De la inteligencia emocional a la inteligencia artificial: un reto educativa

Una de las transformaciones tecnológicas más importantes de su historia es la Inteligencia Artificial, lo que era ciencia ficción hoy se instaló en nuestra vida cotidiana, y realiza muchas acciones: escribe, traduce, analiza información, programa, diseña, diagnostica, calcula, organiza y ayuda a tomar decisiones.
Estamos ante una enorme oportunidad, pero es oportunidad plantea una pregunta sería: ¿estamos utilizando la Inteligencia Artificial para ampliar la inteligencia humana o estamos comenzando a sustituirla?
La diferencia entre ambas posibilidades determinará buena parte del futuro de nuestra sociedad y, particularmente, de nuestros sistemas educativos.
A) UNA REVOLUCIÓN QUE YA COMENZÓ
La Inteligencia Artificial, se va convirtiendo en uno de los mayores instrumentos de democratización del conocimiento porque un estudiante puede disponer de un tutor prácticamente permanente; un médico puede apoyarse en sistemas capaces de analizar enormes cantidades de información; un profesionista puede automatizar tareas repetitivas; una empresa puede mejorar procesos y productividad; y los gobiernos pueden utilizar datos para diseñar mejores políticas públicas.
En educación, sus posibilidades son extraordinarias, puede explicar un mismo concepto de distintas maneras, adaptarse al ritmo de aprendizaje de cada alumno, traducir contenidos, generar ejercicios personalizados, detectar deficiencias académicas y acercar conocimiento especializado a comunidades que antes difícilmente podían acceder a él.
La discusión, por tanto, no debería reducirse a estar a favor o en contra de la Inteligencia Artificial. Sería tan absurdo intentar detenerla como lo habría sido prohibir la calculadora, la computadora o Internet.
El verdadero desafío consiste en aprender a gobernar la tecnología antes de convertirnos en dependientes de ella.
B) CUANDO LA HERRAMIENTA COMIENZA A SUSTITUIR EL PENSAMIENTO
Aquí aparece uno de los principales riesgos, el sistema educativo se construyó alrededor de capacidades: leer, comprender, memorizar, investigar, escribir, argumentar, resolver problemas y construir conclusiones.
Pero hoy una máquina puede realizar una parte importante de esas actividades en segundos un alumno puede solicitar un ensayo sin haber leído un libro. Puede resolver una ecuación sin comprender el procedimiento. Puede elaborar una presentación sin investigar. Puede resumir un texto sin haberlo estudiado. Incluso puede construir argumentos aparentemente sólidos sobre asuntos que realmente desconoce.
El problema no es que utilice Inteligencia Artificial, el conflicto aparece cuando delega en ella el proceso intelectual que debería desarrollar personalmente.
La educación siempre ha utilizado herramientas. Una calculadora evita operaciones repetitivas, pero el estudiante necesita comprender las matemáticas. Internet facilita encontrar información, pero alguien debe aprender a distinguir una fuente confiable de una falsa.
Con la Inteligencia Artificial el desafío es todavía mayor porque ya no solamente encontramos información: la tecnología puede interpretarla, organizarla y presentar una conclusión por nosotros.
Estamos entrando en una etapa en la cual será perfectamente posible aparentar conocimiento sin necesariamente poseerlo. Y ese fenómeno puede transformar profundamente la educación.
C) EL RIESGO DE UNA GENERACIÓN QUE PREGUNTA MUCHO, PERO RAZONA POCO
Nunca habíamos tenido tanto conocimiento disponible y, al mismo tiempo, nunca había sido tan sencillo evitar el esfuerzo necesario para adquirirlo.
Leer requiere concentración. Resolver un problema exige perseverancia. Escribir obliga a ordenar las ideas. Investigar demanda comparar fuentes. Equivocarse y volver a intentarlo desarrolla criterio.
Si eliminamos permanentemente esa dificultad mediante respuestas instantáneas, podemos terminar debilitando precisamente las capacidades que pretendíamos fortalecer, formando generaciones muy hábiles para formular instrucciones a una máquina, pero poco preparadas para cuestionar sus respuestas.
Y ahí existe un peligro mucho mayor. Una sociedad incapaz de desarrollar pensamiento crítico se vuelve vulnerable frente a la desinformación, la manipulación, los prejuicios algorítmicos y las decisiones automatizadas.
Por eso, la educación del futuro deberá enseñar algo que hasta ahora parecía evidente: no solamente obtener respuestas, sino aprender a cuestionarlas.
D) DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Durante las últimas décadas comprendimos que la educación no podía limitarse al coeficiente intelectual. Surgió entonces con enorme fuerza el concepto de inteligencia emocional: reconocer emociones, desarrollar empatía, controlar impulsos, tolerar frustraciones, relacionarnos con otras personas y resolver conflictos.
Ahora aparece la Inteligencia Artificial y existe el riesgo de cometer un error histórico: preocuparnos tanto por enseñar a interactuar con máquinas que olvidemos enseñar a convivir con seres humanos.
Una IA puede simular empatía, construir una respuesta amable, identificar determinados patrones emocionales en el lenguaje.
Pero la experiencia humana continúa teniendo dimensiones que no pueden reducirse simplemente a una respuesta estadísticamente adecuada. Porqué un niño necesita aprender a escuchar, un adolescente enfrentar frustraciones o un estudiante discutir con fundamento con quien piensa diferente.
En suma, una persona necesita desarrollar responsabilidad, disciplina, solidaridad y criterio. Ningún algoritmo debería sustituir esos procesos.
Esto me lleva a razonar que, entre más Inteligencia Artificial exista, mayor importancia tendrá desarrollar la inteligencia emocional y social de las personas.
E) LA IA TAMBIÉN CAMBIARÁ EL MERCADO LABORAL
Otro desafío que la educación no puede ignorar será que muchas actividades profesionales serán automatizadas total o parcialmente. No necesariamente desaparecerán todas las profesiones, pero sí cambiará profundamente la manera de ejercerlas. Abogados, contadores, arquitectos, médicos, ingenieros, diseñadores, periodistas, administradores y servidores públicos utilizarán cada vez más herramientas de Inteligencia Artificial.
La pregunta educativa ya no es: ¿Qué profesión debemos enseñar? sino, ¿Qué capacidades humanas necesitará una persona para que sea valiosa en un mundo donde las máquinas pueden realizar una parte creciente del trabajo intelectual?
Probablemente serán fundamentales el pensamiento crítico, la creatividad, el liderazgo, la comunicación, la capacidad para resolver problemas complejos, el criterio ético, la negociación, la inteligencia emocional y la capacidad permanente de aprender.
La educación basada exclusivamente en memorizar información tiene, por ello, los días contados.
F) EL MAESTRO NO DEBE COMPETIR CONTRA LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La Inteligencia Artificial NO terminará necesariamente con los maestros, podría ocurrir lo contrario.
La tecnología puede desplazar al maestro cuya función se limita a transmitir información, porque una máquina puede hacerlo rápidamente y de manera personalizada. Pero difícilmente sustituirá al verdadero educador.
El maestro del futuro deberá ser menos transmisor de datos y mucho más formador de criterio. Tendrá que enseñar a preguntar, discutir, contrastar información, identificar errores, construir argumentos, trabajar colectivamente y utilizar responsablemente la tecnología.
La Inteligencia Artificial puede explicar una teoría. El maestro debe ayudar al estudiante a comprender qué significa y cuándo aplicarla.
Ese cambio obliga también a replantear la evaluación. Tareas realizadas en casa, ensayos genéricos o cuestionarios de memorización perderán progresivamente su utilidad como mecanismos para comprobar aprendizaje.
Tendremos que regresar, curiosamente, a herramientas humanas: exposición oral, debate, resolución presencial de problemas, defensa de argumentos, proyectos colectivos, experimentación y demostración práctica del conocimiento.
G) LOS RIESGOS REALES DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La IA puede producir información falsa con enorme apariencia de certeza. Puede reproducir sesgos presentes en los datos. Puede facilitar desinformación y manipulación mediante textos, voces, fotografías o videos artificiales. Puede afectar la privacidad. Puede concentrar poder tecnológico y económico. Puede transformar rápidamente empleos y generar desigualdades entre quienes saben utilizar estas herramientas y quienes quedan excluidos de ellas.
Pero quizá existe un riesgo menos espectacular y mucho más cotidiano: la dependencia intelectual.
Que llegue un momento en que antes de intentar pensar una respuesta, busquemos que una máquina piense por nosotros. Ese sería un fracaso educativo extraordinario.
H) NO PROHIBIR: EDUCAR
Prohibir la Inteligencia Artificial en las escuelas sería probablemente inútil, porqué los estudiantes la utilizarán fuera del salón. Por lo tanto, la verdadera política educativa debe consistir en enseñarles cuándo utilizarla, cómo utilizarla y cuándo no utilizarla.
Entraremos a un nuevo proceso de alfabetización, así como por años enseñamos a leer y escribir, luego informática y después competencias digitales, ahora necesitamos enseñar alfabetización en Inteligencia Artificial.
El estudiante debe saber formular preguntas, verificar fuentes, detectar errores, reconocer sesgos, proteger sus datos personales, distinguir contenidos reales de sintéticos y, sobre todo, asumir responsabilidad sobre aquello que presenta como propio.
Pero también necesitamos establecer espacios deliberadamente libres de Inteligencia Artificial.
Habrá momentos para utilizarla y momentos para pensar sin ella.
Un estudiante debe conservar la capacidad de escribir una página desde cero, resolver un problema, construir un argumento, leer un libro completo, sostener una conversación y defender personalmente sus ideas.
Porque una herramienta debe ampliar nuestras capacidades, no atrofiarlas.
I) UNA NUEVA EDUCACIÓN PARA UNA NUEVA ÉPOCA
La Inteligencia Artificial no significa necesariamente el desplazamiento de la educación. Significa el desplazamiento del modelo educativo que conocíamos.
La escuela que solamente transmite información perderá sentido porque la información está disponible permanentemente. La escuela del futuro deberá enseñar a transformar información en conocimiento y conocimiento en criterio. Tendremos que pasar:
• De memorizar a comprender;
• De repetir a argumentar;
• De copiar información a verificarla;
• De resolver ejercicios predecibles a enfrentar problemas reales;
• De enseñar respuestas a enseñar preguntas;
• Y de medir exclusivamente conocimientos a desarrollar capacidades humanas.
Ese probablemente será uno de los grandes retos educativos de nuestra generación.
J) EL RETO NO ES CREAR MÁQUINAS MÁS HUMANAS, SINO HUMANOS MÁS CAPACES
Durante años nos preocupamos por desarrollar inteligencia emocional porque comprendimos que saber mucho no necesariamente significa saber vivir.
Hoy debemos incorporar una tercera dimensión: aprender a convivir con una inteligencia tecnológica extraordinariamente poderosa.
El futuro educativo deberá encontrar equilibrio entre inteligencia racional, inteligencia emocional e Inteligencia Artificial.
La Inteligencia Artificial debe permanecer como instrumento de la inteligencia humana y no convertirse en sustituto permanente de ella.
El mayor peligro de la IA quizá no sea que las máquinas algún día aprendan a pensar como nosotros. El verdadero riesgo sería que nosotros dejáramos gradualmente de hacerlo porque las máquinas pueden hacerlo por nosotros.
La gran discusión educativa de este siglo no será cuánto debemos enseñar sobre Inteligencia Artificial. Será decidir qué debemos seguir enseñando exclusivamente a los seres humanos para que continúen siendo capaces de pensar, sentir, decidir y asumir responsabilidad sobre sus decisiones.
La educación tendrá entonces una nueva responsabilidad histórica: no competir con las máquinas, sino formar seres humanos que sepan gobernarlas.







