Progreso y ética social

Progreso y ética social

En la línea de pensamiento del materialismo histórico, es necesario reiterar la observación acerca del lenguaje como instrumento social para el trabajo, por lo cual se desarrolló precisamente por esa necesidad práctica. Así, en tanto evolucionaron las técnicas del trabajo, cada vez más complejas, requirieron la cooperación social y el medio de ésta no es sino el lenguaje, que es conocimiento, pero, a la vez, ideología (tanto en el sentido “duro” de Marx, dogmatismo ideológico de la clase dominante, como en sentido más flexible, una forma no científica de explicarse el mundo). 

Empero, tal cooperación social no siempre fue espontánea o mediante acuerdos, especialmente cuando la revolución agrícola y la domesticación de animales, produjo excedentes que se reservaban para los “malos tiempos”. Pero incluso en los “buenos tiempos”, los excedentes eran apropiados por la casta gobernante, la cual decidía respecto su uso y distribución, en un mundo de esclavos. (véase, por ejemplo, el libro de Génesis capítulos 41 y ss).

Lenguaje, conocimiento y trabajo son los instrumentos, la finalidad es la producción material que, a su vez, es la base de la vida social y moral. El ser humano no vive de ideas sino de productos del trabajo. Las ideas son el medio de la interacción social para el trabajo y, ciertamente, para la vida social en sus múltiples facetas, incluida la actividad intelectual para analizar y comprender la naturaleza (conocimientos, técnicas, ciencias, ideologías), las relaciones del ser humano con la naturaleza, las relaciones de los seres humanos entre sí, las cuales al evolucionar van construyendo la historia humana, en cuyo núcleo, a partir del dominio económico, bullen contradicciones sociopolíticas, cuya resolución –negación– imponen un pacto de dominación bajo arreglos o consensos que pretenden legitimidad, aunque en su base se ostentan los visiones del dominio ideológico.

El verdadero progreso no solo depende de la evolución económica o técnica, sino del entendimiento ético y la comunicación libre de dominación.

Todo ello implica lenguaje, necesidad tanto para el trabajo como para la vida en sociedad, así como para instituir un orden social, cuya inequidad y desigualdad no puede derivar sino en lucha de clases. En oposición a la norma social, cualquiera que sea en todo tipo de sociedad, en la anarquía o en la polarización sociopolítica no prosperan la actividad económica ni el entendimiento político, que no pude sino derivar o en autarquía o populismo.

Ahora bien, el lenguaje, es cada vez más sofisticado y analítico conforme avanza la naturaleza social del trabajo. Indispensable el lenguaje oral y escrito, ciertamente, para la transmisión de esos conocimientos y esas ideas a las nuevas generaciones. La dialéctica entre trabajo y lenguaje radica, de acuerdo con Habermas, en facilitar la evolución de la organización social, más compleja según las necesidades de “las fuerzas productivas disponibles o generar otras nuevas” (Habermas. Teoría de la acción comunicativa: complementos y estudios previos).

El progreso económico desde la Ilustración y en la modernidad no se han traducido “en la liberación de la servidumbre y la degradación”. Las relaciones entre los sujetos en la vida social se establecen mediante el lenguaje “en el umbral de la forma sociocultural de la vida”, pero no implica el más alto nivel de desarrollo moral contemporáneo (Anderson). Es decir, no existe correspondencia entre el “progreso económico acumulativo y la ‘madurez’ de los sujetos ético-sociales” (Habermas).

En cuanto a la democracia, Habermas indica que se fundamenta en la “comunicación necesaria para llegar a una verdad consensual”. Lo califica como “pacto de entendimiento para una buena vida” [lo cual parece utópico, ya que la democracia real, liberal-representativa vigente, a la fecha, se agota en el procedimiento, pero abandona lo sustantivo, así que “buena vida” solamente es aspiración o ilusión para la mayoría]. Incluso así, supone Habermas, la “buena vida” es posible, aunque “existan la mentira o la dominación, pues éstas surten efecto en razón de la común presunción de la verdad de la que se desvían” … Por ello, la democracia “puede definirse como la institucionalización de las condiciones para la práctica del habla ideal, es decir, libre de dominación”. Esto supone una democracia ideal. Utopía.

En Teoría de la Comunicación, Habermas puntualizó que las posibilidades de percepciones “sólo pueden intercambiarse bajo el supuesto que se haya establecido reciprocidad completa entre todos los sujetos participantes y se haya objetivado en perspectivas de un mundo social común. En lugar de un espacio físico tenemos aquí espacio social…”. Es decir, “reducir los procesos de integración social como entrelazamientos de acciones sociales”. Todo lo cual no es sino una reinterpretación del pensamiento de Hegel. Dicho llanamente hay comunicación si “los participantes” hablan el mismo lenguaje con el mismo significado. De otro modo subsiste el conflicto y la imposibilidad de resolverlo, ya que no hay posibilidad de entendimiento.

Lo que Habermas añade a la tesis de Marx, sobre lo cual abunda Lukács, es el trabajo como base y paradigma de la interacción social, cuyo medio es el lenguaje, para “racionalizar” el conflicto a fin de moderarlo, encauzarlo, regularlo. Pero Marx plantea las relaciones propietarios-trabajadores como lucha de clases debido a la apropiación del plusvalor (el excedente que el asalariado produce superando el valor de su fuerza de trabajo), una de cuyas manifestaciones es la lucha ideológica.

Para Habermas “el discurso de lo moderno es siempre un discurso de lo nuevo, el presente y el porvenir. Lo moderno es siempre referencia a una nueva época y a la vez a la obsolescencia por el propio fin que persigue lo moderno. La vanguardia de la modernidad sea cual sea, emerge de un momento a otro y se cita a sí misma como repetición (es también una vuelta a lo clásico)” (Roberto Mallea.www.monografías.com).

De tal manera, el lenguaje –la capacidad de comunicación y entendimiento— es vigente no sólo entre individuos o clase sociales en el interior de una nación, sino que es indispensable en las relaciones entre países y potencias. De otro modo, en vez de conflicto social devienen guerras y conflagraciones.

Jorge Varona Rodríguez

Ex Presidente del Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública de Aguascalientes

Jorge Varona Rodríguez

Ex Presidente del Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública de Aguascalientes

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