Entre mezquites y cascos: Leonardo Montañez recorre La Pona con la Policía Montada para blindar el último bosque urbano de Aguascalientes

Entre mezquites y cascos: Leonardo Montañez recorre La Pona con la Policía Montada para blindar el último bosque urbano de Aguascalientes

Entre mezquites y cascos: Leonardo Montañez recorre La Pona con la Policía Montada para blindar el último bosque urbano de Aguascalientes

La visita del presidente municipal al área natural protegida marca un hito en la estrategia de conservación: reforzar la vigilancia con caballos en los rincones donde ningún patrullero puede entrar.

El mezquital que sobrevivió a la ciudad

Hay lugares en una ciudad que guardan memoria de lo que existía antes de la ciudad misma. La Pona es uno de ellos. Enclavada en la zona oriente de Aguascalientes —la más densamente poblada de la capital—, esta mezquitera de más de treinta hectáreas es un fragmento vivo del paisaje que existía antes de que los españoles trazaran calles y levantaran muros. Sus mezquites (Prosopis laevigata), algunos de ellos centenarios, despliegan copas retorcidas que filtran la luz del mediodía y crean esa penumbra vegetal característica de los bosques semiáridos del altiplano mexicano. Debajo, la tierra guarda otro secreto: cada gota de lluvia que cae sobre La Pona se filtra por las raíces y recarga el acuífero Ojocaliente, el principal abastecedor de agua de la ciudad.

El martes 23 de junio, por esos senderos de tierra apisonada bordeados de huizaches y pirules, el presidente municipal Leonardo Montañez caminó junto a los elementos de la Policía Montada de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal. El objetivo era concreto: supervisar el trabajo de vigilancia de este grupo especial de policías a caballo, la única unidad capaz de recorrer de manera efectiva los rincones del bosque donde ningún vehículo puede transitar

Un cuerpo de seguridad a la medida del terreno

Los cascos de los caballos sobre la tierra seca producen ese sonido particular que no se parece a ningún otro: una percusión sorda, rítmica, que en La Pona se mezcla con el trinar de los tordos y las palomas de alas blancas que habitan el área. La Policía Montada no es solo una imagen; es, en este contexto, una solución técnica a un problema geográfico específico.

Los senderos internos del bosque —algunos apenas lo suficientemente anchos para que pase una persona— hacen imposible la vigilancia convencional. Un vehículo motorizado no entra. Una patrulla se quedaría en el perímetro. Los caballos, en cambio, permiten al elemento de seguridad acceder a zonas que de otro modo permanecerían fuera de cualquier supervisión. Montañez subrayó justamente este punto durante la visita: la Policía Montada ofrece una atención más cercana en zonas donde, por su naturaleza, no es posible transitar con vehículos.

La presencia de estos elementos en La Pona no es únicamente reactiva. Es, sobre todo, preventiva. La vigilancia constante desincentiva conductas que históricamente han afectado al área: tiraderos clandestinos de basura, quemas ilegales, actividades no permitidas dentro del polígono protegido. En un bosque urbano rodeado por colonias residenciales y vialidades de alto tráfico, la presencia visible de autoridad establece un perímetro simbólico y real de protección.

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La compra que cambió el destino del mezquital

Para entender la dimensión del recorrido del martes, es necesario retroceder apenas unas semanas. El 2 de junio de 2026, el cabildo del municipio de Aguascalientes autorizó la compra de 30.8 hectáreas de La Pona. El precio pactado fue de 101 millones de pesos —una cifra significativamente por debajo de su valor comercial, estimado en alrededor de 400 millones de pesos—, resultado de una negociación conjunta entre el gobierno estatal y los propietarios privados del predio.

La historia de este bosque urbano es la historia de una resistencia. Desde finales del siglo pasado, La Pona ha estado en el centro de disputas entre intereses inmobiliarios y organizaciones ciudadanas que exigían su protección. En 2010 recibió su primera declaratoria como ffirea Natural Protegida; en 2018, esa protección fue reducida a apenas

11.4 hectáreas mediante un convenio que permitía a las inmobiliarias construir en el resto del terreno. La compra municipal de junio de 2026 representa, entonces, un cambio de signo en décadas de presión sobre el ecosistema.

Montañez lo presentó como el inicio de un proyecto de rescate. El recorrido con la Policía

Montada fue, en ese contexto, la primera acción operativa posterior a la adquisición del predio: una señal de que la compra no era el punto de llegada, sino el punto de partida.

Lo que está en juego: agua, carbono y biodiversidad

Hablar de La Pona es hablar de servicios ambientales que la ciudad recibe sin verlos. De acuerdo con datos del Plan de Manejo del ffirea Natural Protegida elaborado por el propio Municipio de Aguascalientes, el bosque aporta anualmente alrededor de 42 millones de litros de agua al acuífero Ojocaliente, a través de la infiltración que generan las raíces del mezquite. Esa misma área captura aproximadamente 2,228 toneladas de dióxido de carbono cada año.

La biodiversidad que alberga es notable para un enclave urbano: 72 especies de animales y 24 especies de plantas registradas. Las aves son las vecinas más visibles: el tordo de cola grande sobrevuela las copas de los mezquites junto a la paloma de alas blancas y la huilota. El 65% de la superficie del área está cubierta por vegetación nativa en buen estado de conservación.

Más allá de los números, La Pona cumple una función que pocas veces se menciona en los documentos oficiales: amortigua el ruido. En una ciudad atravesada por avenidas como la Alameda o el Segundo Anillo Vial, el bosque actúa como una barrera acústica natural que reduce los niveles sonoros en su interior. Quien entra al mezquital desde la periferia urbana experimenta una transición perceptible: el fragor del tráfico se apaga progresivamente a medida que los árboles se densifican.

DATOS CLAVE

La lógica del recorrido: presencia que protege

El trabajo de la Policía Montada en La Pona no comienza ni termina con la visita del presidente municipal. Los elementos de este cuerpo realizan recorridos periódicos dentro del área natural, y su función es parte de una estrategia más amplia que la Secretaría de Seguridad Pública Municipal ha articulado para espacios donde la vigilancia convencional resulta insuficiente.

Lo que el recorrido del martes hizo visible fue la integración de esa estrategia con el proyecto de rescate ambiental que el Municipio impulsa para La Pona. Montañez señaló que las tareas de vigilancia serán reforzadas principalmente con este grupo especial de policías a caballo. No se trata, entonces, de una visita protocolaria, sino de la activación formal de un esquema de presencia permanente en el bosque.

La coordinación entre dependencias es uno de los elementos que los planes de manejo de áreas naturales protegidas suelen identificar como clave para su éxito. Aquí, la Secretaría de Seguridad Pública Municipal opera en un espacio que la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (Semadesu) tiene a su cargo en materia de conservación. Que ambas instituciones trabajen de manera articulada en el mismo polígono es, en sí mismo, un avance respecto a esquemas donde la vigilancia y la gestión ambiental funcionaban de manera independiente.

Una invitación ciudadana con un mensaje de fondo

Al concluir el recorrido, Montañez hizo un llamado a la población a disfrutar La Pona y a participar activamente en su conservación. La frase no es retórica: los planes de manejo de áreas naturales protegidas en México reconocen que la participación ciudadana es indispensable para la viabilidad de largo plazo de estos espacios. Un bosque urbano custodiado solo por el Estado es más vulnerable que uno donde la comunidad también se siente guardiana.

El llamado tiene, además, una dimensión de justicia territorial. La Pona se ubica en el oriente de la ciudad, una de las zonas históricamente menos favorecidas en términos de infraestructura verde y espacios de recreación. Que este bosque permanezca accesible y bien conservado es también una cuestión de equidad urbana: garantiza que los habitantes

de esa parte de la ciudad tengan acceso a un espacio natural que las colonias del poniente disfrutan con mayor facilidad.

El bosque que viene

La compra del predio, la visita del presidente municipal y el despliegue de la Policía Montada no son el final de una historia, sino los primeros capítulos de una más larga y compleja. El siguiente paso —ya anunciado— es la elaboración del Estudio Preventivo Justificativo (EPJ), que definirá las condiciones ecológicas del área y las restricciones de uso. Ese proceso incluirá la participación de especialistas, universidades y colectivos ciudadanos, y culminará en la declaratoria formal de La Pona como ffirea Natural Protegida de competencia municipal.

Los mezquites de La Pona han sobrevivido siglos de transformación del paisaje. Han resistido la urbanización que avanzó desde todos los flancos, los cambios de uso de suelo, las negociaciones privadas y las omisiones institucionales. Hoy, por primera vez en décadas, la tendencia apunta en una dirección diferente. Los cascos de los caballos de la Policía Montada sobre sus senderos son, en este momento, el sonido más concreto de esa apuesta.

Para las próximas generaciones de aguascalentenses —quienes heredarán una ciudad más caliente, más ruidosa y más sedienta que la actual—, lo que ocurra en este bosque urbano importa más de lo que cualquier cifra puede capturar.

Reportaje elaborado con base en información de la Sala de Prensa del Municipio de Aguascalientes, el Plan de Manejo del Área Natural Protegida La Pona (Municipio de Aguascalientes), el acuerdo de cabildo del 2 de junio de 2026 y fuentes documentales oficiales sobre el área.

Municipio de Aguascalientes

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