La ciudad que no se ve: lo que significa renovar el alcantarillado de una calle del Centro

La ciudad que no se ve: lo que significa renovar el alcantarillado de una calle del Centro

Un tramo de tubería sustituido en la calle Primo Verdad vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que pocas veces se hace en voz alta: ¿quién cuida la infraestructura que nadie mira, y qué pasa cuando deja de funcionar?

Quien camina por la calle Primo Verdad, en el Centro Histórico de Aguascalientes, ve lo de siempre: fachadas, comercios, tránsito peatonal, la vida ordinaria de una zona céntrica y transitada. Lo que no ve es la red de tuberías que corre bajo el pavimento, conduciendo aguas residuales de manera constante, silenciosa y —cuando funciona bien— completamente invisible. Esa invisibilidad es, precisamente, la mejor señal de que un sistema de alcantarillado está haciendo su trabajo.

El gobierno municipal de Aguascalientes informó que colocó 56 metros lineales de nueva tubería sanitaria de 10 pulgadas de diámetro en un tramo de esa calle, entre Cosío y Agustín R. González, con una inversión de 380 mil pesos provenientes de recursos directos del Modelo Integral de Aguas de Aguascalientes (MIAA). Es una intervención puntual, acotada a un tramo específico, no una obra de gran escala. Pero su tamaño reducido no debería confundirse con su relevancia: entender por qué una ciudad necesita renovar constantemente tuberías que nadie ve exige mirar más allá del anuncio.

Una ciudad debajo de la ciudad

Las obras que suelen concentrar la atención pública son las que se pueden fotografiar: una avenida repavimentada, un puente nuevo, un parque remozado. El alcantarillado pertenece a otra categoría de infraestructura, la que funciona bajo el suelo y que el ciudadano promedio solo advierte cuando falla —cuando hay un encharcamiento, un mal olor, una obstrucción—. Mientras opera con normalidad, no genera ni gratitud ni reclamo: simplemente desaparece de la conversación pública.

Esa asimetría plantea un problema real para cualquier administración municipal. La infraestructura que más contribuye al funcionamiento cotidiano de una ciudad no es necesariamente la que más réditos políticos ofrece, porque su éxito se mide por la ausencia de incidentes, no por su presencia visible. Sostener el argumento de que vale la pena invertir en ella exige explicar, no solo anunciar.

Quién hace qué: un mapa institucional necesario

Uno de los aspectos que rara vez se explica con claridad es de quién depende, exactamente, el alcantarillado de una ciudad. En Aguascalientes, el esquema institucional cambió de manera significativa en los últimos años.

Hasta 2023, la operación del servicio de agua potable y alcantarillado estuvo concesionada a una empresa privada, mientras que la Comisión Ciudadana de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Aguascalientes (CCAPAMA) —un organismo público descentralizado— ejercía funciones de normatividad, supervisión y vigilancia sobre esa operación. A partir de octubre de 2023, el Ayuntamiento impulsó la transición hacia un nuevo esquema: el Modelo Integral de Aguas de Aguascalientes (MIAA), que asumió la prestación directa del servicio de agua potable, alcantarillado y saneamiento en el municipio, mientras que CCAPAMA continuó operando en paralelo para atender procesos pendientes y funciones normativas.

Este dato no es menor para entender la obra en Primo Verdad: el comunicado municipal precisa que los recursos utilizados provinieron directamente del MIAA, es decir, del organismo operador, y no de una partida genérica de obra pública del Ayuntamiento. Esa distinción importa porque separa dos lógicas de gestión distintas —la política de obra pública y la operación técnica de un servicio— que conviene no confundir al evaluar una intervención de este tipo.

A un nivel distinto de gobierno, la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) regula el uso y aprovechamiento del agua a escala federal, y el Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) participa en la planeación urbana de mediano y largo plazo, incluyendo criterios sobre infraestructura en zonas patrimoniales. Atribuir al alcalde, de manera personal, cada decisión técnica de este tipo simplificaría un entramado institucional que en realidad involucra a varios actores con responsabilidades distintas.

El reto particular del Centro Histórico

Primo Verdad se ubica en una de las calles más reconocibles del Centro Histórico de Aguascalientes, una zona con alta actividad comercial, tránsito peatonal constante y edificaciones que combinan uso habitacional, comercial y patrimonial. Ahí se concentra un desafío que enfrentan casi todos los centros históricos de México: la traza urbana, las fachadas y buena parte del tejido edilicio conservan un carácter histórico, mientras que la infraestructura que corre bajo esas mismas calles —redes de agua, drenaje, electricidad— tiene que responder a necesidades contemporáneas de uso, densidad y volumen.

Esa tensión entre conservar lo visible y modernizar lo invisible no se resuelve una sola vez. Se administra de manera permanente, tramo por tramo, año tras año. Renovar una sección de tubería en una calle céntrica no es, en ese sentido, una obra aislada, sino una pieza de un problema estructural más amplio: sostener la funcionalidad de una zona antigua sin comprometer su carácter patrimonial ni la actividad que ahí ocurre a diario.

Prevenir antes que reaccionar

El comunicado oficial enmarca la intervención como una medida para reducir riesgos de afectaciones futuras, no como respuesta a una falla ya ocurrida. Esa distinción corresponde a un principio bien documentado en la gestión de infraestructura: el mantenimiento preventivo —intervenir antes de que una tubería colapse o pierda funcionalidad— tiende a ser menos disruptivo que el mantenimiento correctivo, que actúa después de que el problema ya generó consecuencias visibles, como fugas, encharcamientos o afectaciones al tránsito.

No existe evidencia pública que permita afirmar que el tramo de Primo Verdad presentaba ya una falla activa; tampoco hay elementos para descartarlo. Lo que sí puede sostenerse, como criterio general de gestión de infraestructura hidráulica, es que sustituir tramos de tubería de manera programada —antes de que se agote su vida útil— suele evitar que problemas menores se conviertan en intervenciones más complejas y costosas. Ese es el argumento técnico detrás de cualquier política de mantenimiento preventivo, independientemente de qué administración la ejecute.

Saneamiento y salud pública: lo que dicen las fuentes técnicas

La relación entre saneamiento e higiene urbana no es un asunto opinable: existe un cuerpo amplio de evidencia técnica al respecto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) documentan que el acceso a sistemas adecuados de saneamiento forma parte de las condiciones básicas para prevenir enfermedades de transmisión hídrica y sostener entornos urbanos saludables, y consideran la disposición sanitaria adecuada, junto con el agua potable, entre las intervenciones de salud pública con mayor impacto documentado a nivel poblacional.

Esto no significa que una obra puntual, como la sustitución de 56 metros de tubería en una calle, prevenga por sí sola un problema de salud específico en esa zona. Significa algo más modesto y, a la vez, más sólido: que sostener en buen estado la red de alcantarillado de una ciudad —tramo por tramo, de manera constante— es parte de las condiciones estructurales que permiten que un entorno urbano funcione en términos sanitarios. La obra individual es pequeña; la lógica de mantenimiento sostenido a la que pertenece es la que realmente importa.

Sustituir un tramo de tubería no cierra el tema del mantenimiento; lo mantiene abierto. Toda red de alcantarillado requiere monitoreo continuo, limpieza periódica, inspección y —eventualmente— reposición de otros tramos que hoy no forman parte de ningún anuncio. La utilidad real de una obra de este tipo no se mide únicamente en el momento de su colocación, sino en el tiempo durante el cual esa tubería cumple su función sin generar incidentes. Es una vara de medición menos inmediata que la de una inauguración, pero es la única que importa a largo plazo.

Una infraestructura que se juzga por su ausencia

Al final, la paradoja se sostiene: la calle Primo Verdad seguirá siendo, para la mayoría de quienes transiten por ella, un espacio de fachadas, comercios y actividad cotidiana. Nadie notará la tubería nueva, y esa indiferencia —lejos de ser un fracaso comunicativo— es la condición misma del éxito de una obra de este tipo. Una ciudad no se sostiene solo por lo que construye a la vista de todos, sino también por aquello que decide mantener, tramo por tramo, debajo de sus calles, para que el resto siga funcionando sin que nadie tenga que pensar en ello.

Municipio de Aguascalientes

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