EL PRETEXTO DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Tanto en el Legislativo como en los medios de comunicación se ha dado un acalorado debate, con motivo de la presentación por parte del Ejecutivo federal, de los Lineamientos sobre la Ley de Telecomunicaciones, dando la impresión de la oposición no leyó la propuesta o que busca, como siempre, el “prietito en el arroz”, en lo que hasta ahora es una actitud contestataria y contreras.
Los críticos de la propuesta arguyen que con ella se pretende imponer la censura y coartar la libertad de expresión. Revisando el documento no encuentro dónde. Los detractores tampoco dicen en qué parte se señala. Los promotores subrayan que solo se pretende beneficiar a las audiencias, a partir del nombramiento de defensores de las mismas, que son nombrados por los mismos concesionarios, además de integrar un Código de Ética.
Los opositores a la iniciativa se curan en salud. En el fondo (y en la superficie) defienden lo que no se les toca y debiera de tocarse, no su derecho a manifestar y defender lo que piensan, sino a recurrir a la mentira, a la distorsión de la realidad, para crear narrativas a modo, que ahora se han convertido en práctica cotidiana y permanente de la derecha y el conservadurismo no solo nacional e internacional, donde Donald Trump es su máximo exponente.
En nuestro país son varios medios que recurren a la mentira para vender una realidad inexistente, principalmente TV Azteca de Tío Richi, Latinus, algunos medios impresos como El Universal o Reforma, el mercenario de la Comunicación Negre, así como algunos influencers. Se vale decir lo que piensan, pero apegados a la verdad
Está claro que estos medios no respetan a la audiencia, la minimizan, la consideran minusválida mental y se deben asegurar los mecanismos que garanticen sus derechos, a ser debidamente informados y ellos llegar a aquellas conclusiones que correspondan, no las que se les quieran imponer.
Bueno fuera que hubiera políticas más drásticas para aquellas concesionarias que no cumplan con los derechos de las audiencias y no solo imponerles como multa el uno por ciento de lo que contratan por publicidad. Algunas olvidan que son concesiones públicas, en tanto el espectro usado es del Estado, no propiedad privada.
Por otra parte, las defensorías de las audiencias no son figuras nuevas. Hay un remoto antecedente de principios del siglo pasado en Japón. En la década de los sesentas surge en Estados Unidos y en nuestro país, aparecer cuando se expide la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión en el 2014. Sobre todo en los medios públicos es donde proliferan las defensorías de las audiencias, en algunos de ellos, incluso con consejos ciudadanos. Ahora, con la propuesta de Lineamientos, esta figura se tendría que generalizar
Pero nada de lo anterior tiene que ver con la censura ni contra la vulneración de l libertad de expresión. Pudiese ser, eso si, un modesto paso hacia el respeto de las audiencias a ser debidamente informadas, coinapego a la realidad y a la verdad.







