LA NUEVA VISIÓN MUNICIPALISTA: LA CONSTRUCCIÓN DE UN CONCEPTO DE GOBIERNO

Gobernar una ciudad no significa administrar una nómina ni multiplicar oficinas. Gobernar una ciudad significa resolver sus problemas, anticipar su crecimiento y garantizar que sus habitantes reciban, los servicios públicos suficientes, infraestructura adecuada, seguridad y condiciones ordenadas para desarrollarse.
Aguascalientes necesita comenzar a discutir una nueva visión municipalista, hemos construido administraciones públicas a partir de una lógica centralizada: secretarías, direcciones, coordinaciones, institutos, departamentos y organismos que, con el paso de las administraciones, se agregan a la estructura gubernamental sin que necesariamente desaparezcan aquellos cuya función se duplicó, perdió vigencia o terminó alejándose de las responsabilidades fundamentales del municipio.
Cada administración modifica organigramas, crea programas y establece nuevas áreas. Pero pocas veces nos preguntamos algo mucho más elemental: ¿Para qué existe constitucionalmente un municipio y cuáles deberían ser sus prioridades?
La respuesta comienza en el artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Ahí encontramos buena parte de la esencia del municipio mexicano: agua potable, drenaje y alcantarillado; alumbrado público; limpia y manejo de residuos; mercados; panteones; calles, parques y jardines; seguridad pública y tránsito, además de las competencias que establecen las legislaciones correspondientes.
Si ésas son nuestras responsabilidades fundamentales, entonces el presupuesto, el personal y la estructura administrativa deberían organizarse prioritariamente para cumplirlas.
DE UNA ADMINISTRACIÓN CENTRALIZADA A UN GOBIERNO TERRITORIAL
La propuesta consiste en replantear la estructura del Municipio de Aguascalientes y avanzar hacia un modelo territorial integrado por cinco grandes Departamentos Municipales de Gobierno, definidos mediante criterios técnicos de población, superficie territorial, densidad, crecimiento urbano, comunidades rurales, infraestructura y demanda de servicios.
No se trataría simplemente de cambiar el número o el nombre de las actuales delegaciones. Sino de cambiar el concepto de gobierno.
Cada Departamento Municipal funcionaría como una unidad territorial de gobierno con capacidad operativa real.
En lugar de que prácticamente todos los problemas tengan que recorrer la estructura central del Ayuntamiento para encontrar una respuesta, cada uno de los cinco Departamentos tendría los recursos humanos, materiales y presupuestales necesarios para resolver buena parte de los asuntos cotidianos de su territorio.
El ciudadano dejaría de perseguir al gobierno. Para que el gobierno esté donde se encuentra el ciudadano.

CINCO DEPARTAMENTOS, CINCO GOBIERNOS TERRITORIALES
Cada Departamento Municipal tendría asignada una población y una superficie territorial equilibradas, aunque considerando que igualdad territorial no significa necesariamente dividir el mapa en cinco partes geométricamente iguales.
La distribución tendría que realizarse mediante estudios del IMPLAN considerando habitantes, kilómetros cuadrados, densidad poblacional, número de viviendas, vialidades, infraestructura instalada, crecimiento proyectado, comunidades rurales, generación de residuos, incidencia de servicios y necesidades de inversión.
Cada Departamento debería contar con instalaciones propias y con personal operativo, técnico y administrativo suficiente. Tendría maquinaria, vehículos, cuadrillas, equipamiento y un presupuesto territorial previamente determinado.
Dentro de cada demarcación existiría capacidad para atender de manera coordinada seguridad pública; limpia y recolección; alumbrado; parques y jardines; panteones; regulación y vigilancia de establecimientos dentro de las atribuciones municipales; agua potable, drenaje y alcantarillado dentro del modelo institucional aplicable; mantenimiento urbano; obra pública; desarrollo urbano y atención territorial.
No significa crear cinco ayuntamientos. El Ayuntamiento seguiría siendo constitucionalmente uno.
La Presidencia Municipal mantendría la conducción política y administrativa; el Cabildo conservaría sus atribuciones constitucionales y legales; y las dependencias centrales indispensables conservarían las funciones normativas, financieras, jurídicas, de control y coordinación que correspondan.
La diferencia sería fundamental: el centro establecería políticas, normas, estándares, presupuesto y evaluación; el territorio ejecutaría.
MENOS BUROCRACIA, MÁS CAPACIDAD DE RESPUESTA
Una reforma de esta naturaleza tendría que acompañarse necesariamente de una revisión completa del organigrama municipal.
No tendría sentido descentralizar funciones y simultáneamente conservar todas las estructuras centrales que actualmente las realizan. Por ello habría que revisar secretaría por secretaría, coordinación por coordinación, dirección por dirección y organismo por organismo para determinar cuáles estructuras son constitucional y administrativamente indispensables; cuáles realizan funciones duplicadas; cuáles pueden integrarse; cuáles deben transformarse y cuáles podrían desaparecer mediante los procedimientos jurídicos correspondientes.
La fórmula debe ser sencilla: menos gasto administrativo y mayor inversión pública.
Cada peso que pueda ahorrarse mediante la reducción de duplicidades debería convertirse en capacidad operativa: patrullas, camiones recolectores, luminarias, pavimentación, mantenimiento, parques, banquetas, infraestructura hidráulica, equipamiento, tecnología y personal operativo.
Una administración eficiente no necesariamente es aquella que tiene más dependencias. Es aquella que resuelve más problemas.
EL IMPLAN COMO CEREBRO DE LA CIUDAD
La descentralización operativa requiere, paradójicamente, fortalecer la planeación estratégica. Por eso el IMPLAN debería adquirir una función todavía más relevante como organismo técnico rector de la planeación municipal de largo plazo.
Aguascalientes cuenta actualmente con instrumentos de planeación como el Programa Municipal de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial 2045 y diferentes sistemas municipales de información. La nueva visión municipalista debería aprovechar esas capacidades institucionales y convertirlas en el fundamento técnico de las decisiones de gobierno.
El IMPLAN debería concentrarse en pensar el Aguascalientes de los próximos veinte o treinta años.
¿Dónde crecerá la ciudad? ¿Dónde debe construirse vivienda? ¿Dónde necesitamos nuevas vialidades? ¿Qué infraestructura hidráulica será necesaria? ¿Qué avenidas deberán rehabilitarse? ¿Dónde deberán localizarse parques, reservas territoriales, equipamientos y centros de servicios? ¿Qué comunidades rurales requieren infraestructura prioritaria? ¿Cuánto costará mantener la ciudad que estamos construyendo?
La planeación no puede reinventarse cada tres años. Los gobiernos cambian; la ciudad continúa, lo vengo sosteniendo.
RECUPERAR EL AGUASCALIENTES RURAL
Existe además una deuda que no podemos seguir ignorando: el Aguascalientes rural.
El propio Programa Municipal de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial identifica una realidad territorial compleja: más del 80 por ciento de las localidades rurales del municipio tienen menos de 150 habitantes, caracterizadas por baja densidad y dispersión geográfica.
Esa realidad obliga a abandonar la idea de que gobernar el municipio significa gobernar solamente la mancha urbana.
Las comunidades rurales necesitan agua, caminos, alumbrado, seguridad, conectividad, mantenimiento, espacios públicos y oportunidades de desarrollo.
Una distribución territorial de cinco Departamentos tendría que incorporar expresamente variables rurales para evitar que la concentración poblacional de la ciudad vuelva invisibles a las comunidades.
No podemos tener ciudadanos municipales de primera y ciudadanos municipales de segunda dependiendo del código postal en el que viven.
DEL GOBIERNO ELECTORAL AL GOBIERNO DE CIUDAD
Uno de los principales problemas de los gobiernos municipales mexicanos es la enorme presión que genera el ciclo político de tres años.
La tentación es gobernar pensando en aquello que puede inaugurarse, anunciarse o convertirse rápidamente en rentabilidad política.
Pero una ciudad no funciona en periodos electorales.
Una red hidráulica puede necesitar décadas de mantenimiento. Una avenida tiene una vida útil determinada. Los sistemas de drenaje envejecen. El pavimento se deteriora. Las luminarias requieren sustitución. Los parques demandan conservación permanente y la expansión urbana genera obligaciones financieras futuras.
Cuando las decisiones públicas se subordinan exclusivamente al calendario electoral, comienza a acumularse una deuda silenciosa. No necesariamente una deuda bancaria. Sino una deuda urbana: Calles deterioradas, infraestructura envejecida, drenajes insuficientes, espacios públicos abandonados, crecimiento desordenado, comunidades rurales rezagadas y servicios que terminan operando permanentemente bajo esquemas de emergencia.
Eso también es deuda pública, aunque no aparezca registrada como pasivo financiero.
CINCO DEPARTAMENTOS CON PRESUPUESTO Y RESULTADOS MEDIBLES
El modelo permitiría introducir además algo indispensable: responsabilidad territorial.
Cada Departamento debería contar anualmente con un presupuesto basado en indicadores objetivos y transparentes.
Habitantes atendidos, kilómetros de calles mantenidas, luminarias reparadas, toneladas de residuos recolectadas, parques atendidos, fugas reparadas, tiempos de respuesta, delitos atendidos dentro de las competencias municipales, obras realizadas, metros cuadrados recuperados y nivel de satisfacción ciudadana podrían formar parte de un tablero público de desempeño.
Así podríamos saber cuánto cuesta gobernar cada territorio y qué resultados obtiene cada unidad administrativa.
La comparación no tendría una finalidad política, sino administrativa: identificar problemas, corregir ineficiencias y dirigir recursos hacia donde verdaderamente son necesarios.
Y entonces la evaluación gubernamental dejaría de depender exclusivamente de propaganda, percepción o narrativa.
Tendríamos datos.
UNA REINGENIERÍA, NO UNA NUEVA CAPA BUROCRÁTICA
Existe una condición indispensable para que este modelo funcione.
Los cinco Departamentos no pueden convertirse en cinco burocracias adicionales colocadas encima de la burocracia existente.
Sería exactamente lo contrario de lo que se pretende. La creación del nuevo modelo tendría que acompañarse de una verdadera reingeniería administrativa que transfiera personal, vehículos, maquinaria, funciones y presupuesto desde las estructuras centrales hacia los territorios.
Primero se determina qué obligaciones debe cumplir el municipio.
Después se establece qué estructura mínima central se necesita.
Finalmente se distribuye territorialmente la capacidad operativa.
No al revés.
VOLVER A HACER CIUDAD
Aguascalientes ha crecido extraordinariamente y ese crecimiento exige una nueva forma de gobernarlo.
El municipio tiene una superficie cercana a 1,178 kilómetros cuadrados y representa alrededor del 20 por ciento del territorio estatal. Además de la gran concentración urbana, mantiene numerosas localidades rurales dispersas.
Administrar una realidad territorial de esta dimensión exclusivamente desde oficinas centrales resulta cada vez más complejo.
La discusión que necesitamos, por tanto, no consiste únicamente en determinar quién será el próximo presidente municipal.
La discusión verdaderamente importante es: ¿Qué municipio queremos construir para los próximos treinta años?
Una nueva visión municipalista debe recuperar el sentido original del gobierno local: estar cerca del ciudadano, garantizar servicios públicos, ordenar el territorio, mantener la infraestructura, proporcionar seguridad dentro de sus competencias y construir las condiciones necesarias para el desarrollo.
Cinco Departamentos Municipales con capacidad operativa y presupuestal. Un gobierno central más compacto.
Un IMPLAN fortalecido como cerebro técnico y estratégico. Menos estructuras duplicadas y gasto burocrático. Más mantenimiento, infraestructura, inversión pública, atención al territorio rural y, sobre todo, una administración evaluada por resultados.
Porque gobernar una ciudad no consiste en administrar políticamente el presente. Consiste en construir responsablemente su futuro.
Aguascalientes necesita dejar atrás la administración municipal entendida como una acumulación de oficinas y programas y comenzar a construir un verdadero concepto de gobierno.
Un gobierno que planee centralmente, ejecute territorialmente y evalúe permanentemente. Un gobierno que vuelva a concentrarse en aquello para lo que constitucionalmente existe.
Menos burocracia. Más ciudad. Ésa puede ser la base de una nueva visión municipalista para Aguascalientes.







