Hernán Cortés: Más Allá de la Leyenda

Hernán Cortés: Más Allá de la Leyenda

El hombre detrás de la biografía: Christian Duverger

En el debate público actual y en proceso revisionista de la historia, parece que como mexicanos debemos comenzar por desmitificar la figura mítica de Hernán Cortés y centrarnos sin pasiones sobre su persona para analizar sus posibles aportes o hierros que al final de cuentas aportaron en mayor o menor medida la formación de una nación que hoy dice llamarse Estados Unidos Mexicanos.

Pero antes de hablar de Hernán Cortés conviene hablar de quien decidió reescribirlo. Christian Duverger nació en Burdeos en 1948. Se formó en derecho, ciencias políticas, filosofía y antropología, acumuló dos doctorados en la Universidad de la Sorbona, y desde 1975 se integró a la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París como asistente del antropólogo Jacques Soustelle. Eso define su perfil: no es un biógrafo de consulado ni un divulgador de fin de semana. Es un especialista que lleva medio siglo trabajando el archivo mesoamericano.

Christian Duverger

Su relación con México no es epistolar. Christian Duverger trabajó en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, enseñó en la UNAM y en la Universidad de Guadalajara, dirigió misiones arqueológicas en el noroeste del país entre 1980 y 1988, y fue consejero cultural de la embajada francesa en México entre 1994 y 1996. Fundó el Centro de Estudios sobre América Prehispánica, adscrito a la EHESS y a la Universidad París-Sorbona, y desde 2017 coordina el Coloquio Cervantino Internacional de Guanajuato. Sus archivos de referencia son la Biblioteca Nacional de Francia, el Archivo de Indias en Sevilla, el Archivo General de la Nación y el Archivo Secreto del Vaticano. Ganó el Premio del Duque de Loubat de la Academia de Inscripciones de Francia en 1983 y el Premio Georges Goyau de la Academia Francesa en 1988.

La obra que aquí se presenta, Hernán Cortés: Más allá de la leyenda, fue publicada originalmente en francés en 2005 y traducida al español por el propio Christian Duverger junto a Elian Cazenave Tapie. No es su único trabajo sobre el conquistador. En 2013 publicó Crónica de la eternidad, donde atribuyó la autoría de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España a Cortés mismo y no a Bernal Díaz del Castillo, tesis que generó debate académico serio aunque dividió a la comunidad de hispanistas. En 2019, la editorial Taurus relanzó su biografía cortesiana en dos volúmenes: La espada y La pluma. Christian Duverger no escribe sobre Cortés de manera ocasional. Lo ha convertido en el eje de una investigación de décadas que pregunta, en el fondo, cómo nació México.

Cortés: un hombre de su tiempo

Hernán Cortés nació en Medellín, Extremadura, alrededor de 1485. Era hijo de hidalgos menores (honorables pero sin fortuna), y cursó leyes en Salamanca sin llegar a graduarse. Ese paso por la universidad lo marcó de una manera que sus contemporáneos no siempre comprendieron: Hernán Cortés llegó a América en 1504 sabiendo leer el poder de la escritura. Sus Cartas de Relación dirigidas a Carlos V entre 1519 y 1526 no son informes de campaña: son documentos políticos escritos con conciencia retórica para fijar, ante el monarca y ante la historia, su versión de los hechos.

Hay que situarlo en su época sin concesiones. El siglo XVI español era el de la Reconquista recién consumada, el del descubrimiento de América como desbordamiento de esa misma energía bélico-religiosa, y el del Renacimiento filtrándose por los puertos mediterráneos hacia Castilla. Era también el siglo de Carlos V, cuya acumulación de herencias dinásticas, la Corona de Aragón en 1516, el título de Emperador Germánico en 1519, creándose un colosal problema administrativo sobre territorios que no cabían en ningún modelo de gobierno conocido. Hernán Cortés operó dentro de esa tensión estructural: la metrópoli que no sabía qué hacer con lo que sus propios súbditos conquistaban.

El 21 de abril de 1519, una expedición de unos quinientos hombres, dieciséis caballos y catorce piezas de artillería llegó a la costa que hoy es Veracruz. Hernán Cortés había desobedecido al gobernador de Cuba, Diego Velázquez, y sabía que necesitaba una base legal distinta para su empresa, dando muestra de genialidad y organización para justificar su siguiente paso fundó la Villa Rica de la Vera Cruz, le asignó un cabildo y se nombró capitán al servicio directo del rey. No fue un acto de improvisación: fue un gesto jurídico calculado. Cortés sabía exactamente lo que hacía y por qué lo hacía.

«Antes que hombre, Cortés es un mito, un mito con facetas que siempre se han disputado escuelas de pensamiento concurrentes e ideologías rivales». — Duverger, 2005

Lo que Christian Duverger propone en su lectura es que Hernán Cortés fue ante todo, un hombre del Renacimiento que eligió volverse otro. Cuando comprendió la dimensión del Imperio Mexica, cuando reconoció en Tenochtitlan una ciudad comparable a las capitales europeas, algo cambió en su proyecto. No se trataba ya de repetir el modelo antillano, encomienda, exterminio paulatino, colonia en miniatura, sino de algo más complejo: un injerto hispano en las estructuras del Imperio Azteca, un mestizaje real y no solo decorativo. Eso lo separa, según el argumento de Christian Duverger de casi todos los conquistadores de su generación.

Los aciertos y los errores: sin leyenda dorada ni negra

Lo que hizo bien, o al menos diferente

La apuesta de Hernán Cortés por el mestizaje tiene evidencias concretas. Aprendió náhuatl o al menos desarrolló una competencia funcional en la lengua, algo sin precedente entre los conquistadores mayores. Promovió que la enseñanza en la Nueva España se impartiera en lengua vernácula o en latín, no en castellano. Estableció relaciones con mujeres indígenas de manera sistemática: tuvo hijos con varias de ellas y reconoció al primero de sus hijos con La Malinche, Martín Cortés, en un acto que no era obvio para la moral del siglo XVI. Respaldó a los franciscanos en una evangelización que preservó estructuras culturales indígenas en lugar de borrarlas. En su visión, los santuarios prehispánicos no debían demolerse sino transformarse: el catolicismo tenía que arraigar en la sacralidad de los lugares, no suprimirla. Hecho que luego rescata la antropóloga hidrocálida Anita Brenner en su obra Ídolos tras los altares.

Anita Brenner Ídolos tras los altares.

Como explorador, Hernán Cortés financió expediciones al Pacífico desde la década de 1520, llegó personalmente a lo que hoy es la península de Baja California en 1535 y concibió una ruta comercial hacia las Molucas y Filipinas antes de que ningún otro europeo lo intentará desde el Pacífico mexicano. Ese Hernán Cortés explorador es el que la memoria colectiva suele omitir, quizás porque no encaja bien ni en la leyenda heroica ni en la condena moral.

Lo que no puede defenderse

Ninguna lectura honesta de Hernán Cortés puede ignorar la Matanza del Templo Mayor de 1520, ordenada por Pedro de Alvarado en su ausencia pero dentro de su cadena de mando. Tampoco puede silenciarse la tortura de Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica, quemado en los pies para que revelara el paradero del tesoro de los aztecas. Ni la violencia de la toma de Tenochtitlan, que en agosto de 1521 dejó una ciudad destruida y una población diezmada. La encomienda que Hernán Cortés recibió y que administró reprodujo condiciones de explotación para los pueblos indígenas bajo su jurisdicción, aunque sus defensores argumentan que fueron menos severas que las de otros encomenderos.

Hay un episodio que Christian Duverger no ignora y que ningún biógrafo serio puede soslayar: la ejecución de su primera esposa, Catalina Juárez, que murió en circunstancias oscuras en Coyoacán en 1522. Nunca se probó que Hernán Cortés la asesinara, pero la sospecha lo acompañó el resto de su vida y fue usada políticamente por sus enemigos. El conquistador de México fue también un hombre con enemigos poderosos, procesos judiciales interminables y una segunda mitad de vida marcada por la ingratitud de la Corona que se aprovechó de lo que había construido.

La ecuanimidad que propone Mira Caballos en su revisión historiográfica aplica aquí con precisión: Hernán Cortés no es un santo pero tampoco el prematuro genocida del quinientos que construyó cierta narrativa del siglo XIX. Es un conquistador que actuó dentro de los códigos de su época, con mayor inteligencia política que la mayoría y con una violencia que no fue ni excepcional ni menor. Juzgarlo solo con la moral del siglo XXI es un anacronismo; absolverlo por el contexto histórico sería una capitulación.

La historia lo busca: Cortés en diferentes momentos

Pocos personajes históricos han sido exhumados, enterrados y vueltos a exhumar tantas veces como Hernán Cortés. Su cadáver mismo es una metáfora de ese ciclo: murió en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, en diciembre de 1547. Sus restos viajaron a México, fueron trasladados varias veces a la iglesia de San Francisco en 1629, luego al Hospital de Jesús que él fundó para atender a la población nativa (un genocida no se preocupa por la salud de un pueblo conquistado), y en 1794 el virrey Revillagigedo construyó un mausoleo con obelisco de mármol y busto de bronce firmado por Manuel Tolsá. Ese acto no fue solo piadoso: fue político. Al honrar a Hernán Cortés en las vísperas de la Independencia, el virrey construía el símbolo de un México mestizo que ya no podía ser pensado como colonia ni como satélite de España.

El sermón que fray Servando Teresa de Mier pronunció el 8 de noviembre de 1794 en esa ceremonia desapareció. El arzobispo lo condenó al exilio en España al día siguiente de su segunda prédica, la del 12 de diciembre sobre la Virgen de Guadalupe. Christian Duverger rastrea ese sermón perdido en los archivos de Francia, Italia, Gran Bretaña, España y los Estados Unidos, sin encontrarlo. Su desaparición no parece casual: Hernán Cortés como símbolo de rebelión contra la Corona era demasiado para que el aparato colonial lo tolerara en papel.

En 1823, consolidada la Independencia, el mausoleo fue desmantelado. El sermón fue censurado por el tiempo. Hernán Cortés no cabía bien en el panteón de los insurgentes. El siglo XIX construyó una historia nacional que necesitaba héroes indígenas y villanos europeos, y la figura del conquistador fue relegada al margen incómodo. Diego Rivera lo pintó grotesco y enfermo en los murales del Palacio Nacional. No hay estatua de Hernán Cortés en las plazas de la Ciudad de México: el único monumento que lo incluye, el Monumento al Mestizaje en el parque Xicoténcatl de Coyoacán, fue rechazado por los vecinos cuando se intentó instalarlo en el centro del barrio en 1982, y el hijo de bronce que tenía en brazos representaba a Martín Cortés, primer mestizo reconocido, fue sustraído misteriosamente en 2013.

En 2019, el presidente López Obrador exigió al rey de España y al papa Francisco una disculpa formal por la conquista. España la rechazó. El debate sobre Cortés sigue siendo, quinientos años después, un debate sobre México.

En el siglo XX, la historiografía española tendió al rescate: Salvador de Madariaga consideró a Hernán Cortés el español más capaz de su siglo; Carlos Pereyra lo celebró como fundador de imperios. Del lado mexicano, José Luis Martínez publicó en 1990 una biografía monumental que intentó la ecuanimidad documental. Juan Miralles (2001) lo llamó el inventor de México. Christian Duverger continúa esa línea de rehabilitación académica sin llegar a la apología. En 2019, cuando se conmemoraron los quinientos años de la entrada a Tenochtitlan, el debate fue renovado desde ambas orillas del Atlántico: se organizaron congresos internacionales en Medellín y Trujillo, se publicaron revistas especializadas, y al mismo tiempo el gobierno de Ciudad de México rebautizó el árbol de la Noche Triste como árbol de la Noche Victoriosa.

Hernán Cortés sigue siendo una herida abierta porque México sigue siendo, en parte, la pregunta que él planteó: ¿qué significa ser mestizo, qué se ganó y qué se perdió en ese encuentro que Christian Duverger llama fundacional? No hay respuesta definitiva. Pero el libro que Christian Duverger escribió en 2005 y que en sus reediciones de 2019 mantuvo su arquitectura central, sigue siendo uno de los intentos más serios de formular la pregunta sin sucumbir ni a la demonización ni a la glorificación.

Por qué leer este libro ahora

Hernán Cortés: Más allá de la leyenda no es una biografía cómoda. Christian Duverger apuesta por un Hernán Cortés que perturba a todos: a quienes quisieran condenarlo sin matices y a quienes quisieran absolverlo sin cargo. Lo que hace el autor francés con décadas de trabajo de archivo es construir un personaje de carne y tiempo: un extremeño que se convirtió en otra cosa, que tuvo una visión política que su propio rey no comprendió, y que fue castigado por ser demasiado ambicioso y demasiado diferente.

Leerlo en 2026, cuando el debate sobre la conquista sigue siendo un instrumento de política identitaria en México, en España y en los organismos internacionales, es un acto de higiene intelectual. La historia no sirve para consolarnos ni para darnos razón: sirve para entender cómo llegamos aquí. Y para eso, Hernán Cortés con sus contradicciones, sus crímenes y su extraña visión del mestizaje, sigue siendo imprescindible y aunque no nos gusta como Mexicanos, bueno o malo es el primer padre del México actual.

Referencias

Duverger, C. (2005). Hernán Cortés: Más allá de la leyenda (E. Cazenave Tapie y C. Duverger, Trads.). Taurus.

Duverger, C. (2013). Crónica de la eternidad: ¿Quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España? Taurus.

Duverger, C. (2019). Vida de Hernán Cortés: La espada y La pluma (2 vols.). Taurus.

Martínez, J. L. (1990). Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica / Universidad Nacional Autónoma de México.

Miralles, J. (2001). Hernán Cortés: Inventor de México. Tusquets.

Mira Caballos, E. (2021, enero 8). Hernán Cortés: Entre dos leyendas. Recuperado de https://estebanmiracaballos.com/2021/01/08/hernan-cortes-entre-dos-leyendas/

Mira Caballos, E. (2020). Historiografía cortesiana. Revista de Historia Militar, II extraordinario, pp. 17–60.

Calero Carretero, J. Á., y García Muñoz, T. (Eds.). (2020). Congreso Internacional «Hernán Cortés en el siglo XXI: V Centenario de la llegada de Cortés a México». Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste. ISBN: 978-84-948078-9-3.

La Jornada. (2019, junio 27). Christian Duverger derriba mitos y reivindica a Cortés. Recuperado de https://www.jornada.com.mx/2019/06/27/cultura/a03n1cul

Fundación Cervantina. (s. f.). Christian Duverger. Recuperado de https://www.fundacioncervantina.org/christian-duverger

Wikipedia. (2024, junio 13). Christian Duverger. En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Christian_Duverger

Wikipedia. (2025). Hernán Cortés. En Wikipedia, the free encyclopedia. Recuperado de https://en.wikipedia.org/wiki/Hern%C3%A1n_Cort%C3%A9s

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

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