Meses de trabajo para una sola temporada: lo que hay detrás del cempasúchil en Aguascalientes

El naranja que anuncia el Día de Muertos
Cada octubre, el cempasúchil llega a puestos, panteones y casas con una puntualidad que parece natural. Rara vez se piensa en lo que ocurrió antes: una flor que se cultiva durante meses para florecer en una ventana de pocas semanas. En Aguascalientes, ese trabajo se concentra en un territorio acotado. Según el boletín que el Gobierno del Estado publicó el 20 de octubre de 2026, se cultivan entre 25 y 30 hectáreas, principalmente en los municipios de Jesús María y Tepezalá.
Conviene leer la cifra con cuidado. El comunicado no precisa cómo se obtuvo ni la compara con años anteriores, así que sirve para dimensionar la actividad, no para medir su evolución. Como referencia de orden de magnitud, el SIAP reportó para 2022 una superficie sembrada nacional de 2,289 hectáreas, y la Secretaría de Agricultura estimó 2,448 para 2023. Son años distintos y no equivalen a la superficie estatal de 2026, pero indican que el cultivo en Aguascalientes ocupa una fracción pequeña del total del país.
Francisco Lomelí y la transmisión del oficio
El boletín presenta a Francisco Lomelí como un productor que aprendió el oficio de su padre y hoy continúa la tradición familiar de la floricultura. Es todo lo que la fuente documenta. No hay información pública verificada sobre el tamaño de su parcela, sus métodos o sus ventas, y este texto no los suple.
Lo que sí permite el dato es plantear por qué importa la herencia del oficio. En cultivos de temporada, buena parte del conocimiento —cuándo sembrar, cómo regar, en qué momento cortar— se adquiere haciendo, ciclo tras ciclo. Cuando ese aprendizaje pasa de una generación a otra, la actividad tiene continuidad; cuando no, un saber muy específico puede perderse. Es una lectura general, no un diagnóstico de Aguascalientes: no se localizaron estudios sobre relevo generacional en la floricultura del estado.



Meses de trabajo detrás de una flor de temporada
Producir cempasúchil exige planear contra el calendario. Fuentes agrícolas de alcance nacional describen una planta (Tagetes erecta) con un ciclo inicial de maduración de entre 100 y 120 días y señalan el agua como uno de los factores críticos del cultivo. Una nota especializada en logística ubica la siembra entre la segunda mitad de junio y julio, con trasplante de 30 a 45 días después, para que la temporada arranque hacia la segunda semana de octubre. Son descripciones generales: no se sabe qué variedades, fechas o técnicas usan los productores de Jesús María o Tepezalá, y aquí no se les atribuyen.
La demanda, además, es corta. Reportes periodísticos indican que se dispara a partir de la tercera semana de octubre, con alzas de precio. El boletín lo resume desde el campo: detrás de cada flor hay meses de trabajo y, al terminar la temporada, los campos vuelven a su ciclo y hay que esperar un año para verlos otra vez teñidos de naranja.
De la parcela al consumidor
El boletín destaca la venta directa: Lomelí invita a comprar con los productores, visitar el campo, tomarse fotos y cortar los propios ramos. Para el consumidor, el canal ofrece cercanía y conocimiento del origen de lo que compra. Para el productor, abre un contacto directo con quien adquiere la flor.
Eso no equivale, por sí mismo, a mayores ganancias. No hay datos locales sobre precios, volúmenes vendidos ni costos, y vender en la parcela también implica tiempo, atención a visitantes y, en algunos casos, infraestructura. Que la venta directa reduzca intermediarios es una posibilidad; en Aguascalientes no es, por ahora, un hecho demostrado.
Tradición, turismo y economía local
El cempasúchil ocupa un lugar central en el Día de Muertos. Su nombre proviene del náhuatl cempohualxochitl, que suele traducirse como «veinte flores»; la Secretaría de Agricultura recuerda que su color se asocia con el sol y que, desde tiempos prehispánicos, sus pétalos marcaban el sendero de las almas. Pero no hay un origen ni un significado únicos: la flor recibe nombres distintos en lenguas como el náhuatl, el totonaco, el huasteco o el purépecha, señal de prácticas diversas.
En Aguascalientes, según el boletín, visitar los campos se ha vuelto una costumbre de temporada: las familias recorren los cultivos, se fotografían, compran ramos y, en algunos sitios, cortan sus flores. En Jesús María, el comunicado menciona Los Vázquez, el camino a La Rinconada, la avenida Alejandro de la Cruz, la comunidad Los Ramírez y la carretera a Margaritas, frente al fraccionamiento Santa Paulina; en Tepezalá, la comunidad El Águila. Son los puntos que señala la fuente. No se verificaron horarios, precios, estado de floración ni disponibilidad de corte, por lo que conviene confirmarlo directamente con cada productor antes de trasladarse.
El titular de la Sedrae, Isidoro Armendáriz, sostiene que estos productores se han vuelto un atractivo turístico para las familias del estado. Es una apreciación institucional: no se encontró una medición de visitantes ni de derrama económica, ni evidencia de una ruta organizada de turismo rural. Lo documentado es una oportunidad identificada, no un impacto comprobado.

Los retos de sostener la floricultura
Sostener el cultivo plantea preguntas que el comunicado no responde y que, sin datos locales, quedan como líneas pendientes: ¿qué necesita un pequeño productor para mantener la actividad año tras año? ¿Qué riesgos implica depender de una sola temporada? ¿Cuánta agua requiere el cultivo en la zona y cómo se garantiza? ¿Cuánto cuesta producir y cuánto se recupera? ¿Qué pesan la competencia de otras regiones y el acceso a los consumidores?
Responderlas exigiría hablar con los productores, solicitar a Sedrae y al SIAP información desagregada por estado y consultar a especialistas. Mientras eso no ocurra, lo prudente es no convertir las dudas en conclusiones.
Valorar la flor y a quienes la producen
Apreciar el cempasúchil también es entender que cada ramo supone meses de cuidado y una venta concentrada en pocos días. La flor que ilumina altares y panteones llega ahí porque alguien la cultivó mucho antes de octubre. Reconocer ese trabajo —el de Francisco Lomelí y el de otras familias productoras de Jesús María y Tepezalá— no requiere adornar su historia: basta con mirar el campo antes de mirar el altar y preguntar por quienes hacen posible que cada año vuelva el naranja.
Fuentes consultadas
- Boletín «Las flores de cempasúchil llenan de vida el campo de Aguascalientes», Gobierno de Aguascalientes, 20 de octubre de 2026: https://informacion.aguascalientes.gob.mx/news/los-campos-del-cempas%C3%BAchil-llenan-de-vida-el-campo-de-aguascalientes — Datos del boletín oficial: hectáreas, municipios, Francisco Lomelí, puntos de venta, declaraciones de Armendáriz.







