Rodolfo Landeros: cuando el Presupuesto Participativo se convierte en parque

En el fraccionamiento Rodolfo Landeros, una cancha, una trotapista y un área de juegos serán rehabilitadas con 4.8 millones de pesos del Presupuesto Participativo “Te Toca Decidir”. El caso permite entender cómo una propuesta vecinal puede convertirse en obra pública y qué falta para que el parque cumpla su propósito.
En un parque de barrio pueden convivir, a la misma hora, un grupo de jóvenes que juega en la cancha, una vecina que da vueltas a la trotapista, niñas y niños que corren entre los juegos y una familia que busca un lugar para sentarse a la sombra. Esa escena, que cualquier colonia reconoce, no es una descripción de lo que hoy ocurre en el parque del fraccionamiento Rodolfo Landeros: es la clase de vida cotidiana que un espacio así está llamado a albergar.
El 30 de septiembre de 2026, el presidente municipal de Aguascalientes, Leo Montañez, recorrió el parque, ubicado en las calles Olga Delgadillo y Paula de Jesús Jiménez Yáñez, para dar cuenta de su rehabilitación. De acuerdo con el Municipio, la obra implica una inversión de 4 millones 843 mil 796 pesos y se realiza mediante el Presupuesto Participativo. Más allá de los metros cuadrados y los materiales, el caso permite observar una pregunta de fondo: ¿qué cambia cuando una obra para un parque no surge únicamente de una decisión de gabinete, sino de un mecanismo que abre la puerta a la participación de los habitantes?

1. Cuando los vecinos deciden qué necesita su entorno
El presupuesto participativo es, en términos sencillos, un mecanismo que permite a la población intervenir en la definición del destino de una parte de los recursos públicos. Su origen más citado es Porto Alegre, Brasil, a finales de la década de 1980, y desde entonces se ha adaptado en cientos de ciudades con reglas muy distintas entre sí. Por eso conviene no dar por sentado que lo que ocurre en otra ciudad ocurre igual en Aguascalientes.
En el Municipio de Aguascalientes el mecanismo se llama “Te Toca Decidir”. De acuerdo con las convocatorias y la información oficial difundida por el Ayuntamiento, vecinas y vecinos pueden proponer proyectos de obra pública en rubros como movilidad, recreación, deporte, cultura e imagen urbana: parques, canchas, trotapistas, velarias, juegos infantiles, paraderos o mobiliario urbano, entre otros. En la convocatoria 2025, los requisitos incluían copia de la credencial de elector, datos de contacto y una carta de conformidad vecinal. Una vez recibidas, las propuestas pasan por una evaluación técnica del Instituto Municipal de Planeación y Evaluación (IMPLAN) para determinar su viabilidad, y los proyectos ganadores se aprueban en sesión de Cabildo para su ejecución.
Una precisión de rigor: las fuentes oficiales consultadas describen un esquema de propuesta ciudadana, evaluación técnica y aprobación del Cabildo. No documentan una votación abierta de los habitantes sobre cada proyecto, por lo que este reportaje no la afirma. Tampoco consta públicamente, en los materiales revisados, la edición de la convocatoria ni el grupo vecinal específico que dio origen al proyecto del Rodolfo Landeros.
Los recursos, según el Municipio, son equivalentes al 6 por ciento del presupuesto de obra pública. Para 2025 se informó una bolsa de 20 millones de pesos, y para 2026 un presupuesto base de 15.7 millones, ampliable hasta 20 millones según los proyectos presentados. La convocatoria 2026 recibió 78 propuestas, y el secretario de Obras Públicas, Miguel Ángel Huízar Botello, informó que en 2025 se concretaron 11 proyectos, en su mayoría de construcción y rehabilitación de parques.

2. El parque Rodolfo Landeros se renueva
El parque se encuentra en el fraccionamiento Rodolfo Landeros, en las calles Olga Delgadillo y Paula de Jesús Jiménez Yáñez. De acuerdo con el boletín municipal del 30 de septiembre, la intervención contempla:
- rehabilitación de la cancha de usos múltiples;
- instalación de una nueva velaria;
- colocación de luminarias;
- pintura antiderrapante en el área deportiva;
- rehabilitación de porterías y tableros de fútbol y básquetbol;
- mejora de la trotapista con concreto permeable;
- rehabilitación del área de juegos infantiles;
- colocación de pasto recreativo.
La fuente en tiempo futuro (“se rehabilitarán”, “se instalará”) indica que se trata de una obra en proceso. No se documentó públicamente una fecha de conclusión.
3. $4.8 millones que se convierten en espacio público
Una cifra, por sí sola, dice poco. Los 4,843,796 pesos se traducen, según la información oficial, en una cancha rehabilitada y mejor equipada, una cubierta que da sombra, iluminación, un circuito para caminar o correr, juegos infantiles renovados y superficie recreativa. Medios que resumieron la obra a partir de otras versiones mencionan además bancas y riego, elementos que no aparecen en el boletín primario y que, por ello, este texto no incorpora como dato confirmado.
No existe, en lo consultado, un desglose presupuestal por componente, así que no es posible decir cuánto cuesta la velaria o cuánto la trotapista. Lo que sí puede afirmarse es que se trata de una inversión integral en un solo espacio: no una mejora aislada, sino un conjunto de intervenciones que se complementan.
4. De la cancha a la trotapista
La cancha de usos múltiples es uno de los equipamientos más versátiles de una colonia: permite fútbol, básquetbol y otras actividades en una misma superficie. Rehabilitarla implica recuperar el piso, las porterías y los tableros, y aplicar pintura antiderrapante, un detalle que apunta a reducir resbalones en un espacio donde se corre y se frena constantemente. Estos espacios son relevantes porque ofrecen un lugar accesible para la actividad física y el encuentro. No hay mediciones que permitan afirmar cuántas personas más la usarán; lo verificable es que la infraestructura se renueva.
La velaria es una estructura de sombra. En una ciudad de clima semiárido y fuerte radiación solar, la sombra no es un lujo: condiciona cuánto tiempo y a qué horas se puede permanecer en un espacio abierto. Una cancha o un área de convivencia con sombra es, en la práctica, un espacio más habitable.
Las luminarias amplían las posibilidades de uso. Una iluminación adecuada puede contribuir a mejorar la visibilidad y las condiciones de uso del espacio, y potencialmente a extender su horario. Conviene separar dos ideas: la seguridad objetiva (lo que ocurre) y la percepción de seguridad (cómo se siente la gente). La luz puede influir sobre la segunda; atribuirle por sí sola efectos sobre la primera sería un exceso.



5. Concreto permeable: una decisión con dimensión ambiental
La trotapista se mejorará con base de concreto permeable. A diferencia del concreto convencional, que forma una superficie prácticamente impermeable, el concreto permeable se elabora con poca o ninguna arena fina y una granulometría controlada del agregado, de modo que queda una red de huecos interconectados por los que puede pasar el agua. El Comité 522 del American Concrete Institute (ACI) lo documenta como un material para pavimentos y superficies donde se busca infiltración.
Esa característica puede favorecer la infiltración del agua pluvial cuando está correctamente diseñado y ejecutado, y reducir el escurrimiento superficial. La salvedad importa: su desempeño depende del diseño, del suelo que lo recibe, de la colocación y, sobre todo, del mantenimiento, porque los huecos pueden obstruirse con polvo y sedimentos si no se limpian. No hay, en los documentos públicos revisados, una memoria técnica que permita afirmar beneficios medidos específicos para este parque; hablar de ellos sería prematuro.
Lo que sí puede decirse es que la elección de un material de este tipo en una superficie recreativa indica una atención a la dimensión ambiental de la obra, más allá de lo estrictamente deportivo.
6. Un parque para jugar, hacer deporte y convivir
La rehabilitación del área infantil y la colocación de pasto recreativo apuntan a un uso que va más allá del deporte: el juego. Para la infancia, el juego es actividad física, aprendizaje y socialización. Para las familias, un área de juegos en buen estado es una razón para salir de casa y quedarse. No se informaron edades, número de niñas y niños, ni afluencia, y este texto no los inventa.
Un parque es, además, infraestructura social. Jane Jacobs, en Muerte y vida de las grandes ciudades (1961), sostuvo que la vitalidad de los espacios públicos depende de la presencia cotidiana de personas; Ray Oldenburg, en The Great Good Place (1989), habló de “terceros lugares” —ni casa ni trabajo— donde se construye comunidad; Jan Gehl ha insistido en que la vida entre los edificios es lo que da sentido a la ciudad. Aplicadas con cautela, esas ideas ayudan a leer el parque como un sitio de encuentro de varias generaciones: jóvenes en la cancha, adultos en la trotapista, familias en el área recreativa, personas mayores en una actividad física moderada. Que todos ellos sean beneficiarios efectivos es una posibilidad, no un dato comprobado.
7. Leo Montañez y el modelo de participación
Leo Montañez aparece en esta historia en su calidad de presidente municipal: la autoridad que administra los recursos, encabeza el gobierno que ejecuta las obras y rinde cuentas ante la ciudadanía. De acuerdo con el boletín oficial, destacó que mediante este esquema se fomenta la participación ciudadana y que con más y mejores parques y espacios recreativos se fortalece la unión familiar.
Durante la administración que encabeza se impulsa la rehabilitación del espacio mediante el Presupuesto Participativo. Eso no equivale a atribuirle tareas técnicas: el proyecto, la contratación, la ejecución y la supervisión recaen en áreas especializadas. Es el caso de la Secretaría de Obras Públicas, cuyo titular, Miguel Ángel Huízar Botello, explicó los trabajos durante el recorrido. También participó la regidora Leslie Atilano Tapia, presidenta de la Comisión de Obras Públicas, quien agradeció a los vecinos de distintos puntos del municipio que han presentado proyectos en “Te Toca Decidir”.
Hay en ello un mérito que se puede sustentar con hechos: el Municipio sostiene un esquema que incorpora participación ciudadana, asigna recursos públicos año con año y ejecuta una renovación concreta de un espacio recreativo.

8. Cuando la ciudadanía también decide sobre su colonia
Existe una diferencia entre un gobierno que decide y un gobierno que habilita la decisión ciudadana. En el primero, la lista de obras nace en la oficina; en el segundo, una parte de esa lista nace en la colonia. El mecanismo abre un espacio para que la ciudadanía participe en la definición de obras para su entorno, mientras corresponde al gobierno municipal administrar los recursos y ejecutar los proyectos conforme a las reglas aplicables. El Municipio funciona como facilitador, ejecutor y administrador; los vecinos aportan el diagnóstico de lo que necesitan.
La participación puede, además, producir apropiación: cuando una comunidad ayuda a elegir una obra, hay más razones para cuidarla. Es una posibilidad razonable, no un resultado comprobado; no existe evidencia en este caso de cambios de conducta.
También conviene mirar la ciudad desde las colonias. La calidad de una ciudad se mide, en parte, por la calidad de los espacios cotidianos que existen a pocos minutos de las viviendas. Las grandes avenidas importan, pero un parque a pocas cuadras, una cancha donde jugar y un área infantil segura configuran la experiencia diaria de buena parte de la población.
9. La obra que sigue después de la obra
La obra no termina cuando termina la construcción. El valor de un parque depende, tanto como de la inversión inicial, de lo que ocurra después: limpieza, funcionamiento de las luminarias, cuidado de los juegos, conservación de la cancha y su pintura, limpieza periódica de la trotapista de concreto permeable para que conserve su capacidad de infiltración, cuidado del pasto y, de ser posible, la participación de la propia comunidad.
No es una crítica al Municipio, sino el siguiente paso lógico para conservar la inversión pública. Un parque rehabilitado y sin mantenimiento pierde rápido lo ganado; uno cuidado, con la comunidad como aliada, puede durar mucho más.
10. ¿Cómo medir el resultado?
Aún es pronto para hablar de resultados, y ninguno está documentado. Pero es posible definir desde ahora cómo evaluarlos: número y frecuencia de usuarios, actividades deportivas, uso infantil, percepción de seguridad, estado de la infraestructura, mantenimiento, iluminación funcional, participación vecinal y satisfacción ciudadana. Son indicadores sugeridos para evaluar posteriormente la intervención, no resultados comprobados por la publicación oficial (ver detalle más abajo).
El parque Rodolfo Landeros no solamente está recibiendo una renovación física. Permite observar algo más profundo: cuando los habitantes participan en la definición de las obras que necesitan, el presupuesto público puede convertirse en una herramienta para atender necesidades concretas del entorno. La verdadera dimensión de un presupuesto participativo no está únicamente en cuánto dinero se invierte, sino en la posibilidad de que una necesidad cotidiana de una colonia encuentre un camino institucional para convertirse en una obra que pueda ser utilizada, cuidada y evaluada por la propia comunidad.







