Fetichismo y conciencia social

Lukács ideológicamente coincidió con Rosa Luxemburgo en el histórico debate entre ella y Lenin. Forzado por la ortodoxia soviética se alejó de Luxemburgo y se identificó como leninista, aunque, en el fondo, nunca abandonó del todo las tesis luxemburgistas, las cuales rechazaban el centralismo de Lenin y la idea de una “vanguardia proletaria”, y, en vez de ello, supuso que las catastróficas crisis del capitalismo “conduciría a las más grandes masas a una posición revolucionaria, independiente de la acción ‘consciente’ de los dirigentes y aun contra los dirigentes, si se convirtiesen en obstáculo”. La conciencia clasista de “las masas” no devendría de la propaganda, folletos y volantes, sino directamente de “la experiencia autónoma del proletariado”. De hecho, Luxemburgo pronosticó el fracaso del modelo socialista de Lenin tanto en su concepción como en su práctica. Ello le provocó, desde luego, el repudio total de los bolcheviques. Incluso celebraron el asesinato de Rosa por un grupo paramilitar alemán. La historia del dio la razón.
Ambos, Luxemburgo y Lukács (y con ellos, Lenin) al extremar la ideologización de las crisis capitalistas y profetizar su desaparición, estaban apreciando equívocamente la perspectiva histórica del capitalismo. De ahí que, Luis Ricardo Ruiz, cuestiona la “antropologización” de la conciencia de clase que propuso Lukács siguiendo a Lenin: “la conciencia de clase se realiza en determinado momento, no es algo universal, se construye, se produce en momentos coyunturales precisos. 0 sea, es conciencia determinada, no es un ser-estar-en-el mundo; tampoco es proceso de producción de los intelectuales; y, finalmente, la conciencia de clase no se identifica con el partido” (reflexiones-en-torno-a-historia-y-conciencia-de-clase. P. 14).
Al referirse a la cuestión de la conciencia de clase, Lukács enfatiza que el fetichismo y la cosificación, enunciados por Marx, son los “resortes reales” de la alienación de la conciencia social. Comprender este problema es condición necesaria para una clara visión de los problemas ideológicos del capitalismo y su muerte” (Historia y conciencia de clase, P. 90).
En “Asalto a la Razón” Lukács expone detalladamente la irracionalidad que emana de la crisis económica, social y política en Europa, particularmente en Alemania, cuyas raíces, explica, provienen desde la Revolución de 1848, que estableció la Segunda República en Francia, pero la inestabilidad política por rebeliones proletarias y consecuentes conflictos sociales, culminó con el imperio de Napoleón III, quien forjó el Bonapartismo, régimen autoritario que pretende “conciliar” a las clases sociales, tratando de mediar entre los conflictos burguesía-proletariado, pero privilegiando los intereses de la clase dominante. El ejército, las fuerzas armadas y la policía eran su sostén, pero pretendió forjar el apoyo popular mediante plebiscitos manipulados. Es considerado, asimismo, antecedente de formas posteriores del populismo.
El periodo de revoluciones 1848-1849, estalladas a raíz de crisis agrícola e industrial, generó miseria y desempleo. Crisis económica-social que coincidió con el empuje del liberalismo democrático, y el auge del movimiento obrero que reclamaba más derechos y el sufragio universal, así como la emergencia de ideas socialistas, manifestadas en diversas corrientes tanto realistas como utópicas. En tales circunstancias Marx y Engels publican el Manifiesto Comunista, documento que ha sido referente en la comprensión crítica del desarrollo del capitalismo. Empero, en el prefacio de la edición de 1872, Marx comenta que el Manifiesto “ha envejecido” y “no hay que atribuirle demasiada importancia” (Jean Touchard Historia de las ideas políticas, Editorial Tecnos, 1988, p. 499)
El Manifiesto, “formalmente impecable … opera como una puesta al día de la madre de todos los manifiestos. China Miéville, a la luz de su fantástica literatura, muestra un sorprendente pulso sociopolítico y didáctico … es lectura fundamental para la cultura moderna. Traducido a muchas decenas de idiomas, ha guiado revoluciones, Estados, organizaciones de todo tipo, sueños y pesadillas” (Las muchas vidas del Manifiesto comunista. Hermann Bellinghausen/La Jornada/12 y 19, octubre2026)
Bellinghausen en sus reflexiones reconoce que el Manifiesto, pese sus errores de “predicción o interpretación que la historia ha puesto en su lugar, sigue siendo un texto … que posee extraordinaria actualidad. Frases y párrafos enteros parecen escritos hoy, ante el encanallamiento del mundo conducido por una minoría de magnates y políticos que son la materialización exacta de lo que Marx y Engels … atribuyeron a la moderna sociedad burguesa que ha hecho surgir medios de producción y circulación tan poderosos, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros”. Pronóstico que, observo, parece cumplirse con la devastación, sobreexplotación y desperdicio de los recursos que la naturaleza no perdona.
Con las revoluciones europeas de mediados del siglo 19, crecen vigorosamente las aspiraciones nacionalistas de independencia o unificación nacional en territorios fragmentados o multiétnicos, como los Estados alemanes, Italia y el Imperio austro-húngaro.
La mayoría de los gobiernos revolucionarios fueron derrotados por las fuerzas conservadoras y monárquicas hacia 1849. Finalmente, desde 1870, con la aniquilación de la Comuna de París, se consolidó el modelo democrático-burgués en Europa.
Desde esa época, explica Lukács, tomó auge el irracionalismo en el seno del capitalismo europeo (particularmente en Alemania), tanto en filosofía como en teoría política. Irracionalidad que precisamente justifica el nombre del libro “Asalto a la Razón”: embestida e irrupción de la irracionalidad, ausencia deliberada de razón que tergiversa y pervierte la explicación y comprensión de la problemática de toda relación social y humana, proceso ideológico que no fue espontáneo, sino deliberado bajo la pretensión de obnubilar la aprehensión de las crisis sistémicas del capitalismo.
Marcuse coincidió: “los filósofos representativos de la burguesía (particularmente Leibniz, Kant y Fichte) conciliaron su racionalismo filosófico con la flagrante irracionalidad de las relaciones sociales dominantes, e invirtieron la razón humana y la libertad de modo que se convirtiesen en barreras del alma aislada o del espíritu, fenómeno interno bastante compatible con la realidad externa, aun cuando contradijese la razón y la libertad” (Razón y Revolución, p. 15)







