Fomento a la lectura III

El reciente anuncio de la Editorial ERA de su reducción al mínimo de sus actividades, en lo personal me inquietó y preocupó. Para muchos, entre ellos yo, la decisión adoptada implicaba su práctica desaparición, lo cual es un duro golpe para el mundo de los lectores, sobre todo aquellos que abrevamos de la producción que esa casa nos proporcionó.
Para cualquier lector ubicado en la izquierda socialista y en mi generación, había algunas editoriales imprescindibles para nuestro proceso formativo, como la referida ERA, Siglo XXI. Joaquín Mortiz, el Fondo de Cultura Popular (que era del PCM), El Caballito, Quinto Sol, solo por señalar algunas, que tampoco podemos olvidar a Progreso, con ediciones gratuitas provenientes de la URSS.
ERA había cubierto un espacio fundamental en la producción de temas diversos, no solamente históricos, sociológicos y literarios, necesarios para cualquier biblioteca personal, que en otras no podíamos encontrar. De ahí que el anuncio inquieta y sea bien vista la iniciativa del Fondo de Cultura Económica para tenderle la mano, en vías de tratar de rescatar este proyecto que ha sobrepasado ya el medio siglo (66 años, para ser más precisos).
El fin de semana pasado se desbordó la iniciativa organizada por ERA en el Centro Cultural Los Pinos, para ofrecer a bajo costo todo lo existente en su producción que hay hasta el momento. Que bueno que haya sido así, aún que debiera surgir una iniciativa ciudadana para defender la permanencia de dicho proyecto editorial. Sin duda algo tiene que hacerse.
Varias hipótesis se marcan como fuente de la decisión del editorial para anuncio dado. Una, que vivimos una crisis de lectura en el país. Otra, la competencia de los libros electrónicos y las plataformas. Otro más, que los jóvenes ahora prefieren, los textos cortos que revisan en las redes sociales y en sus celulares. No creo en ninguna de ellas, pues cada una tiene su nicho que no es competencia ni elemento sustitutivo, lo que demuestra que el universo para la lectura es infinito.
Pongo aparte un elemento más que si pudo haber influido pero no de manera determinante. Me refiero a la pandemia, que para muchos, la mayoría obligó al encierro y que contuvo la asistencia a las librerías y/o a las bibliotecas. Hay cifras que en dicho periodo bajaron las ventas de libros hasta en un 25%. Supongo esa situación también afectó a ERA, como a otras editoriales más.
En mi caso, tenía una biblioteca personal en mi departamento de la Ciudad de México, abundante en libros, suficiente para resolver la lectura y relectura en esos meses de encierro. Porr entonces leí y escribí mucho, ni me preocupé de la situación de las editoriales o de las librerías de viejo (sobre todo en Donceles), de las cuales era asiduo.
En todo caso, más de crisis de lectura, hace falta mayores iniciativas de fomento desde el ámbito oficial. Salvo lo hecho por el FCE (que hablaremos de ellos después), no conozco nada de la SEP.







