Los proyectos se construyen en las calles
Por qué la política social sin territorio no es política social
Hay una pregunta que me hacen con cierta frecuencia, casi siempre con un tono que mezcla curiosidad y algo de suspicacia: ¿por qué sales tanto a territorio? La pregunta asume, creo yo, que un secretario debería estar firmando oficios, revisando presupuestos, atendiendo juntas. Que la legitimidad del cargo se ejerce desde adentro.
Yo pienso distinto. Y no lo digo como slogan.
Cuando recorro la colonia Progreso, La Soledad, el Anexo Palomino o las comunidades de Los Negritos y Montoro, no voy a inaugurar nada ni a tomarme una foto. Voy porque la política social que no parte del diagnóstico directo termina siendo una política que soluciona los problemas que los funcionarios imaginan, no los que la gente vive. Son dos cosas muy distintas.
“La política social que no parte del diagnóstico directo termina solucionando los problemas que los funcionarios imaginan, no los que la gente vive.”
Pierre Bourdieu lo documentó con precisión en sus trabajos sobre la reproducción social: cuando el Estado opera sólo desde sus propias lógicas institucionales, desde sus propios formularios y categorías, tiende a invisibilizar las necesidades que no caben en esos formatos. El territorio me obliga a corregir eso. A ver lo que no aparece en ningún reporte.
Robert Putnam llegó a conclusiones parecidas desde otro ángulo. El capital social —esa red de confianza, reciprocidad y participación que hace funcionar a una comunidad— no se genera por decreto. Se construye con presencia sostenida, con conocer a las personas por su nombre, con que la gente sepa que quien toma decisiones sobre su colonia ha caminado sus calles. Sin eso, los programas llegan como ayuda externa, no como respuesta a una demanda real. Y la diferencia entre esas dos cosas importa mucho cuando evalúas resultados a mediano plazo.
Paulo Freire tenía un concepto que me parece útil aquí: la diferencia entre la educación bancaria —donde se deposita conocimiento en el otro— y la educación dialógica —donde hay intercambio real. Aplicado a la política pública: puedo diseñar el mejor programa de crianza positiva, el mejor esquema de apoyo emergente, el mejor circuito deportivo municipal; pero si lo construyo sin escuchar a las madres de familia en Real de Haciendas o a los jóvenes de Valle de los Cactus, lo más probable es que llegue tarde, mal calibrado, o que llegue y no lo use nadie. He visto pasar eso muchas veces en administraciones anteriores, incluyendo en las que participé. Aprendes.
“El capital social no se genera por decreto. Se construye con presencia sostenida, con que la gente sepa que quien decide ha caminado sus calles.” —Putnam
Esta semana estuvimos en Norias de Ojocaliente. La semana pasada en Villas de Nuestra Señora de la Asunción y en José López Portillo. No es una agenda improvisada. Es un método. Las pláticas de crianza positiva que hoy coordinamos con el Instituto Municipal de Salud Mental no nacieron en una sala de reuniones: nacieron de escuchar a directores de escuela decirme que los papás no saben cómo hablar con sus hijos sobre el uso del celular, sobre las redes sociales, sobre los riesgos que hay ahí adentro. Eso no está en ningún diagnóstico federal. Está en las conversaciones de los martes en la mañana frente a una primaria de zona prioritaria.
Tengo catorce años en servicio público en distintas trincheras: el Instituto de la Juventud, la Regiduría, la Secretaría de Administración, ahora aquí. Lo que aprendí en todo ese tiempo es que la burocracia tiene una tendencia natural a cerrarse sobre sí misma: a medir lo que puede medir, a reportar lo que tiene instrumento de reporte, a atender lo urgente antes que lo importante. El territorio es el antídoto. No el único, pero sí el más honesto.
¿Hay ambición política detrás de ese ritmo de trabajo? No voy a contestar esa pregunta porque no viene al caso en este espacio. Lo que sí puedo decir es que la presencia en colonia no es una estrategia electoral. Es una convicción sobre cómo funciona el desarrollo social. Si alguien quiere leerla de otra manera, es su derecho. Yo sigo caminando.
Los proyectos se construyen en las calles. No es una frase bonita. Es lo que he comprobado que funciona.
REFERENCIAS TEÓRICAS
Bourdieu, P. (1991). La distinción: criterios y bases sociales del gusto. Taurus. / Bourdieu, P. (1999). La miseria del mundo. Fondo de Cultura Económica.
Putnam, R. (2000). Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community. Simon & Schuster.
Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores.


Sabia reflexión sobre la política social.