Desde arriba
Desde abajo, todo parece claro.
El edificio se impone. No hay duda de dónde está el poder ni de quién decide. La estructura es vertical, ordenada, convincente. Da la impresión de control, de una lógica precisa que sostiene cada línea y cada decisión.
Pero esa claridad es solo visual.
Arriba, donde se decide, el problema no es la falta de información. Es la distancia. Se diseña sin ver la operación, se planea sin vivir el proceso y se trazan rutas que, en la práctica, no conducen a ningún desenlace. La estrategia ocurre lejos del desgaste que produce.
No es un error. Es una forma de administrar.
Las instrucciones bajan. Los resultados no suben. Entre ambos extremos se instala un sistema que funciona en apariencia, pero que evita resolver. La actividad se mantiene, los registros se acumulan, los procedimientos se cumplen. Todo avanza.
Menos lo importante.
La operación sostiene lo que puede. Atiende, explica, corrige. Repite. Absorbe decisiones que no tomó. Y mientras lo hace, la estructura permanece intacta, elevada, ajena al desgaste que genera. El esfuerzo no modifica el diseño.
Ahí arriba, el tiempo no pesa igual.
Un proceso que se alarga no afecta. Una resolución que no llega no incomoda. Un expediente abierto no genera urgencia. El costo no está en ese nivel. El costo está abajo, donde esperar no es opción, sino consecuencia.
Y en esa distancia, la responsabilidad se diluye.
No hay una decisión claramente equivocada. Hay decisiones que nunca se completan. No hay un momento en el que el sistema falla. Hay una constante: funciona, sin resolver. Y en ese funcionamiento, la inercia sustituye a la mejora.
Eso es lo que no se ve desde abajo.
La estructura no se sostiene por eficiencia, sino por repetición. No corrige porque no lo necesita. No cambia porque el impacto no le alcanza. La forma se mantiene, aunque el fondo se desgaste.
Desde abajo, todo parece claro.
Desde arriba, nada es urgente.

La fotografía del One Bloor East la tomé el 14 de abril de 2022 en Toronto, Canadá.
Más allá de la mirada: La distancia no solo separa niveles; diluye responsabilidades. Cuando quien decide no enfrenta consecuencias, el sistema pierde su capacidad de corregirse. Tal vez la solución sea simple —aunque incómoda—: ”limpiar al país de la corrupción como se barren las escaleras, de arriba hacia abajo”.
mariogranadosgutierrez@outlook.com

