Sobre el surco recién abierto un niño va tras la yunta. En dos botes, transporta la semilla de maíz, frijol y calabaza que deja caer sobre la tierra herida. El yuntero abre el surco con el arado en ristre. Bueyes o caballos, mulas o asnos tiran con ritmo acompasado. En el fresco de la mañana el vapor de la respiración animal, se mezcla con el vaho de la tierra humedecida. El maíz, semilla sagrada, cae y se cobija en la tierra lacerada, en el vientre moreno de la Madre Tierra. Allí permanecerá por meses; brotará crecerá y formará frutos amarillos, rojos azules, morados naranjas y blancos, sustento del campesino, proveedor de alimento para el mundo. Sobre el mástil esmeralda de la caña, envuelto en sus hojas protectoras, crecerán y madurarán los granos. Para iniciar la cosecha y agradecer a los dioses, en septiembre es oportuno cortar la primera mazorca. En ese instante solemne se cierra el ciclo divino: siembra, cultivo y cosecha de la milpa; En los hogares habrá fiesta. La robusta calabaza, guardiana del sembradío, madura en su vientre redondo pulpa de fresco amarillo, atrapando el sabor del estío. El sol y las estrellas se formarán en su vientre como alimentos sencillos para goce de los niños. El frijol subirá su guía a la esbelta caña verde, en la búsqueda del sol, de la luna y las estrellas. El viento labrantío la mece y le cuenta historias viejas. Como los Tres Mosqueteros, sobre los surcos del campo, crecen los tres elementos de la milpa milagrosa, en un arreglo de los dioses de la agricultura. En la cocina ancestral, sobre las manos de las abuelas, será nixtamal y masa en el metate, luego tortilla, tostada, flauta y tamal, enchilada, juliana y esquite, pozole, huarache, corunda y uchepo, ponteduro, pinole y tejuino, sopa, elote, maicena y aceite. Palanquetas y almidón, gorditas, condoches, tacos y churritos. El atole blanco llenará los pechos que amamantan y dotará de fuerzas al abuelo. Las manos que muelen el nixtamal se lavan constantes con machigües, agua que remoja los curritos para calmar el llanto de los hijos. Maíz, joya de la Patria, herencia sagrada, en sesenta y cuatro rostros de vivos colores, maná de los dioses, sustento del hombre, generosidad divina de Tózcatl. La rubia melena del elote niño, destella su oro en las luces solares. Compañero inseparable de calabaza y frijol. Maíz, perla de collares en las ceremonias de sabios y reyes mexicas, de mujeres zapotecas y otomíes, en vestuario de doncellas mayas y purépechas, de princesas texcocanas y mixtecas y en chimallis de guerreros indomables. Milagroso maíz, hueso y piel de los mayos, de los yaquis y los pimas. Esquite en los pueblos de Jalisco, tejuino en La Perla Tapatía, atoles, toqueras y manjares michoacanos, coyota en Obregón y Navojoa. Pinole en la sierra portentosa de Chihuahua o coricos en la hermosa Sinaloa. Por Zacatecas, guachales guisados en Cuaresma para revivir la gracia de elotes deshidratados. Tacasotas en Teocaltiche y Nochistlán. De su espíritu de sol, de calor y de jolgorio, sintetiza en sus alcoholes el gusto por el festejo. –¡Véndame unas palomitas naturales o con dulce, de mantequilla o con salsa picosita! ¡Oh, maíz de los antojos, de genealogía divina, de ancestral mitología, de rituales y fandangos, de fiesta y sabiduría! Apareces de mañana convertido en quebraditas, pellizcadas con manteca y boronas de carnitas. En las manos, los testales toman forma de tortillas o huaraches o tlacoyos rellenos de habas o frijoles. Cubres una quesadilla con flores de calabaza, la luna blanca doblada con quesillo de Oaxaca. Si las piedras del molino o la mano del metate te muelen poquito a poco, vas revelando tu esencia: la blanca faz o tu bella piel morena, cara azul o de amarilla presencia. Vuelas como paloma del nido al taco que ya te espera, eres tortilla madrugadora con buen chile martajado. Dice la madre a sus hijos: –¡No se quemen las manitas con las chúscutas calientes, esperen a que se enfríen, no les gane la impaciencia! En un blanco carrusel, se va un mundo de tortillas, metamorfosis en fuego con lengüetas amarillas. Las tortillas toman forma de rostros de luna llena, de soles del mediodía con apariencia serena. Luego que ya se doraron por el fuego que las cuece, claramente manifiestan su color de piel bronceada. Se complementa la milpa en la parcela del monte, en los huertos familiares, y en las chinampas de un lago. Maíz, frijol, calabaza, la tercia maravillosa, sustento de nuestro pueblo, historia que se agiganta. Herencia que nos distingue desde tiempos milenarios. En el hogar alegría, n México gran fortuna, en el mundo es el sustento, en el cielo, luz de luna.
Bachillerato “Lic. Jesús Reyes Heroles” por 27 años. Es miembro fundador de La Cofradía y autor de su logotipo (mitad de caracol). Ha sido ilustrador de varios libros y revistas como Aprendiz de lagarto, Entre la flor y la estrella, Tres tiempos, ABC Música sacra, El chan del agua, Historia de México (para tercer grado), Ecología y medio ambiente y Evocaciones de Jerez. Es escritor de poemas y otros textos literarios, los cual han tenido reconocimiento dentro y fuera del país. Como autor, ha publicado El desayuno del diablo. Ganador del Premio Gustavo de Alba Mora en la categoría Cultura 2025
¡Magnífico poema. Felicidades a Diálogos en Pluralidad por albergar poesía. Felicidades a Mario Cruz. La voz del poeta resuena fuerte en los ecos de la historia.
¡Magnífico poema. Felicidades a Diálogos en Pluralidad por albergar poesía. Felicidades a Mario Cruz. La voz del poeta resuena fuerte en los ecos de la historia.