¿Operación cicatriz o ruptura? El PRI Aguascalientes después de la dirigencia que ganó Kendor Macías

¿Operación cicatriz o ruptura? El PRI Aguascalientes después de la dirigencia que ganó Kendor Macías

El 27 de agosto, distintas expresiones priistas se reunieron alrededor de Tagosam Salazar y Lucía Armendáriz, la fórmula excluida del proceso interno para renovar la dirigencia estatal. El encuentro no cambia el resultado formal -Kendor Macías y Edith Reyes ya rindieron protesta-, pero abre una pregunta que el partido no puede evadir rumbo a 2027: ¿ganó también la unidad del PRI?

La reunión que Kendor y el resto del PRI no puede ignorar

El 27 de agosto de 2026, en un domicilio particular al norte de la ciudad de Aguascalientes, se realizó un encuentro convocado alrededor de Tagosam Salazar y Lucía Armendáriz como espacio de agradecimiento a los grupos que respaldaron su candidatura durante el proceso interno.

Palomino Olivares, Carlos Lozano, Fernando Gómez, Hector Macias, Alejandro Bernal Rubalcava, la diputada Lucy de León, Margarita Gallegos Soto, Arturo Robles, Miguel Ángel Juárez Frías y David Hernández Vallín. Se distinguen en video publicado por el mismo Tagosam  Salazar, desde su cuenta personal de Facebook, en donde se observa parte de los líderes y militantes del PRI que brindaron su apoyo a Tagosam Salazar y Lucía Armendáriz. 

Si bien Mario Guevara y Enrique Ranguel, también estuvieron presentes en la comida de agradecimiento; y aunque ellos ya habían que calificado que estas candidaturas no representaban un movimiento en contra de Kendor, o por lo mismo, un movimiento de expresiones en favor de Tagosam, este tipo de eventos, pueden estar reflejando la construcción de un nuevo liderazgo en las filas del PRI, que de no de entenderlo sus dirigente nacional y el mismo Kendor Macías, podría llevar al PRI de Aguascalientes a un proceso institucional de simulación y trabajo político, que lo pondría como institución política, próxima a la pérdida del registro como partido político amenos en el Estado de Aguascalientes. Los ejercicios estadísticos recientes  ya dan cuenta de la proximidad numérica y ahora la pérdida de cohesión y liderazgo apuntan a ello. 

Recordemos: La fórmula Salazar-Armendáriz se registró formalmente el 10 de agosto, exigió públicamente «piso parejo» frente al proceso interno, y quedó fuera de la contienda al no acreditar a tiempo la documentación requerida por la Comisión Estatal de Procesos Internos -lo que dejó a Kendor Macías como aspirante único. La toma de protesta de Macías y Edith Reyes, ocurrió «de un momento a otro» y, de acuerdo con notas de la prensa local, ante un auditorio con escasa asistencia visible.

Ese contraste -una toma de protesta institucional discreta frente a una convocatoria de agradecimiento del bando excluido- es, en sí mismo, la primera pista periodística: no se trata de una simple comida de cortesía política.

La elección que terminó antes de llegar a las urnas

Es importante distinguir, con precisión, qué fue lo que realmente ocurrió en el proceso interno, porque de ahí depende cómo se interpreta todo lo que vino después.

  • HECHO: El PRI Aguascalientes abrió su convocatoria el 28 de julio de 2026 para renovar la dirigencia estatal 2026-2030.
  • HECHO: se registraron dos fórmulas -Kendor Macías/Edith Reyes y Tagosam Salazar/Lucía Armendáriz.
  • HECHO: Tagosam Salazar no entregó a tiempo la documentación completa exigida por la convocatoria; se le otorgó un plazo de garantía de audiencia que no subsanó, y la Comisión Estatal de Procesos Internos declaró sin materia las etapas subsecuentes. Un tiempo que por la naturaleza de los documentos el partido no estaba en posibilidades de entregar y certificar a tiempo. 
  • DECLARACIÓN: el propio Tagosam Salazar señaló, al registrarse, que no hubo «igualdad de condiciones» en el proceso, citando falta de claridad sobre fecha y lugar de un examen requerido.
  • DECLARACIÓN: el secretario de organización del CEN, Jorge Meade Ocaranza, descartó que el proceso fuera «amañado» y afirmó que se respetaron los estatutos.
  • ANÁLISIS: estos dos antecedentes editoriales de esta casa -sobre procedimentalismo defensivo y sobre la preferencia del PRI local por simular antes que competir- ya documentaron que el patrón de filtros documentales, ventanas de tiempo estrechas y comisiones controladas por la propia dirigencia saliente no es nuevo en el PRI Aguascalientes. Este reportaje no repite ese análisis jurídico; lo toma como punto de partida.

Lo relevante ahora no es reabrir el litigio sobre la convocatoria, sino registrar su consecuencia política: una elección no disputada deja sin resolver, dentro del partido, la pregunta que debía resolver una elección disputada -quién representa realmente al priismo aguascalentense.

Perder una elección no es lo mismo que no poder llegar a ella

Aquí está uno de los puntos analíticos centrales de este reportaje. Políticamente, no producen el mismo efecto:

ANÁLISIS: esta distinción explica, mejor que cualquier acusación de «amaño», por qué Tagosam Salazar y Lucía Armendáriz pudieron convocar una reunión de agradecimiento y reunir públicamente distintas expresiones sin haber ganado nada en las urnas. No ganaron una elección; tampoco la perdieron ante los electores. Quedaron en una zona intermedia que, en la política de partidos, suele ser más peligrosa para la dirigencia entrante que una derrota clara: la ausencia de un veredicto democrático deja el argumento de la legitimidad abierto.

La exclusión de la fórmula Salazar-Armendáriz impidió una competencia por la dirigencia, pero no necesariamente eliminó la competencia por el control político del PRI Aguascalientes. La reunión del 27 de agosto es, hasta ahora.

Kendor Macías: ¿poder institucional o aislamiento político?

  • HECHO: Kendor Macías ya ejercía la presidencia estatal del PRI antes de pedir licencia para buscar la reelección; se separó del cargo el 25 de julio, tras la aprobación de la convocatoria por el Consejo Político Estatal. La entonces secretaria general, Leslie Atilano, asumió la dirigencia interina y respaldó públicamente la reelección de Macías, señalando que no compitió ella misma «porque primero está el partido«.
  • HECHO: en su toma de protesta, Macías anunció una ruta de trabajo territorial, afiliación permanente, relevo generacional y fortalecimiento de sectores rumbo a 2027, y ha usado la presidencia del CDE para posicionarse públicamente frente a temas nacionales (desaparecidos, consejeros del INE, crisis inflacionaria, derrame en el Golfo de México), lo que indica una estrategia de visibilidad más allá de la vida interna del partido.
  • SEÑALAMIENTO (no acreditado como hecho): la narrativa de que Macías «se está quedando solo» circula en comentarios de la nota roja política local (por ejemplo, columnas de «grilla» que describen su toma de protesta como un acto de escasa asistencia visible), pero esto describe la ceremonia, no necesariamente la fuerza estructural del dirigente. Un acto protocolario discreto -convocado de improviso, según la propia prensa local- no equivale por sí mismo a debilidad territorial: puede reflejar simplemente la decisión de evitar un acto de proselitismo innecesario tras una contienda no disputada.

Macías llega a esta segunda gestión con ventaja institucional clara -controla el aparato formal del partido y cuenta con el respaldo explícito de la dirigencia nacional, pero sin haber tenido que probar su capacidad de convocatoria frente a un adversario real. Esa prueba pendiente es, precisamente, lo que la reunión del 27 de agosto pone en el centro de la conversación.

Marco teórico: ¿sirve «La dictadura de la minoría» para leer este caso?

Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, en La dictadura de la minoría (2023), analizan cómo minorías políticas pueden retener el control institucional mediante el uso -no necesariamente ilegal- de reglas, mayorías calificadas y filtros procedimentales, incluso cuando existe una inconformidad más amplia entre la base.

Guardando todas las proporciones y sin equiparar el caso de un comité Estatal de un partido mexicano con los sistemas nacionales que analizan dichos autores, cabe preguntar si el mecanismo es reconocible aquí: una comisión de procesos internos, designada por la propia estructura partidista, aplicó un filtro documental que dejó fuera a la única fórmula competidora, y la dirigencia resultante asumió el cargo sin necesidad de una mayoría electoral interna que la validara frente a las bases.

Dónde el marco se queda corto: Levitsky y Ziblatt describen minorías que se aferran al poder pese a perder apoyo mayoritario demostrado en las urnas. En el caso del PRI Aguascalientes, no existe -todavía- evidencia de que Macías represente a una minoría frente a una mayoría demostrada de Salazar y Armendáriz; la elección simplemente no llegó a medirse. El concepto ilumina el mecanismo procedimental, pero no puede usarse para afirmar que existe una «mayoría silenciada», porque esa mayoría no ha sido medida por ningún proceso democrático real.

Seis escenarios hacia 2027

  • Escenario 1 – Operación cicatriz. Macías reconoce e integra a los grupos inconformes: espacios en el Consejo Político, participación en la definición de candidaturas 2027, reconocimiento público a Salazar y Armendáriz. Costo: ceder cuotas de poder que hoy controla en solitario. Probabilidad: media – depende de una voluntad de negociación que Macías ha declarado en abstracto pero no ha mostrado en concreto todavía.
  • Escenario 2 – Oposición interna. Salazar, Armendáriz y sus aliados permanecen dentro del PRI pero constituyen una corriente crítica, presionando desde dentro sin romper. Probabilidad: media-alta – es la ruta de menor costo inmediato para ambos bandos y la más compatible con lo poco que se sabe del tono (agradecimiento, no ruptura) de la reunión del 27 de agosto.
  • Escenario 3 – Bloque alternativo. Las expresiones reunidas el 27 de agosto se coordinan para disputar candidaturas, órganos internos y estructuras territoriales antes de 2027. Probabilidad: baja a media – requiere un nivel de organización sostenida que no puede evaluarse sin conocer quién asistió realmente.
  • Escenario 4 – Ruptura. La dirigencia no logra recomponer la relación; salida de cuadros, abstención interna, migración de militantes hacia otros partidos o hacia la inactividad. Probabilidad: baja en el corto plazo, dado que el PRI Aguascalientes ya opera con una base reducida y una migración masiva tendría alto costo político individual para cuadros con carrera construida dentro del tricolor.
  • Escenario 5 – Reconfiguración. La crisis interna obliga a una renovación generacional real: nuevos liderazgos, nuevas reglas de competencia interna para 2027. Probabilidad: baja en el horizonte inmediato – no hay señales públicas de reforma estatutaria en curso.
  • Escenario 6 – Declive terminal. La disputa interna se suma a una pérdida estructural de competitividad electoral y el PRI llega a 2027 como fuerza marginal en Aguascalientes. Probabilidad: no descartable a mediano plazo, en un Estado donde el PAN ha sido la fuerza dominante y Morena muestra una curva de crecimiento sostenida según análisis previos de esta misma redacción; pero la disputa interna del 27 de agosto, por sí sola, no es evidencia suficiente para declarar esta fase terminal, aunque son varias las señales de que esto es  próxima de ocurrir. 

¿Quién gana si el PRI se divide?

Una fractura priista no beneficia automáticamente a un solo partido; depende del mecanismo electoral específico:

  • PAN sería el beneficiario más directo si la fractura se traduce en abstención de militantes priistas históricos que hoy podrían optar por el voto útil hacia el partido dominante del estado, como ya ha ocurrido en elecciones locales previas con episodios de «voto cruzado» documentados por la prensa local.
  • Morena podría capitalizar votantes priistas desencantados solo si logra proyectar una oferta local competitiva; el crecimiento del partido en Aguascalientes en ciclos recientes lo hace un destino plausible, pero no automático. Por lo que representa el PRI actualmente si se fueran a Morena, no alcanzan a forzar a que Morena rompa su techo de cristal.
  • PVEM y otros partidos aliados sólo se benefician si el PRI decide competir en coalición, lo que reduciría -no eliminaría- el efecto de la fractura sobre la oferta electoral conjunta.

Ningún mecanismo de estos puede darse por probado sin datos electorales más finos (padrón por sección, historial de coaliciones 2024-2025), que exceden el alcance de este reportaje.

El PRI Aguascalientes ya tiene dirigente. Lo que la reunión del 27 de agosto pone en duda sin resolverlo todavía es si esa dirigencia logró ganar el partido.

¿Fue solamente una comida de agradecimiento después de una exclusión, o la primera fotografía de una nueva correlación de fuerzas dentro del priismo de Aguascalientes? Con la evidencia verificable hasta este momento, la pregunta sigue abierta. Cerrarla en cualquier dirección -hacia la alianza o hacia la intrascendencia, 

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

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