El médico que quiere gobernar, pero no puede curar su propio expediente
Las pretensiones políticas de Rubén Galaviz Tristán no resisten el peso de su propio historial
Cuando un funcionario público decide alzar la mano para ocupar el cargo más alto de su entidad, lo mínimo que la ciudadanía puede exigir es coherencia entre lo que dice y lo que ha hecho. En el caso del doctor Rubén Galaviz Tristán, secretario de Salud de Aguascalientes, esa coherencia brilla por su ausencia. Su reciente registro como candidato ciudadano suspirante ante el Partido Acción Nacional para contender por la gubernatura en 2027 no es una propuesta política: es una exhibición de los privilegios que otorga el cargo público cuando se confunde con patrimonio personal.
Galaviz Tristán lleva más de tres décadas vinculado al aparato gubernamental de este Estado, incluidas dos gestiones al frente del Instituto de Servicios de Salud del Estado de Aguascalientes. Se presenta así mismo ahora como «candidato ciudadano«, una etiqueta que en su boca resulta casi irónica: no hay nada más alejado del ciudadano común que quien lleva décadas administrando recursos públicos, operando redes de poder institucional y buscando, además, la venia expresa de la gobernadora antes de lanzar su aspiración. Ser ciudadano no es solo no tener credencial de militante. Es carecer de la maquinaria, la nómina y los privilegios que él sí tiene, y a los que no piensa renunciar.
Nómina pública, agenda política: la doble apuesta
El propio Galaviz reconoció que no renunciará a la Secretaría de Salud mientras duren las definiciones internas del PAN. Es decir: construye su campaña desde el escritorio oficial, con recursos del Estado, con agenda institucional como plataforma. Esta conducta que en términos jurídicos roza el uso indebido de recursos públicos con fines político-electorales, no parece incomodarle lo más mínimo. La apuesta a dos cartas simultáneas revela un perfil no de servidor público comprometido, sino de operador político síndico que instrumentaliza el servicio para el ascenso personal.
«Candidato ciudadano» que conserva nómina, agenda y despacho oficial. La autonomía que pregona Galaviz existe únicamente en su discurso.
Hay algo más grave que la comodidad táctica. El doctor argumenta como credencial sus «tres maestrías» y sus años al frente del ISSEA. Pero las maestrías no absuelven el expediente de gestión. Y ese expediente, para quienes seguimos de cerca la realidad sanitaria del Estado, tiene pasajes que merecen análisis riguroso antes de que alguien se postule como gobernador.
El síndrome de Fiona: cuando la ignorancia tiene micrófono
En abril de 2026, durante una conferencia de prensa, el secretario de Salud eligió comparar los trastornos tiroideos, padecimiento que afecta predominantemente a mujeres con la apariencia física de un personaje de caricatura. Sus palabras exactas: «Si ustedes vieron hay una película de Shrek. Éste es el síndrome de Fiona: aumento de peso, tiene problemas estéticos y hay importantes cambios en la apariencia física.» La declaración fue difundida, criticada y señalada desde medios nacionales como TV Azteca. No hubo rectificación pública significativa.
Como abogada en derecho familiar, he acompañado a mujeres que durante años fueron diagnosticadas tardíamente con hipotiroidismo porque sus síntomas fueron trivializados, atribuidos al estrés o al descuido personal. Esa trivialización tiene nombre: estigma médico de género. Y resulta que el máximo responsable de la salud pública en Aguascalientes, el hombre que aspira a gobernar a toda la población, reproduce exactamente ese estigma desde el atril oficial, con el sello del Instituto de Servicios de Salud del Estado.
La tiroides no es un problema estético. Es un trastorno endocrino con consecuencias cardiovasculares, reproductivas, neurológicas y psicológicas severas. Reducirlo a un ‘síndrome de Fiona’ no es solo una torpeza comunicativa: es la expresión de una visión patriarcal de la salud femenina que no tiene lugar en ningún consultorio, y mucho menos en un despacho gubernamental.
Condones prohibidos, VIH minimizado: la política del miedo disfrazada de moral
Pero el expediente de Galaviz no termina ahí. Durante la Feria Nacional de San Marcos 2026, el gobierno del Estado con el secretario de Salud como responsable institucional de la materia, prohibió la distribución de condones en el perímetro ferial. Activistas del Centro de Atención Vive Aguascalientes (CAVA), organización dedicada a la atención de personas con VIH/SIDA, fueron retirados por elementos de Reglamentos y sus insumos confiscados. Ocho millones de personas transitan por esa feria cada año.
Prohibir la distribución de condones en un evento de ocho millones de personas no es una postura moral: es una política de salud pública que mata.
Las críticas llegaron desde la Cámara de Diputados. El legislador Jaime López Vela calificó la medida de «barbaridad«. El director del CAVA, Efraín González Muro, señaló algo todavía más preocupante: que el propio Galaviz Tristán afirmó públicamente que el VIH se concentra en hombres «gays» con múltiples parejas. Una declaración que, en términos de salud pública, no solo es científicamente incorrecta el VIH afecta a toda la población sin distinción de orientación sexual, sino que alimenta el estigma, la discriminación y, en consecuencia, aleja a personas en riesgo de buscar atención médica.
Desde una perspectiva de derechos humanos y de salud pública, esta declaración es inaceptable en un funcionario de cualquier nivel. En el titular del sistema de salud estatal, resulta directamente incompatible con el cargo. Si la orientación sexual de una persona condiciona la percepción del riesgo que el propio secretario de Salud le asigna, estamos ante una política sanitaria discriminatoria que viola el principio de igualdad consagrado en el artículo primero de nuestra Constitución.
Un perfil que no cuadra con los tiempos
Aguascalientes es un estado que, en el debate público, ha avanzado en materia de reconocimiento de derechos, aunque con resistencias profundas en el aparato institucional. La persona que aspire a gobernar este estado en 2027 tendrá que hacerlo en un contexto donde la agenda de género, la salud sexual y reproductiva, y la no discriminación no son concesiones: son obligaciones constitucionales y convencionales.
Un candidato que compara enfermedades de mujeres con ogros de caricatura, que restringe el acceso a métodos de prevención del VIH en el evento más concurrido del estado, y que atribuye públicamente la epidemia del SIDA a la identidad sexual de las personas, no está preparado para encabezar un gobierno del siglo XXI. Tiene el perfil de una administración que cree que la salud pública es asunto de buenas costumbres y no de ciencia, derechos y evidencia.
El desgaste que no se puede maquillar con maestrías
El sindicato de trabajadores de salud exigió su renuncia en 2024, señalando autoritarismo y presunta corrupción en la gestión de contratos. A lo largo de 2025, el ISSEA registró manifestaciones recurrentes de paramédicos eventuales que cerraron avenidas y protestaron frente a Palacio de Gobierno. El secretario minimizó sistemáticamente las protestas y delegó la atención de los conflictos laborales a la Secretaría de Gobierno. Eso no es liderazgo: es abdicación de responsabilidad.
Tres maestrías no remedian un expediente que incluye: trabajadores en precariedad laboral sin respuesta, desabasto de medicamentos psiquiátricos gestionado con pasividad, declaraciones misóginas sobre enfermedades femeninas, y una política de salud sexual que privilegia el prejuicio sobre la prevención. Las credenciales académicas son condición necesaria, no suficiente. El cargo de gobernador exige, sobre todo, visión política, compromiso con los derechos de todas las personas y capacidad para gobernar con pluralidad.
Las maestrías se enmarcan. El expediente de gestión se gobierna. Y el de Galaviz Tristán merece más preguntas que aplausos.
Que el PAN abra sus procesos a perfiles ciudadanos es, en principio, una señal positiva de renovación. Pero abrir la puerta a perfiles ciudadanos para que entren los mismos operadores del aparato con otra etiqueta no es renovación: es maquillaje. Si Acción Nacional quiere disputar la gubernatura con credibilidad en 2027, necesita candidatos que representen el Aguascalientes que viene, no el que ya tuvimos.

