José Guadalupe Posada cruza otra vez la frontera: 35 grabados originales en Nueva York

Una calavera sin cuerpo, sin vestido y sin maquillaje, tocada solo con un sombrero de plumas a la moda francesa, volvió a cruzar una frontera. No viajó como souvenir ni como imagen en pantalla, sino como impresión original, junto con otros 34 grabados de José Guadalupe Posada, al Consulado General de México en Nueva York, en el marco del Día de Muertos.
La figura que hoy aparece en desfiles, altares y escaparates de medio mundo nació como una burla. Ese dato, más que el recinto o la fecha, es lo que vuelve interesante la muestra: detrás de la calavera más célebre de México hay un artista de Aguascalientes que trabajó para la prensa popular y miró con ironía a su sociedad.
El Gobierno del Estado presentó la exposición, el 1 de noviembre, como una forma de proyectar su riqueza cultural entre la comunidad aguascalentense en Estados Unidos. Es un punto de partida legítimo. La pregunta de fondo, sin embargo, es otra: qué significa para Aguascalientes que su artista más universal circule por el mundo y qué le exige eso en casa.
Posada: el aguascalentense que convirtió la realidad en grabado
José Guadalupe Posada nació el 2 de febrero de 1852 en el barrio de San Marcos, en la ciudad de Aguascalientes (algunas obras de referencia, como Britannica, anotan 1851). Aprendió dibujo y litografía con José Trinidad Pedroza. Según la cronología del Harry Ransom Center, una caricatura contra el exgobernador Jesús Gómez Portugal provocó un escándalo político que obligó a maestro y discípulo a dejar la ciudad; en León, Guanajuato, Posada dirigió el taller y fue su dueño desde 1876. En 1889 se instaló en la Ciudad de México, donde trabajó para editores populares como Antonio Vanegas Arroyo hasta su muerte, el 20 de enero de 1913.
Conviene mirarlo como un oficio y no como un mito. Posada trabajó con litografía, xilografía, grabado sobre plomo y zincografía, y sus imágenes ilustraron hojas volantes, canciones, noticias y sucesos. Los curadores de la reciente exposición del Museo Nacional de la Estampa calculan que produjo alrededor de 20 mil grabados. Eran imágenes de circulación masiva, baratas, pensadas para comprarse y compartirse en una época en que la prensa gráfica era una de las formas más extendidas de opinión pública.




Mucho más que La Catrina
Reducir a Posada a una sola calavera es perder al cronista. Posada. Cartografía de un cronista, presentada en 2026 en el Museo Nacional de la Estampa, reunió cerca de 300 piezas para mostrar facetas menos conocidas: sus primeros dibujos, la presencia de lo religioso y lo sobrenatural, el interés por los crímenes de su tiempo y su aporte al diseño gráfico y la publicidad.
La calavera, en sus manos, era un recurso de sátira: ponía a todos frente al mismo destino y dejaba al descubierto vanidades y desigualdades. La Garbancera, según diversas fuentes, se burlaba de quienes aparentaban una posición que no tenían o renegaban de su origen, y de la imitación de modas europeas durante el Porfiriato.
Hay que añadir una cautela. Diego Rivera y los muralistas consagraron a Posada como antecedente del arte popular mexicano, y esa operación simbólica también simplificó su figura. Algunos estudios discuten la idea de un Posada revolucionario avant la lettre, y la historiografía local ha hablado incluso de la construcción de «una serie de mitos» en torno a él. Su crítica convivía, además, con el trabajo para editores comerciales. Un cronista no es un panfletista, y entender esa tensión es parte de leerlo bien.
Treinta y cinco grabados originales llegan a Nueva York
Según el boletín del Gobierno de Aguascalientes y notas que lo retoman, la muestra reúne 35 grabados originales que pertenecen a la colección privada de Luis Armando Salazar Mora. Incluye calaveras, portadas de libros, periódicos y documentos de época. La iniciativa fue impulsada por el Gobierno estatal a través del Instituto Aguascalentense de las Personas Migrantes (IAPEMI), en coordinación con el Consulado General de México en Nueva York, que el comunicado sitúa bajo el cónsul general Marcos Augusto Bucio Mujica.
El comunicado indica que la entrada fue gratuita y que la exposición permanecería abierta hasta el 2 de noviembre, de lunes a viernes, de 9:00 a 17:00 horas. Es un dato del periodo de exhibición, hoy concluido. El boletín no informa la fecha de apertura, ni cuántas personas la visitaron, ni qué respuesta tuvo; este texto no los inventa.
Una de las piezas destacadas es una impresión original de la Calavera Garbancera. Aquí caben precisiones. El grabado original muestra solo una calavera con sombrero emplumado; la figura de cuerpo entero, con vestido elegante y estola, es de Rivera, quien la incluyó en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947) y a quien se atribuye el nombre de La Catrina. Las fuentes no coinciden en cuándo la grabó Posada (se mencionan 1910 y 1912) ni en el momento exacto del bautizo. Decir que la Garbancera «dio origen» a La Catrina es correcto; decir que Posada creó La Catrina tal como hoy la conocemos, no.
Y conviene no mezclar eventos. La muestra del Consulado es una exposición de 35 grabados. Cartografía de un cronista, en la Ciudad de México, fue otra: cerca de 300 obras de tres acervos (el Museo Nacional de la Estampa, el Museo José Guadalupe Posada de Aguascalientes y el Museo Posada de Coyoacán), abierta de mediados de junio al 20 de septiembre de 2026. Y lo que se vio en Times Square son figuras monumentales, no grabados.
De Aguascalientes al mundo: identidad, migración y patrimonio
En octubre de 2026 Aguascalientes tuvo presencia en tres escenarios de Estados Unidos. En Chicago participó, según reportes de prensa, en la 12.ª edición del desfile Arts in the Dark con tres figuras monumentales. En Times Square, donde se realizó la Grand Ofrenda (con otros estados además de Aguascalientes), se exhibieron cuatro figuras, entre ellas un busto de Posada, hasta el 2 de noviembre. En el consulado estuvieron los grabados. Son formatos distintos con un mismo hilo: llevar a Posada y a La Catrina hacia las comunidades migrantes.
Ahí entran los conceptos. Para quien vive lejos, el patrimonio funciona como memoria colectiva: un objeto que remite a un lugar y a un modo de hacer las cosas. El IAPEMI declara que busca fortalecer el sentido de identidad y pertenencia de las comunidades aguascalentenses en Estados Unidos; es un objetivo institucional, y no hay datos públicos que permitan afirmar que se cumplió. Lo que sí puede decirse es que una exposición gratuita en un consulado ofrece un encuentro con obra original que una figura monumental en una plaza turística no ofrece.
Hay además una ironía histórica. Una imagen creada para ridiculizar a quienes negaban sus raíces terminó convertida en emblema de las raíces. Es el proceso que la antropología llama resignificación: los símbolos cambian de sentido al circular. El riesgo es que la imagen se quede sin su historia. Una Catrina monumental es atractiva; un grabado de Posada explica qué se burlaba, quién lo leía y por qué importaba. Entre ambas hay una distancia que conviene medir antes de celebrar.
El desafío de preservar un legado universal
El Museo José Guadalupe Posada, en Aguascalientes, es el principal resguardo local de su obra. Según un reporte de N+, su acervo supera las 5 mil piezas, de las cuales 2 mil 615 son de Posada (cifra que debe actualizarse con el museo). Este año el Instituto Cultural de Aguascalientes prestó piezas para Cartografía de un cronista, colaboración que, según información institucional, busca fortalecer la conservación, investigación y difusión de su legado.
La exposición neoyorquina, en cambio, depende de un coleccionista privado. Es una forma legítima y frecuente de preservar patrimonio, y el comunicado reconoce su generosidad. Pero propiedad privada, valor cultural y responsabilidad pública no son lo mismo. No hay información pública sobre la procedencia de las piezas, su estado de conservación ni si existe catálogo. Tampoco se aclara si son impresiones de época o tiradas posteriores, algo clave: los museos documentan que las planchas de Posada se reimprimieron muchas veces, incluso en ediciones póstumas de la casa Vanegas Arroyo en 1943. «Original» merece una ficha técnica.
Si el reconocimiento internacional ha de traducirse en fortalecimiento institucional, hay tareas conocidas: catalogar y digitalizar acervos con metadatos abiertos; apoyar la investigación, como la que desde Aguascalientes ha dado a la historiografía de Posada obras como las de Francisco Antúnez; documentar procedencias en préstamos y exhibiciones; y llevar la obra a escuelas y comunidades migrantes con mediación educativa, no solo con exhibiciones temporales. Son propuestas de este reportaje, no compromisos anunciados.
Posada usó el grabado para observar y cuestionar su realidad, y por eso su obra aún interpela. Que viaje a Nueva York es una buena noticia; que se le conozca solo por una calavera elegante sería una pérdida. El reconocimiento afuera obliga a mirar con más atención lo que permanece en casa: los museos que lo resguardan, los investigadores que lo estudian y las posibilidades reales que tiene la sociedad de conocerlo y hacerlo suyo.







