EL MUNDIAL DE LOS RICOS I

Cada vez estoy más alejado del deporte y particularmente del futbol. No me causó la menor atracción el Mundial, salvo todo lo que ha traído a su alrededor en sentido de explotación capitalista, polítización y discriminación, lo cual me ha causado indignación y coraje. Este deporte debiera ser de todos. Su popularidad debe permear en todos los niveles de la sociedad, pero no es así. Su peso y aceptación entre la mayoría de los mexicanos y en general del mundo, no se expresa en el acceso a espectáculos como el que se está llevando a cabo.

El Mundial es un espectáculo para ricos, no para el pueblo. Quien quieren ver algún partido, donde participe México o su selección preferida, tiene que recurrir a la televisión de paga; recurrir a algún restaurant o bar y gastarse lo que no tiene o asolearse o mojarse en alguna plaza pública de su ciudad, aprovechando las pantallas colocadas por los gobiernos que correspondan.
El Mundial es un pingüe negocio de la FIFA, brazo de la gran oligarquía financiera, la cual, ve el deporte como una fuente de enriquecimiento, sin control ni mesura. Han fijado los precios de los boletos en cifras inalcanzables, han monopolizado hasta la venta de los alimentos en los estadios (aquí en México le ganaron a los dueños de palcos para que no ingresaran con alimentos y así asegurar para ellos su consumo. Han comercializado absolutamente todo, artículos publicitarios, camisetas, tiempos en medios y proyección de los partidos, todo.
El Mundial nos hace recordar la permanencia de la corrupción en la FIFA, no suficientemente investigada ni castigada, desde tiempos de Blatter, Michel Platini y Franz Beckenbauer, entre otros. Por cierto, denunciado en su momento por el excelente jugador Diego Armando Maradona, aún “la mano de Dios”.
El Mundial no deja de mostrar su proclividad trumpiana, no solo por la injustificada invención de un Premio de la Paz entregado al genocida presidente estadounidense y entregada por el mismo presidente de la FIFA, Gianni Infantino, además de ubicar el centro del evento en los Estados Unidos con más de setenta partidos, mientras en Canadá y México con sólo 13 cada uno.
El Mundial nos deja ver la complicidad de la FIFA con la política segregacionista, violadora de los derechos humanos y de la dignidad humana, como lo pudimos ver con la expulsión del árbitro somalí Omar Artan; el maltrato a la selección de Somalia, Uzbekistán, a jugadores de Irak o la prohibición para que el equipo iraní pueda hospedarse en suelo estadounidense, que es donde le toca jugar.
El Mundial a pocos días de su arranque, ha demostrado ya que es una competencia no entre iguales, ni en trato ni en condiciones, elitista, donde el espectáculo es solo visto como afán de lucro. Incluso, los conocedores del deporte señalan que los cambios a las reglas del juego, fueron implementadas más por una visión mercantilista a la gringa.
El Mundial es para los ricos, no para los pueblos del mundo.







