Oportunidades ante el Mundial

Dentro de algunos años, cuando hablemos de la Copa del Mundo de Futbol 2026 ¿qué será lo que más recordaremos? Quizá se hablará del equipo campeón, de las figuras, de los goles y, estoy seguro, del orgullo de que México haya sido anfitrión, por tercera ocasión, de la justa deportiva más importante del planeta.
Pero cuando el último silbatazo haya sonado y las luces de los estadios se apaguen, quedará una pregunta mucho más importante: ¿qué tanto aprovechamos esta oportunidad para construir un mejor país?
Al Mundial debemos verlo como algo mucho más grande que una competencia deportiva. Es una oportunidad extraordinaria para mostrar al mundo la mejor versión de México y para generar beneficios que permanezcan mucho tiempo después de que termine el torneo.
Y es precisamente aquí donde surge una reflexión que vale la pena plantear.
La experiencia internacional demuestra que los países que mejor aprovechan este tipo de eventos son aquellos que entienden que se trata de una plataforma para impulsar turismo, atraer inversión, fortalecer infraestructura y posicionar una marca de país ante el mundo.
El verdadero éxito de certámenes como éste o los Juegos Olímpicos, no se mide únicamente por las competencias, sino por el legado que dejan para sus ciudades y sus economías.
Desde esa óptica, para el caso de nuestro país, resulta difícil identificar una estrategia nacional claramente articulada que permita visualizar cuál será el legado integral que dejará el Mundial.
En materia de infraestructura, por ejemplo, durante los últimos años se han tomado decisiones que no necesariamente responden a las necesidades del México de las próximas décadas, sino a las urgencias del presente y a visiones de corto alcance.
El caso del aeropuerto Felipe Ángeles salta a la vista. Nuestro país pudo haber aprovechado esta ocasión para consolidar, para los próximos treinta o cuarenta años, una visión mucho más ambiciosa de conectividad, movilidad y competitividad internacional que lo obtenido al final, mismo que, paradójicamente, no termina de despegar.



La seguridad es otra de las grandes oportunidades que se dejan pasar. La llegada de miles de visitantes no modificará una realidad que millones de mexicanos enfrentan todos los días. La inseguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones ciudadanas y uno de los factores que más impactan la percepción internacional del país. En ese contexto, quienes vivimos en Aguascalientes reconocemos que contamos con una condición que no debe darse por sentada.
Ninguna estrategia de promoción económica o turística puede ser más poderosa que la confianza que genera un entorno seguro. Nuestra entidad se mantiene de manera consistente entre las ciudades con menor percepción de inseguridad del país, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI. Conservar la tranquilidad que nos distingue exige trabajo permanente, coordinación institucional y una participación activa de la sociedad para evitar que los problemas que afectan a otras regiones terminen normalizándose aquí.
Otro desafío está relacionado con la confianza social. Cuando desde el poder se generan expectativas que después no encuentran condiciones reales para cumplirse, inevitablemente aparece la frustración. Las tensiones recientes con sectores del magisterio son un ejemplo de ello. Los grandes problemas nacionales requieren diálogo, responsabilidad financiera, capacidad de negociación y soluciones sostenibles. Lamentablemente, las promesas sin fundamento pueden generar esperanza; pero los resultados son los que generan confianza.
Por si fuera poco, al no tener la planeación adecuada por la autoridad correspondiente en las ciudades sede, algunas de las actividades complementarias diseñadas alrededor del Mundial son, con justa razón, objeto de críticas, porque han dejado al margen a miles de pequeños negocios, restaurantes, comercios familiares y prestadores de servicios turísticos, indispensables para acompañar un evento de esta magnitud.
También es importante que exista transparencia y acceso público a la información relacionada con los proyectos alrededor del evento. Los ciudadanos tenemos derecho a conocer los objetivos, alcances y resultados de las inversiones realizadas. La confianza se fortalece cuando las acciones públicas pueden ser evaluadas con claridad y cuando los beneficios son visibles para la población.
En realidad, el reto para México no era demostrar que podemos organizar un evento mundial. Eso ya lo hemos hecho antes y volveremos a hacerlo con éxito gracias a la gente. El verdadero desafío consistía en aprovechar este momento para construir un mejor país y para mostrar al mundo una nación que no solamente celebra sus fortalezas, sino que también enfrenta con seriedad y responsabilidad sus desafíos.
Insisto. La pregunta no es si México está a la altura de la experiencia deportiva que el mundo espera. La pregunta es si lograremos transformar esa experiencia en beneficios permanentes para nuestras ciudades, nuestras comunidades y nuestras futuras generaciones.
Por esta ocasión, es evidente que el rostro positivo de México hacia el mundo no será la estrategia gubernamental. Lo memorable para los próximos años, y lo que recordarán quienes hoy nos visitan, serán la pasión, el entusiasmo y la hospitalidad de nuestra gente, la grandeza de nuestra historia, el sabor de nuestra gastronomía y la riqueza de nuestra cultura.







