Catrinas sin fronteras: Aguascalientes comparte su identidad cultural en Estados Unidos

La presencia de las Catrinas Monumentales en Albuquerque, con Chicago y Nueva York en el horizonte, invita a reflexionar sobre cómo las tradiciones acompañan a las comunidades migrantes.
Hay símbolos que no necesitan traducción. Una flor de cempasúchil, una calavera con sombrero o el simple gesto de recordar a quien ya no está bastan para que alguien, lejos de casa, sienta que algo conocido le sale al encuentro. Para quienes migran, las tradiciones son un equipaje que no se factura: viaja en la memoria, en la cocina y en las fechas del calendario familiar.
Por eso resulta significativo que las Catrinas Monumentales de Aguascalientes hayan llegado al Albuquerque International Balloon Fiesta, en Nuevo México, y que, según informó el Gobierno del Estado el 9 de octubre de 2026, su recorrido continúe durante octubre en Chicago y Nueva York. Más allá del dato, la noticia invita a preguntarse qué significa mostrar una tradición fuera de México y a quiénes se dirige.
Una expresión cultural que viaja
Según la información oficial, las piezas fueron presentadas en uno de los festivales de globos aerostáticos más reconocidos a nivel internacional. El Gobierno estatal destaca que llamaron la atención de visitantes mexicanos y extranjeros por sus dimensiones, su colorido, su vestuario y sus detalles artesanales.
Conviene distinguir lo documentado de lo anunciado. La presencia en Albuquerque es un hecho informado. Chicago y Nueva York forman parte de la continuación anunciada para octubre, pero la fuente no precisa fechas, sedes ni horarios. Por ello, aquí se tratan como parte de un recorrido previsto, no como exhibiciones ya realizadas, y no se les atribuye un impacto determinado.
El escenario no es menor. Un festival conocido por sus globos reúne a públicos diversos y ofrece un ambiente de celebración; es razonable pensar que una figura de gran formato, colocada en ese entorno, funcione como una invitación a detenerse, mirar de cerca y preguntar de qué se trata. Es una lectura editorial: el boletín no ofrece cifras de asistencia.
El significado de las Catrinas
El Día de Muertos es, en esencia, una celebración de la memoria: se recuerda a quienes han fallecido con ofrendas, flores, alimentos y relatos compartidos en familia y en comunidad. En ese universo visual, la Catrina ocupa un lugar muy reconocible, aunque no es la única imagen ni la única manera de vivir la fecha.




Del grabado de Posada a la escala monumental
Su origen remite a Aguascalientes. José Guadalupe Posada (1852-1913), grabador y caricaturista nacido en la entidad, creó la Calavera Garbancera, un personaje con el que, según explicó a la agencia EFE Verónica Zacarías, guía del Museo José Guadalupe Posada, se criticaba a quienes querían vestirse y comportarse a la usanza europea. Más tarde, el muralista Diego Rivera completó la figura con el cuerpo y la elegancia con los que hoy se la reconoce.
Conviene no confundir planos. Las Catrinas Monumentales son instalaciones contemporáneas, con su propio trabajo de diseño y elaboración artesanal; no son obra de Posada. Comparten un símbolo con raíces en la entidad. Lo monumental, además, cambia la relación con quien mira: la figura deja de ser una imagen impresa y se vuelve una experiencia que se puede recorrer, fotografiar y comentar.
Tampoco sería justo pedirle a una sola figura que cargue con toda la identidad de Aguascalientes o de México. La Catrina es una expresión relevante entre muchas otras manifestaciones artísticas, artesanales y comunitarias de la entidad.
Tradiciones que mantienen vínculos
Para las comunidades mexicanas en Estados Unidos, el Día de Muertos puede tener una carga particular: es una fecha en la que la distancia se siente con más fuerza. Encontrar una referencia visual conocida en un espacio público puede ser, para algunas personas, un recordatorio de que esa herencia también tiene lugar allí.
La secretaria ejecutiva del Iapemi, Natzielly Rodríguez Calzada, señaló que este tipo de acciones tiene un significado especial para la comunidad migrante, porque acerca las tradiciones y expresiones culturales de México a quienes viven fuera del país. Afirmó que las Catrinas «representan nuestras raíces» y, al mismo tiempo, los lazos entre México y Estados Unidos. Es una declaración sobre el sentido de la iniciativa, no un resultado medido.
En el plano generacional, es plausible que una exhibición abierta al público ayude a que niñas, niños y jóvenes de familias migrantes se acerquen a símbolos que quizá escuchan nombrar en casa. Es una posibilidad razonable, no un efecto comprobado. Rodríguez Calzada mencionó además a visitantes de diferentes nacionalidades en torno a las piezas, lo que abre otra dimensión: la del encuentro. Una tradición compartida con quien no la heredó deja de ser solo memoria familiar y se convierte en conversación.
La colaboración institucional
De acuerdo con el boletín, la participación fue posible gracias al trabajo coordinado del Gobierno del Estado de Aguascalientes, a través del Instituto Aguascalentense de las Personas Migrantes (Iapemi), en colaboración con el Consulado de México en Albuquerque y los organizadores del festival. La fuente no detalla cómo se repartieron las tareas, y no corresponde suponerlo.
Sí puede decirse, en términos generales, que una muestra cultural en el extranjero se apoya en aliados locales: quien conozca el terreno, quien dialogue con la comunidad y quien ofrezca el escenario. Es una lectura de contexto, no una descripción de funciones.
Cabe hablar aquí de diplomacia cultural, entendida como el intercambio y la difusión de expresiones culturales entre sociedades, sin que ello implique un programa diplomático formal, que la fuente no menciona. Y, como ocurre con cualquier iniciativa de este tipo, su continuidad y su evaluación son las que permiten conocer su alcance real.
Aguascalientes ante públicos internacionales
Compartir el patrimonio fuera de casa tiene un valor en sí mismo, independiente de las cifras. Da visibilidad al trabajo artístico y artesanal que hay detrás de estas figuras y ofrece a públicos de otras nacionalidades una puerta de entrada a una tradición con historia.
Conviene, sin embargo, mantener la sobriedad. La fuente habla de promoción internacional, no de inversiones, de aumento del turismo ni de cambios en la percepción de la entidad, y este texto no los da por hechos. Los beneficios concretos solo podrían afirmarse con datos.
Una tradición que no pide pasaporte
Las tradiciones sobreviven porque alguien las practica, las explica y las comparte. Cuando cruzan una frontera enfrentan una prueba distinta: ya no se sostienen solo por costumbre, sino por la decisión de mantenerlas vivas en un contexto nuevo.
En ese sentido, la llegada de las Catrinas Monumentales a Albuquerque, y su anunciado paso por Chicago y Nueva York, vale como gesto cultural: una forma de decir que las raíces no se quedan en el punto de partida y que el patrimonio de Aguascalientes puede dialogar con otros públicos sin perder su origen.
Quizá lo más valioso de una Catrina de gran tamaño bajo el cielo de otro país no sea su altura, sino lo que provoca a su alrededor: alguien que reconoce una imagen de su infancia, alguien que pregunta por su historia, alguien que se detiene a escuchar. Ahí, en ese pequeño intercambio, la cultura cumple una de sus funciones más humanas: recordarnos de dónde venimos y hacernos lugar para los demás.







