Los mercenarios de la democracia

Los mercenarios de la democracia

La tierra de la gente buena vive el revuelo, las campañas secretas, de mujeres y de hombres que buscan hacer sentir su valor humano cargando niños entre sus brazos, repartiendo besos a viejitas a diestra y siniestra e inclusive publicando libros explotando al intelectual que tiene muy en sus adentros.

Se supone que la consultoría política nació para ayudar a los ciudadanos a comprender mejor las propuestas de quienes aspiran a gobernarlos. Su misión era fortalecer la comunicación entre candidatos y sociedad, profesionalizar las campañas y elevar la calidad del debate público.

Con el paso del tiempo, una parte de esa profesión perdió el rumbo, y solo es una rémora de facinerosos que en muchos casos son mercaderes al mejor postor.

Hoy, para algunos consultores electorales, la democracia ha dejado de ser un sistema de representación para convertirse en un simple mercado. El candidato es un producto; el ciudadano, un consumidor; y la elección, una competencia donde el único objetivo es vender más que el adversario.

Lo preocupante no es la profesionalización de las campañas. Lo verdaderamente alarmante es la desaparición de los límites éticos.

¿Será que los CONSULTORES son también culpables de la degradación de la POLÍTICA?

Cada vez resulta más común observar estrategas que un día defienden un proyecto político y, al siguiente, trabajan para su principal adversario. No cambia su discurso por convicción, sino por contrato. No importa la ideología, la visión de país o los principios; importa quién paga la factura.

Cuando la conciencia tiene precio, la consultoría deja de ser una profesión y corre el riesgo de convertirse en un negocio sin brújula moral.

Muchos justifican cualquier práctica bajo una frase tan repetida como peligrosa: “Así se gana una elección.”

Pero no todo lo que permite ganar fortalece la democracia. La manipulación de sondeos y de encuestas para modificar la percepción y la realidad del contexto.

Difundir desinformación, explotar el miedo, fabricar campañas de odio, destruir reputaciones con información manipulada o reducir el debate público a emociones extremas puede generar votos en el corto plazo, pero también erosiona la confianza ciudadana en las instituciones.

Las campañas terminan. Las consecuencias permanecen. Ningún consultor debería olvidar que detrás de cada estrategia existe una sociedad que deberá convivir mucho después de que se apaguen los reflectores de la elección. Esa es la consecuencia, grandes candidatos y malos gobernantes.

La política no puede medirse únicamente por encuestas, algoritmos o tendencias digitales. También debe medirse por el impacto que deja sobre la convivencia democrática.

La responsabilidad es total, porque quien ayuda a construir un gobierno incompetente mediante una campaña basada en engaños no puede deslindarse por completo de las consecuencias. La responsabilidad ética no termina con el cierre de las casillas.

Por supuesto, sería injusto colocar a todos los consultores en el mismo saco. Existen profesionales serios, preparados y comprometidos con campañas basadas en propuestas, evidencia y respeto a las reglas democráticas. Gracias a ellos, la consultoría política puede contribuir al fortalecimiento institucional.

El problema surge cuando el prestigio de toda una profesión queda marcado por quienes consideran que cualquier medio es válido si conduce a la victoria.

La democracia necesita estrategas, no mercenarios. Necesita profesionales capaces de decirle a un candidato que no todo se vale, incluso cuando una táctica pudiera representar una ventaja electoral. Porque la verdadera habilidad de un consultor no consiste únicamente en ganar elecciones.

Consiste en ganar sin destruir la confianza pública, sin degradar el debate democrático y sin convertir la política en un espectáculo de manipulación permanente.

Aquí me detengo, y dejo una pregunta: ¿Estaremos en el momento de discutir un código de ética para la consultoría política en México? Para establecer responsabilidades profesionales, fomente la transparencia y recuerde que la estrategia electoral no puede divorciarse de los valores democráticos.

Las reformas electorales, siempre buscan regular y darle equidad a la competencia en un proceso electoral, pero no aborda de forma específica el uso y aprovechamiento de las tecnologías y la contratación de los consultores, no se registran sus contratos y no existen lineamientos de comportamiento.

Las democracias no solo se fortalecen con buenos gobernantes. También dependen de quienes diseñan el camino para llegar al poder.

Y cuando algunos consultores olvidan que la ética es parte fundamental en su actuar profesional, dejan de ser constructores de la democracia para convertirse, metafóricamente, en mercenarios de ella y quienes dinamitan la imagen de la POLITICA.

Mario Antonio Guevara Palomino

Abogado por la UAA. Servidor Público. Diputado local con mandato concluido. Delegado de INFONAVIT en Aguascalientes durante el sexenio de Enrique Peña Nieto

Mario Antonio Guevara Palomino

Abogado por la UAA. Servidor Público. Diputado local con mandato concluido. Delegado de INFONAVIT en Aguascalientes durante el sexenio de Enrique Peña Nieto

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