La libreta que no terminó en la basura

La libreta que no terminó en la basura

Un cuaderno gastado, con hojas todavía limpias, es el punto de partida de un programa municipal que busca convertir un objeto cotidiano en educación, inclusión y participación ciudadana. Aguascalientes tiene hasta el 30 de octubre para sumar 36 mil libretas a la causa.

Al final del ciclo escolar, una libreta suele terminar en el fondo de un cajón. La portada está gastada, el nombre en la primera página apenas se distingue y varias hojas ya cumplieron su función. Pero si alguien la hojea con calma, encontrará algo que casi nadie nota: páginas limpias, sin usar, que todavía podrían servir. ¿Realmente esa libreta terminó su vida útil, o simplemente nadie se ha detenido a preguntárselo?

Esa pregunta, aparentemente menor, es el punto de partida de «Aguas con tu libreta», el programa que el Secretariado de Enlace Ciudadano del Municipio de Aguascalientes mantiene abierto hasta el 30 de octubre de 2026. La convocatoria es sencilla en apariencia: pide a familias, escuelas y ciudadanía en general que entreguen cuadernos usados en buen estado, con hojas limpias aprovechables. Pero detrás de esa sencillez hay una apuesta más ambiciosa, que conecta educación, economía familiar, reciclaje, inclusión social y participación ciudadana alrededor de un objeto que casi nunca pensamos dos veces antes de desechar.

36 mil libretas, una meta concreta

La administración municipal fijó una meta clara: recuperar 36 mil libretas usadas. No se trata de una cifra simbólica, sino del número que el propio programa estableció como objetivo de recolección. A partir de ese material, el Ayuntamiento busca elaborar aproximadamente 7 mil 200 nuevos cuadernos, que serán destinados a apoyar las actividades escolares de niñas, niños y jóvenes de la ciudad.

Conviene ser precisos aquí. La relación entre libretas recolectadas y cuadernos nuevos no es una fórmula técnica de reciclaje de papel aplicable a cualquier contexto; es la estimación específica que el propio programa ha anunciado para esta campaña. Y hay una distinción todavía más importante: una cosa es la meta —36 mil libretas por recolectar— y otra muy distinta es el resultado real, que solo podrá conocerse cuando el proceso concluya. El gobierno municipal busca recuperar ese volumen; pretende alcanzar esa cifra de nuevos cuadernos. Falta ver, en los hechos, cuánto se logra.

Más que reciclaje

Es tentador resumir el programa como una simple campaña de reciclaje, pero la iniciativa opera en un terreno más amplio. Reutilizar las hojas limpias de una libreta para armar un cuaderno nuevo no es exactamente lo mismo que reciclar papel en el sentido industrial del término: implica clasificación, revisión y un aprovechamiento directo del material, más cercano a la reutilización que al reciclaje puro. La información disponible no detalla el proceso técnico completo que seguirán las libretas recolectadas, y no corresponde inventar ese dato.

Lo que sí es verificable es el destino de lo que no pueda convertirse en cuaderno: las hojas no aprovechables para ese fin tendrán un segundo uso en la elaboración de piñatas. Esa decisión, menor en apariencia, resume bien la lógica del programa: una libreta puede tener varias vidas. Primero es herramienta escolar. Después, si sus hojas lo permiten, se transforma en un cuaderno nuevo para otro estudiante. Y si eso no es posible, todavía puede convertirse en otra cosa, en lugar de terminar simplemente en la basura. El residuo, en este esquema, no es necesariamente el final de una historia.

El bolsillo familiar y el regreso a clases

Los útiles escolares —cuadernos entre ellos— forman parte de los gastos recurrentes que enfrentan las familias mexicanas cada ciclo escolar, un desembolso que se concentra en pocas semanas y que compite con otros gastos del hogar. No existe información pública que permita calcular con precisión cuánto ahorrará una familia específica gracias a este programa, y sería un error atribuirle ese beneficio de manera automática. Lo que sí puede decirse es que un esquema que entrega cuadernos elaborados con material reutilizado a estudiantes de la ciudad se inserta, aunque sea de forma acotada, en esa conversación más amplia sobre el costo de estudiar.

Las manos detrás de los cuadernos nuevos

Uno de los elementos más significativos del programa es quién participa en la elaboración de los nuevos cuadernos: 160 mujeres del CERESO Femenil de Aguascalientes y estudiantes de la Escuela Normal de Aguascalientes.

La participación de las mujeres del CERESO Femenil no debería leerse solo como una cifra dentro de un comunicado. Incorporar a un centro de reinserción social a la cadena productiva de un programa educativo abre un espacio de participación productiva y añade una dimensión de inclusión que rara vez acompaña a este tipo de iniciativas. Eso no significa que el programa por sí solo resuelva los desafíos de la reinserción social —una tarea compleja que involucra muchos otros factores—, pero sí puede contribuir a que ese proceso incluya, además de trabajo, un vínculo con la comunidad y con la educación de otros.

Algo similar ocurre con los estudiantes de la Escuela Normal. Su participación conecta formación docente, servicio comunitario y educación de una manera que va más allá del salón de clases. La fuente oficial no detalla las funciones exactas que desempeñarán dentro del proceso, así que cualquier precisión adicional sería especulación. Lo que sí queda claro es que el programa no depende únicamente de la donación de libretas: también requiere manos que las transformen, y esas manos pertenecen a dos grupos que normalmente no aparecen juntos en la misma noticia.

Una política construida sobre lo cotidiano

«Aguas con tu libreta» no requiere una gran obra pública ni un presupuesto abultado para funcionar. Su materia prima es, literalmente, lo que sobra en una casa: una libreta que ya no se usa pero que todavía sirve. Esa característica lo convierte en un ejemplo de lo que podría llamarse una política pública de lo cotidiano: iniciativas que no se construyen alrededor de infraestructura, sino de decisiones pequeñas —guardar, entregar, reutilizar— que solo cobran fuerza cuando se multiplican por miles de personas.

Ahí es donde entra la pregunta de fondo sobre la gestión municipal: ¿qué revela un programa como este sobre la manera en que el gobierno de Leo Montañez intenta involucrar a la ciudadanía? La respuesta no está en un discurso, sino en el diseño mismo de la iniciativa: depende de que familias, escuelas e instituciones decidan participar voluntariamente. Sin esa cooperación ciudadana, la meta de 36 mil libretas simplemente no se alcanza. El programa, en ese sentido, apuesta por una relación de corresponsabilidad entre autoridad y sociedad, más que por una entrega unilateral de recursos.

El reto pendiente: de la invitación a la participación

Toda convocatoria enfrenta la misma prueba: convertir una invitación en una acción concreta. Hasta el 30 de octubre, la administración municipal seguirá recibiendo cuadernos usados en las oficinas del Secretariado de Enlace Ciudadano. Lo que ocurra después de esa fecha —cuántas libretas efectivamente se recolectaron, cuántas pudieron aprovecharse, cuántos cuadernos nuevos se produjeron realmente y a cuántos estudiantes llegaron— es la parte de la historia que todavía no se ha escrito.

Ahí también hay una oportunidad para el propio programa. Una campaña bien diseñada no concluye cuando se cierra la convocatoria, sino cuando la sociedad puede conocer qué pasó con lo que entregó. Dar a conocer, más adelante, el total recolectado, el porcentaje efectivamente aprovechado, el número de cuadernos producidos y su destino final no sería una obligación extraordinaria, sino una manera natural de cerrar el ciclo de confianza que el propio programa exige a la ciudadanía al pedirle que done.

Otra oportunidad para lo pequeño

Vale la pena regresar a esa libreta con la que empezó esta historia. Alguna vez estuvo en las manos de un estudiante que subrayaba fechas y resolvía ejercicios. Después pasó a un cajón, donde probablemente habría permanecido olvidada. Ahora, si sus páginas limpias llegan al centro de acopio del Secretariado de Enlace Ciudadano, puede volver a circular: como cuaderno para otro estudiante o, si el papel ya no da para tanto, como parte de una piñata en alguna fiesta infantil.

Hay objetos que parecen pequeños hasta que una comunidad decide darles otra oportunidad. Una libreta usada no cambia por sí sola la vida de nadie. Pero 36 mil libretas, sumadas por miles de familias que decidieron no tirarlas, sí pueden convertirse en algo más: una muestra de que la educación, el reciclaje y la participación ciudadana pueden encontrarse en el lugar más ordinario posible, el fondo de una mochila.

¿Cómo participar?

  • Fecha límite: 30 de octubre de 2026
  • Qué entregar: cuadernos usados en buen estado, con hojas limpias y aprovechables
  • Lugar: Secretariado de Enlace Ciudadano, Andador José María Chávez #105, primer piso, Centro
  • Teléfono: 449 918 15 06

Municipio de Aguascalientes

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