Del baldío a la partitura: así nace en el oriente de Aguascalientes un lugar donde los sueños se aprenden a tocar

La Casa de Música Los Cactus abre sus puertas a niñas, niños y jóvenes de 7 a 17 años con clases gratuitas de siete instrumentos. Es la nueva sede de COMPÁZ y una pieza más de la transformación de un espacio que hace años era solo un terreno baldío.
En el fraccionamiento Valle de los Cactus, al oriente de la ciudad, hay una esquina —Paseo de la Biznaga y Salvador Ramírez Martín del Campo— que hasta hace no mucho tiempo era apenas un baldío. Hoy, en ese mismo terreno, conviven una cancha de fútbol con pasto sintético, una cancha multiusos, una trotapista, aparatos para ejercitarse y juegos infantiles. Y desde esta semana, algo más: un edificio con aulas, un foro y una velaria donde, de lunes a sábado, empezarán a escucharse violines, trompetas, guitarras y tambores.
Es la Casa de Música Los Cactus, el más reciente espacio cultural inaugurado por el presidente municipal Leo Montañez en el marco de la gira de difusión de su Segundo Informe de Actividades. El proyecto se suma a una pregunta que, más allá de la ceremonia de apertura, vale la pena hacerse: ¿qué ocurre cuando un terreno que antes no tenía uso se convierte en un lugar donde niñas, niños y jóvenes pueden jugar, hacer deporte y, ahora también, aprender música?

Un espacio, un instrumento, una posibilidad
La Casa de Música Los Cactus fue pensada para recibir a niñas, niños y jóvenes de entre 7 y 17 años, sin costo alguno. Ahí podrán aprender a tocar percusión, piano, guitarra eléctrica y acústica, bajo, trompeta o violín, en horarios de lunes a viernes —de 9:00 a 11:00, de 16:00 a 18:00 y de 18:00 a 20:00 horas— además de un turno los sábados. Para inscribirse no se requiere más que acudir directamente a las instalaciones.
Que el acceso sea gratuito no es un detalle menor. Aprender un instrumento suele implicar costos que muchas familias no pueden cubrir: clases particulares, academias privadas, el instrumento mismo. Eliminar esa barrera no garantiza por sí solo que el talento florezca, pero sí abre una puerta que de otro modo permanecería cerrada para buena parte de las infancias y juventudes del oriente de la ciudad.
Detrás de cada uno de esos instrumentos hay, en principio, una posibilidad: la de aprender a escuchar, a esperar el turno para tocar, a ensayar una y otra vez hasta que una pieza suena como debe sonar. La música no resuelve por sí misma los retos que enfrentan niñas, niños y jóvenes, pero distintos estudios en pedagogía musical la asocian con el desarrollo de la disciplina, la memoria, la coordinación, la concentración y el trabajo en equipo, además de ofrecer un canal de expresión y convivencia. Es, en ese sentido, una herramienta de formación tan relevante como cualquier aula tradicional.
La nueva sede de COMPÁZ
La Casa de Música Los Cactus no nace como un proyecto aislado: se incorpora como una nueva sede de COMPÁZ, la Comunidad de Orquestas Municipales de Aguascalientes que opera el Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura (IMAC) desde 2017, con el propósito de fomentar la inclusión y el derecho a la cultura a través de la enseñanza musical. El programa, que ya reúne ensambles como big band, banda sinfónica, orquesta de cámara, orquesta sinfónica y coro infantil y juvenil, genera actualmente más de 3 mil 600 clases al año, según cifras dadas a conocer durante la inauguración.
El director general del IMAC, Iván Alejandro Sánchez Nájera, explicó que en Los Cactus se consolidará una orquesta típica y que, junto con otras sedes como las escuelas COMPÁZ de Pocitos y Lomas del Mirador, el programa integrará en conjunto a alrededor de 500 niñas, niños y jóvenes. Son cifras que corresponden a lo informado por la propia autoridad cultural en el evento de apertura y que, como toda cifra institucional, conviene seguir de cerca conforme el programa avance.
Sumar una sede en el oriente responde también a una lógica de distribución territorial: acercar la oferta cultural a zonas de la ciudad donde antes había menos equipamiento de este tipo, en lugar de concentrarla únicamente en el centro.
Lo que ya existía y lo que se suma ahora
Conviene distinguir qué es exactamente lo nuevo. La cancha de fútbol con pasto sintético, la cancha multiusos, la trotapista, los aparatos para ejercitarse y los juegos infantiles forman parte de una intervención urbana previa en el mismo predio, que convirtió un terreno baldío en un espacio deportivo y recreativo para las familias del fraccionamiento Valle de los Cactus. Lo que se inauguró ahora es específicamente la Casa de Música: el edificio de aulas, el foro y la velaria destinados a la enseñanza musical.
Es una distinción útil porque ayuda a entender el proyecto en su verdadera dimensión: no se trata solo de un edificio nuevo, sino de una pieza que se integra a un conjunto de infraestructura ya existente, ampliando lo que ese espacio puede ofrecer a la comunidad. De un terreno sin uso a una cancha, de una cancha a un parque con juegos infantiles, y de ahí a un lugar donde también se puede aprender a tocar un instrumento: esa es la secuencia de transformación que describe la propia autoridad municipal.



La visión detrás del proyecto
Durante la inauguración, Leo Montañez subrayó que a lo largo de sus dos periodos al frente del Municipio ha impulsado el arte y la cultura como una vía para que niñas, niños y jóvenes cuenten con opciones de desarrollo y con un uso productivo de su tiempo libre. Es un mensaje que conviene tomar por lo que es —una declaración política en el marco de un informe de gestión— sin atribuirle, sin evidencia que lo respalde, efectos que no se han demostrado: ni la Casa de Música ni ningún espacio cultural puede garantizar por sí solo que un joven se aleje de la delincuencia o mejore su desempeño escolar. Lo que sí puede ofrecer, de manera más modesta y más verificable, es un espacio alternativo de formación, convivencia y aprovechamiento del tiempo libre, que se suma a los esfuerzos que ya existen en materia de desarrollo comunitario.
La regidora presidenta de la Comisión Permanente de Cultura, Cindy Ruvalcaba de Loera, refrendó en el evento el respaldo del Cabildo a este tipo de proyectos, que —dijo— construyen comunidad e impulsan talentos. Al acto también asistieron el diputado local Emanuel Sánchez Nájera, integrantes del gabinete municipal, del Consejo de la Ciudad y vecinas y vecinos de fraccionamientos cercanos.
El oriente, protagonista territorial
Que un proyecto de esta naturaleza se ubique en el oriente de la ciudad tiene un peso propio en la historia. Las zonas de crecimiento más reciente de las ciudades suelen ser también las que llegan más tarde a contar con equipamiento cultural, deportivo o recreativo consolidado; no porque sean zonas «problemáticas», sino porque la infraestructura urbana tiende a construirse primero en las áreas de mayor antigüedad. Llevar una casa de música a una colonia donde antes solo había un baldío es, en ese sentido, una forma de nivelar el acceso a la cultura entre distintas partes de la ciudad.





Lo que viene
La inauguración de la Casa de Música Los Cactus se inscribe en la gira de trabajo del Segundo Informe de Actividades de Leo Montañez, un ejercicio en el que la administración municipal presenta ante la ciudadanía los proyectos realizados durante el periodo. Que una obra forme parte de esa narrativa de resultados no la exime de una pregunta más importante, y que solo el tiempo podrá responder: si las clases se sostienen, si el cupo se amplía, si la orquesta típica que se busca consolidar en Los Cactus efectivamente toma forma y si, dentro de algunos años, alguno de los niños o jóvenes que hoy se inscriban por primera vez a tocar un instrumento pueda decir que ese aprendizaje cambió algo en su manera de ver su propio futuro.
Por ahora, lo que hay es un edificio nuevo, un programa con trayectoria de casi una década, y una convocatoria abierta: niñas, niños y jóvenes de 7 a 17 años que quieran aprender a tocar percusión, piano, guitarra, bajo, trompeta o violín, sin costo, con solo presentarse en la esquina de Paseo de la Biznaga y Salvador Ramírez Martín del Campo, en el fraccionamiento Valle de los Cactus. El talento, dicen quienes trabajan todos los días en la formación musical de la infancia y la juventud, casi nunca es el problema. Lo que suele faltar son los espacios, los maestros y los instrumentos para que ese talento tenga dónde crecer. Eso es, en el fondo, lo que esta nueva Casa de Música intenta ofrecer.







