política. Ese detalle no es burocrático. Es un reconocimiento de que la formación política es formación en sentido pleno, no un complemento menor de lo que se aprende en la universidad.
Un joven que combina las dos cosas, formación académica sólida y experiencia política real, tiene una capacidad de incidencia que ninguno de los dos caminos por separado produce. Eso es lo que Morena está intentando construir con estos encuentros. Y lo que Morena Juventud Aguascalientes tiene que replicar en nuestro propio territorio.
El relevo generacional no es una promesa. Es un proyecto con plazos.
En el primer encuentro de Acapulco, los jóvenes asistentes acordaron cuatro acciones concretas: realizar encuentros estatales de juventudes, conformar comités universitarios, integrarse a los comités estatales y crear una red de vocerías para abordar asuntos de relevancia nacional. No son declaraciones generales. Son compromisos con nombre y fecha.
Eso es lo que distingue la formación política seria de la movilización decorativa. La movilización lleva jóvenes a un evento, los hace sentir parte de algo, y los manda de regreso a casa sin un encargo claro. La formación política hace lo mismo, pero cuando el joven regresa ya sabe qué tiene que hacer la semana siguiente.
La cadena Acapulco–Monterrey–lo que viene después no es una gira de eventos. Es la construcción deliberada de una red nacional de jóvenes que se conocen, que han trabajado juntos, que tienen referencias comunes y compromisos cruzados.
Esa red tiene un valor político que no se mide en número de asistentes. Se mide en qué pasa cuando uno de esos jóvenes necesita apoyo para sacar adelante un proyecto en su municipio y tiene dónde llamar.
Lo que traigo de vuelta a Aguascalientes
Regresé con tres cosas concretas.
La primera es la convicción de que Morena Juventud Aguascalientes tiene que organizar su propio encuentro estatal antes de que termine el año. No como fotocopia del nacional. Como algo que responda a los retos específicos de nuestra entidad: el crecimiento metropolitano, la disputa por los municipios del norte, la formación de cuadros en ciudades intermedias como Calvillo y Rincón de Romos, los jóvenes universitarios que no encuentran todavía un espacio donde su formación académica y su compromiso político conversen.
La segunda es la certeza de que la formación no puede ser un evento. Tiene que ser un proceso. Tres días en Monterrey abrieron puertas. Sostener lo que se abrió requiere estructura: grupos de estudio, mentorías, proyectos compartidos, seguimiento. Eso es lo que tenemos que construir de regreso en casa.
La tercera, y quizá la más importante, es que vi jóvenes de siete estados haciendo exactamente lo mismo que nosotros intentamos hacer en Aguascalientes: convencer a sus comunidades de que la política no es algo que les pasa a otros, sino algo que ellos pueden hacer. Con errores, con recursos limitados, con resistencias que no siempre se resuelven rápido. Pero haciéndolo.
Eso no es inspiración vacía. Es evidencia. La evidencia de que el camino existe y que ya hay gente caminándolo.




Una palabra final para los jóvenes que todavía dudan
Sé que hay jóvenes en Aguascalientes, en San Francisco, en los fraccionamientos nuevos y en las colonias viejas, que ven la política con desconfianza. Que sienten que participar significa meterse en algo sucio, o que sus ideas no van a cambiar nada, o que primero hay que terminar la carrera y estabilizarse y después, tal vez, ya se verá.
Entiendo esa desconfianza. No es irracional. Viene de ver cómo ha funcionado la política durante mucho tiempo.
Pero lo que vi en Monterrey fue otra cosa. Vi jóvenes que no esperaron a estabilizarse para empezar. Que llevaron su formación académica al mismo espacio donde construyen su formación política. Que entienden que las dos cosas no se contradicen: se necesitan.
Si estás leyendo esto y tienes entre 18 y 29 años y algo de lo que escribí te suena aunque sea un poco, el siguiente encuentro nacional #JovenEsMorena está por venir. Y el encuentro estatal en Aguascalientes también.
No te estoy pidiendo que te conviertas en militante si no quieres. Te estoy pidiendo que vengas a conocer. Que escuches a jóvenes que ya están haciendo lo que tú todavía estás pensando si quieres hacer.
Lo peor que puede pasar es que pases tres días aprendiendo cosas con gente interesante y regreses con más preguntas que respuestas.
En política, las buenas preguntas son el principio de todo.
Max Leal es Secretario de Jóvenes de Morena en Aguascalientes, originario de San Francisco de los Romo. Encabezó la delegación de jóvenes hidrocálidos en el Segundo Encuentro Nacional #JovenEsMorena 2026, celebrado en Monterrey, Nuevo León, los días 24, 25 y 26 de abril.

