El Mundial: La cortina de humo que no debe ocultar la realidad

El Mundial: La cortina de humo que no debe ocultar la realidad

La fiebre del Mundial de Futbol ha avanzado y, luego del estallido inicial y la alegría desbordada, las aguas parecen haberse calmado en las sedes, pero de antemano se espera que esto sea solo por la temporada de la justa deportiva, y no por desear la calamidad, sino porque las autoridades federales no deben dejar de lado la responsabilidad de responder a quienes se manifestaron el primer día de estas actividades.

Las banderas siguen ondeando y los cánticos resuenan, pero conforme los días pasan, la realidad cotidiana del país se impone con una contundencia imposible de ignorar. Si bien es legítimo que los mexicanos encontremos un respiro y alegría en el deporte, no podemos permitir que este evento se convierta en la anestesia perfecta para ocultar las profundas grietas que atraviesan nuestra nación.

Lo que vimos antes de la inauguración no fue un hecho aislado, sino el reflejo de una gestión gubernamental marcada por la desidia y la falta de planeación estratégica, pues durante ocho años -desde que México fue nombrado sede en 2018-, hubo tiempo suficiente para preparar un evento de esta magnitud; pero lo mismo que pasó con los preparativos, sucede con todos los actos de gobierno, se deja todo para el final o sin respuesta.

Sin embargo, la marca de la actual administración, heredada del sexenio pasado, ha sido la improvisación absoluta y constante; aunque la fiesta futbolística está en su apogeo, quienes están en la capital del país ven calles pintadas al vapor, remiendos en el Metro y la infraestructura hídrica en malas condiciones, lo cual es síntoma de una enfermedad más profunda: la ineficiencia.

Es necesario señalar lo evidente: el gobierno ha apostado a que la pasión popular sirva como cortina de humo, en tanto el foco ciudadano está en el marcador final, se han intentado minimizar problemas estructurales que no desaparecen con un gol. 

De hecho, análisis legislativos recientes han puesto en evidencia cómo se han priorizado gastos innecesarios y obras faraónicas que no resuelven las carencias del ciudadano de a pie, en lugar de invertir en seguridad, salud y justicia. Mientras se presume de organización para una justa deportiva, la crisis de inseguridad, alimentada por la presencia de la delincuencia organizada, sigue cobrando vidas a lo largo del territorio nacional.

La paz social es frágil. Las protestas de maestros, transportistas y agricultores, así como el desgarrador grito de las madres buscadoras, no son ruido político, son la prueba de un gobierno federal rebasado. La corrupción y la negligencia no se van cuando termina el partido de nuestros equipos favoritos, antes bien, permanecen condicionando el futuro de las familias mexicanas.

Lo que es un hecho es que el mundial llegará a su fin, los estadios se vaciarán y la narrativa triunfalista del gobierno se desvanecerá frente a la dura realidad; por eso, el llamado es a que nuestra madurez democrática no se mida por la capacidad de la ciudadanía de celebrar goles, sino por nuestra determinación de exigir resultados donde realmente importan.

Que la fiebre futbolera no sea un cheque en blanco para el poder, porque México necesita mucho más que una válvula de escape; requiere una administración que entienda que las prioridades de un país no se atienden con discursos, sino con planeación, honestidad y respeto absoluto a la ley. 

Nuestro destino, con o sin balones en la cancha, depende de nuestra capacidad de seguir cuestionando, atentos y sin distracciones, a quienes tienen la responsabilidad de construir un futuro que, hasta ahora, nos han quedado a deber.

Quique Galo

Quique Galo, cuyo nombre completo es Luis Enrique García López, es licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y cuenta con una maestría en Gobierno y Administración Pública por la Universidad Cuauhtémoc. Ha desarrollado una trayectoria en el servicio público y la política en Aguascalientes, donde inició como asesor legislativo en el Congreso de la Unión y posteriormente ocupó cargos como jefe de Proyectos Sociales en el Instituto Municipal de Planeación y director de Recursos Humanos del Municipio de Aguascalientes. Fue diputado local en el Congreso del Estado en distintas legislaturas y más recientemente se ha desempeñado como Secretario del H. Ayuntamiento y Director General de Gobierno del Municipio de Aguascalientes, consolidando una carrera vinculada a la administración pública y al trabajo legislativo.

Quique Galo

Quique Galo, cuyo nombre completo es Luis Enrique García López, es licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y cuenta con una maestría en Gobierno y Administración Pública por la Universidad Cuauhtémoc. Ha desarrollado una trayectoria en el servicio público y la política en Aguascalientes, donde inició como asesor legislativo en el Congreso de la Unión y posteriormente ocupó cargos como jefe de Proyectos Sociales en el Instituto Municipal de Planeación y director de Recursos Humanos del Municipio de Aguascalientes. Fue diputado local en el Congreso del Estado en distintas legislaturas y más recientemente se ha desempeñado como Secretario del H. Ayuntamiento y Director General de Gobierno del Municipio de Aguascalientes, consolidando una carrera vinculada a la administración pública y al trabajo legislativo.

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