CULTURA DEL ESFUERZO

CULTURA DEL ESFUERZO

Imagina una competencia deportiva donde participa tu hija o tu hijo. 

Se preparó para ese momento por meses. Entrenó todos los días, soportó cansancio físico y mental, cuidó su alimentación, renunció a reuniones con amigos y mantuvo su disciplina incluso cuando nadie estaba observando.

Finalmente, el día de la competencia se esfuerza, da lo mejor de sí y supera a los demás. 

Tú estás feliz por su logro y justo cuando vas a celebrarlo a su lado, los jueces anuncian que todos recibirán el mismo premio. No importa quién llegó primero o quién lo hizo mejor o quién quedó al final. La justificación es que no pueden hacer que alguien se sienta mal por no haber ganado.

A final de cuentas, el esfuerzo que hizo pudo habérselo ahorrado y recibir el mismo premio.

¿Estarías de acuerdo?

Si tu respuesta, como la mía, es no, la situación se vuelve mucho más importante cuando hablamos de la educación escolar, y de la posibilidad de que estudiantes de educación básica avancen de grado aun cuando presenten bajos niveles de aprovechamiento.

Precisamente ahora que casi 290 mil niñas y niños en Aguascalientes regresan a las aulas para iniciar el ciclo 2026-2027, y más de 23 millones lo harán en el resto de México, el debate merece ser tomado con seriedad, porque detrás de una calificación existe algo mucho más importante: la formación de una persona.

Entendamos primero que la escuela no es un coliseo donde compiten unos contra otros. Es, a mi forma de ver, un espacio de colaboración donde las y los estudiantes logren superarse a sí mismos. 

En este punto debo ser muy claro. Reconocer a quienes sobresalen en la escuela no significa que debamos señalar, excluir o menospreciar a quienes tienen dificultades para aprender. No todos los estudiantes parten del mismo lugar.

Hay niñas y niños que enfrentan carencias económicas, problemas familiares, dificultades de aprendizaje o circunstancias que hacen mucho más complicado alcanzar determinados resultados. Ellos necesitan apoyo, acompañamiento, mejores herramientas y oportunidades. Pero ayudarlos a avanzar no significa que debamos eliminar las metas.

Una sociedad con valores no se construye borrando los objetivos, sino ayudando a que más personas puedan alcanzarlos. Ese es, para mí, uno de los puntos que no debemos perder de vista.

Durante los últimos años hemos escuchado críticas al modelo educativo tradicional por considerarlo demasiado individualista, competitivo o centrado en los resultados. Incluso quizá muchos recuerden aquella imagen de una señora bailando y cantando, como una forma de cuestionar la educación basada en la disciplina, la exigencia y el desempeño individual.

Pero vale la pena preguntarnos qué ocurre cuando llevamos esa idea demasiado lejos, porque reconocer que cada estudiante aprende de manera diferente no significa que debamos dejar de pedirle que dé lo mejor de sí.

En nuestra vida cotidiana como adultos, por ejemplo, ¿cuál es la expectativa cuando se abre la oportunidad de un ascenso en el lugar de trabajo? Para alcanzar esa meta trabajas con dedicación, llegas puntualmente, cumples con todas las responsabilidades, aceptas tareas adicionales y aprendes nuevas habilidades. 

Después de que pusiste mucho esfuerzo por ocupar ese nuevo puesto, la empresa determina que todos deben recibir exactamente la misma promoción, incluso quienes no cumplieron con los objetivos, porque no quiere que nadie se sienta afectado o se quede atrás.

Probablemente estarás pensando que no es justo. Y no porque quienes hallan fallado sean menos valiosos como personas, sino porque el esfuerzo también merece reconocimiento.

Lo mismo debería ocurrir en nuestras escuelas. Una buena calificación no convierte a una niña o a un niño en una persona superior a sus compañeros, pero sí puede representar horas de estudio, disciplina, perseverancia, sacrificios y un genuino deseo de superarse. Y ese esfuerzo merece ser reconocido.

El panorama en nuestro país también nos obliga a analizar el problema con mayor profundidad. De acuerdo con los indicadores en materia de educación, en México las tasas de reprobación en el nivel básico han disminuido considerablemente en los últimos años. Es decir, se reprueba menos, pero el rendimiento escolar no crece más.

Esto nos dice que el reto no puede reducirse simplemente a conseguir que más estudiantes sean aprobados y avancen al siguiente grado. El verdadero desafío es asegurarnos de que pasar de año escolar signifique también avanzar en conocimientos, habilidades y capacidades.

Si dejamos de exigir a nuestros estudiantes un estándar mínimo de desempeño, corremos el riesgo de enseñarles algo mucho más perjudicial que una mala calificación: que el esfuerzo es opcional y que las consecuencias pueden desaparecer cuando resultan incómodas.

En el futuro esos mismos niños serán jóvenes que tendrán responsabilidades académicas, laborales y familiares. Serán ciudadanos que tendrán que cumplir compromisos, tomar decisiones y responder por sus actos. ¿Estarán capacitados para hacerlo?

La escuela no solamente prepara para un examen; también prepara para la vida. El inicio del ciclo escolar 2026-2027 es una excelente oportunidad para preguntarnos qué queremos que nuestros estudiantes se lleven de las aulas cuando llegue el momento de enfrentar esa vida.

Queremos que adquieran no solamente conocimientos, sino también disciplina, responsabilidad, perseverancia y la satisfacción de saber que una meta alcanzada tiene un valor especial cuando se construyó con esfuerzo.

Por eso necesitamos una educación que sea sensible, incluyente y capaz de atender a quienes enfrentan las mayores dificultades, pero que al mismo tiempo tenga metas claras y reconozca a quienes trabajan para alcanzarlas.

No se trata de premiar al que tuvo más ventajas, sino de no quitarle el mérito a quien, aun enfrentando dificultades, decidió esforzarse.

Se trata de enseñar que equivocarse no es fracasar; fracasar es dejar de intentarlo. Que una mala calificación puede ser el punto de partida para mejorar, y que alcanzar una meta después de haber trabajado por ella tiene un valor que no deberíamos hacer invisible.

En Aguascalientes creemos en una cultura donde el trabajo, la disciplina y la superación personal siguen teniendo un lugar. Queremos niñas y niños que sepan que cuentan con nosotros cuando tengan dificultades, pero que también sepan que creemos en su capacidad para superarlas.

Porque educar no es hacer que todos lleguen al mismo lugar sin importar el camino recorrido. Educar es darle a cada persona las herramientas necesarias para llegar tan lejos como sea capaz.

En este nuevo ciclo escolar, debemos tener la sensibilidad y la responsabilidad para ayudar a quien enfrenta dificultades, pero también, la honestidad para reconocer el esfuerzo de quien logró superar las adversidades para lograr la meta después de haber dado lo mejor de sí.

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

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