La realidad tras los mundiales en México

Por tercera ocasión en su historia, México recibe un Mundial de fútbol en medio de grandes contrastes políticos, sociales y económicos. Pasaron cuarenta años para que la máxima autoridad en la materia, la FIFA, incluyera a nuestro país en un certamen deportivo que por esta ocasión, será regional.
Aunque la inauguración del Mundial 2026 transcurrió en relativo orden y al final de la jornada todo fue júbilo tras el triunfo de la Selección Nacional; no se puede hacer a un lado el escenario de presión externa que enfrenta el gobierno mexicano (por la administración Trump) y las múltiples problemáticas que acompañan al malestar social que se manifiesta en diferentes frentes.
A diferencia de los presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Miguel de la Madrid, quienes enfrentaron abucheos en los partidos inaugurales del setenta y ochenta y seis, respectivamente; Claudia Sheinbaum evitó a toda costa un escenario similar y se limitó a ver el partido inaugural rodeado de su estructura política.
Y es que, al Mundial de 1970 por ejemplo, lo antecedió uno de los acontecimientos más graves de la historia política nacional: la matanza de estudiantes en 1968, en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco. Y pese al abucheo que enfrentó Ordaz, el certamen futbolístico transcurrió en notable calma y al final México demostró que era capaz de organizar un evento de ese nivel, sin importar sus condiciones de gobernabilidad.
Para 1986 el escenario también era complejo: nuestro país venía saliendo de la tragedia del terremoto del ochenta y cinco, que arrojó diez mil muertos, más de 5 mil desaparecidos y que en términos económicos le costó al país más de 4 mil millones de dólares.
Si bien, el Mundial de aquel año no estaba precisamente destinado a México, sino a Colombia, país que rechazó la organización a causa de factores financieros; el Mundial de 1986 fue un alivió para el ánimo del pueblo mexicano, que aún no se reponía de aquel desastre natural que abrió las venas de una sociedad que demostró ser, altamente solidaria y resiliente.
El Mundial del 2026, repito, no está exento de calamidades. Aunque las cifras oficiales son variadas y se manejan de manera discrecional, suman aproximadamente 134 mil personas desaparecidas en los últimos 6 años y 40 mil homicidios dolosos en lo que va de la presente administración.
Por si fuera poco, grupos de campesinos y transportistas amenazaron previamente al Gobierno de Claudia Sheinbaum, por la falta de compromisos en los pagos de algunos granos y de seguridad en las carreteras de todo el país. A ello se suma la exigencia de la CNTE, que hoy tiene sitiada a la capital del país, por la exigencia de abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007.
Sin embargo, hasta el momento el Mundial FIFA 2026 ha sido una bocanada de oxígeno para el gobierno mexicano, al que se le acusa desde el extranjero, de proteger cárteles del narcotráfico y políticos vinculados a estos. La narrativa ha cambiado por algunos días y mientras todo en la conversación pública sea fútbol y celebraciones, la presidenta podrá capitalizar ese buen ánimo social a su favor.







