Aguascalientes abre 17 pozos y renueva tuberías: la carrera contra un acuífero que ya no da más

El municipio presume 17 pozos nuevos en operación y más de 300 tramos de tubería sustituidos durante el segundo año de gobierno de Leo Montañez. Pero los propios documentos de CONAGUA que sustentan la creación del organismo operador advierten que los tres acuíferos de los que depende la capital ya están sobreexplotados. La pregunta de fondo no es cuánta agua se extrae, sino si la ciudad puede seguir extrayéndola al mismo ritmo.
Aguascalientes no tiene ríos que la abastezcan de forma significativa. La ciudad bebe, cocina y se baña casi enteramente con agua que sube desde el subsuelo. Esa dependencia —confirmada por reportes basados en información de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA)— es el dato que debería acompañar cualquier anuncio sobre pozos nuevos, porque cambia el significado de la noticia: no se trata solo de más infraestructura, sino de más presión sobre un recurso que ya muestra signos de agotamiento.
En ese contexto llegaron, dentro del Segundo Informe de Actividades del presidente municipal Leonardo Montañez, dos anuncios que el Municipio presentó por separado pero que en realidad describen las dos mitades de un mismo problema: cómo sacar agua del subsuelo y cómo hacerla llegar a los hogares sin que se pierda en el camino.

Diecisiete pozos, pero no los mismos diecisiete
El comunicado municipal habla de 17 pozos nuevos que ya están operando y de otros cuatro que se encuentran en fase de equipamiento. La distinción importa y suele diluirse en la cobertura informativa: un pozo «nuevo» puede significar una perforación completamente inédita, una rehabilitación de un pozo existente o la incorporación de un aprovechamiento a la red del Modelo Integral de Aguas de Aguascalientes (MIAA). Los materiales de prensa disponibles no detallan, pozo por pozo, cuál de estos supuestos aplica en cada caso, ni ofrecen profundidad, gasto en litros por segundo, volumen diario producido o inversión individual. Tampoco se localizó, en las versiones públicas de los comunicados, un desglose de cuánto costó cada perforación o el monto total del programa. Es una laguna de información que un reportaje serio no debe rellenar con cifras propias.
Lo que sí se puede afirmar con las fuentes disponibles es la zona de influencia declarada: los 17 pozos benefician, según el Municipio, a las colonias Ciudad Industrial, La Herrada, Ojocaliente I, El Molino, El Picacho, Asturias, Laureles III, Mujeres Ilustres, Natura y Lomas del Sur, además de comunidades rurales como Los Caños, El Conejal I y Buenavista de Peñuelas 2. Otro documento del propio informe, difundido por medios locales, eleva la cifra a «más de 120 colonias» beneficiadas por los 17 pozos, una cifra considerablemente mayor a la decena de fraccionamientos mencionados de forma nominal en los boletines. La discrepancia sugiere que una cifra describe beneficiarios directos y otra beneficiarios de zona de influencia ampliada, pero ningún documento público explica la metodología de cálculo, así que ambas deben leerse como estimaciones institucionales, no como datos de padrón verificado.
Los cuatro pozos en equipamiento son harina de otro costal y no deben confundirse con los que ya producen agua. Equipar un pozo significa instalar bombas, líneas eléctricas, sistemas de control y conexión a la red de distribución; un pozo perforado pero no equipado no aporta una sola gota al sistema. Los comunicados no precisan ubicación exacta, porcentaje de avance ni fecha estimada de conclusión para estos cuatro aprovechamientos, de manera que su aportación real al abasto sigue siendo, por ahora, una promesa en construcción y no una obra terminada.

Cuando el problema no es la fuente, sino la tubería
El segundo anuncio municipal se refiere a la renovación de infraestructura hidrosanitaria, un término que conviene desenredar porque agrupa dos redes distintas. La red de agua potable lleva el líquido desde los pozos y tanques hasta las casas; la red de alcantarillado sanitario hace el camino inverso, retirando las aguas residuales de los hogares hacia colectores y plantas de tratamiento. Cuando el Municipio habla de «tuberías hidrosanitarias» se refiere a obras que pueden tocar cualquiera de las dos redes, y en este caso el grueso de lo reportado corresponde a sustitución de tubería de drenaje sanitario, no de agua potable.
Según el informe, MIAA superó las 300 acciones de sustitución de tubería de alcantarillado en fraccionamientos como El Plateado, Santa Elena, Pilar Blanco, Altavista, Colinas del Río, San Pablo, La Estancia, Loma Bonita, Vicente Guerrero y Canteras, además de la rehabilitación del colector sanitario de Parque México. En materia de agua potable, el mismo boletín cita la rehabilitación de la línea principal de distribución en la avenida Convención de 1914 Norte y trabajos en colonias como España, Buenos Aires, Miravalle, Insurgentes y José Guadalupe Peralta Gámez. Acumulado desde el arranque de MIAA, otro reporte de julio de 2026 habla de más de 320 obras de rehabilitación hidráulica y sanitaria, equivalentes a 20.5 kilómetros de redes intervenidas; el propio segundo informe eleva la cifra acumulada a más de 500 obras. Las diferencias entre ambas cifras probablemente respondan a cortes de tiempo distintos, pero ningún documento público las concilia, así que deben tomarse como aproximaciones y no como un conteo único y definitivo.
Los ejemplos puntuales documentados en cobertura periodística dan una idea de la escala real de cada intervención, que suele ser modesta en términos absolutos: en la calle Nieto, en el centro histórico, MIAA sustituyó 118 metros lineales de tubería de 14 pulgadas con una inversión de 976 mil pesos de presupuesto propio del organismo, en una zona donde la antigüedad de la red —de las más viejas de la ciudad— provocaba fugas de aguas negras recurrentes. En la colonia Héroes, la dependencia instaló 70 metros de línea de drenaje de 30 pulgadas en la calle Agustín Melgar, con una inversión superior a los 2 millones de pesos, para evitar el colapso del sistema que capta escurrimientos de las colonias Del Trabajo y Ejido Ojocaliente. Ninguno de los dos comunicados centrales que originan este reportaje desglosa el total de metros lineales sustituidos ni el presupuesto agregado del programa; lo que existe es una acumulación de intervenciones puntuales, calle por calle, cuya suma total no está publicada con el detalle que permitiría auditarla de manera independiente.




El agujero que ninguna obra nueva resuelve por sí sola
Aquí aparece el hallazgo que conecta ambos comunicados y que el Municipio no subraya: un funcionario de MIAA reconoció públicamente, en el contexto de la lucha contra tomas clandestinas, que más de la mitad del agua que se extrae del subsuelo nunca llega a facturarse, entre fugas visibles, fugas no visibles y conexiones ilegales. Es decir, el llamado «agua no contabilizada» superaría el 50 por ciento del volumen extraído. Si esa proporción es representativa del sistema completo, la implicación es directa: perforar más pozos sin resolver las pérdidas en la red equivale a extraer más agua de un acuífero ya deficitario para que buena parte se pierda antes de llegar a un hogar. Y a la inversa, sustituir tuberías sin ampliar la capacidad de extracción y almacenamiento no resuelve la escasez donde la demanda crece más rápido que la oferta.
Ambas obras, leídas juntas, describen una misma cadena de suministro: acuífero, pozo, bombeo, conducción, almacenamiento, distribución, toma domiciliaria y, después, drenaje. Los 17 pozos refuerzan el primer eslabón; la renovación de tuberías refuerza los últimos. Ninguno de los dos, por separado, resuelve el problema completo.
Un acuífero que ya no tiene margen
La pieza que falta en el discurso oficial es la sostenibilidad de la fuente. Aguascalientes obtiene su agua de tres acuíferos: Valle de Aguascalientes, Valle de Chicalote y El Llano. De acuerdo con la actualización de disponibilidad media anual publicada por CONAGUA —documento citado en el propio reglamento que crea MIAA como organismo descentralizado—, el acuífero Valle de Aguascalientes, el principal de la zona metropolitana, presenta un déficit de alrededor de 100.4 millones de metros cúbicos anuales frente a una recarga estimada cercana a los 235-250 millones de metros cúbicos por año, con un abatimiento del nivel piezométrico de aproximadamente 1.7 metros anuales. El Valle de Chicalote reporta un déficit de casi 12 millones de metros cúbicos anuales y El Llano, de casi 5.8 millones. En los tres casos, la conclusión de CONAGUA es la misma: no existe volumen disponible para otorgar nuevas concesiones, porque lo que se extrae ya rebasa lo que la naturaleza repone.

Esto no convierte automáticamente en un error la perforación de 17 pozos nuevos. Puede tratarse de una sustitución de aprovechamientos que ya operaban de forma menos eficiente, de un respaldo operativo ante fallas mecánicas —como la que MIAA reportó en el pozo P-003 a inicios de 2026— o de una respuesta a zonas de crecimiento urbano reciente donde antes no había cobertura. Pero ninguno de los comunicados analizados aclara si los nuevos pozos representan un aumento neto de la extracción total o una redistribución de la misma agua hacia zonas antes desatendidas. Es una distinción que CONAGUA exige y que el discurso municipal, hasta ahora, no ha explicado con la claridad técnica que el tema merece.
MIAA, apenas dos años de vida
Todo esto ocurre bajo un organismo relativamente joven. MIAA inició operaciones formales el 22 de octubre de 2023, después de que el Ayuntamiento recuperara la prestación del servicio de agua tras tres décadas bajo un esquema de concesión privada. Al arrancas, el organismo heredó más de 200 pozos y más de 220 tanques elevados. En su primer informe de resultados, correspondiente a 2023, reportó mil 511 desazolves y 3 mil 630 reparaciones de fugas, además de 528 reconexiones de tomas domiciliarias, cifras que sugieren que el rezago de mantenimiento acumulado antes de la creación del organismo era considerable. Leído en esa línea de tiempo, el anuncio de 17 pozos y 300 tramos de tubería sustituidos no aparece como una acción aislada, sino como la continuidad de un esfuerzo de recuperación de infraestructura que arrancó desde el primer día del organismo.
Leo Montañez encabeza políticamente esta estrategia y la ha usado como eje de su rendición de cuentas, pero la ejecución técnica corresponde a MIAA, a su dirección general y a las áreas de ingeniería que diagnostican y contratan cada obra; la regulación de fondo sobre disponibilidad de agua subterránea sigue siendo atribución de CONAGUA. Ambas obras forman parte del contexto del Segundo Informe de Actividades, un ejercicio de comunicación política que, por su naturaleza, tiende a presentar como logros consolidados obras que en varios casos —los cuatro pozos en equipamiento son el ejemplo más claro— siguen en proceso.






Más infraestructura no es, todavía, más certeza
El valor de estas dos obras no debe medirse solo en pozos perforados o metros de tubería sustituidos, sino en si consiguen construir un sistema capaz de entregar agua de manera eficiente hoy sin comprometer la disponibilidad de mañana. Los datos disponibles muestran una administración que invierte de forma sostenida en pozos, redes y mantenimiento después de años de rezago documentado. Muestran también un acuífero que ya no tiene margen para absorber más extracción sin control, y una red que, por reconocimiento de sus propios operadores, pierde más de la mitad del agua que produce antes de que llegue a una factura.
Sostener el ritmo de inversión en ambos frentes —fuente y red— y hacerlo con información pública más desglosada sobre costos, avances y metas, será la condición para que la infraestructura hidráulica de Aguascalientes deje de ser una carrera contra el acuífero y se convierta en un sistema verdaderamente sostenible.







