Víctor recibió el riñón de su hija, y con él, una nueva oportunidad de vida

A seis años de su diagnóstico, Víctor Manuel Costilla Rocha fue trasplantado en el Centenario Hospital Miguel Hidalgo gracias a la donación de su hija Aida Jazmín. Detrás de esa cirugía hay también un equipo médico y una institución que Aguascalientes ha construido durante más de tres décadas.
Víctor Manuel Costilla Rocha vende tacos. Es esposo de Aida Elizabeth Hernández Márquez y padre de dos hijas. Su vida transcurría sin sobresaltos hasta que, hace seis años, un diagnóstico la cambió: enfermedad renal. El 26 de febrero de 2026, a los 50 años, recibió un trasplante en el Centenario Hospital Miguel Hidalgo (CHMH). El riñón se lo dio su hija Aida Jazmín, de 27 años.
Es una historia de hospital, sí, pero también de familia. Y en el fondo es la misma historia que se repite, con nombres distintos, cada vez que alguien decide donar un órgano a otra persona.
Seis años después del diagnóstico, Víctor recibió una nueva oportunidad
Hay diagnósticos que se instalan despacio en la vida de una familia y la van reordenando sin que nadie lo note del todo. Así llegó la enfermedad renal a la casa de los Costilla Hernández. Víctor tenía una rutina como cualquier padre de familia: su negocio de tacos, su esposa, sus dos hijas, los pendientes normales de una casa. Nada anunciaba que, hace seis años, un médico le diría que sus riñones estaban enfermos.
La familia se enteró, por medio de una persona que ya había recibido un trasplante, de la atención que el Hospital Hidalgo brinda a pacientes con este padecimiento. Fue ese testimonio cercano, el de alguien que ya había pasado por lo mismo, el que llevó a los Costilla Hernández a buscar al hospital y comenzar el proceso de atención. No fue una decisión inmediata ni sencilla; fue el resultado de informarse, preguntar y finalmente decidir enfrentar la enfermedad con acompañamiento médico especializado en lugar de esperar a que la situación se agravara por su cuenta.
Cuando la enfermedad renal cambió la vida de una familia
En sus primeras consultas, Víctor recibió una noticia que le permitió respirar: su riñón todavía funcionaba a un 35 por ciento, así que tenía la posibilidad de sostener una buena calidad de vida por años si cuidaba su alimentación, se mantenía activo y no abandonaba el seguimiento médico.
Lo tomó en serio. Durante cuatro años ajustó su rutina y siguió las indicaciones de los especialistas del CHMH con la disciplina de quien sabe que se está jugando algo importante. Pero la enfermedad renal no siempre negocia con la disciplina, y la función de sus riñones continuó descendiendo poco a poco.
Llegó el momento en que una nefróloga le dio otra noticia, esta vez más dura: sus riñones ya solo trabajaban al 12 por ciento. Empezó diálisis, no como un punto final sino como una manera de proteger el resto de su cuerpo mientras se definía el siguiente paso. La diálisis, para quien no la ha vivido de cerca, suele explicarse como una máquina que hace el trabajo que el riñón ya no puede: filtra la sangre, retira lo que el cuerpo necesita desechar y evita que otros órganos empiecen a resentir el deterioro renal. No es una cura, es un puente. Y ese puente, en el caso de Víctor, llevaba hacia el trasplante.
Una hija decidió donar un riñón a su padre
Ese siguiente paso tuvo nombre y apellido: Aida Jazmín Costilla Hernández, de 27 años, una de las dos hijas de Víctor. Decidió convertirse en donadora para su padre.
No hace falta inventarle a Aida Jazmín pensamientos ni monólogos interiores para entender el peso de esa decisión. Donar un riñón en vida implica someterse a evaluaciones médicas exhaustivas, pruebas de compatibilidad, protocolos de valoración de riesgos y un consentimiento informado que no se firma a la ligera. Es un proceso pensado, revisado por especialistas, y que exige tanto de quien dona como de quien recibe.
Lo que sí documenta la fuente oficial es el resultado: gracias a esa decisión, Víctor pudo acceder al trasplante que la diálisis solo estaba posponiendo.
El 26 de febrero que cambió la historia de Víctor
El 26 de febrero de 2026 dejó de ser una fecha cualquiera para los Costilla Hernández. Ese día, en un quirófano del Centenario Hospital Miguel Hidalgo, Víctor recibió el riñón de su hija. La cirugía fue exitosa.
Para él, el trasplante significó algo tan simple como seguir compartiendo tiempo con la gente que quiere. Para su hija, un acto que la fuente oficial describe como de amor y valentía. Dos palabras que, en este caso, no suenan a exageración.
Detrás del trasplante: especialistas, tecnología y coordinación
Un trasplante renal de donante vivo no depende de una sola persona con un bisturí. Requiere nefrólogos, cirujanos, anestesiólogos, personal de enfermería, laboratorio, servicios de seguimiento post operatorio y una infraestructura capaz de sostener todo eso al mismo tiempo, sin margen de error.
La fuente oficial atribuye el éxito de la intervención al trabajo coordinado del equipo de especialistas y a la tecnología y el equipamiento médico con que cuenta el hospital. Es una manera correcta, aunque escueta, de resumir algo que en la práctica involucra a decenas de personas cuyo trabajo casi nunca aparece en la nota: quien revisa la compatibilidad antes de la cirugía, quien administra la anestesia, quien cuida al paciente en las horas posteriores al trasplante, quien da seguimiento en las semanas siguientes para confirmar que el nuevo riñón funciona como se esperaba. Ese trabajo colectivo, silencioso casi por definición, es el que sostiene cada historia individual como la de Víctor.
El Hospital Hidalgo, una pieza clave para devolver esperanza
El Centenario Hospital Miguel Hidalgo lleva más de tres décadas construyendo ese tipo de capacidad. El hospital inició su programa de trasplantes renales en noviembre de 1990, y en noviembre de 2025 llegó a los 2 mil trasplantes renales realizados en su historia, un hito que coincidió, de forma casi simbólica, con la misma fecha en que se hizo el primero 35 años atrás.
Solo entre 2022 y mediados de 2025 se realizaron 155 trasplantes de riñón en la entidad, cifra que colocó a Aguascalientes entre los dos primeros lugares de la región Centro-Bajío en este tipo de procedimientos. El hospital no atiende únicamente a pacientes del estado: también recibe a personas de Guanajuato, Zacatecas, San Luis Potosí, Jalisco, Querétaro y otras entidades vecinas que llegan buscando esa misma capacidad médica.
Esa trayectoria explica por qué un caso como el de Víctor, que en otras condiciones podría parecer excepcional, es en Aguascalientes parte de un programa consolidado. No se trata de un hospital que improvisó una cirugía compleja; se trata de una institución que lleva más de tres décadas repitiendo, perfeccionando y documentando el mismo tipo de procedimiento.
Aguascalientes y el reto de fortalecer la cultura de donación
Ninguno de estos trasplantes ocurre sin alguien dispuesto a donar. Aguascalientes cerró 2025 en el primer lugar nacional en donación de órganos y tejidos por millón de habitantes, con 109 donaciones registradas, según cifras atribuidas al Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra). Ese mismo año se realizaron 131 trasplantes en la entidad: 90 de riñón y 41 de córnea.
Son números que conviene leer con cuidado, porque cambian con cada corte oficial y porque, detrás de cada uno, hay una historia como la de Víctor y su hija. Conviene también distinguir entre los dos caminos que existen para donar. Está la donación en vida, como la de Aida Jazmín, que ocurre entre personas emparentadas o compatibles y que exige una evaluación médica particularmente rigurosa porque involucra a dos pacientes sanos que se someten a cirugía. Y está la donación después de la muerte, que sigue un proceso distinto, con sus propios protocolos legales y médicos, y que en conjunto es la que sostiene buena parte de los trasplantes de córnea y otros tejidos que se realizan cada año en el estado.
Lo que sí queda claro, en cualquiera de los dos caminos, es que la disposición a donar es la condición sin la cual ninguna infraestructura hospitalaria, por sofisticada que sea, puede salvar a nadie.
Prevenir también puede cambiar una historia
El trasplante no es el único capítulo de esta historia que merece atención. Aguascalientes es, según información oficial, el único estado del país con un programa de detección oportuna de enfermedades renales desde la adolescencia, que incluye pruebas de tamizaje en estudiantes de secundaria.
Detectar a tiempo, atender, controlar la enfermedad y evitar complicaciones: ese es el orden que puede alejar a un paciente de la diálisis o retrasarla varios años. El caso de Víctor demuestra que el trasplante puede devolver una vida casi normal, pero ningún especialista recomendaría esperar a necesitarlo. Cada caso, en todo caso, requiere valoración médica particular, y ninguna experiencia individual garantiza el mismo resultado para otro paciente.
La salud pública cuando se convierte en una oportunidad de vida
Historias como la de Víctor no suceden en el vacío. Necesitan un sistema de salud con la capacidad técnica para realizar procedimientos de alta especialidad de forma sostenida, año tras año. La administración estatal ha impulsado el fortalecimiento de esa infraestructura: en julio de 2026, la gobernadora Tere Jiménez puso en marcha una nueva Unidad de Atención a Pacientes con Quemaduras y un Área de Trasplante de Médula Ósea en el propio Hospital Hidalgo, dentro de un plan más amplio para ampliar los servicios de alta especialidad sin que las familias tengan que salir del estado.
Esas unidades no participaron en el trasplante de Víctor, pero forman parte del mismo esfuerzo institucional que sí hizo posible su cirugía: el de un hospital que, consulta tras consulta, cirugía tras cirugía, ha ido acumulando la experiencia necesaria para que un caso como el suyo termine bien.
Al final, la historia regresa a donde empezó: a Víctor, a su hija y a la familia que los acompañó. Su esposa, Aida Elizabeth Hernández Márquez, lo resumió con una frase breve que la fuente oficial recoge: la familia es clave para seguir adelante con ilusión y fe.
Detrás de cada trasplante hay mucho más que una intervención quirúrgica. Hay una familia que espera, una persona que decide donar, un equipo de profesionales que pone su conocimiento al servicio de otro y una institución capaz de convertir esa disposición en algo concreto. Para Aguascalientes, fortalecer esa capacidad médica y ampliar la cultura de donación significa que historias como la de Víctor dejen de ser una excepción y se conviertan, cada vez más, en la norma para quienes hoy esperan un órgano.
Para solicitar una consulta de trasplante o conocer el proceso de donación de órganos, el ISSEA pone a disposición el teléfono 449 994 67 20, extensión 8639, en horario de 8:00 a 14:00 horas de lunes a viernes, así como la línea 070. (Verificar vigencia de estos datos al momento de publicación.)







