Cuando la Catrina se deshilacha: Posada, jóvenes diseñadores y el reto de una moda que dure más que una pasarela

Una pasarela y dos preguntas
Este sábado 7 de noviembre, a las 19:00 horas, el Foro Catrina, en el Foro del Lago, será escenario de la final de Catrina Vanguardista 2026: Tributo a José Guadalupe Posada. La entrada es gratuita y la pasarela forma parte del Festival Cultural de Calaveras. De acuerdo con el comunicado del Gobierno del Estado, 60 estudiantes y recién egresados de ocho instituciones educativas presentarán diseños originales que mezclan el legado de Posada con tendencias de moda y sustentabilidad, a partir del reúso, la deconstrucción y la modificación de prendas.
Como la final aún no ocurre, este reportaje no cuenta lo que pasará sobre la pasarela, sino lo que hay detrás. Y detrás hay una pregunta incómoda para cualquier tradición viva: ¿se conserva repitiéndola o dejando que otros la cambien? Hay una segunda que pesa igual. Si Aguascalientes quiere que sus jóvenes diseñadores conviertan a Posada en oficio y no solo en tema de concurso, ¿qué les ofrece cuando se apagan los reflectores?
Una calavera que se burlaba de las apariencias
Antes de ser un símbolo nacional, la Catrina fue una burla. Entre 1910 y 1913, según la reconstrucción más repetida, el grabador aguascalentense José Guadalupe Posada produjo la Calavera Garbancera, difundida como hoja volante por la casa Vanegas Arroyo: un cráneo sin vestido, coronado por un enorme sombrero francés de plumas. La sátira apuntaba a quienes aparentaban una posición que no tenían y renegaban de sus raíces indígenas. La calavera, que iguala a todos, delataba el disfraz.
Esa crítica a la pose es la clave del grabado y también su ironía histórica, porque hoy la imagen sirve para presumir elegancia. El cambio llegó en dos tiempos. En 1930, una monografía sobre Posada preparada con participación de Diego Rivera recogió el grabado en un lote de calaveras donde ya aparece como «Calavera Catrina», según el historiador Guillermo Saucedo, citado por N+ Aguascalientes. Y en 1947 Rivera la pintó de cuerpo entero, con vestido largo y estola de plumas, en Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, junto a un Posada que la lleva del brazo y a un Rivera niño. Ahí quedó fijada la imagen que hoy reconocemos. La Catrina es, en rigor, una obra a dos manos y con décadas de distancia, y fue reinterpretada mucho antes de que existiera una pasarela.




Una tradición que se mueve
La Catrina no nació para el Día de Muertos; la fiesta la adoptó después, apoyada en una cultura popular que ya convivía con calaveras y calaveritas literarias, esos versos burlones de raíz decimonónica. La antropología llama «tradición viva» a este tipo de procesos, pero la expresión no debe funcionar como coartada. No toda reinterpretación aporta algo: hay Catrinas que son un buen maquillaje, otras que son un souvenir y otras que recuperan algo de la sátira original. Cuando el símbolo viaja, como las catrinas monumentales que Aguascalientes llevó este otoño a Albuquerque, Chicago y Nueva York, según La Razón, el interés turístico y el sentido cultural pueden empujar en direcciones distintas.
Por eso la pregunta útil no es si los jóvenes «respetan» a Posada, sino qué conservan de él. Lo más valioso de su obra no es el sombrero con plumas, sino la mirada: observar a la sociedad, desenmascarar la pose, hacer del humor una forma de crítica. Una prenda que cita el esqueleto pero olvida el filo es decoración. Una que se pregunta quién se viste de qué, y a costa de quién, está más cerca del original.
Los jóvenes detrás de las prendas
La convocatoria, presentada por la Asociación de Reinas y Princesas de la Feria Nacional de San Marcos en coordinación con la Secretaría de Turismo, se dirigió a estudiantes y egresados, con una antigüedad máxima de tres años, de carreras de diseño de moda y textiles de instituciones del estado. Debían desarrollar una propuesta contemporánea inspirada en Posada. El registro cerró el 28 de septiembre y la bolsa total es de 60 mil pesos.
Hay datos que todavía no pueden confirmarse. El comunicado habla de ocho instituciones, pero no las nombra, y no localicé una lista pública. Las cifras tampoco coinciden: el Gobierno estatal anuncia 60 participantes, mientras que La Razón y Vanidades hablan de 65, provenientes de «instituciones educativas y academias». La diferencia puede deberse a que se cuenten inscritos o finalistas, pero convendría que los organizadores la aclaren. Tampoco encontré publicadas las bases completas, con criterios de evaluación y restricciones, ni la integración del jurado más allá de que serán representantes del diseño y la moda.
¿Qué aporta un concurso así? Para un estudiante, un portafolio con prenda terminada, modelo, pasarela, fotografía y público es un activo real, y armar una colección bajo una consigna cultural es un ejercicio que el aula rara vez replica. Pero la exposición es un recurso perecedero. Se vuelve trayectoria solo si hay contacto con talleres, marcas y empresas, mentoría y una vía para producir o vender. Ninguna fuente consultada indica que el certamen incluya ese componente; lo planteo como pregunta pendiente, no como carencia comprobada.
Reusar no es lo mismo que ser sustentable
El comunicado destaca el reúso, la deconstrucción y la modificación de prendas. Son prácticas conocidas del diseño circular: deshacer una prenda para recuperar sus piezas, transformar desechos en productos de mayor valor (suprarreciclaje o upcycling) y alargar la vida útil de lo que ya existe. Una chaqueta de segunda mano convertida en vestido evita, al menos por un tiempo, que esa tela termine en un vertedero.
El problema que intenta atacar es enorme. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que en el mundo se generan 92 millones de toneladas de residuos textiles al año, en un texto de 2025 que no detalla la metodología de esa cifra, por lo que debe leerse como estimación. Un especialista español señala que cada europeo desecha unos 16 kilos de textiles al año y que solo 11 % se recoge por separado para reutilizarse. No encontré una cifra nacional mexicana verificable y comparable, y por eso no la incluyo.
Aquí está el matiz más importante: que una prenda use material reutilizado no la vuelve sustentable. Falta saber de dónde venía esa tela, qué tintes y procesos intervinieron, cuánta agua y energía costó, quién la cosió y en qué condiciones, qué tan duradera es y si podrá repararse o reciclarse. Las mezclas de fibras complican el reciclaje, porque una prenda combina algodón, poliéster, botones y cierres, y el reciclaje de fibra a fibra sigue en desarrollo. Un vestido único de pasarela, hecho a mano a partir de tres prendas, es una pieza de diseño, no un modelo de producción. La sustentabilidad se mide cuando la técnica puede repetirse, venderse y mantenerse sin precarizar a quien la ejecuta. Reconocer esa diferencia no resta mérito a los participantes: les da una agenda de trabajo.
Un estado de costureras y una industria por vincular
Aguascalientes no figura entre los cinco estados (Oaxaca, Yucatán, Guerrero, Puebla y Estado de México) que, según el DENUE 2023 citado en un estudio del INEGI, concentran 64.2 % de las 102,492 unidades económicas de la industria textil y de la confección. Eso no significa que carezca de historia: hay trabajos académicos sobre la maquila domiciliaria del vestido en la entidad, y Data México, de la Secretaría de Economía, registra que el municipio de Aguascalientes encabezaba en 2014 el empleo en dos ramas: unas 6,970 personas en fabricación de productos textiles, excepto prendas de vestir, y 4,850 en confección de alfombras y blancos. Son datos de hace más de una década. No encontré en las fuentes revisadas cifras estatales recientes sobre empleo, tamaño de empresas o competencia de importaciones, y sería irresponsable deducir de ahí el estado actual del sector.
Lo que sí señala la literatura académica es una tendencia general: fases de la confección se subcontratan, se flexibilizan y se abaratan, con efectos negativos sobre el empleo. Para un joven diseñador eso se traduce en una pregunta práctica: ¿hay empresas locales con interés y capacidad de producir series cortas, de trabajar con textil recuperado, de pagar por diseño? ¿O el talento egresa hacia Guadalajara, Ciudad de México o el extranjero? En lo consultado no hay evidencia de un vínculo formal entre las escuelas participantes y empresas del ramo, ni de que Catrina Vanguardista haya generado empleos o proyectos productivos. Afirmarlo sería inventarlo.





El festival y la pregunta por la continuidad
Catrina Vanguardista es una pasarela dentro de un evento mayor, y ese evento tiene dos lógicas que a veces se confunden: la cultural, que honra a Posada y reúne a artistas, escuelas y familias, y la turística y comercial, que busca visitantes, ocupación hotelera y consumo. Las cifras que circulan son llamativas. Notas previas a la edición 2024 estimaban más de 375 mil visitantes y una derrama superior a 370 millones de pesos, y reportes posteriores hablaron de una ocupación hotelera cercana a 55 %. Para 2022, la Secretaría de Turismo informó 334.4 millones de pesos, 9 % más que el año previo. Ninguna de las notas que revisé explica cómo se calculan. Un economista citado por Líder Empresarial planteó, a propósito de la Feria de San Marcos, que la derrama bruta dice poco si no se mide cuánto dinero nuevo entra al estado y quién lo capta. La pregunta aplica igual aquí: ¿cuánto de ese gasto llega a diseñadores, costureras y talleres locales?
Sobre el certamen, tampoco encontré información pública sobre cómo se financia más allá de los premios, qué criterios definen al jurado o qué seguimiento hay para los participantes. No se trata de juzgar a quienes lo organizan, sino de medir una política cultural por lo que hace después del evento: capacitación, vinculación, exhibición, venta. Los 60 mil pesos en premios (25 mil, 15 mil y 10 mil para los tres primeros lugares, y 5 mil para cada una de dos menciones honoríficas) pueden ayudar a un joven a pagar materiales o su siguiente colección. No equivalen a una inversión en industria creativa.
Lo que quedará después del aplauso
Posada no necesita que lo protejan de los jóvenes. Su Calavera Garbancera fue rebautizada, pintada de cuerpo entero, comercializada y convertida en bandera, y sigue viva porque cada época le pide algo distinto. Que 60 jóvenes la lleven a la pasarela con prendas recuperadas puede ser, en el mejor de los casos, una manera de volver a su origen: mirar con ironía lo que parece y preguntar de qué está hecho.
Pero el talento no se vuelve oficio por aplauso. Aguascalientes tiene un patrimonio gráfico singular, escuelas de diseño, un festival de enorme visibilidad y una tradición de confección. Falta, o al menos no está a la vista, el puente entre esas piezas: acompañamiento a los finalistas, vínculo con talleres y marcas, espacios para exhibir y vender, métricas públicas de lo que sucede después. La moda sustentable será una conversación seria cuando incluya cadenas de suministro, durabilidad y empleo digno, y no solo telas reusadas.
El sábado habrá ganadores. La pregunta que valdrá la pena hacerles dentro de un año es dónde están sus prendas, con quién trabajan y qué les dejó este tributo.
Fuentes y referencias
Fuentes primarias e institucionales
- Gobierno del Estado de Aguascalientes. (2026, 6 de noviembre). Invitan a la gran final de Catrina Vanguardista 2026 este sábado en el Foro del Lago. https://informacion.aguascalientes.gob.mx/news/invitan-a-la-gran-final-de-catrina-vanguardista-2026-este-s%C3%A1bado-en-el-foro-del-lago







