MÉXICO EN LA ENCRUCIJADA DE LA CONFIANZA
México se enfrenta a un momento económico preocupante y esto no es solo una opinión, es una realidad documentada. Nuestro país ha visto cómo su calificación crediticia, que pudiera ser su carta de presentación ante el mundo, ha descendido sistemáticamente en los últimos 8 años.
Hasta 2018 México tuvo la calificación A3 con una perspectiva estable en cuanto a la confianza que se brindaba a los inversionistas locales e internacionales a aplicar su dinero en nuestra tierra, pero ahora, tras años de políticas centralistas y falta de disciplina, hemos caído hasta un BAA3, situándonos al límite inferior del grado de inversión.
Expertos en la materia, han advertido que este deterioro es síntoma de una conducción económica que ha descuidado el equilibrio; se ha señalado de manera reiterada que la falta de certeza jurídica y la presión sobre el gasto público impactan directamente en la confianza de los mercados.
Se debe tomar en consideración que cuando el país baja su calificación en el rango de confianza de los inversionistas en el ámbito internacional, el costo del dinero sube, lo que encarece el financiamiento para estados y municipios, además de limitar la capacidad de maniobra de las administraciones locales ante crisis financieras.
Si bien el panorama nacional es poco halagüeño, es necesario hacer el comparativo con Aguascalientes que se separa del relato nacional, pues, mientras el país enfrenta un entorno de «medio-bajo» en su grado de inversión, Aguascalientes ha logrado construir un blindaje basado en la eficiencia administrativa, la paz laboral y una visión estratégica que le permite seguir siendo un referente nacional.
Ante la pregunta de ¿cómo lo ha hecho el gobierno estatal encabezado por Tere Jiménez?, la respuesta es que: a diferencia del centralismo que asfixia el desarrollo, Aguascalientes ha apostado por la autonomía y la competitividad.
Así que mientras aproximadamente el 80% de los municipios en el país sufren por su excesiva dependencia de los recursos federales, nuestro estado y sus municipios principales han trabajado en robustecer sus ingresos propios, mejorar la eficiencia en el gasto y ofrecer condiciones de certidumbre que atraen la inversión privada, incluso cuando el panorama nacional es incierto.
El éxito de Aguascalientes no es fruto de la casualidad, sino del trabajo constante. La diferencia radica en entender que el servicio público exige una ejecución impecable y técnica. Para el caso del municipio de Aguascalientes que preside Leo Montañez, se tiene claro que no es un espacio para la improvisación ni para seguir los errores de la federación; es, y debe seguir siendo, un modelo de cómo se deben hacer las cosas cuando existe voluntad política, disciplina financiera y una visión de futuro bien cimentada.
Hoy, la lección es clara: ante la inestabilidad que se percibe desde el centro del país, Aguascalientes debe redoblar su apuesta por la profesionalización del gobierno. La ciudadanía demanda resultados comprobables y un liderazgo que sepa navegar tiempos complejos protegiendo la economía local. Entonces, debemos seguir construyendo sobre esa base de solidez, para asegurar que Aguascalientes se mantenga como el motor de progreso que todas y todos merecemos, demostrando que, con capacidad y orden, es posible caminar en dirección opuesta a la crisis.

