Mientras Khaled aprendía a caminar, su mamá aprendía a coser

Guadalupe Elizabeth Cortés López pasó varios años dedicada por completo a su hogar. Junto a su esposo, Ulises, se enfocó en criar a sus tres hijos, Max, Jay y Khaled. Fue en algún punto de esa rutina, entre la casa y los niños, cuando empezó a sentir algo que no tenía nombre todavía: ganas de aprender algo para ella misma.
El problema era práctico y, para muchas madres, muy conocido. Khaled, el menor, era apenas un bebé. ¿Cómo tomar un curso, ir a clases, sostener un compromiso de meses, si hay un niño pequeño que necesita atención constante? Guadalupe necesitaba algo accesible para la economía familiar y compatible con el cuidado de su hijo. Durante un tiempo, esa combinación pareció no existir.
Entonces apareció, a través de redes sociales, información sobre los talleres del Centro de Atención Integral de la Mujer (CAIM), del DIF Estatal de Aguascalientes. Guadalupe pidió información y descubrió dos cosas que resolvían, al mismo tiempo, sus dos obstáculos: los cursos eran gratuitos y el CAIM contaba con servicio de guardería.

Guadalupe quería aprender, pero también tenía que cuidar a su hijo
Antes del CAIM, la disyuntiva de Guadalupe era la misma que enfrentan muchas madres con hijos pequeños: capacitarse suele exigir tiempo, desplazamientos y continuidad, justo los recursos que más escasean cuando hay un bebé a cargo. No se trataba de falta de interés ni de voluntad; se trataba de logística. Sin un lugar seguro donde dejar a Khaled, cualquier curso —por bueno que fuera— quedaba fuera de su alcance real.
Dos servicios que le abrieron la puerta: capacitación y guardería
Con esa información en mano, Guadalupe se inscribió al Taller de Corte y Confección del CAIM. Mientras ella tomaba clases, Khaled —que entonces tenía apenas un año— quedaba al cuidado del personal de la guardería del centro. Fue esa combinación, y no solo el curso en sí, lo que hizo posible su participación: un espacio de aprendizaje para ella y un espacio de cuidado para su hijo, funcionando al mismo tiempo y en el mismo lugar.
Seis meses de Corte y Confección que cambiaron su manera de verse
El taller duró seis meses. Guadalupe reconoce que al principio sintió temor de enfrentarse a algo distinto a su rutina habitual. Pero, según relató, ese temor fue cediendo con las clases: hizo nuevas amistades, fue descubriendo capacidades que no sabía que tenía y, poco a poco, ganó confianza en sí misma.
Ese proceso —aprender una técnica, sostenerla durante meses, convivir con otras mujeres en una situación parecida— es, en sí mismo, un dato relevante más allá de la costura: habla de constancia y de una red de acompañamiento que se formó alrededor del taller.

Mientras ella aprendía, Khaled también crecía
Uno de los momentos que Guadalupe recuerda con más cariño no tiene que ver con la costura, sino con su hijo. Durante los seis meses que Khaled asistió a la guardería del CAIM, dio dos pasos que cualquier padre reconoce como hitos: comenzó a caminar y comenzó a hablar, acompañado en todo momento por el personal docente del lugar.
No fue una coincidencia menor. Mientras Guadalupe aprendía a manejar una máquina de coser y a trazar un patrón, su hijo atravesaba, en la habitación de al lado, una de las etapas más importantes de su primer desarrollo. Para Guadalupe, poder presenciar ambos procesos —el suyo y el de Khaled— sin tener que elegir entre uno y otro fue parte central de la experiencia.
«Me cambió la vida, soy una mujer diferente. Antes todo giraba alrededor de mi familia y ahora sé que también puedo hacer cosas por mí, aprender y salir adelante.»
— Guadalupe Elizabeth Cortés López
¿Qué cambió, en concreto? Según lo que ella misma relató, cambió su percepción de lo que era capaz de hacer fuera del rol que había sostenido por años; aprendió un oficio nuevo —corte y confección—; y, sobre esa base, hoy sostiene un proyecto personal en construcción. No se trata de una transformación abstracta: tiene un nombre (el taller), una habilidad concreta (coser) y una meta específica (vender sus propias prendas).
De aprender un oficio a imaginar un negocio propio
Terminado el taller, ese aprendizaje empezó a tomar forma de proyecto. Con el apoyo de su esposo, quien la motivó y le regaló una máquina de coser, Guadalupe ya elabora prendas para ella y su familia. Su siguiente meta es instalar un pequeño taller en su propia casa y comenzar a vender sus creaciones.
Vale la pena ser precisos aquí: Guadalupe no relató contar todavía con un negocio consolidado ni con ingresos regulares por la venta de prendas. Lo que existe hoy es una habilidad adquirida, una máquina de coser, prendas ya elaboradas para el uso familiar y una meta clara hacia adelante. Es, en sus propias palabras y en los hechos documentados, un proyecto en construcción, no un punto de llegada.
Cuando el cuidado infantil también se convierte en una puerta de acceso a la capacitación
La historia de Guadalupe permite ver algo que suele quedar invisible: la disponibilidad de un espacio de cuidado infantil puede ser, para una madre con hijos pequeños, tan determinante para acceder a la capacitación como el propio curso. No es un dato exclusivo de Aguascalientes. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, del INEGI, muestra que las mujeres en México dedican en promedio 9.4 horas más a la semana que los hombres al cuidado de niñas y niños de 0 a 5 años, y que destinan 66.8% de su tiempo total de trabajo a actividades domésticas, de cuidados y voluntarias, frente a 33.2% en el caso de los hombres.
Esa carga de tiempo no es un detalle menor: cuando el cuidado de un hijo pequeño recae mayoritariamente en una persona, cualquier actividad adicional —un curso, un empleo, una capacitación— compite directamente con esas horas. Por eso, un servicio que resuelve ambas necesidades al mismo tiempo —formación y cuidado— no es un beneficio adicional, sino, para muchas mujeres, la condición misma de posibilidad para poder participar.

El CAIM: capacitación para mujeres que buscan nuevas habilidades
El Centro de Atención Integral de la Mujer (CAIM) es el espacio del DIF Estatal de Aguascalientes donde Guadalupe tomó su taller. De acuerdo con la información institucional disponible, el CAIM ofrece talleres de capacitación gratuitos para mujeres, entre ellos el de Corte y Confección que cursó Guadalupe, y cuenta con servicio de guardería para las asistentes que tienen hijas o hijos pequeños. El propio DIF Estatal señala que estas alternativas están dirigidas de manera particular a mujeres, madres solteras y jefas de familia interesadas en capacitarse.
Las mujeres interesadas en conocer la oferta de talleres pueden acudir a las instalaciones del CAIM, ubicadas en avenida Ayuntamiento No. 318, Barrio de la Estación, Aguascalientes, o comunicarse al teléfono 449 918 33 40 para solicitar información actualizada sobre horarios, requisitos y cursos disponibles.
Una historia individual que ilustra el valor de crear oportunidades
Guadalupe no llegó al CAIM como «una ama de casa que recibió ayuda». Llegó como una mujer que tomó una decisión —quería aprender algo para ella— y que se topó con una dificultad concreta y resoluble: no tenía con quién dejar a su hijo. Encontrar un programa que resolviera ambas cosas a la vez —capacitación y cuidado— fue lo que le permitió pasar de la inquietud a la acción, y de la acción al aprendizaje de un oficio que hoy sostiene un proyecto propio.
Guadalupe reconoció públicamente al DIF Estatal, a su presidenta, Aurora Jiménez Esquivel, y al Gobierno del Estado por impulsar este tipo de programas, así como al personal del CAIM y de la guardería, cuyo acompañamiento —dijo— hizo posible que ella pudiera capacitarse mientras su hijo permanecía en un espacio de cuidado.








