Deshilar una tradición, tejer una oportunidad: el futuro del deshilado de Aguascalientes

Un programa estatal capacitará a 100 personas en la técnica del deshilado. Pero la pregunta de fondo es otra: si una tradición centenaria puede convertirse en un oficio del que alguien joven decida vivir.
Una mano sostiene la tela con firmeza y la otra retira, hilo por hilo, la trama que sobra. No hay prisa posible en este trabajo: cada hilo que se saca es una decisión, y cada patrón que aparece —una cruz, una flor, una greca— es el resultado de horas que casi nunca se cuentan ni se cobran del todo. Detrás de un mantel o una blusa deshilada hay algo que no se ve a simple vista: tiempo, memoria, paciencia y un conocimiento que alguien, en algún patio de Calvillo o de la capital, decidió enseñar a alguien más.
El 14 de septiembre de 2026, el Gobierno del Estado de Aguascalientes presentó el programa Impulso al Deshilado, que en una primera etapa beneficiará a 100 personas con capacitación gratuita, materiales y apoyo económico. La Secretaría de Desarrollo Económico, Ciencia y Tecnología (Sedecyt) explicó que la meta es doble: preservar la técnica y, al mismo tiempo, convertirla en una vía de emprendimiento para quienes la practican.
Pero reducir esta historia a «100 personas recibirán kits» sería quedarse en la superficie. La pregunta real —la que debería importarle a cualquier persona interesada en el futuro de las tradiciones mexicanas— es otra: ¿puede el deshilado de Aguascalientes sobrevivir como patrimonio cultural y, al mismo tiempo, convertirse en una actividad económica viable para las nuevas generaciones?

Una tradición que se hace con las manos
El deshilado consiste en retirar de forma selectiva algunos hilos de una tela —generalmente de lino o algodón— para después agrupar y bordar los hilos restantes hasta formar patrones geométricos o florales. No existe máquina que sustituya por completo esta operación: requiere vista, pulso y, sobre todo, tiempo. Aprenderlo no es cuestión de una tarde. Se necesitan meses de práctica solo para dominar la tensión correcta del hilo, y años para lograr los diseños más finos.
En Aguascalientes, la técnica se aplica principalmente en manteles, servilletas, blusas y otros textiles decorativos, con motivos que suelen tomar como inspiración flores, aves y figuras geométricas.
El deshilado que heredamos
Explicar el deshilado únicamente como una «tradición ancestral» sería impreciso. De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la tradición textil de Aguascalientes viene de siglos atrás y se enriqueció con la llegada de los españoles y la Intervención Francesa, en el siglo XIX, al combinar técnicas como el bordado Richelieu, el punto de cruz y el deshilado, propias del municipio de Calvillo. Otras fuentes documentales sitúan el arribo de la técnica del deshilado a Calvillo específicamente durante el siglo XIX, con influencias que se remontan a los antiguos deshilados de Flandes y Venecia, matizados con elementos moriscos llegados a través de la talavera árabe.
La llegada del ferrocarril en el siglo XIX también tuvo un papel poco conocido: mujeres cercanas a la estación ferroviaria de la capital comenzaron a vender sus piezas deshiladas a los pasajeros que iban hacia Zacatecas o la Ciudad de México, lo que ayudó a que la técnica se extendiera hacia comunidades como Jaltiche de Arriba y La Labor, en el municipio de Calvillo, donde persiste hasta hoy.
Es importante no romantizar el origen: no hay consenso documental único sobre si la técnica llegó primero por vía española o francesa, y buena parte de su historia se ha transmitido de forma oral, de generación en generación, más que a través de archivos formales.
¿Cuánto trabajo hay detrás de una pieza?
Esta es la sección donde el sistema antialucinación de este reportaje debe ser más estricto: no se encontró información pública suficiente que documente, con precisión y de forma sistemática, cuántas horas exactas requiere cada tipo de pieza de deshilado, ni cuál es el desglose de costos (materiales, mano de obra, comercialización) para el caso específico de Aguascalientes.
Lo que sí puede afirmarse, con base en descripciones de especialistas y artesanas citadas en medios culturales, es que se trata de un trabajo minucioso que exige cortar y retirar hilos con extrema precisión para no dañar la tela, y que las piezas más elaboradas pueden tomar días o semanas. Esa desproporción entre el tiempo invertido y el precio final de venta —común en casi toda la artesanía textil mexicana— es una de las razones por las que muchas personas jóvenes dudan en dedicarse a este oficio de tiempo completo.
Cuando una tradición también necesita mercado
Una pieza deshilada no vale solo por su belleza: vale porque alguien está dispuesto a pagar por ella un precio que compense el tiempo invertido. En plataformas de comercio electrónico es posible encontrar piezas de deshilado de Aguascalientes —manteles, caminos de mesa, servilletas— con precios que van de un par de cientos hasta varios miles de pesos, dependiendo del tamaño, la tela y la complejidad del bordado. Sin embargo, no existen datos públicos consolidados sobre el ingreso promedio mensual de una persona deshiladora en el estado, ni sobre qué proporción del precio final llega efectivamente a quien produce la pieza frente a lo que se queda en la comercialización.
A nivel nacional, el panorama ofrece algunas referencias útiles, aunque no sustituyen datos locales. Según la Cuenta Satélite de la Cultura de México del Inegi, en 2021 la producción de artesanías generó 153,437 millones de pesos, equivalentes a 0.6% del PIB nacional, y 479,655 puestos de trabajo remunerados. Ese mismo estudio documenta que en 2018 existían 21,115 establecimientos dedicados al comercio al por menor de artesanías en el país, concentrados sobre todo en Jalisco, Oaxaca y Quintana Roo.
Aguascalientes no figura entre los principales productores artesanales del país según estas mediciones, lo que hace todavía más relevante preguntarse si existe suficiente demanda para que el deshilado se convierta en una fuente estable de ingresos para 100 personas más. No se encontró información pública que responda esta pregunta con certeza.

Mujeres, trabajo e independencia económica
Toda la evidencia documental disponible coincide en un patrón: el deshilado de Aguascalientes ha sido, históricamente, un trabajo realizado en su mayoría por mujeres, muchas veces combinado con las labores del hogar. Fuentes periodísticas describen que las mujeres artesanas, particularmente en zonas rurales, han hecho de esta técnica una fuente de ingresos complementaria, participando en ferias y exposiciones para mantenerla vigente.
Este dato no debe leerse como «un don natural de las mujeres para las manualidades» —una idea que romantiza y, de paso, invisibiliza el trabajo real que implica el oficio—. Se trata, más bien, de habilidad técnica, aprendizaje deliberado, disciplina y transmisión de conocimiento, en un contexto histórico donde el trabajo artesanal femenino ha sido con frecuencia informal, no remunerado o subvalorado. Que el gobierno estatal reconozca esta actividad como posible fuente de «autoempleo» es, en ese sentido, también una discusión sobre el reconocimiento económico de un trabajo que durante generaciones se ha hecho puertas adentro.
No obstante, tampoco debe presuponerse que solo mujeres pueden o deben participar: la convocatoria pública está dirigida a «artesanas, artesanos y emprendedores» en general, sin distinción de género.
El reto de que los jóvenes aprendan
Esta pregunta atraviesa todo el reportaje: ¿quién va a deshilar cuando las generaciones que hoy dominan la técnica ya no puedan hacerlo? No se localizaron cifras oficiales sobre la edad promedio de las personas deshiladoras activas en Aguascalientes ni sobre cuántas de ellas son menores de 30 años, por lo que no es posible afirmar con precisión qué tan grave es la brecha generacional. Lo que sí documentan distintas coberturas periodísticas sobre el tema es una percepción compartida por especialistas: las nuevas generaciones de bordadoras y deshiladoras son, en efecto, cada vez más escasas, aunque quienes se acercan comienzan a experimentar con nuevas formas y colores.
Investigaciones sobre relevo generacional en otros oficios artesanales de América Latina —no específicas de Aguascalientes, pero útiles como marco comparativo— identifican dos obstáculos recurrentes: la inestabilidad económica del oficio y la disminución del interés de las juventudes, cuyas expectativas de vida suelen orientarse hacia otras actividades con ingresos más predecibles. Es razonable suponer que factores similares —baja rentabilidad percibida, competencia de textiles industriales más baratos, y la existencia de otras oportunidades laborales— también inciden en Aguascalientes, aunque no existen estudios específicos y verificables sobre el estado que permitan confirmarlo con exactitud.
Diseñar sin perder la identidad
El programa Impulso al Deshilado no solo busca enseñar la técnica: también busca que las piezas resultantes respondan a «nuevas tendencias» de consumo, según explicó la Sedecyt. La empresaria Eva Yolanda García Villanueva, propietaria de la tienda «Deshilada», fue más allá y describió la intención de acercar el deshilado a la moda actual, para que la tradición siga vigente y llegue a públicos distintos a los habituales.
Esto plantea una tensión legítima, no resuelta por el programa ni por este reportaje: ¿cuánto puede cambiar una tradición —en color, en formato, en uso— antes de dejar de ser reconocible como tal? No hay una respuesta única. Lo que sí puede decirse es que la historia misma del deshilado ya es una historia de mezclas: técnicas europeas, sensibilidad morisca y aportes locales se fusionaron desde el siglo XIX. La adaptación no es necesariamente una traición a la tradición; puede ser, también, la manera en que una tradición decide seguir existiendo.
¿Puede el deshilado convertirse en un negocio?
La palabra «emprendimiento» aparece de forma constante en el discurso oficial sobre este programa, pero conviene no usarla como si fuera mágica. Emprender no es solamente producir: implica calcular costos, fijar precios, administrar inventario, promocionar el producto, conocer al cliente y, eventualmente, facturar. La información pública disponible sobre Impulso al Deshilado detalla capacitación técnica, materiales y apoyo económico, pero no especifica —al menos no en las fuentes consultadas para este reportaje— si el contenido de la capacitación incluye también herramientas de gestión empresarial, fijación de precios o mercadotecnia digital. No se encontró información pública suficiente para determinarlo.
Un antecedente relevante ayuda a poner el programa en contexto. En agosto de 2026, la Sedecyt había abierto la convocatoria «El Deshilado, Legado de Aguascalientes», dirigida a artesanas, artesanos y emprendedores, con apoyos de hasta 3 mil pesos por participante para herramientas, insumos y capacitación. Las fuentes consultadas no permiten confirmar con certeza si el «apoyo económico» anunciado el 14 de septiembre para Impulso al Deshilado corresponde exactamente a ese monto o si se trata de una cifra distinta; tampoco fue posible verificar públicamente el presupuesto total asignado al programa ni sus criterios detallados de selección. Ante esa falta de información, lo más honesto es no inventar una cifra y señalar la pregunta como pendiente.

Lo que debe medir el programa Impulso al Deshilado
Es útil distinguir entre actividad, producto, resultado e impacto. Capacitar a 100 personas es la actividad. Entregar materiales y desarrollar habilidades es el producto inmediato. Que esas personas logren crear piezas con potencial comercial sería el resultado. Pero el impacto real —generar ingresos sostenibles y contribuir al relevo generacional del oficio— es una meta de más largo plazo, que no se puede confirmar el mismo día del anuncio.
Cien personas beneficiadas no equivalen automáticamente a 100 emprendimientos exitosos. El compromiso de compra manifestado por la tienda «Deshilada» es una señal de vinculación comercial real, pero conviene distinguir con cuidado entre una intención de compra, un contrato formal de compra y un mercado asegurado para el conjunto de participantes. Ninguna fuente consultada detalla, por ejemplo, cuántas piezas compraría esa tienda, con qué frecuencia o bajo qué condiciones de precio. Sin ese seguimiento, será difícil saber, más adelante, si el programa realmente funcionó.
El futuro de una tradición
El deshilado de Aguascalientes no cuenta, hasta donde pudo verificarse en fuentes públicas, con una denominación de origen ni con una marca colectiva o de certificación que proteja jurídicamente la técnica o el nombre. Aguascalientes sí logró en 2025 una denominación de origen para el mezcal producido en siete de sus municipios —incluido Calvillo—, aunque ese reconocimiento enfrentó posteriormente litigios legales. No existe, hasta ahora, un proceso equivalente para el deshilado, lo que deja abierta la pregunta de qué tan protegida está esta tradición frente a copias industriales o a un eventual uso comercial del nombre «deshilado de Aguascalientes» por parte de terceros ajenos a las comunidades que la practican.
Preservar una tradición no significa congelarla en el pasado. Puede significar enseñarla con método, documentarla, pagar justamente el trabajo detrás de cada pieza, diseñar productos nuevos, encontrar consumidores distintos, usar herramientas digitales y, sobre todo, lograr que una nueva generación decida que vale la pena aprenderla. El programa Impulso al Deshilado es un primer paso —capacitación, materiales, un canal de venta manifestado— pero no resuelve, por sí solo, ninguna de las preguntas estructurales que atraviesan este reportaje.
La pregunta final, entonces, no es si el Gobierno de Aguascalientes entregó kits a 100 personas. Es qué tiene que cambiar —en ingresos, en mercado, en reconocimiento— para que una joven o un joven de Aguascalientes pueda mirar el deshilado no como una tradición del pasado, sino como un conocimiento del que también puede construir su futuro.

EN CIFRAS
- 100 personas beneficiadas en la primera etapa del programa.
- Capacitación gratuita para todas las personas participantes.
- Kits de materiales entregados junto con la capacitación.
- Apoyo económico confirmado, sin monto público verificado para este programa específico.
- 3,000 pesos: monto máximo de apoyo anunciado en agosto de 2026 para la convocatoria previa «El Deshilado, Legado de Aguascalientes» (no confirmado como la misma cifra de Impulso al Deshilado).
- 0.6% del PIB nacional aportado por el sector artesanal en México en 2021, según el INEGI.







