Cada gota cuenta: los más de 6 mil bordos que sostienen al campo de Aguascalientes

Distribuidos en todo el territorio estatal, estos depósitos de tierra captan agua de lluvia para el ganado y, en menor medida, para el riego de parcelas. En un estado con todos sus acuíferos sobreexplotados, esta infraestructura modesta se ha convertido en una de las más solicitadas por los productores.
En un estado donde cada lluvia puede marcar una diferencia para el campo, almacenar agua significa ganar tiempo: tiempo para que el ganado beba durante la seca, para que una parcela de temporal aguante unas semanas más sin agua del cielo, para que una familia productora no dependa por completo de un acuífero que, según la propia Comisión Nacional del Agua (Conagua), ya no tiene margen para dar más. En ese contexto opera una infraestructura sencilla, hecha casi siempre de tierra compactada, que muchos aguascalentenses cruzan sin notar: el bordo.
Más de 6 mil bordos
De acuerdo con la información difundida por el Gobierno del Estado de Aguascalientes a través de su Secretaría de Desarrollo Rural y Agroempresarial (Sedrae), la entidad cuenta actualmente con más de 6 mil bordos distribuidos en su territorio, cuya función es captar y almacenar agua de lluvia para apoyar las actividades agrícolas y ganaderas. El titular de la dependencia, Isidoro Armendáriz, señaló que la mayoría de esta infraestructura funciona como abrevadero —es decir, provee agua al ganado— mientras que otra parte apoya el riego complementario de parcelas de temporal.
La cifra no corresponde a construcciones recientes exclusivamente: se trata del inventario acumulado de bordos existentes en el estado, resultado de décadas de obra pública y privada en el medio rural, al que cada año se suman nuevas construcciones y rehabilitaciones. Reportes de la propia Sedrae de 2025 precisan que, solo durante los primeros cinco meses de ese año, más de 3 mil productores fueron beneficiados con trabajos de construcción o rehabilitación de bordos, con una inversión conjunta —entre Gobierno del Estado y productores— cercana a los 4 millones de pesos en ese periodo. Es decir, los «más de 6 mil» bordos representan el parque total de esta infraestructura en el estado, no el número de obras realizadas en un solo año.

¿Qué es un bordo?
Un bordo es una obra de tierra, generalmente construida mediante un tajo o excavación reforzada con un terraplén, que aprovecha la topografía natural para captar y retener el agua de lluvia que escurre por arroyos, cañadas o superficies agrícolas. No requiere concreto ni tecnología sofisticada: su función depende de la pendiente del terreno, el volumen de escurrimiento y el mantenimiento periódico.
Con el tiempo, sedimentos y materia orgánica se acumulan en el fondo y reducen su capacidad, por lo que necesita desazolve —limpieza y profundización— para seguir funcionando. Ese trabajo de rehabilitación, según la Sedrae, puede recuperar hasta 50% de la capacidad de almacenamiento original de un bordo azolvado.
Agua para el campo, no una solución universal
La función más extendida de los bordos en Aguascalientes es la de abrevadero: dar de beber al ganado en sistemas de ganadería extensiva, donde los animales pastan en potreros alejados de redes de agua entubada. Contar con un bordo cercano reduce los desplazamientos del ganado en busca de agua, lo que —de acuerdo con especialistas en manejo pecuario en sistemas semiáridos— puede favorecer un mejor aprovechamiento del pastizal y reducir el estrés animal en época de calor.
En agricultura, el papel de los bordos es más acotado: sirven principalmente como riego de auxilio o complementario para parcelas de temporal, no como sustituto de sistemas de riego tecnificado. La diferencia es relevante porque la mayor parte de la agricultura aguascalentense de temporal depende de la lluvia como fuente principal, y un bordo únicamente ofrece un colchón adicional cuando el ciclo de lluvias se retrasa o se interrumpe, no una fuente permanente de irrigación.
Es importante no confundir la capacidad de almacenamiento de un bordo con el agua efectivamente disponible: buena parte del volumen captado se pierde por evaporación —intensa en el clima semiárido del estado— e infiltración, y la cantidad real depende de cuánto y cuándo llueva cada año. Un bordo bien mantenido capta más agua; uno azolvado o mal ubicado puede perder gran parte de su capacidad incluso en años de lluvias normales.
El reto de fondo: acuíferos sin margen
El programa de bordos no ocurre en el vacío. Aguascalientes es, según datos de Conagua citados en el Plan Hídrico Estatal, uno de los estados con menor disponibilidad de agua renovable per cápita del país, y sus principales acuíferos —entre ellos el interestatal Calvillo-Aguascalientes— están clasificados como sobreexplotados y sin disponibilidad para nuevas concesiones desde hace años. Estudios académicos recientes calculan que la sobreexplotación del subsuelo estatal ronda los 284 millones de metros cúbicos anuales, y que la agricultura concentra alrededor del 70% del agua que se extrae en el estado, aunque aporta una fracción menor del PIB estatal.
En ese escenario, cada bordo que retiene agua superficial de lluvia representa, en teoría, un litro menos que debe extraerse del subsuelo. Sin embargo, sería impreciso —y la evidencia disponible no lo respalda— afirmar que los bordos por sí solos resuelven la sobreexplotación de los acuíferos aguascalentenses o compensan su déficit. Se trata de una herramienta de manejo del agua superficial que complementa, sin sustituir, una política hídrica más amplia que incluye reúso de aguas tratadas, tecnificación del riego y control de concesiones subterráneas.
El monitoreo de sequía de Conagua ha registrado a Aguascalientes libre de condiciones de sequía durante buena parte de 2026, aunque reportes periodísticos de la primavera de ese año advirtieron que varios bordos y presas del estado estaban por agotar sus reservas antes del inicio de las lluvias, con algunas presas operando entre 10% y 30% de su capacidad hacia marzo. El dato ilustra un punto central: la ausencia de sequía meteorológica no garantiza que la infraestructura de almacenamiento esté llena, porque depende del comportamiento específico de las lluvias de cada temporada.
Productores y comunidades
Los beneficiarios directos del programa son agricultores y ganaderos que solicitan la construcción o rehabilitación de un bordo en sus predios, así como avecindados de comunidades agrarias, de acuerdo con las reglas de operación publicadas por el Gobierno del Estado. La Sedrae reportó que, durante los primeros meses de 2025, más de 3 mil productores accedieron a este apoyo, y en reportes más recientes de rehabilitación de bordos en distintos municipios se han documentado beneficios para grupos de alrededor de 300 productores por convocatoria.
No existe, hasta donde permite la información pública consultada, una cifra oficial que distinga con precisión cuántas personas se benefician de manera indirecta —por ejemplo, mediante el abasto de agua a comunidades rurales completas— frente a los solicitantes directos.
Construir, rehabilitar y mantener: tres tareas distintas
El programa estatal distingue, al menos operativamente, entre construir un bordo nuevo, rehabilitar uno existente que perdió capacidad por sedimentación y dar mantenimiento periódico a la infraestructura ya en uso. El Gobierno del Estado aporta maquinaria pesada —para tajos, subsoleos y nivelaciones— mientras los productores participan con mano de obra, terrenos y, en muchos casos, una aportación económica bajo un esquema de coinversión.
La materia orgánica extraída durante el desazolve, según la Sedrae, se reutiliza como fertilizante natural o para nivelar caminos y parcelas, un aprovechamiento adicional que no debe confundirse con el objetivo hídrico central de la obra.


Una herramienta de resiliencia, no una garantía
Frente a la variabilidad de las lluvias y a la proyección de organismos que anticipan una reducción de hasta 15% en la disponibilidad de agua para la región hacia 2030, la infraestructura de captación superficial puede contribuir a la adaptación de los productores agropecuarios ante ciclos secos más frecuentes o intensos. Esa es la formulación que respalda la evidencia disponible: los bordos pueden apoyar la resiliencia productiva frente a la variabilidad climática, no «combatirla» ni revertir sus causas.
Su eficacia real depende de factores muy concretos: la cantidad de lluvia que caiga cada año, la ubicación y diseño de cada bordo, la frecuencia de su mantenimiento, la sedimentación acumulada y la disponibilidad de infraestructura complementaria, como sistemas de riego tecnificado. Un bordo sin desazolve pierde capacidad con cada temporada; uno mal ubicado puede captar menos agua de la esperada. Por eso el programa de rehabilitación —no solo el de construcción— ocupa un lugar central en la estrategia estatal.
El futuro del campo
Con acuíferos sin margen de extracción adicional y una demanda agropecuaria que no desaparecerá, la gestión del agua superficial —de la que los bordos son una pieza— se perfila como un componente permanente, no coyuntural, de la política rural de Aguascalientes. La pregunta relevante hacia adelante no es cuántos bordos más se construirán, sino qué proporción de los más de 6 mil existentes se mantiene en condiciones óptimas de captación, y cómo esa infraestructura se articula con otras herramientas —tecnificación de riego, reúso de agua tratada, ordenamiento de concesiones— para aliviar la presión sobre el subsuelo.
Los bordos de Aguascalientes no son una solución definitiva al problema del agua, pero tampoco son un dato menor: representan miles de puntos donde la lluvia, en lugar de escurrir y perderse, queda disponible para el ganado y, en menor medida, para las parcelas de temporal. En un territorio donde el subsuelo ya no tiene agua de sobra, aprovechar cada precipitación que cae sobre la superficie —y mantener en buen estado la infraestructura que la retiene— es una tarea que, más que un programa de gobierno, se ha convertido en una necesidad estructural para sostener la actividad agropecuaria del estado.







