Sin pudor ni ideología

Sin pudor ni ideología

El entreguismo político como síntoma de la crisis de representación en Aguascalientes

En Aguascalientes, las fronteras ideológicas entre PAN, PRI y Morena se han vuelto tan difusas que ya no separan proyectos: apenas separan nombres en una boleta. La senadora Nora Ruvalcaba tendiendo la mano al panista Toño Martín del Campo; la expriista Lorena Martínez transitando del tricolor al gabinete panista de Tere Jiménez mientras se afilió a Movimiento Ciudadano y hoy evalúa candidaturas sin partido o incluso se habla de Morena. Son hechos documentados. Y lo que revelan no es anécdota, sino arquitectura.

Lo que ya no sorprende a nadie, pero debería

Hay un momento en que la normalización de lo anormal se vuelve el verdadero problema político. No el escándalo en sí, sino la velocidad con que deja de serlo. En Aguascalientes llegamos a ese punto hace tiempo; quizá sin notarlo.

Cuando la senadora de Morena Nora Ruvalcaba Gámez asistió en enero de 2026 al informe de actividades del senador panista Juan Antonio Martín del Campo y coincidió con él en señalamientos sobre el caso Next Energy, la escena no generó ningún revuelo mayor (Yahoo Noticias, 2026). Dos legisladores de partidos opuestos, en teoría irreconciliables, coordinando señales en el mismo foro. La prensa local lo registró. La ciudadanía lo procesó como algo rutinario. Y ahí está el problema.

No era la primera señal de ese tipo. Meses antes, en junio de 2025, la columna política de El Heraldo de México ya había recogido lo que circulaba en el ambiente político hidrocálido: que Martín del Campo frente a la posibilidad de quedar fuera de la candidatura panista para la gubernatura 2027 no descarta moverse de partido (El Heraldo de México, 2025). La información precedió en términos cronológicos a su propio informe de enero de 2026 y no fue desmentida con contundencia en ninguno de los dos momentos, incluso lo confirmo él mismo la posibilidad de ruptura o de sumision, aceptando ahora por una potencial ter era ocasión, declinar sus aspiracante un mejor perfil. Las declaraciones se diluyeron, como suelen diluirse las cosas incómodas en la política hidrocálida.

Lo que este artículo intenta no es seguir el chisme político sino examinar lo que revela: que en Aguascalientes, como en buena parte de México, la política ha dejado de ser una disputa entre proyectos y se ha convertido en una competencia entre trayectorias. Los partidos son vehículos. Las ideologías, decorado.

Los partidos se han convertido en franquicias que alquilan su marca. Lo que importa no es el proyecto, sino quién puede pagar el peaje de la boleta.

Aguascalientes y la disolución de las fronteras ideológicas

El Estado tiene una historia política reconocible. La primera alternancia real en la gubernatura llegó en 1998, cuando el empresario panista Felipe González González venció al priísta Héctor Hugo Olivares Ventura, rompiendo más de medio siglo de hegemonía tricolor y sucediendo al priísta Otto Granados Roldán. Desde entonces, PAN y PRI alternaron el poder, Carlos Lozano de la Torre lo recuperó para el tricolor entre 2010 y 2016 hasta que Martín Orozco y luego Tere Jiménez consolidaron el regreso panista. Hubo un tiempo en que votar por el PAN o votar por el PRI significaba opciones concretas sobre el modelo de gestión pública, la relación con el mercado, el papel del Estado.

Ese tiempo se fue terminando. Y la pregunta es cuándo exactamente, aunque la respuesta honesta sea: gradualmente y sin que nadie lo anunciara.

Las encuestas del primer semestre de 2026 (CE Research, mayo de 2026) mostraban a Toño Martín del Campo como el perfil más fuerte del PAN con ventajas de 15 puntos sobre el alcalde capitalino Leonardo Montañez en la interna. Morena, por su parte, compite con Arturo Ávila y Nora Ruvalcaba en una disputa interna donde los números cambian mes a mes. El PRI suma un 3% con Kendor Macías. El PRD, 0%.

Esos números cuentan una historia demográfica: la desaparición del tricolor como fuerza real. Pero cuentan también otra, menos obvia: que cuando un partido se derrumba, sus élites no desaparecen. Migran. Se reciclan. Encuentran acomodo. Y en ese proceso de reciclaje, las diferencias programáticas terminan siendo lo primero que se abandona.

La lógica, descrita desde hace más de un siglo por Robert Michels (1911) en su Ley de Hierro de la Oligarquía, es implacable: las organizaciones políticas, sin importar su origen ideológico, tienden a ser controladas por minorías que priorizan su propia conservación sobre cualquier principio fundacional. Lo que cambia en el México contemporáneo es la velocidad del proceso. Y la desvergüenza con que ocurre.

Nora Ruvalcaba y la política de la cooptación

Nora Ruvalcaba Gámez tiene una trayectoria que merece leerse con cuidado antes de simplificar. Nació en Pabellón de Arteaga en 1967, se formó como maestra normalista, estudió Derecho, militó en el PRD desde 1997 hasta 2014 y fue una de las fundadoras de Morena en Aguascalientes, su primera presidenta estatal. Fue regidora, diputada local y candidata a la gubernatura en 2022, cuando perdió frente a Teresa Jiménez (Wikipedia, 2024).

Es decir: no es una recién llegada ni una oportunista de manual. Tiene historia. Tiene militancia. Y eso hace más significativo, no menos, lo que ocurrió en enero de 2026, cuando se presentó al informe del senador panista Toño Martín del Campo. Y remató haiciendo invitación a Toño Martín del Campo en el entrevista para el medio Palestra, para que su adversario se sumará a Morena ya que la dirigencia del PAN no lo quieren.

En términos estrictamente factuales: una senadora de Morena asistió al evento de rendición de cuentas de un senador del PAN, coincidió con él en señalamientos sobre el caso Next Energy y generó deliberadamente o no, una imagen de convergencia que circuló en medios locales (Yahoo Noticias, 2026). No hubo declaración expresa de invitación a cambio de partido, en ese momento, ello llego luego en la entrevsita con Palestra. Pero lo que hubo fue algo más sutil: la construcción pública de un espacio de afinidad que supera la frontera partidista.

Puede interpretarse que esta estrategia responde a la lógica que Pierre Bourdieu (1991) identifica como acumulación de capital político mediante alianzas que amplían el campo de acción. Nora Ruvalcaba sabe que las encuestas de mayo de 2026 la muestra detrás por pocos puntos de Arturo Ávila dentro de Morena (CE Research, mayo 2026), también las encuestas muestran que aunque Arturo Ávila pueda ser el que por pocos puntos encabece las preferencias en población abierta para ser el candidato de Morena, se refleja en esas mismas encuestas que Arturo Ávila es el candidato con mayor rechazo acumulado por los ciudadanos, lo que refleja que ya él ya no va a crecer en la preferencia electoral y ello representa un estancamiento en la contienda constitucional porque simplemente la preferencia que acumula no le alcanza para derrotar a ninguno de los dos primeros lugares en la preferencia por el PAN, lo que de entrada lo debe de descartar para presentarse “el cero votos” en una contienda electoral en el Estado de Aguascalientes y que mejor busque otros escenarios donde le podría ser más favorable su imagen de empresario ligado al régimen de Carlos Lozano o al menos no se lo recuerden tanto. En ese contexto, cualquier señal para Nora Ruvalcaaba que amplifique su perfil de figure transversal, la beneficia al presentarse como alguien que puede dialogar más allá de las siglas, lo que tiene valor estratégico, por que Nora Ruvalcaba no tiene los números de rechazo que tiene Ávila.

¿Es eso pragmatismo legítimo o es cooptación encubierta? La pregunta no es retórica. Es el núcleo del problema: que la línea entre ambas cosas se ha vuelto imposible de trazar, y esa imposibilidad es en sí misma un síntoma de la crisis.

Cuando el adversario empieza a parecerte un aliado potencial, no es que hayas madurado políticamente. Es que probablemente ya no sabes bien qué defiende tu partido.

Toño Martín del Campo y la normalización del tránsito partidista

Juan Antonio Martín del Campo nació en febrero de 1972 y tiene 54 años. Lleva prácticamente toda su vida adulta dentro del PAN: militante desde 1998, diputado local en dos ocasiones, presidente del comité Estatal entre 2004 y 2007, presidente municipal de Aguascalientes entre 2014 y 2016, senador desde 2018 y reelecto en 2024 con mayoría relativa (PAN Senado, 2026). Por volumen y densidad de trayectoria, es difícil encontrar en el Estado un perfil más asociado a un partido específico.

Y sin embargo. Desde junio de 2025, antes incluso de que su informe legislativo de enero de 2026 atrajera la presencia de la senadora Nora Ruvalcaba, la columna política de El Heraldo de México ya recogía lo que circulaba en el ambiente político hidrocálido: que Martín del Campo «amenaza con no quedarse de brazos cruzados si lo vuelven a excluir» y que «en corto, hay quienes dicen que incluso estaría dispuesto a brincar de partido si no le dan juego» (El Heraldo de México, 2025). La columna lo atribuía a fuentes sin nombre, como suele ocurrir con este tipo de información política delicada. Pero lo relevante no es si el senador lo dijo exactamente así, ni que la fuente sea anónima, práctica periodística habitual en información política sensible. Lo relevante es el ecosistema de señales que se construye cuando nadie lo desmiente.

Lo relevante es que la información circuló, no fue desmentida con contundencia y generó la reacción que suelen generar estas cosas en la política mexicana: un encogimiento de hombros colectivo. Como si la posibilidad de que alguien con 28 años de militancia ininterrumpida en un solo partido cambiara de bando fuera algo perfectamente natural. Como si las siglas fueran ropa de temporada.

Resulta legítimo preguntarse qué significa un eventual tránsito de Martín del Campo fuera del PAN. No en términos de su trayectoria personal, que es asunto suyo, sino en términos de lo que revela sobre el Estado de los partidos como instituciones. Max Weber (1919) distinguía con claridad entre el político que vive de la política y el que vive para ella. El primero necesita del partido como plataforma; el segundo lo necesita como causa. La pregunta que los hechos disponibles permiten hacerse es cuál de los dos perfiles domina cuando se empiezan a explorar salidas.

Las encuestas recientes (CE Research, mayo 2026) siguen poniendo a Martín del Campo como el aspirante más fuerte para la gubernatura de 2027, con ventaja amplia sobre Morena y sobre el propio alcalde capitalino. Tiene, dicho en términos de Pierre Bourdieu, el mayor capital político acumulado del Estado en este momento. El problema es que el capital político, cuando se concentra en una persona y no en una organización, empieza a presionar los marcos institucionales. Los rompe o los condiciona.

Lorena Martínez: del PRI al pragmatismo permanente

Si hubiera que elegir un caso que condensa, sin necesidad de teoría adicional, lo que significa el pragmatismo político como modo de vida, ese sería el de Lorena Martínez Rodríguez.

Los hechos son verificables y abundantes. Más de cuatro décadas de militancia en el PRI. Diputada federal en dos legislaturas, por la vía plurinomila, porque algo queno cuenta ella, es que tiene mas derrotas electorales que triunfos en las urnas. Dirigente estatal del PRI en 2004. Presidenta municipal de Aguascalientes entre 2011 y 2013, una de las alcaldesas mejor evaluadas del Estado en ese período, según distintos registros. Candidata a la gubernatura en 2016, cuando perdió frente a Martín Orozco por menos de tres puntos porcentuales en la elección más cerrada de la historia reciente hidrocálida. Candidata al Senado en 2018, siendo derrotada y desplazado el PRI a la tercera fuerza en el Estado. En enero de 2019, anunció públicamente su retiro de la política, un episodio que El Clarinete recapituló en agosto de 2025 dentro de un perfil sobre su historial electoral (El Clarinete, 2025).

Luego el retiro que no fue retiro. En 2022 se incorporó al gabinete de la gobernadora panista Teresa Jiménez, la misma fuerza política contra la que compitió en 2016. En enero de 2024 se coquetea con Movimiento Ciudadano, incluso presumía en sus redes sociales sus nuevos tenis “fosfo” naranja, mientras aún fungía como directora del Instituto de Educación de Aguascalientes, en un gobierno panista. En agosto de 2025 confirmó ante medios locales que tiene «la intención de estar en la boleta del 2027«, evaluando la gubernatura o la alcaldía, sin partido definido (El Heraldo de Aguascalientes, 2025; El Sol del Centro, 2025).

En enero de 2026 precisó: «Hoy no tengo partido político, pero sí tengo una inquietud que he trabajado durante muchos años«. También señaló que descarta al PRI, que Movimiento Ciudadano no tiene las puertas cerradas, y que «la sociedad está buscando una tercera vía y esa vía hay que construirla» (LJA, 2026).

La frase merece subrayarse: la sociedad busca una tercera vía. Es un argumento político legítimo. Pero su credibilidad depende de quién lo formula y en qué contexto. Una política que pasó de candidata opositora a funcionaria del gobierno que combatió, luego a militante de un tercer partido y hoy a aspirante independiente de siglas o trabajar por el partido que se las preste, tiene un problema de coherencia narrativa que las buenas intenciones no resuelven solas.

Los hechos disponibles permiten observar que Lorena Martínez no es una tránsfuga en el sentido técnico-electoral del término: no ha migrado entre bancadas parlamentarias en curso. Es algo distinto: una política de capital propio que ha aprendido a usar los partidos como palancas instrumentales, sin que ninguno de ellos haya logrado contenerla ni representarla en sus propios términos. Eso dice algo sobre ella. Dice también algo sobre los partidos.

«Únicamente requiero un partido por lo que marca la ley electoral». Pocas frases resumen mejor el Estado actual de los partidos políticos en México.

Tere Jiménez y la gobernabilidad de las alianzas implícitas

Teresa Jiménez Esquivel es en toda la extensión del término, la figura que hasta ahora ha sabido manejar este tablero con mayor destreza. Gobernadora desde 2022 llegó al poder bajo una coalición PAN-PRI-PRD que concentró el voto opositor contra la marea de la Cuarta Transformación. Ganó en un Estado donde el tricolor ya se desmoronaba y donde el PRD apenas existe como organización de forma local y bien pertrechada en el control oligarca de la familia Sanchez Najera.

Desde entonces, su gobierno ha coexistido con dinámicas que, en otro contexto político, serían difíciles de sostener sin tensión. La expriista Lorena Martínez, su rival histórica de 2016, se incorporó a su gabinete como directora del IEA y luego como representante del gobierno estatal en Ciudad de México. Se trata de una colaboración entre dos perfiles con historias de confrontación directa que encontraron terreno común bajo el paraguas institucional.

Desde una perspectiva analítica, esto puede leerse de dos formas que pueden ser mutuamente incluyentes. La primera: que Jiménez tiene la habilidad pragmática de construir gobernabilidad incorporando perfiles con capital político propio, lo que reduce fricciones y amplía su base de apoyo. La segunda: que la incorporación de liderazgos ajenos a su partido al aparato gubernamental actúa como mecanismo de neutralización: si Lorena Martínez está dentro del gobierno, no puede estar completamente enfrente.

Ambas lecturas son compatibles. Y ninguna es necesariamente deshonesta en términos de gestión pública. El problema no es la gobernabilidad de alianzas; el problema es cuando esa lógica de alianzas implícitas termina borrando por completo los contornos de un proyecto político. Cuando el gobierno se convierte en un espacio tan poroso que ya no se sabe bien qué representa más allá de sí mismo.

Pero existe otra dos lecturas que generan preguntas que permiten por lo revuelto del río las conspiraciones por la oscuridad de los hechos, la primera sería: ¿Qué le sabe Lorena Martínez a Teresa Jimenez que la gobernadora le permite obrar públicamente en conspiraciones de palacio por la búsqueda del poder en contra del partido de la gobernadora, ello, mientras Lorena Martínez recibe ingresos a costa del erario público?, y la otra aun más devastadora para el panismo de Aguascalientes ¿acaso ya la gobernadora de Aguascalientes surgida del PAN ya pacto con Morena una “transición democrática”, y por eso, el perfil de Lorena Martínez como operadora de Tereza Jimenez, lista siempre a mudarse de piel cuando las exigencias lo pidan, se encuentra disponible para sumarse a la búsqueda de una candidatura bajo las siglas de Morena, y con ello conservar el poder como grupo, aunque sea con las siglas del supuesto odiado rival político del PAN que es Morena, puede pasar, si el PAN ya se ha reconciliado con el PRI porque no con Morena, todo sea para que una minúscula élite conserve el poder y la “Ley de hierro” se cumpla.

La pregunta principal que Aguascalientes deberá responder en 2027 y que este ciclo político está construyendo con cada movimiento es, si habrá algún candidato capaz de proponer algo más que una trayectoria personal reconocible.

La crisis de representación: cuando el ciudadano pierde el mapa

Hay un efecto concreto de todo lo anterior que merece nombrarse con precisión: la ciudadanía pierde la capacidad de orientarse en el espacio político mediante los referentes que supuestamente le proveen los partidos.

Giovanni Sartori (1992) argumentaba que los partidos cumplen una función de reducción de la complejidad: le dicen al votante, de manera simplificada, qué conjunto de valores y preferencias de política pública representa cada opción en la boleta. Cuando los partidos pierden coherencia programática, esa función se quiebra. El votante no puede saber qué está eligiendo porque las diferencias entre opciones ya no son sustantivas, sino biográficas.

En Aguascalientes, un ciudadano que quisiera orientarse hoy por las posiciones ideológicas de los candidatos al poder ejecutivo en 2027 encontraría serias dificultades. El candidato más fuerte del PAN tiene vínculos con el exgobernador Martín Orozco, cuyo proceso judicial sigue suspendido por amparo y ha recibido señales implícitas de apertura por parte de la senadora de Morena. La candidata más visible de Morena tiene historia en el PRD y ha construido puentes públicos con el panismo. La política con mayor capital propio del Estado no tiene partido y evaluará opciones conforme se acerque el proceso.

El resultado es una sopa de letras donde las siglas ya no informan sobre proyectos. Informan, en el mejor de los casos, sobre redes de lealtad y sobre acceso a financiamiento electoral. Guillermo O’Donnell (1994) utilizaba el concepto de democracia delegativa para describir sistemas donde el voto no transfiere un mandato programático sino una autorización personal: el ganador puede gobernar como le parezca, porque nadie votó por un programa sino por una figura. Lo que ocurre en Aguascalientes agrega un ingrediente adicional que O’Donnell también anticipó: cuando los partidos no tienen programas verificables, la rendición de cuentas se vuelve imposible no solo después de la elección, sino antes de ella, y esto explica porqué es tan deficiente la rendición de cuentas y transparencia especialmente en estos momentos de la vida democrática de Aguascalientes, en donde aparte el árbitro está seleccionado a modo.

Una democracia sin partidos con contenido programático es como un mapa sin referencias: puedes moverte, pero no sabes a dónde vas ni de dónde vienes.

Lo que Weber, Sartori, Bourdieu, Bauman y O’Donnell explicarían

No hace falta importar teoría para explicar lo que ocurre en Aguascalientes. Pero la teoría ayuda a nombrar lo que de otro modo queda flotando como anécdota.

Max Weber (1919) distinguía entre dos éticas en tensión permanente en la política: la ética de la convicción, que actúa en función de principios sin importar las consecuencias, y la ética de la responsabilidad, que actúa ponderando los resultados posibles. Max Weber no consideraba que una fuera superior a la otra; el político maduro, decía, debía sostener ambas en tensión creativa. Lo que describe la dinámica política hidrocálida actual no es ninguna de las dos: es una ética de la supervivencia, que actúa en función exclusiva de la conservación de la posición. Eso es lo que Max Weber no perdonaría.

Pierre Bourdieu (1991) entendía el campo político como un espacio estructurado por relaciones de fuerza donde los agentes compiten por la acumulación y conversión de capital político. Lo que ocurre con el transfuguismo y el reciclaje de liderazgos puede leerse como estrategia de reconversión de capital: cuando el capital acumulado bajo una sigla empieza a depreciarse, el agente busca portarlo bajo otra marca que le permita seguir compitiendo. El partido, en esta lógica, no es una comunidad de valores sino un vehículo de acumulación.

Giovanni Sartori (1992) había diagnosticado la crisis de los partidos con claridad clínica: los partidos pierden su función representativa cuando dejan de agregar preferencias ciudadanas y se convierten en maquinarias de colocación de élites. Lo que hoy llamamos «candidatos ciudadanos» o «terceras vías» suele ser exactamente eso: la misma élite sin las siglas que se volvieron incómodas.

Zygmunt Bauman (2000) habló de modernidad líquida para describir un mundo donde las identidades colectivas, incluyendo las políticas, se han vuelto contingentes, temporales, intercambiables. Lo que en otro momento fue convicción ideológica se ha convertido en preferencia de consumo: se lleva mientras resulta útil, se cambia cuando deja de serlo. Los partidos políticos mexicanos no son la excepción a esta lógica; son uno de sus ejemplos más ilustrativos.

Y Guillermo O’Donnell (1994) completaría el cuadro señalando que en los sistemas de democracia delegativa, la crisis no es únicamente de representación vertical, ciudadanos que no encuentran eco en sus gobernantes, sino también de accountability horizontal: la capacidad de las instituciones para controlarse mutuamente. Es una dimensión distinta y complementaria a la representación. En Aguascalientes, esa dimensión se vuelve visible cuando el caso Next Energy, denunciado en foros legislativos por senadores de partidos distintos, incluida la propia Ruvalcaba, no deriva en investigaciones institucionales concluyentes, o cuando el proceso judicial del exgobernador Martín Orozco permanece suspendido por amparo sin que ninguna institución local ejerza presión efectiva. No se trata de afirmar culpabilidades no determinadas por tribunales: se trata de señalar que la ausencia de rendición horizontal de cuentas produce exactamente el entorno en que el pragmatismo sin principios florece.

Lo que está en juego en 2027

Hay algo que los procesos electorales tienden a hacer bien: revelar. No necesariamente lo que está en juego en términos de política pública, eso pocas veces queda claro en campaña, sino lo que realmente estructura el campo político. Y lo que la carrera por la gubernatura de Aguascalientes en 2027 está revelando, con la claridad incómoda de los hechos documentados, es que el Estado tiene un problema de fondo que ningún candidato ha nombrado todavía con honestidad.

El problema no es quién gobierna. El problema es que los marcos institucionales que deberían orientar la competencia política (los partidos como intermediarios entre ciudadanía y poder), están tan vaciados de contenido que ya no cumplen esa función. Lo que queda es una competencia entre trayectorias personales que se mueven entre siglas según la temperatura del momento, y una ciudadanía que debe elegir sin referentes claros.

Nora Ruvalcaba tendiendo puentes hacia el panismo. Toño Martín del Campo construyendo asociaciones civiles para pre-campaña mientras el rumor de un posible salto partidista no se desvanece. Lorena Martínez declarando que solo necesita un partido «por lo que marca la ley electoral«. Tere Jiménez gobernando con el pragmatismo de quien sabe que los proyectos importan menos que los equilibrios.

La evidencia sugiere que lo que Aguascalientes necesita para 2027 no es simplemente un cambio de nombres en la boleta. Necesita que alguien en ese tablero tenga el valor o la imprudencia, que en política suelen ser la misma cosa, de proponer algo que no sea su propia trayectoria como argumento. Necesita partidos que sean algo más que vehículos electorales y candidatos que sean algo más que marcas personales.

Resulta legítimo preguntarse si eso ocurrirá. La historia reciente de la política hidrocálida no invita al optimismo fácil. Pero la ciudadanía que exige cuentas, que distingue entre promesa y trayectoria, que no normaliza lo que no debería normalizarse, sigue siendo el único mecanismo que puede forzar ese cambio.

Los partidos sin ideología son un síntoma. La ciudadanía sin exigencia es el diagnóstico definitivo.

La democracia no muere de un golpe. Muere de la acumulación cotidiana de cosas que dejamos de considerar escandalosas.

Referencias

Bauman, Z. (2000). Liquid modernity. Polity Press.

Bourdieu, P. (1991). Language and symbolic power. Harvard University Press.

CE Research. (2026, mayo). Encuesta estatal rumbo a la gubernatura de Aguascalientes 2027. Campaigns and Elections México. https://ceonline.com.mx/post/aguascalientes-encuesta-estatal-2026-05/

El Clarinete. (2025, agosto 16). Lorena Martínez: historial de derrotas electorales en Aguascalientes. https://www.elclarinete.com.mx/lorena-martinez-historial-de-derrotas-electorales-en-aguascalientes/

El Heraldo de Aguascalientes. (2025). Lorena Martínez se ve en la boleta 2027. https://www.heraldo.mx/lorena-martinez-se-ve-en-la-boleta-2027/

El Heraldo de México. (2025, junio 26). Aguascalientes: fuego cruzado en casa azul. https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2025/6/26/aguascalientes-fuego-cruzado-en-casa-azul-710324.html

El Heraldo de México. (2025, diciembre 11). Ruta 2027: la revancha Martín del Campo-Ruvalcaba. https://heraldodemexico.com.mx/opinion/2025/12/11/ruta-2027-la-revancha-martin-del-campo-ruvalcaba-751667.html

El Sol del Centro. (2025, agosto 12). Sin definir partido, Lorena Martínez confirma que buscará la gubernatura de Aguascalientes en 2027. https://oem.com.mx/elsoldelcentro/local/sin-definir-partido-lorena-martinez-confirma-que-buscara-la-gubernatura-de-aguascalientes-en-2027-25176330

LJA Noticias. (2026, enero 16). Lorena Martínez descarta al PRI en su búsqueda por una candidatura a la alcaldía o gubernatura de Aguascalientes. https://www.lja.mx/2026/01/lorena-martinez-descarta-al-pri-en-su-busqueda-por-una-candidatura-a-la-alcaldia-o-gubernatura-de-aguascalientes/

Michels, R. (1911). Political parties: A sociological study of the oligarchical tendencies of modern democracy. Hearst’s International Library (ed. en inglés, 1915).

O’Donnell, G. (1994). Delegative democracy. Journal of Democracy, 5(1), 55–69.

PAN Senado. (2026). Senador Juan Antonio Martín del Campo. https://www.pan.senado.gob.mx/integrantes/senador-juan-antonio-martin-del-campo/

Sartori, G. (1992). Partidos y sistemas de partidos: marco para un análisis. Alianza Editorial.

Weber, M. (1919). La política como vocación. En Economía y sociedad (trad. española, Fondo de Cultura Económica, 1964).

Wikipedia. (2024). Nora Ruvalcaba Gámez. https://en.wikipedia.org/wiki/Nora_Ruvalcaba_G%C3%A1mez

Yahoo Noticias. (2026, enero 28). Busca Nora Ruvalcaba intervención de FGR en caso Next Energy. https://es-us.noticias.yahoo.com/busca-nora-ruvalcaba-intervenci%C3%B3n-fgr-035720561.html

Joahana Bolaños / Diego de Alba

Joahana Bolaños / Diego de Alba

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