TERCER LUGAR NACIONAL EN DENGUE: AGUASCALIENTES Y LAS CUENTAS PENDIENTES DE SU SALUD PÚBLICA

El avance del dengue vuelve a colocar bajo escrutinio la capacidad de prevención y control epidemiológico del estado. Otros indicadores sanitarios muestran que el problema merece una revisión más amplia.
Los números vuelven a colocar a Aguascalientes en una posición difícil de ignorar. La actualización del Panorama Epidemiológico de Dengue, publicada este 5 de noviembre por la Secretaría de Salud federal, ubica a la entidad en el tercer lugar nacional por incidencia, correspondiente a la semana epidemiológica 43 de 2026.
El dato representa mucho más que un cambio en una clasificación nacional. Obliga a revisar cómo se está enfrentando una enfermedad que, aunque tiene presencia en distintas regiones del mundo y responde a factores que no dependen exclusivamente de las autoridades locales, ha mostrado un comportamiento cada vez más preocupante en Aguascalientes.
En 2024, la entidad ya había experimentado un importante repunte, con más de tres mil casos confirmados y transmisión local. Lo que antes representaba una presencia relativamente limitada comenzó a adquirir dimensiones distintas. Ahora, después de que durante agosto se destacara una incidencia inferior al promedio nacional, el panorama de noviembre muestra al estado entre los tres primeros lugares del país, aun cuando las autoridades sanitarias siguen justificando su actuar declarando que es un problema de bajo impacto.
Es válido reconocer las dificultades que representa combatir al mosquito transmisor. Sin embargo, también es necesario distinguir entre las actividades que se anuncian y los resultados que finalmente obtiene una estrategia sanitaria.
Las nebulizaciones, las visitas domiciliarias y la eliminación de criaderos son herramientas importantes, pero su existencia no demuestra por sí misma que se esté consiguiendo contener la transmisión. Para eso también se necesita vigilancia epidemiológica efectiva, detección temprana, seguimiento de casos y capacidad para intervenir antes de que los brotes alcancen mayores dimensiones.
Y si el dengue fuera el único indicador preocupante, quizá podría analizarse como un problema aislado. Pero los antecedentes sanitarios de los últimos años muestran un panorama más amplio.
En tos ferina, Aguascalientes ocupó uno de los primeros lugares nacionales en incidencia durante 2024 y llegó al primer puesto en 2025. El sarampión también ha vuelto a aparecer entre las preocupaciones sanitarias, mientras que la influenza ha colocado al estado en posiciones nacionales relevantes por incidencia y mortalidad durante temporadas recientes.
La situación tampoco termina con las enfermedades respiratorias. En 2025 se registraron 146 nuevos diagnósticos de VIH en la entidad. A ello se agregan los indicadores de gonorrea, sífilis y sífilis congénita, que hacen necesario revisar las condiciones de prevención, diagnóstico y atención de las infecciones de transmisión sexual.
Otro ejemplo es la varicela: sus registros pasaron de 364 casos en 2021 a 939 en 2025, con antecedentes de brotes en espacios escolares y guarderías, resultados que sucedieron después del recorte al presupuesto estatal para la compra de estas vacunas.
No todas estas enfermedades tienen las mismas causas ni pueden combatirse con una sola estrategia. Sin embargo, su comportamiento obliga a plantear una cuestión de fondo: ¿qué tan preparada está la estructura de salud pública para identificar oportunamente los riesgos, contener los brotes y evitar que los problemas sanitarios sigan creciendo?
La epidemiología no consiste únicamente en registrar cuántas personas enfermaron. Su importancia está también en interpretar los cambios, reconocer patrones, investigar las cadenas de transmisión y orientar las decisiones que permitan prevenir nuevos contagios.
Cuando los indicadores empeoran, es necesario revisar si las estrategias están dando los resultados esperados. La pregunta no debería limitarse a cuántas acciones se realizaron, sino a qué consiguieron esas acciones en términos de salud para la población.
Además, existe una consecuencia que suele quedar fuera de los comunicados sanitarios: el impacto económico. Cada brote que se extiende puede representar más consultas, pruebas, tratamientos, hospitalizaciones y recursos para contener la enfermedad. También implica ausencias laborales, gastos familiares y mayor presión sobre instituciones que funcionan con recursos públicos.
La prevención, por tanto, no solamente protege la salud: también evita que la sociedad termine pagando las consecuencias de problemas que pudieron detectarse o atenderse con mayor oportunidad.
La ciudadanía tiene una responsabilidad importante. La vacunación, las medidas de higiene, la eliminación de criaderos y la búsqueda de atención médica oportuna son indispensables. Pero esa responsabilidad no sustituye las obligaciones institucionales. La población puede contribuir a prevenir enfermedades; la vigilancia, la coordinación y el control epidemiológico requieren, por otra parte, capacidades técnicas y operativas que corresponden a las instituciones de salud.
Aquí también surge una pregunta que corresponde al ámbito de la responsabilidad gubernamental: ¿el Gobierno del Estado está exigiendo a sus dependencias resultados verificables en materia de salud pública? O ¿se está creyendo de forma automática las justificaciones que éstas exponen?
No basta con conocer cuántas campañas se realizaron o cuántos recursos se ejercieron. También es necesario evaluar si las estrategias están funcionando, si los brotes se contienen oportunamente y si los indicadores sanitarios realmente mejoran.
El Gobierno del Estado tiene la responsabilidad de garantizar que la salud de la población sea uno de los indicadores fundamentales para evaluar el desarrollo de Aguascalientes. Eso implica no solamente construir infraestructura, adquirir equipos o anunciar programas, sino demostrar que las condiciones sanitarias mejoran y que existe capacidad para responder ante los riesgos epidemiológicos.
El tercer lugar nacional en dengue debería ser motivo suficiente para revisar las estrategias actuales, transparentar los resultados de las acciones realizadas y fortalecer los mecanismos de prevención y control de brotes.
Aguascalientes necesita algo más que campañas y mensajes de tranquilidad: necesita resultados que puedan comprobarse en sus indicadores de salud.
Porque, al final, el verdadero éxito de una política sanitaria no está en lo que se anuncia, sino en las enfermedades que se logra prevenir, los brotes que se consigue contener y las vidas que se protege.





