CUBA-MÉXICO: UNA FERREA INTEGRACIÓN
Defender a Cuba es defender a México. Esto no lo entiende ni lo quiere comprender la derecha. Es un acto de subsistencia, de derecho a la autodeterminación, de lucha contra el imperio y sus acciones intervencionistas. Es la defensa del continente entero, del repudio a la Doctrina Monroe y al Destino Manifiesto. También es el reconocimiento de la actitud digna del pueblo cubano.

Lo que suceda negativamente en Cuba, también puede pasar en nuestro país. Al gobierno de Washington no le interesan los pueblos, ni siquiera el suyo, ya lo hemos estado viendo en los últimos meses. A su presidente y su grupo (MAGA), lo que les preocupa son el no cumplimiento de sus intereses y la riqueza de los demás. Para ello han trastocado la estabilidad del mundo, la paz y la convivencia entre los pueblos. Han cambiado la geopolítica global y pareciera que hasta ahora nadie los ha podido detener. Incluso se autolimitan ante sus bravatas.
Cuba, para Donald Trump es una afrenta para su modo de pensar, para su ideología fascista, más cuando apenas está a 150 kilómetros de sus fronteras de Florida. Desearía el “hombre naranja” que la Isla volviera a ser el prostíbulo estadounidense de tiempos de Batista o una inmensa base militar más allá de Guantánamo. Para ello no le importa matar de hambre a los cubanos, exterminándolos como lo están haciendo con los palestinos en Gaza. Ya no es solo el infame e inhumano bloqueo de más de sesenta años, sino ahorcarlos cerrándoles el acceso a los energéticos, sobre todo petróleo, bajo la amenaza y chantaje a otros países, entre ellos a México.
Pero México no olvida, siempre tiene (y ha tenido) presente los fuertes lazos que unen a nuestros pueblos, cubano y mexicano, sobre todo en casi siglo y medio de hermanamiento, además de imbricación histórica y cultural. Los próceres y héroes cubanos han estado en nuestro país, sin abandonar sus posturas liberadoras de su pueblo. Hay muchos casos al respecto, solo tres ejemplos: José Martí, Julio Antonio Mella, además de Fidel Castro y los expedicionarios que salieron de Tuxpan, Veracruz en el Granma.
José Martí estuvo en dos ocasiones en nuestro país, escribió temas políticos con el seudónimo Orestes. Podemos conocer muy bien sobre sus apreciaciones de México, a través de la Carta a su amigo mexicano Manuel Mercado (recientemente leí un excelente artículo de esto por parte del asesor minero Oscar Alzaga, publicado en Tribuna Comunista número 674). Por algo, Diego Rivera lo incluye en su mural, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.
Justo hace un siglo llega exiliado Julio Antonio Mella, joven cubano comunista que se integra plenamente a la vida política del país, se integra al PCM, donde incluso llega a ser por breve tiempo secretario general del mismo y colaborador de su publicación El Machete (hay un excelente libro al respecto de Raquel Tibol). Cae asesinado el 10 de enero de 1929, por órdenes del dictador cubano Machado, en la calle de Abrahan González, casi esquina con Morelos, cuando iba acompañado por Tina Modotti.
Fidel Castro, su hermano Raúl y otros revolucionarios cubanos llegan a nuestro país cuando son liberados de su reclusión en la Isla de Pinos, después del ataque al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1956. En la Ciudad de México conoce al Ché Guevara, que se integra a los esfuerzos por regresar a Cuba y luchar contra la dictadura de Fulgencio Batista.
Al triunfo de la Revolución cubana, México siempre estuvo con el pueblo cubano, no se plegó a los dictados de Washington ni de la OEA, reconoció al gobierno de Fidel y nunca estuvo de acuerdo en el bloqueo económico que se mantiene hasta nuestros días. Destacan muchos mexicanos que al inicio de la revolución fueron a Cuba a apoyar el proceso, entre ellos el cardiólogo Enrique Cabrera y el médico aguascalentense Héctor Treviño Herrera, fallecido éste en julio del 2018.
Cuba se encuentra en un momento crítico, debido al asedio impune promovido por Donald Trump. Hay que pararlo, pero también, solidarizarnos con el pueblo hermano.

