Tere Jiménez y las mujeres de Aguascalientes: seguridad, ingreso propio y oportunidades para decidir

A cuatro años de gobierno, el Gobierno del Estado reporta avances en seguridad, emprendimiento, salud y servicios de cuidado para las mujeres de Aguascalientes. El hilo común es dar condiciones para estudiar, trabajar y tomar decisiones propias.
Pensemos en una mañana cualquiera. Una mujer sale de casa antes del amanecer: deja a sus hijos con alguien de confianza, toma el camión rumbo al trabajo y, en la tarde, tiene clase. Entre una cosa y otra intenta agendar la mastografía que lleva meses posponiendo. Es una escena ilustrativa, no el testimonio de una persona en particular, pero resulta familiar para miles de mujeres.
La realidad es que cada tramo de ese día depende de algo más que de la voluntad personal: de un trayecto seguro, de un lugar donde dejar a los niños, de un ingreso propio y de un servicio de salud al que se pueda llegar. Esa es la lente con la que conviene mirar lo que el Gobierno del Estado, encabezado por la gobernadora Tere Jiménez, informa haber construido en cuatro años para las mujeres de Aguascalientes.
Seguridad para las mujeres
Para muchas mujeres, la seguridad es la condición previa de todo lo demás. Si moverse por la ciudad genera temor, se limitan los horarios de trabajo, las opciones de estudio y la vida social.
En ese terreno, el Gobierno estatal reporta que la Policía Rosa incrementó 70 por ciento las atenciones que brinda. Junto a esa corporación opera una red ciudadana: según la información institucional, existen más de 24 mil 900 Agentes Rosas, mujeres y hombres que funcionan como apoyo cercano en colonias y comunidades.
Además, se cuenta con nueve Casas Rosas, espacios de protección y acompañamiento para mujeres en situación de violencia, y 355 tiendas OXXO funcionan como Puntos Seguros, lugares comunes y accesibles a los que una mujer puede acudir si siente riesgo. La lógica es sencilla: llevar la protección a donde ocurre la vida diaria, no solo a las oficinas públicas.
A esto se suma Casa Aurora, refugio para niñas y adolescentes. La violencia no solo afecta a mujeres adultas, y este espacio atiende a un sector que necesita resguardo especializado.



Del apoyo al ingreso propio
Tener ingresos propios modifica la capacidad de decisión dentro y fuera del hogar. Por eso resulta relevante que el Gobierno estatal informe que más de 14 mil 200 proyectos liderados por mujeres han recibido apoyo. Conviene precisarlo: la cifra habla de proyectos, no de beneficiarias.
Detrás de ese número hay un conjunto de programas orientados al emprendimiento y al autoempleo: Poder Mujer e Igualdad, Confía, Emprende-T y Fomento al Autoempleo. Atienden un problema conocido, que muchas mujeres tienen la idea, el oficio o la experiencia, pero no el capital, la capacitación o el acompañamiento para convertirlos en una fuente de ingreso estable.
El campo también aparece en el mapa. Los apoyos del programa Mujer Rural aumentaron 44 por ciento, según la fuente oficial. El dato describe el crecimiento de los apoyos, no la cobertura total de las productoras rurales. En comunidades donde las oportunidades laborales formales son menos frecuentes, el respaldo a actividades productivas puede marcar la diferencia.
Otro componente es la Tarjeta Rosa, cuyas beneficiarias aumentaron 274 por ciento, de acuerdo con el Gobierno del Estado. Según reportes publicados en 2025, el programa entrega apoyos económicos bimestrales a mujeres como reconocimiento al trabajo que realizan en beneficio de su colonia o comunidad. Es decir, combina un ingreso con la participación comunitaria.
Finalmente, el programa Tejetón ha beneficiado a más de 500 mujeres, otra vía para generar actividad productiva con base en el trabajo de ellas mismas.
Salud: atención que busca llegar a las comunidades
La salud de las mujeres suele quedar al final de la lista cuando hay que atender a otros. Por eso importa que los servicios se acerquen. Las Caravanas Rosas y las Ferias de Salud para la Mujer apuntan a eso: llevar atención y estudios preventivos a colonias y comunidades, en lugar de esperar a que las mujeres se trasladen y pidan permiso en el trabajo para recibirlos. Entre los estudios asociados a este tipo de jornadas se encuentran mastografías, papanicolaou y ultrasonidos.
La fuente institucional señala que el 100 por ciento de las mujeres detectadas con cáncer de mama o cáncer de cuello uterino recibe tratamiento sin costo. Es importante leer el dato con precisión: se refiere a las mujeres que son detectadas, no a la totalidad de las mujeres del estado ni a la cobertura de los estudios de detección.
También se informa la modernización del Hospital de la Mujer, un espacio clave para la atención especializada.
Estudiar, trabajar y cuidar
Si hay un tema donde la desigualdad se vuelve evidente es el cuidado. En la mayoría de los hogares, la responsabilidad de atender a hijos y a personas mayores recae sobre las mujeres, y eso condiciona sus horarios, su empleo y sus estudios.
En ese sentido, el Gobierno estatal informa la apertura de 65 Estancias Infantiles. Para una madre trabajadora, un espacio confiable para sus hijos puede ser la diferencia entre aceptar un empleo o renunciar a él.
A la par, se abrieron 32 nuevos lactarios, que permiten a las madres trabajadoras o estudiantes continuar con la lactancia sin tener que elegir entre eso y sus obligaciones. Y, en el transporte, las mujeres embarazadas cuentan con 50 por ciento de descuento en viajes en camiones urbanos, una medida que reconoce una etapa de especial vulnerabilidad en la movilidad cotidiana.
En educación, la Universidad Intercultural para la Igualdad ofrece becas del 100 por ciento y, además, cuenta con servicios de guardería y estancia para adultos mayores. Es un diseño que parte de una premisa clara: estudiar es más viable cuando la universidad considera también las responsabilidades de cuidado de quienes asisten.
Una política pública con enfoque de autonomía
Hasta aquí, el recuento viene de la información oficial. Lo que sigue es una lectura analítica, que no proviene del Gobierno.
Desde la sociología, la autonomía de las mujeres se suele entender en varias dimensiones que se refuerzan entre sí: física (vivir sin violencia), económica (generar ingresos propios) y en la toma de decisiones. Una transferencia económica, por sí sola, difícilmente las cubre todas. Un apoyo para emprender pierde fuerza si el negocio queda lejos de una ruta segura, y una beca sirve poco si la estudiante no tiene con quién dejar a sus hijos.
Por eso es útil observar el conjunto. Los programas de seguridad atienden el derecho a moverse y vivir sin miedo; los de emprendimiento, el empoderamiento económico; los de salud, el acceso a servicios; y las estancias, lactarios y guarderías universitarias abordan la corresponsabilidad de cuidados, un debate pendiente en muchos hogares mexicanos, donde el trabajo de cuidar sigue siendo mayoritariamente femenino y poco reconocido.
La igualdad de oportunidades no se logra con un solo instrumento, y la movilidad social de una mujer depende de que puedan sostenerse a la vez varias condiciones. Queda por ver, con datos de largo plazo, cuánto de este conjunto se traduce en cambios medibles en ingreso, permanencia escolar y calidad de vida. Esa evaluación todavía no está en la fuente consultada.
Volvamos a la mujer de la mañana temprana. Lo que define su día no es un discurso, sino el camión al que sube, el lugar donde deja a sus hijos, la clase a la que llega y el estudio médico al que puede acceder. Las políticas dirigidas a las mujeres adquieren relevancia cuando se traducen en herramientas concretas para estudiar, trabajar, emprender, cuidar su salud y decidir sobre su propio futuro. Ese es el criterio con el que valdrá la pena seguir midiéndolas.







