Del antojo popular al escenario nacional: la chaska y el elote ganan el Ángel del Turismo 2026

Del antojo popular al escenario nacional: la chaska y el elote ganan el Ángel del Turismo 2026

Cae la tarde en la Isla San Marcos. Los vasos pasan de mano en mano con el elote humeante, la mayonesa, el queso y el chile. Hay filas, conversaciones cruzadas, niños con el vaso a medio terminar. Nadie parece estar haciendo turismo. Y sin embargo, esa escena ordinaria fue la que un jurado nacional del sector reconoció a finales de octubre.

El Festival de la Chaska y el Elote recibió el Ángel del Turismo 2026 en la categoría Mejor Experiencia Turística. El Gobierno del Estado informó el 2 de noviembre que el galardón fue recibido por Verónica González López, directora general del Buró de Congresos y Visitantes de Aguascalientes.

El Ángel del Turismo 2026 llega a Aguascalientes

Los Galardones Ángel del Turismo celebraron este año su 11.ª edición en Puebla, la primera vez que salen de la Ciudad de México, según informó la Secretaría de Turismo federal. La ceremonia fue el 29 de octubre. Entre las categorías de 2026 figuran Mejor Experiencia Turística, Mejor Experiencia Gastronómica Mexicana, Destino Turístico del Año y Mejor Estrategia de Promoción de un Destino, además de reconocimientos nuevos a turismo comunitario, sustentable y accesible.

Conviene precisar qué es este premio y qué no. Es un reconocimiento de la industria turística, no una certificación oficial del Gobierno federal ni una evaluación integral de un destino. Distingue una experiencia concreta. No coloca a Aguascalientes, por sí mismo, entre los principales destinos del país.

Tampoco es un terreno sin competencia. En 2025, la misma categoría la ganó el torneo de pesca Maja el Grande, de La Paz, frente a proyectos como el Festival Internacional del Globo de León. En 2026, el Gran Acuario Mazatlán fue finalista. Los criterios de evaluación y la composición del jurado de esta edición no pudieron confirmarse en las fuentes consultadas, de modo que este reportaje no los describe.

El boletín estatal destaca que el festival convierte uno de los sabores más representativos de la cultura popular en una experiencia turística, y vincula el premio con la promoción del estado en espacios nacionales e internacionales. Es la lectura institucional. Lo que sigue intenta ir más allá de ella.

La chaska: sabor, tradición e identidad

En buena parte de México se le llama esquite. En el norte, elote en vaso; en otras regiones, trolelote o vasolote. En Aguascalientes y sus alrededores, chaska o chasca. El maíz y sus preparaciones atraviesan la alimentación mexicana desde hace siglos, y lo que cambia de un lugar a otro es el nombre, el aderezo y el ritual de comerlo.

Sobre el origen del nombre circulan dos versiones. La primera dice que en la década de 1970 una empresa local de alimentos congelados abrió puestos llamados “Chaska Frutas”, donde se volvió popular el elote en vaso, y que la gente empezó a pedir “una chaska” por extensión. La segunda es una leyenda onomatopéyica: el nombre vendría del sonido del grano al desgranarse. Ambas aparecen en medios de divulgación, pero no encontré investigación histórica o antropológica que las respalde, así que deben leerse como relatos populares, no como hechos establecidos.

Lo que sí es verificable es la vitalidad actual: chaskas tradicionales junto a variantes con tocino, champiñones, botanas fritas o sopa instantánea. Eso habla de una tradición viva, que se reinventa.

Aquí está la primera clave del reportaje. Un alimento se vuelve símbolo cuando condensa memoria: la salida con la familia, el puesto de la esquina, el vaso en la plaza. El antropólogo hablaría de identidad territorial y memoria colectiva. El visitante lo vive como un sabor que no encuentra en otro lugar, aunque en otros lugares exista algo parecido.

De la gastronomía popular a la experiencia turística

Según el anuncio de su primera edición, el festival nació el 18 y 19 de febrero de 2023 en la Isla San Marcos, convocado por la Secretaría de Turismo estatal, con el objetivo declarado de promover el turismo y enaltecer la gastronomía local. La convocatoria pedía a vendedores y comercializadores de chaskas y elotes del estado propuestas originales, y cada participante donaba cinco litros de elote cocido para preparar una “Chaska Gigante”, que se regalaría al público al superar los 200 litros.

La tercera edición, también en la Isla San Marcos, anunció acceso gratuito, horario de 12:00 a 22:00 horas, más de 100 expositores, concursos como La Chaska más Original y La Chaska más Grande, además de presentaciones artísticas y juegos familiares. Esos datos provienen de la promoción del evento, no de una evaluación independiente.

¿Qué distingue a una experiencia turística de una feria de comida? Hay una pista en el diseño: concursos que invitan a participar, una preparación colectiva que se comparte, un espacio público de acceso libre. Una experiencia ofrece al visitante algo en lo que intervenir, y no solo algo que comprar. Aun así, el material público disponible no permite afirmar cuántos asistentes llegaron de fuera del estado, cuántos pernoctaron o cuánto gastaron. Esos efectos, que son los que definen el valor turístico en términos económicos, hoy no están documentados para este festival.

El trabajo detrás de la tradición

Detrás de cada vaso hay una cadena que rara vez aparece en los boletines: quien siembra y cosecha el maíz, quien lo transporta, quien lo cuece desde temprano, quien atiende el puesto durante doce horas, quien limpia al final. Los vendedores de chaskas, muchos de ellos pequeños comerciantes y emprendedores gastronómicos, son quienes sostienen la tradición a diario, también cuando no hay festival ni cámaras.

El festival les ofrece una vitrina. También les plantea preguntas legítimas. ¿Qué costo tiene participar? ¿Cómo se eligen los expositores? ¿Quién captura el mayor beneficio cuando una tradición se promociona: el vendedor de siempre, el establecimiento con más capacidad de inversión, el sector de servicios alrededor? No encontré cifras públicas sobre derrama económica, empleos o ventas del festival, y eso debe nombrarse como lo que es: una limitación de la información disponible. Para este reportaje tampoco hay testimonios publicados de comerciantes que puedan atribuirse con precisión, y no se construyeron.

Un mecanismo posible para distribuir mejor los beneficios sería publicar datos abiertos de cada edición (expositores, origen de los visitantes, ventas reportadas) y priorizar a vendedores tradicionales en la convocatoria. Es una propuesta de análisis, no una afirmación sobre lo que hoy ocurre.

Aguascalientes y el reto de consolidar el turismo gastronómico

El premio llega en un momento en que el Gobierno estatal presenta cifras de crecimiento del sector. Un boletín difundido por medios locales a mediados de octubre, y atribuido al balance de cuatro años de gestión, afirma que la asistencia a eventos creció 211%. Ese dato está reportado por el propio Gobierno; el periodo exacto, la fuente y la metodología no pudieron verificarse de forma independiente, y no deben atribuirse al festival. Son indicadores generales del estado, con dinámicas propias.

Lo que sí puede decirse es que el turismo gastronómico se cruza con otros segmentos: el cultural, el familiar, el regional, el de reuniones. Un evento de comida popular puede convertirse en motivo de visita de fin de semana, pero su peso frente al turismo de negocios o de reuniones, tradicionalmente fuerte en el estado, es una pregunta abierta.

Los retos son concretos. Diversificar para que la identidad de Aguascalientes no se reduzca a un solo producto. Profesionalizar a los pequeños comerciantes en atención al visitante, precios y calidad. Medir con rigor, para que el siguiente reconocimiento descanse en datos y no solo en percepciones. Y cuidar el equilibrio entre difusión cultural y mercantilización: cuando una práctica cotidiana se patrimonializa y se vende como atractivo, corre el riesgo de volverse un guion para el visitante en lugar de seguir siendo una costumbre para quien la habita.

El valor de una tradición que se comparte

El Ángel del Turismo 2026 es una buena noticia para Aguascalientes, y es también un punto de partida. Reconoce que una expresión popular, sencilla y reconocible, puede atraer miradas de fuera. No resuelve por sí solo quién se beneficia de esa atención ni cómo se mantiene viva la tradición cuando se vuelve escaparate.

El patrimonio gastronómico no se sostiene únicamente desde las instituciones. Lo mantienen quienes cultivan, preparan, venden, consumen y transmiten, vaso a vaso, un sabor que ya era de todos antes de ser un premio. El verdadero éxito del reconocimiento se medirá en que esas personas, y no solo la imagen del destino, salgan fortalecidas.

Referencias

Gobierno del Estado de Aguascalientes. (2026, 2 de noviembre). Aguascalientes gana el Ángel del Turismo 2026 a la Mejor Experiencia Turística. https://informacion.aguascalientes.gob.mx/news/aguascalientes-gana-el-%C3%A1ngel-del-turismo-2026-a-la-mejor-experiencia-tur%C3%ADstica

Redacción Diálogos en Pluralidad

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