Prevenir antes de lamentar: la salud renal también se discute en las aulas

Cuidar los riñones de las juventudes exige algo más que buenos hábitos: información confiable, detección oportuna y un compromiso público con la evidencia.
Una conversación que debe continuar
Hace poco participé en el panel «¿Cómo cuidas tus riñones? Un diálogo por la salud renal», en la Universidad Panamericana. Compartí mesa con José Manuel Arreola Guerra, director del INAER, y frente a nosotros había universitarios con preguntas. Lo que más me quedó no fue lo que dijimos los panelistas, sino lo que esos jóvenes querían saber.
Estoy convencida de que hablar de salud renal con quienes apenas comienzan su vida adulta es una de las mejores decisiones que podemos tomar. Los riñones rara vez ocupan nuestra atención hasta que algo falla. ¿Estamos enseñando a los jóvenes a cuidar su salud? ¿Saben cuándo deben buscar orientación médica? ¿Conocen los riesgos de consumir ciertos productos sin supervisión? Son preguntas incómodas, y por eso conviene hacerlas a tiempo.
Prevenir antes de lamentar
Cuando hablamos de salud, no podemos esperar a que aparezcan las complicaciones para comenzar a actuar. La prevención es educación, información y acompañamiento profesional, y exige instituciones que den respuestas claras.
En ese terreno defendí la importancia del tamizaje. En términos sencillos, es una revisión pensada para detectar posibles alteraciones antes de que den señales evidentes. No diagnostica por sí solo, ni todas las personas necesitan lo mismo con la misma frecuencia. Sus resultados deben interpretarlos profesionales de la salud, que pueden decir qué significan para cada persona y qué sigue. Por eso el mensaje no es el miedo, sino la información: preguntar, acudir, no dar por sentado que todo está bien solo porque no duele nada. La campaña «¿Cómo cuidas tus riñones?» busca precisamente promover la prevención y las pruebas de detección.
El agua: una preocupación que exige evidencia
En el panel planteé una inquietud que escuché y comparto: la calidad del agua que consumimos y su posible relación con la salud renal. Aquí conviene ser rigurosos, porque la preocupación legítima se debilita cuando se convierte en rumor.
Lo documentado es esto. Existen estudios que han medido las concentraciones de fluoruro y arsénico en el agua subterránea del acuífero del Valle de Aguascalientes y los riesgos para las comunidades que la usan, y quienes los reúnen subrayan la importancia de seguir investigando. Materiales educativos oficiales también ubican a Aguascalientes entre los estados afectados por la presencia de arsénico y fluoruro, y señalan que preparar alimentos con agua contaminada es una vía de exposición. Un monitoreo académico de 2007 reportó que en la mayoría de los pozos de Aguascalientes el fluoruro superaba el máximo de 1.5 mg/l de la norma oficial. Es un dato antiguo, y quien lo cite hoy debe decirlo.
Ahora bien, presencia de un contaminante no es lo mismo que exposición de la población, ni exposición es lo mismo que daño, ni daño en general es lo mismo que enfermedad renal. La literatura señala que la toxicidad crónica del flúor puede afectar funciones como la renal, pero a ingestas elevadas y sostenidas. Eso no demuestra que el agua de la llave explique los casos de enfermedad renal en nuestro estado. Decirlo así sería afirmar algo que la evidencia disponible no sostiene.
Lo que sí sostengo es que merecemos saber más. Necesitamos monitoreo permanente, estudios que conecten la calidad del agua con la salud de la población y resultados publicados en un lenguaje que cualquier familia pueda entender.
En ese marco expresé mi postura a favor de promover filtros de agua en escuelas y hogares, y de revisar la calidad del agua con la que se preparan los alimentos. Es una postura, no una solución universal, y ningún filtro elimina todos los riesgos. Qué equipo conviene debe depender de los análisis del agua y de qué contaminantes es capaz de remover. Instalar un filtro sin saber qué se quiere retirar sería actuar a ciegas.
Jóvenes informados, decisiones más responsables
El doctor Arreola Guerra advirtió sobre los posibles riesgos renales de los suplementos no regulados. Vale precisar el alcance: no todos los productos que se venden como suplementos tienen la misma composición, calidad o respaldo de seguridad. Algunos pueden representar riesgos según sus ingredientes, la dosis, la condición de salud de quien los toma y las interacciones con otras sustancias. No se trata de satanizarlos a todos, sino de desconfiar de las promesas extraordinarias.
A los jóvenes les digo con respeto que es válido querer rendir más, ganar masa muscular o cambiar su peso. Pero antes de consumir un producto para lograrlo, conviene preguntar a un profesional de la salud. Evitar la automedicación es una forma de cuidarse, no de renunciar a sus metas.
Tampoco creo que la responsabilidad sea solo de ellos. Un joven que recibe información contradictoria en redes, que no sabe a quién preguntar o que no tiene condiciones para atenderse no está fallando: le estamos fallando nosotros. Cuidar a nuestras juventudes significa escuchar sus preguntas y ofrecerles respuestas responsables.
La salud también es responsabilidad pública
Detrás de cada enfermedad hay una persona y, casi siempre, una familia que enfrenta incertidumbre, gastos y cambios profundos en su vida cotidiana. Por eso la prevención no es un lujo ni un tema técnico: es una forma de cuidar lo más frágil de nuestra vida en común.
¿Qué hace falta? Sin presentarlos como compromisos ya aprobados, planteo líneas de trabajo que merecen discusión: educación para la salud en escuelas y universidades; campañas permanentes de información; acceso a orientación médica; promoción de la detección oportuna; vigilancia de la calidad del agua con resultados comprensibles; información responsable sobre suplementos; colaboración entre instituciones educativas, especialistas y autoridades; y evaluación de lo que hagamos, para saber si funciona. Una acción preventiva que nadie mide corre el riesgo de quedarse en buena intención.
Universidades como la Panamericana abren espacios para esta conversación. A las autoridades nos toca escuchar y generar condiciones, a los especialistas explicar con claridad, y a las familias acompañar sin alarmismo ni indiferencia.
Un llamado a la acción
Les propongo algo sencillo. Infórmense sobre la salud de sus riñones y pregunten a profesionales sin pena. Pregunten también sobre el agua que beben y con la que cocinan, y exijan respuestas claras. Antes de tomar un suplemento, consulten. Y hagan de la salud renal un tema de conversación cotidiana, en casa, en el salón de clases, en el trabajo.
La prevención no debería comenzar cuando una enfermedad cambia una vida, sino cuando todavía tenemos la oportunidad de actuar. Ninguna medida garantiza resultados, pero informarnos a tiempo, preguntar y exigir evidencia sí amplía lo que podemos hacer, y lo que cuidamos hoy en cada joven lo cuidamos también entre todos.
Fuentes consultadas
El Congresista (elcongresista.mx): nota sobre la campaña «¿Cómo cuidas tus riñones?», con Alma Hilda Medina y José Manuel Arreola Guerra, INAER.
Hughes Lomelín, R. et al. «Co-Occurrence of Fluoride and Arsenic in the Groundwater of the Aguascalientes Valley Aquifer, Mexico – State of the Art». Proceedings of the 39th IAHR World Congress, Granada, 2022 (iahr.org).
SEP, Nueva Escuela Mexicana: «Arsénico y fluoruro en el agua y los alimentos» (nuevaescuelamexicana.sep.gob.mx).
Instituto Tecnológico de Aguascalientes. «Monitoreo de fluoruros en agua en la ciudad de Aguascalientes». Conciencia Tecnológica, núm. 34, jul.–dic. 2007 (biblat.unam.mx).
Instituto Tecnológico de Aguascalientes. «Exposición a fluoruros del agua potable en la ciudad de Aguascalientes, México». Rev Panam Salud Publica, 2001 (scielosp.org).
Rodríguez, R. «Análisis de riesgos asociados a arsénico y flúor en el agua». Instituto de Geofísica, UNAM (agua.unam.mx).







