El piso de cristal: Alférez, la masculinidad tóxica y el costo político de un comentario viral
El diputado morenista Fernando Alférez Barbosa llegó hoy al Congreso de Aguascalientes a defender algo que en teoría debía ser sencillo: el lenguaje incluyente en una ley de lactarios. Salió convertido en tendencia nacional por las razones equivocadas. Su frase «los hombres también tienen leche» recorrió México en horas. Y con ella se fue, también, una parte del piso político sobre el que Morena necesita caminar en 2027.

Víctima primero, verdugo después
Hay una ironía dolorosa en este episodio que merece nombrarse antes de cualquier análisis político. Alférez es en el historial reciente del Congreso local, el mismo legislador que el 5 de marzo recibió una amenaza física desde la tribuna: «te voy a dar otra chinga cuando a mí se me dé la gana», le dijo el diputado perredista Emanuelle Sánchez Nájera con el micrófono abierto. Un insulto que recorrió el país y que esta columna analizó semiótica y políticamente como expresión del patriarcado más crudo trasladado al espacio institucional.
Alférez fue entonces el agredido. El blanco de una masculinidad tóxica que no encontró argumentos y recurrió al cuerpo. Hoy, paradójicamente es él quien protagoniza una nota que le costará caro no porque haya amenazado a nadie, sino porque en el intento de defender un derecho legítimo el lenguaje incluyente confundió la retórica con la biología y entregó a sus adversarios una munición de alcance nacional.
No todo daño viene de la mala intención. A veces viene de la torpeza argumentativa. Y en política, la torpeza tiene el mismo costo que la malicia.
Qué se estaba discutiendo realmente
La sesión giraba en torno a la instalación de lactarios en la Universidad Intercultural para la Igualdad. Una diputada panista propuso mantener el término «madres trabajadoras» y rechazó cambiar «leche materna» por «leche extraída«, argumentando que el lenguaje con base biológica era el correcto. Alférez la rebatió desde la bancada morenista defendiendo las expresiones más incluyentes, y en ese contexto dijo lo que dijo.
El fondo del debate era legítimo. El lenguaje incluyente en las leyes no es un capricho ideológico: responde a personas trans, a realidades biológicas diversas, a criterios que la propia Suprema Corte ha ido articulando en años recientes. El problema no fue el propósito. El problema fue el argumento que Alférez eligió para defenderlo.
Porque los hombres cisgénero no producen leche en condiciones normales. Las glándulas mamarias existen anatómicamente, sí, pero sin la maquinaria hormonal del embarazo y el parto no hay lactancia. Decirlo así, en plena tribuna, sin el matiz que el tema requería, fue un error que ninguna buena intención alcanza a reparar cuando ya está circulando en redes.
El daño concreto a las aspiraciones de Nora Ruvalcaba
Morena necesita ganar de cualquier forma Aguascalientes en 2027. No de cualquier manera: necesita ganar bien, con márgenes que compensen décadas de hegemonía panista, con una candidatura que conecte más allá del voto duro. La senadora Nora Ruvalcaba esposa de Alférez es la figura más visible del partido en ese horizonte, aunque aún no hay aún candidatura formal.
El problema no es que Alférez sea su esposo. El problema es que en este estado la política sigue siendo un juego de percepciones antes que de programas. Y la percepción que instala este episodio es la peor posible para una candidatura que necesita superar el techo porque el piso no le es suficiente.
El piso morenista en Aguascalientes está consolidado. Es un voto de convicción, suficiente para alarmar a los azules con la amenaza de tener pronto un rival serio que pueda contender con ellos al tú por tu. Pero para ganar una gubernatura en un estado que nunca ha tenido gobierno de izquierda Morena necesita capturar el voto de centro, el voto femenino moderado, el voto de quienes no son militantes pero podrían ser convencidos. Y ese voto es exactamente el que más se aleja cuando el partido queda asociado a imágenes de ridículo o a debates mal planteados.
Una nota nacional que pone al compañero sentimental de la virtual candidata en el centro de una burla no es solo daño de imagen. Es daño estructural al trabajo de construcción de coalición que Morena todavía tiene que hacer antes de 2027.
El problema más profundo: masculinidades que no se han renovado
Lo que hoy hizo Alférez y lo que el 5 de marzo hizo Sánchez Nájera son dos expresiones del mismo problema de fondo, aunque en registros muy distintos. Uno amenazó con violencia física. El otro incurrió en una torpeza argumentativa al defender derechos de género. Son daños de distinta magnitud, sí. Pero comparten raíz: hombres que se mueven en el espacio del género sin haber actualizado genuinamente su comprensión del tema.
El machismo tóxico que Sánchez Nájera exhibió en marzo con su amenaza fue explícito y brutal. El de hoy es más sutil pero igualmente revelador: un aliado de los derechos de las mujeres y las disidencias que no sabe explicar por qué defiende lo que defiende, y que en el intento construye un argumento que termina dañando la causa que quería proteger.
Eso tiene nombre: masculinidad aliada sin formación sólida. Es en el México de 2026 uno de los problemas políticos más urgentes de la izquierda. No alcanza con estar del lado correcto del debate. Hay que poder sostenerlo.
La urgencia de nuevas masculinidades como proyecto político
Morena y la izquierda en general llegaron al poder con un discurso de derechos que incluye el lenguaje de género, la perspectiva feminista, los derechos de las disidencias. Pero ese discurso se instaló muchas veces como postura política sin ir acompañado de un proceso real de transformación en los hombres que lo enarbolan.
El resultado es lo que vimos hoy: un diputado que defiende lo correcto con los argumentos equivocados, que termina siendo el personaje de un meme cuando debería ser el defensor de una reforma. Que le da a la derecha, que no tenía caso, un caso servido en bandeja.
Las nuevas masculinidades no son solo un tema de talleres de sensibilización o de cláusulas en los planes de gobierno. Son una condición operativa para que la izquierda sea creíble en el espacio del género. Un hombre que dice defender los derechos reproductivos pero no puede explicar con precisión qué es la lactancia, o que confunde la biología con el argumento jurídico, o que en la tribuna amenaza con golpes cuando pierde el debate, no está siendo aliado: está siendo obstáculo.
La urgencia no es menor en Aguascalientes donde la batalla de 2027 se jugará también en el terreno de quién convence a las mujeres de que el cambio es real y no solamente retórico.
El balance
Alférez tiene una trayectoria política seria. Fue fundador del PRD hidrocalido, maestro de historia, articulista, fundador de la Casa de Arte. No es un improvisado. Y precisamente por eso sorprende más este traspié: no es el error de alguien que no sabe lo que hace, sino de alguien que sabe pero que en el calor del debate recurrió a un argumento que no revisó antes de pronunciarlo.
El daño ya está hecho. La nota circuló, el meme existe, la imagen quedó. Lo que viene ahora es la pregunta que Morena en Aguascalientes tiene que responder antes de 2027: ¿con qué perfil de masculinidad quiere llegar al poder? ¿Con la que amenaza desde la tribuna o con la que defiende bien lo que dice defender?
Porque si la respuesta sigue siendo ninguna de las dos, el techo de 2027 va a seguir siendo exactamente eso: un techo que no se alcanza.

