Actividad física en la infancia: sembrar una vida saludable desde hoy
Tengo un recuerdo de infancia que no me abandona: una cancha de tierra, un balón de fútbol desinflado a medias, y una tarde entera ganada al aburrimiento. No había ninguna aplicación que nos distrajera que hacer, ni pantalla que nos retuviera envolviendo nuestra atención. Solo el juego, los golpes de rodilla, la sed y el sol, con pantalones rotos por las caídas pero el orgullo intacto por lograr anotar en un juego de fútbol con los compañeros de juego con los que conviví en la calle. Crecí convencido de que un niño con un balón en las manos es un niño que no está mirando hacia donde no debe. No porque el deporte sea una garantía, sino porque ocupa un espacio real, el tiempo, el cuerpo, la atención que de otro modo puede llenarse con lo que sea.
Un niño que corre no está quieto donde las cosas malas suceden. Eso lo aprendí antes de aprenderlo.
Lo que la experiencia me enseñó, los datos lo confirman con frialdad. La Organización Mundial de la Salud ha establecido que los niños y adolescentes de 5 a 17 años deben acumular al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa. El cumplimiento de ese umbral es, en términos globales, marginal: según el mismo organismo, más del 80% de los menores en edad escolar no alcanza esa cifra (OMS, 2020). No es una tendencia. Es una norma.
En México, la magnitud del problema tiene nombre propio. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2021 (ENSANUT) reportó que el 35.6% de los niños de entre 5 y 11 años presenta sobrepeso u obesidad (Instituto Nacional de Salud Pública, 2022). Más de uno de cada tres. No estamos hablando de estadística abstracta: estamos hablando del niño que va a la primaria en nuestra colonia, del sobrino que pasa las tardes frente a una tableta, del hijo de un vecino que ya tiene presión alta a los diez años.
El sedentarismo no es un hábito. Es una deuda que el cuerpo cobra con intereses.
Y el problema no termina en el peso. La evidencia sobre salud mental infantil es igualmente contundente. Un metaanálisis publicado en el British Journal of Sports Medicine revisó 21 estudios controlados y encontró que la actividad física regular reduce significativamente los síntomas de ansiedad y depresión en niños y adolescentes (Biddle & Asare, 2011). No como terapia complementaria ni como sugerencia pediátrica menor: como intervención con efectos medibles, reproducibles y sostenidos. El movimiento, en el cuerpo de un niño, reorganiza también lo que ocurre en su cabeza.
La conexión entre actividad física y rendimiento cognitivo tiene igual sustento. Una revisión sistemática publicada en Pediatrics concluyó que los niños físicamente activos obtienen mejores resultados en pruebas de atención, memoria y función ejecutiva que sus pares sedentarios (Fedewa & Ahn, 2011). El deporte no compite con la escuela: la sostiene.
Existen fechas que sirven de ancla para este tipo de reflexión. El 6 de abril, Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, fue declarado así por la Asamblea General de la ONU en 2013 con el propósito expreso de reconocer el deporte como herramienta de cohesión social y desarrollo humano. El 30 de abril, Día del Niño, no es celebración vacía: es llamado a examinar qué condiciones materiales y afectivas estamos construyendo para quienes van a heredar lo que dejemos. Y el 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, recuerda que el bienestar emocional de un niño no es asunto de especialistas: es asunto de comunidad.
El deporte no compite con la escuela ni con la familia. Las completa.
Desde la Secretaría de Desarrollo Social Municipal asumimos esa responsabilidad con actos concretos. El programa de activadores físicos lleva a los deportivos municipales una oferta real y diversa: fútbol, básquetbol, artes marciales, box, voleibol, handball, BMX, béisbol, lima lama, zumba, lucha libre, taekwondo y natación. No se trata de abrir espacios para decir que existen. Se trata de que estén vivos, con gente dentro, con niñas y niños que lleguen y encuentren algo que los espere.
Hemos impulsado también la creación y rehabilitación de infraestructura deportiva: canchas con pasto sintético, espacios para tochito bandera, parques de béisbol y pistas de BMX. Cada instalación construida o recuperada es una apuesta concreta contra el tiempo libre que se consume solo frente a una pantalla. No estamos inventando nada nuevo. Estamos devolviéndole a la infancia algo que siempre fue suyo.
La ciencia nos dice lo que muchos ya sabemos por experiencia: los niños que se mueven crecen mejor, duermen mejor, aprenden mejor y sufren menos. Pero los números no son lo que me convence cada mañana de seguir empujando esto. Me convence ver a un niño de ocho años llegar tímido a una cancha y salir sudado, agotado y con un amigo nuevo. Me convence saber que ese martes por la tarde no estuvo en ningún lugar donde no debía estar.
Cada niño que entrena no solo fortalece su cuerpo. Construye una versión de sí mismo que todavía no conoce.
REFERENCIAS
Biddle, S. J. H., & Asare, M. (2011). Physical activity and mental health in children and adolescents: a review of reviews. British Journal of Sports Medicine, 45(11), 886–895. https://doi.org/10.1136/bjsports-2011-090185
Fedewa, A. L., & Ahn, S. (2011). The effects of physical activity and physical fitness on children’s achievement and cognitive outcomes: a meta-analysis. Research Quarterly for Exercise and Sport, 82(3), 521–535. https://doi.org/10.1080/02701367.2011.10599785
Instituto Nacional de Salud Pública. (2022). Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2021 (ENSANUT): Resultados nacionales. Gobierno de México. https://ensanut.insp.mx/encuestas/ensanut2021/doctos/informes/ENSANUT_2021_Resultados_Nacionales.pdf
Organización Mundial de la Salud. (2020). Directrices de la OMS sobre actividad física y hábitos sedentarios. OMS. https://www.who.int/es/publications/i/item/9789240015128
Organización de las Naciones Unidas. (2013, 23 agosto). Resolución A/RES/67/296: Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz. Asamblea General de la ONU.

