CUANDO LOS HOMENAJES SUSTITUYEN A LA ESTRATEGIA

“El PRI no es un partido político, es el paisaje de México”.
—Frase atribuida a Carlos Fuentes
En política, el tiempo lo es todo. Las decisiones acertadas no dependen únicamente de lo que se hace, sino también del momento en que se hace. Una estrategia brillante ejecutada demasiado tarde puede terminar convertida en un acto meramente testimonial.
Eso parece estar ocurriendo con la dirigencia estatal del Partido Revolucionario Institucional en Aguascalientes.
Después de varios años de presencia política limitada, escasa articulación interna y distanciamiento respecto de su propia militancia, resulta inevitable preguntarse si los recientes reconocimientos a exgobernadores priistas representan el inicio de una auténtica estrategia de reconstrucción o solamente un intento tardío por recuperar un capital político que permaneció desaprovechado durante demasiado tiempo.
Los partidos políticos no se fortalecen mediante ceremonias. Se fortalecen con organización, planeación, liderazgo, cercanía y trabajo permanente.
La política no admite vacíos. Cuando una dirigencia deja de convocar, otros liderazgos ocupan su espacio. Cuando deja de escuchar a la militancia, esta disminuye su participación. Y cuando abandona la construcción de acuerdos internos, surgen las divisiones, la apatía y el desencanto.
Durante los últimos años, el PRI en Aguascalientes ha enfrentado uno de los momentos más complejos de su historia reciente. Sin embargo, lejos de impulsar un proceso profundo de reorganización, ha predominado una conducción reactiva antes que estratégica, como lo demuestran sus malos resultados políticos, electorales y organizativos.
Una dirigencia estatal tiene la obligación de construir la unidad, no solamente de administrarla. Debe sumar a los distintos grupos políticos, integrar generaciones, reconciliar diferencias y aprovechar la experiencia acumulada por quienes han contribuido a la construcción del partido durante décadas.
Ningún dirigente ni grupo representa por sí solo a la totalidad del priismo. La unidad requiere diálogo permanente, inclusión, generosidad política y disposición para reconocer que la reconstrucción únicamente será posible mediante la participación de todas sus expresiones.
Uno de los mayores activos históricos del PRI ha sido su capacidad para integrar corrientes diversas dentro de un mismo proyecto político. Cuando esa capacidad desaparece, el partido pierde estructura territorial, presencia social y competitividad electoral.
A ello se agrega otro elemento igualmente preocupante: el alejamiento de la militancia y de los simpatizantes.
Los partidos viven de su organización territorial. Los comités seccionales, los liderazgos naturales de las colonias y comunidades, las mujeres, los jóvenes, los sectores y las organizaciones no son simples espectadores. Constituyen el verdadero capital político de cualquier instituto partidista.
Cuando sus integrantes dejan de sentirse escuchados, convocados o tomados en cuenta, difícilmente mantienen el mismo nivel de compromiso.
La política no puede ejercerse únicamente desde las oficinas. Debe construirse en las colonias, los ejidos, los municipios, las comunidades, las rancherías, las universidades y los sectores productivos. Sobre todo, debe construirse escuchando a quienes continúan creyendo en el partido, incluso en sus momentos más difíciles.
Por ello, resulta legítimo preguntarse si los homenajes recientes a los exgobernadores debieron realizarse mucho antes y formar parte de una estrategia integral de reconciliación, unidad y fortalecimiento institucional.
Los exgobernadores representan una parte importante de la memoria política del PRI en Aguascalientes.
Independientemente de las valoraciones que cada ciudadano haga de sus administraciones, forman parte de la historia del partido y acumulan experiencia, relaciones y liderazgo que pudieron incorporarse desde el inicio a un proyecto serio de reconstrucción.
Reconocerlos ahora puede ser un gesto positivo. Sin embargo, ese reconocimiento pierde parte de su impacto cuando llega después de años de escasa integración política.
Los homenajes, por sí mismos, no reconstruyen estructuras, no generan nuevos liderazgos, no recuperan la confianza perdida y no sustituyen la organización territorial. Mucho menos reemplazan una estrategia política de largo plazo.
El PRI no necesita únicamente eventos simbólicos. Necesita un proyecto claro y una dirigencia que convoque en lugar de dividir; que escuche antes de decidir; que construya consensos en lugar de limitarse a administrar diferencias, y que privilegie la estrategia sobre la improvisación.
Todavía existe tiempo para reconstruir al partido, pero ese tiempo se agota rápidamente.
Las elecciones no se ganan unos meses antes de la jornada electoral. Se construyen mediante años de trabajo permanente, formación de cuadros, cercanía con la ciudadanía, presencia territorial y unidad interna.
La historia demuestra que ningún partido político resurge únicamente por la fuerza de su pasado. Resurge cuando comprende los errores del presente y desarrolla la capacidad de corregirlos.
El verdadero reconocimiento a la historia del PRI no consiste solamente en rendir homenaje a quienes gobernaron. Consiste en aprender de sus aciertos, reconocer sus errores y construir una dirigencia capaz de unir, planear y conducir al partido hacia el futuro.
El PRI de Aguascalientes aún está a tiempo. El priismo continúa existiendo y sus administraciones dejaron obras, instituciones y resultados que están a la vista. Corresponde a sus militantes explicarlos, difundirlos y defenderlos con argumentos en todos los foros y espacios públicos.
También debe reconocerse que el partido comenzó a perder terreno cuando se alejó de las calles, las colonias, las comunidades y las rancherías; cuando sustituyó el activismo permanente por la política de oficina y dejó de escuchar directamente la voluntad y las necesidades de la ciudadanía.
Desde sus antecedentes como Partido Nacional Revolucionario, pasando por el Partido de la Revolución Mexicana y hasta su transformación en Partido Revolucionario Institucional, el PRI desempeñó un papel determinante en la construcción y el desarrollo del estado de Aguascalientes.
Durante distintas etapas de la vida pública estatal, los gobiernos surgidos del PRI contribuyeron de manera decisiva a la creación y consolidación de instituciones, al desarrollo de infraestructura, a la ampliación de la oferta educativa y cultural, al crecimiento económico y a la construcción de políticas orientadas al bienestar social.
Esa aportación histórica debe reconocerse y defenderse. Sin embargo, tampoco puede utilizarse como refugio frente a los errores del presente. La historia otorga identidad, pero no garantiza el futuro.
La acción política de nuestro tiempo exige reinventarse, actuar de manera diferente, reconocer con orgullo los orígenes del partido y construir una estrategia adecuada para los desafíos del siglo XXI.
No se puede hacer política partidista en pleno siglo XXI utilizando únicamente las fórmulas del siglo XX. Se requiere mayor compromiso, apertura, participación efectiva de la militancia, formación de nuevos liderazgos, comunicación con la sociedad y evaluación permanente de los resultados.
La militancia no es una concesión de la dirigencia. Tampoco puede calificarse, condicionarse o administrarse desde una oficina. El compromiso y la convicción se encuentran arraigados en quienes han defendido al partido en los momentos más difíciles, incluso cuando sus dirigentes se han alejado de ellos.
A todos esos militantes va dirigido este llamado.
Llegó el momento de sacudirse la apatía, superar las divisiones y recuperar la presencia en las calles. Llegó el momento de volver a las colonias, las comunidades, los municipios y las rancherías; de escuchar a los ciudadanos y reconstruir, desde abajo, la confianza que se ha perdido.
El PRI de Aguascalientes no necesita vivir únicamente de sus recuerdos. Necesita transformar su historia en experiencia, su militancia en organización y su identidad en una estrategia de futuro.
Porque los homenajes pueden reconocer el pasado, pero solamente el trabajo, la unidad y una conducción legítima podrán reconstruir al partido.
Despertar siempre es positivo. Pero en política, despertar demasiado tarde puede significar haber perdido la oportunidad de cambiar el rumbo.







