Más allá del aplauso: lo que las mujeres empresarias de Aguascalientes necesitan para crecer

Más allá del aplauso: lo que las mujeres empresarias de Aguascalientes necesitan para crecer

La renovación de Amexme y el respaldo del Gobierno estatal abren una pregunta de fondo: si el crédito, la capacitación y las redes se traducen en empresas que sobreviven, empleos formales y autonomía económica.

El 4 de noviembre, en el vestíbulo del Ficotrece, la gobernadora Tere Jiménez encabezó la toma de protesta del nuevo Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias (Amexme) en Aguascalientes. Mayela de Jesús Roque Salinas asumió la presidencia estatal, y la presidenta nacional, Ivett Bonifaz Famania, informó que la asociación reúne a más de 7 mil mujeres en más de 70 capítulos del país. La gobernadora ofreció seguir destinando recursos, capacitación y financiamiento a través del Sistema de Financiamiento de Aguascalientes (SIFIA).

Todo lo dicho ese día es compromiso o intención. No hay en el acto una sola cifra de resultados. Eso no le quita valor: el reconocimiento público a las empresarias importa. Pero deja abierta la pregunta que una ceremonia no puede contestar: ¿está Aguascalientes construyendo condiciones para que las mujeres crezcan, contraten y participen en igualdad, o el aplauso va por delante de los hechos?

El liderazgo que mueve empresas

Medir el peso económico de las mujeres exige separar tres cosas que suelen mezclarse: trabajar, emplearse por cuenta propia y ser dueña de una empresa.

Los Censos Económicos 2024 dan una primera imagen. En 2023, el sector privado de Aguascalientes tenía 64 549 unidades económicas y 423 999 personas ocupadas, de las cuales 40.8 % eran mujeres. Su presencia llegaba a 48.8 % en servicios privados no financieros y a 45.7 % en comercio, pero bajaba a 37.5 % en manufacturas. Son trabajadoras, no necesariamente propietarias. Para la propiedad hay que mirar otro indicador: un estudio académico reciente recuerda que las mujeres representan 24.6 % de las personas empleadoras en el estado, un porcentaje similar al nacional. Dicho de otro modo, hay muchas mujeres empleadas y pocas patronas.

La participación económica tampoco es un dato estable. El INEGI midió 46.3 % de participación femenina en el cuarto trimestre de 2024 y 42.6 % en el segundo trimestre de 2025, frente a 74.3 % en los hombres. Variaciones así aconsejan prudencia al leer una sola cifra. La brecha, en cambio, se mantiene cerca de los 30 puntos. En el segundo trimestre de 2026, la informalidad laboral general del estado subió a 42.5 % de la población ocupada, unas 302 mil personas. Las notas que revisé no la desglosan por sexo, así que no es posible decir cuántos negocios de mujeres operan en la informalidad. Tampoco localicé datos del IMSS sobre empleo formal en empresas encabezadas por mujeres. La falta de ese dato también es un hallazgo.

El financiamiento como prueba de compromiso

Los apoyos anunciados existen y vale la pena describirlos con precisión. En enero de 2025, el Gobierno estatal presentó el fortalecimiento de “Crédito a la Palabra de la Mujer”: una bolsa de más de 20 millones de pesos, en colaboración con Banca Afirme, para 3 mil mujeres, con créditos grupales de 5 mil a 70 mil pesos y los intereses del primer ciclo cubiertos con 2 millones aportados por el Gobierno. Como referencia aritmética, repartir esa bolsa entre las beneficiarias previstas da unos 6 mil 700 pesos por persona. Es escala de microcrédito, útil para arrancar, pero lejos del capital que exige ampliar un taller o una flota. Otro programa, “Poder Mujer e Igualdad”, fue presentado en 2024 con una bolsa de 30 millones de pesos y estímulos de hasta 10 mil pesos en una tarjeta para maquinaria, equipo y herramientas.

Para quien ya es empresaria, la oferta general de SIFIA es otra. En diciembre de 2024 se difundieron créditos de hasta 15 millones de pesos con interés de 8 % anual. Una ficha de SIFIA de 2023 para crédito revolvente indicaba, sin embargo, una tasa de 10 % con garantía hipotecaria, cobertura mínima de 1.5 a 1 y plazo de hasta 24 meses. Habría que confirmar las condiciones vigentes. Pero la lógica de esa ficha toca un nudo conocido: la garantía inmobiliaria.

Lo que no encontré son resultados públicos: cuántas mujeres recibieron cada crédito, cuánto se entregó, cuántos negocios siguen operando uno o dos años después, cuántos empleos formales generaron. SIFIA reporta trimestralmente indicadores como el porcentaje de solicitudes de crédito autorizadas respecto de las presentadas. En los fragmentos que revisé no pude confirmar un desglose por sexo ni de supervivencia empresarial. Ese vacío es, en sí mismo, un pendiente de transparencia.

Las barreras que persisten

Un estudio publicado en 2026, con entrevistas a 15 empresarias de Aguascalientes, aporta la mirada más cercana. Sus autores advierten que es un estudio de caso y que sus hallazgos no son generalizables. Aun así, los patrones son consistentes con la literatura. Las entrevistadas pusieron en primer lugar la discriminación de género, y en segundo la falta de formación empresarial adecuada. Describieron clientes o proveedores que piden hablar “con el dueño”, capacitaciones demasiado generales y una distinción entre “emprendedora” y “empresaria” que, según los autores, tiene más de prejuicio de clase que de base económica. Señalaron también que en el campo las mujeres elaboran mezcal sin que la tierra o la destiladora estén a su nombre, y por eso no pueden ofrecer garantías. Y que en la ventanilla se encuentran con funcionarios que desconocen las reglas de operación de los programas. Entre las percepciones recogidas hay también sospechas de favoritismo en el otorgamiento de créditos. Son percepciones, no hechos comprobados, y precisamente por eso piden reglas y listados públicos.

El trabajo de cuidados aparece como el obstáculo menos visible. El mismo estudio apunta que no existe un sistema que ayude a distribuir las tareas de cuidado. En abril de 2026, el Gobierno estatal entregó la insignia Empresa Familiarmente Amigable a 21 compañías locales. Es una señal valiosa, pero un reconocimiento voluntario a 21 empresas no equivale a una infraestructura de cuidados que alcance a la comerciante de un mercado o a la dueña de un taller familiar. No localicé un programa estatal de cuidados dirigido específicamente a empresarias.

Todo esto se vive de forma distinta según quién sea la mujer. La empresaria de una proveedora industrial negocia con compradores corporativos y enfrenta, quizá, la masculinización del sector. La comerciante necesita capital de trabajo y formalizar su local. La prestadora de servicios profesionales busca redes y clientes. La mujer que abre un negocio familiar con recursos mínimos pelea contra la falta de garantías y de tiempo. Hablar de “las mujeres empresarias” como un bloque único oculta esas diferencias, y las políticas que lo hacen suelen quedarse cortas para todas.

Amexme y su nueva etapa

Roque Salinas planteó, en palabras recogidas por la prensa local, el propósito de promover espacios de negocio, capacitación y profesionalización, y ampliar las oportunidades de colaboración entre las integrantes. Son objetivos razonables y todavía genéricos. En la búsqueda no encontré información pública sobre su trayectoria empresarial, la integración completa del Consejo Directivo ni un plan de trabajo por escrito. Por el comunicado oficial se sabe que asistieron la presidenta saliente, Berenice Cruz Frausto, y la vicepresidenta regional, Ivett Larrea Castro. El periodo se identifica como 2025-2028, pese a que la protesta fue en noviembre de 2026; la asociación debería aclarar el calendario.

La presidenta nacional, por su parte, dejó una observación que ayuda a ordenar la agenda: las mujeres ya ocupan espacios en cámaras y asociaciones, pero persiste un déficit de representación en los órganos donde se toman las decisiones de las empresas, y la preparación es clave para llegar a consejos de administración. Falta saber cuántas integrantes tiene el capítulo local, con qué criterios se afilian y si hay lugar para micro y pequeñas empresarias, no solo para las consolidadas. Las cifras de 7 mil mujeres y 70 capítulos son nacionales; no describen a Aguascalientes ni representan a todas las empresarias del estado.

Un ecosistema de organizaciones

Amexme no es la única voz. Semanas antes, a mediados de octubre, la gobernadora se reunió con Mujeres Empresarias Mexicanas (MEMAC), que celebraba 25 años. Su presidenta, Samantha Aguilar, dijo que la organización tiene 86 socias con 133 empresas y más de 4 mil 500 empleos formales. Son cifras que la propia organización declaró; no son estadística oficial independiente. En el encuentro se presentaron modelos de negocio de los ramos industrial, tecnológico y comercial. Existen además otros espacios, como el Consejo Coordinador de Mujeres Empresarias, y en mayo la gobernadora inauguró el Congreso Nacional Unidas 2026, que reunió a empresarias y líderes de más de 20 estados.

Conviene no confundir. MEMAC y Amexme son asociaciones distintas, con membresías, trayectorias y metodologías propias. Sus datos no se suman ni se intercambian. Lo que sí muestra su coexistencia es la densidad del tejido asociativo: lugares donde se construyen contactos comerciales, se gana interlocución con el gobierno y se comparte aprendizaje. También tienen límites. El estudio citado detecta tensiones entre quienes se asumen empresarias y quienes se ven como emprendedoras, lo que puede volver cerrado un círculo que nació para abrir puertas. Una asociación puede acompañar y exigir; no sustituye una política pública.

La responsabilidad pública

Si el financiamiento es la prueba más visible, no es la única. Un entorno favorable requiere capacitación pertinente y asistencia técnica, trámites sencillos, acceso a compras gubernamentales y cadenas productivas, digitalización, educación financiera, rutas de formalización, servicios de cuidado y protección frente a la violencia y la discriminación en el trabajo. En lo digital hay camino por recorrer: solo 9.9 % de las unidades económicas del estado realizaba ventas por internet en 2023.

Para saber si los apoyos funcionan hay preguntas concretas. ¿Cuentan con presupuesto etiquetado y reglas de operación públicas? ¿Se mantienen de un año a otro o cambian de nombre con cada anuncio? ¿Se publica cuántas mujeres solicitaron, cuántas recibieron crédito, en cuánto tiempo y a qué tasa? ¿Cuántos negocios sobreviven a los 12 y 24 meses? ¿Cuántos empleos formales generaron y cuántos pasaron de la informalidad al registro? ¿Qué pasa con quienes no tienen garantías? Sin estos indicadores, hablar de impacto es un acto de fe.

Medir lo que ocurre después del aplauso

El liderazgo de las mujeres empresarias es una fuerza económica y social, y merece reconocimiento. Pero la medida de un reconocimiento son las oportunidades que abre. El cambio de dirigencia en Amexme es una ocasión para ampliar la conversación: qué tipo de economía quiere construir Aguascalientes y qué lugar ocupan en ella quienes producen, emplean y cuidan.

Los desafíos pendientes quedan a la vista, sin prejuzgar resultados. Publicar datos desagregados sobre créditos y beneficiarias. Evaluar la supervivencia y el crecimiento de los negocios apoyados. Diseñar instrumentos distintos para quien empieza y para quien quiere expandirse. Resolver la garantía patrimonial. Dotar de infraestructura de cuidados a la vida productiva. Y que las asociaciones, además de abrir redes, informen qué logran para sus integrantes. Si esos datos llegan, el liderazgo femenino podrá medirse por lo que importa: empresas que duran, empleos que se formalizan y autonomía económica que se sostiene.

Redacción Diálogos en Pluralidad

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