Cinco años, cinco certificados: lo que hay detrás de la basura de Aguascalientes

El relleno sanitario San Nicolás obtuvo en septiembre de 2026 su quinta certificación consecutiva bajo la norma NOM-083-SEMARNAT-2003. Detrás del anuncio hay una operación diaria de más de mil toneladas de residuos, una vida útil que se agota y una ciudad que ya proyecta su próximo sitio de disposición final.
Cada mañana, antes de que la mayoría de los hidrocálidos despierte, camiones recolectores recorren colonias, avenidas y comunidades para levantar lo que la ciudad desechó el día anterior. Ese material —restos de comida, empaques, papel, escombro doméstico— sigue una ruta que pocos ven: pasa por estaciones de transferencia, se pesa, se compacta, se cubre con tierra y, finalmente, se entierra bajo capas de ingeniería diseñadas para que no contamine el suelo, el agua ni el aire.
Ese ciclo, repetido sin pausa desde hace casi tres décadas, es el que el 8 de septiembre de 2026 llevó al Municipio de Aguascalientes a anunciar la quinta certificación consecutiva del relleno sanitario San Nicolás, un reconocimiento que —según la administración de Leo Montañez— convierte a la ciudad en la única en el país con cinco verificaciones seguidas bajo la misma norma ambiental.
La quinta certificación
El anuncio se hizo en el patio del Palacio Municipal, con la presencia de Sarahi Macías Alicea, secretaria de Sustentabilidad, Medio Ambiente y Agua del Estado; del regidor Alejandro Serrano Almanza, presidente de la Comisión de Limpia y Alumbrado, y de Alfonso Chávez Vasavilbaso, gerente técnico de la Unidad de Verificación UVAC, responsable de auditar el cumplimiento de la norma.
Montañez destacó que San Nicolás es, según cifras del propio Municipio, el único relleno sanitario municipal del país con cinco certificaciones consecutivas.

Qué significa realmente la certificación
Conviene precisar qué acredita este documento y qué no. La certificación corresponde a la NOM-083-SEMARNAT-2003, norma oficial mexicana publicada en 2003 y vigente desde diciembre de 2004, que fija las especificaciones de protección ambiental para la selección del sitio, diseño, construcción, operación, monitoreo y clausura de un relleno sanitario. No es una ley, sino un estándar técnico de cumplimiento obligatorio para cualquier sitio de disposición final en el país.
La evaluación no la realiza el gobierno federal directamente, sino Unidades de Verificación acreditadas por la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA) y aprobadas por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). En el caso de San Nicolás, la responsable es la Unidad de Inspección ‘Alfonso Chávez Vasavilbaso’ (UVAC), acreditada bajo el registro UVMARN 011. El procedimiento es voluntario: lo solicita el propio municipio, y el secretario de Servicios Públicos, Carlos España Martínez, ha señalado que Aguascalientes comenzó ese proceso en 2022, lo que explica la secuencia de cinco verificaciones entre 2022 y 2026.
Es importante distinguir esta certificación de otros instrumentos: una autorización ambiental habilita la operación de un sitio antes de que funcione; una licencia es el permiso legal para operar; una certificación como la NOM-083 confirma, de manera periódica —en este caso anual—, que la operación sigue cumpliendo los criterios técnicos, y una inspección es un acto puntual de verificación dentro de ese proceso.
Ninguna de ellas certifica ausencia total de impacto ambiental, sino cumplimiento con parámetros definidos: impermeabilización, control de lixiviados, manejo de biogás, cobertura de celdas, monitoreo y procedimientos de clausura. San Nicolás cuenta, además, con certificaciones de gestión de calidad ISO 9001 e ISO 14001, que evalúan procesos administrativos y de gestión ambiental, distintas de la NOM-083.
Qué hay detrás de la operación de San Nicolás
El relleno sanitario San Nicolás de Arriba inició operaciones el 1 de diciembre de 1998, con una inversión inicial declarada de 10 millones de pesos, de acuerdo con testimonios de funcionarios municipales recogidos por medios locales. Desde entonces ha funcionado bajo la norma 083 y ha acumulado certificaciones de calidad a lo largo de distintas administraciones.
El sitio recibe residuos no solo de la ciudad capital, sino también de municipios del interior del estado y de empresas privadas, lo que le da una cobertura prácticamente estatal. Según cifras declaradas por el Municipio, ahí se depositan actualmente alrededor de 1,100 toneladas diarias de basura —una cifra que ha crecido de forma sostenida: en 2023 la autoridad hablaba de mil toneladas diarias, y a mediados de 2025 ya se reportaba que la generación superaba esa marca—.
El relleno opera con sistemas de impermeabilización, compactación y cobertura diaria de celdas, además de un sistema de captación de biogás que conduce el gas generado por la descomposición de los residuos hacia un centro de distribución para su aprovechamiento como bioenergía, según explicó el secretario de Servicios Públicos a mediados de 2025.
El volumen de residuos que genera Aguascalientes
Detrás de cada certificación hay una operación de escala considerable. Un investigador de la Universidad Autónoma de Aguascalientes ha calculado que cada habitante del estado genera en promedio 800 gramos de basura al día, una cifra menor a la de otras ciudades turísticas del país, pero que se multiplica por una población en crecimiento constante. El municipio contaba en 2024 con más de 4,500 contenedores distribuidos en la ciudad, cifra que aumentará con la reciente incorporación de mil contenedores metálicos adicionales.
Aguascalientes destaca, además, en un indicador poco conocido: según datos del INEGI correspondientes a 2022, el estado encabezó a nivel nacional la recepción de materiales reciclables en centros de acopio, con un promedio de 14.6 toneladas diarias, equivalente al 46.3% del total nacional recolectado con fines de reciclaje.
El ciclo completo de gestión de residuos en la ciudad sigue una secuencia clara: recolección domiciliaria, transporte, en algunos casos transferencia, pesaje y control de ingreso al relleno, disposición final, compactación, cobertura con material térreo, y monitoreo ambiental permanente de lixiviados y biogás.


La evolución de la política municipal: cinco años, cinco certificaciones
El proceso de certificación bajo la NOM-083 no nació con la actual administración, pero sí se ha sostenido íntegramente durante ella. La secuencia documentada por comunicados oficiales y medios locales es la siguiente:
- Primera verificación: Realizada en 2022.
- Segunda verificación: Entregada el 6 de octubre de 2023.
- Tercera verificación: Entregada en octubre de 2024.
- Cuarta verificación: Entregada en diciembre de 2025.
- Quinta verificación: Entregada el 8 de septiembre de 2026.
Las cinco corresponden al periodo en que Leo Montañez ha encabezado el gobierno municipal, primero en su periodo 2021-2024 y después en su reelección para 2024-2027.
Esto significa que la continuidad del programa de certificación —su origen como decisión voluntaria del municipio en 2022— y su sostenimiento durante los últimos cinco años sí corresponden a la gestión de Montañez, pero la infraestructura física del relleno, su diseño original y casi 25 años de operación previa son herencia de administraciones anteriores, que se remontan a 1998.
La gestión de Leo Montañez
En este marco, el papel de la actual administración debe entenderse como el de conducción política e institucional, no como ejecución técnica directa. Los criterios ambientales los verifica una unidad de inspección independiente; los procesos operativos —compactación, impermeabilización, manejo de lixiviados y biogás— los realizan ingenieros y operadores de la Secretaría de Servicios Públicos.
Lo que corresponde a la administración municipal es la decisión de someterse voluntariamente a la verificación desde 2022, mantener el presupuesto y el personal necesarios para sostenerla, y acompañar la certificación con programas de separación ciudadana como ‘Lunes de Basura que no es Basura’ y ‘Por un Aguascalientes aún más Limpio, Yo Reciclo’, además de una colaboración con la cementera Cruz Azul para el reciclaje de las llantas que llegan al relleno.
Infraestructura y modernización de los servicios públicos
La certificación no ocurre de forma aislada. Apenas unos días antes del anuncio, el 2 de septiembre de 2026, la gobernadora Tere Jiménez y Leo Montañez encabezaron la entrega de 20 nuevos camiones recolectores, mil contenedores metálicos, ocho camionetas de 3.5 toneladas y dos barredoras mecánicas de alta descarga, con una inversión declarada por el Municipio de más de 170 millones de pesos, destinada a renovar el parque vehicular de la Secretaría de Servicios Públicos.
El municipio ha señalado además, en comunicados previos, una inversión cercana a 30 millones de pesos orientada a garantizar la disposición final adecuada de residuos por varios años adicionales, aunque la fecha exacta de ese anuncio no pudo confirmarse de manera independiente. La lógica detrás de estas inversiones es que la gestión de residuos no comienza en el relleno: comienza en el hogar, continúa en el contenedor de la colonia, sigue con la recolección y termina en la disposición final; fallar en cualquier eslabón presiona a los siguientes.
Resultados ambientales: qué protege una buena disposición final
Una operación adecuada de un relleno sanitario protege directamente el suelo, el agua subterránea, el aire y la salud de las comunidades cercanas. Los dos riesgos técnicos centrales son los lixiviados —el líquido que se filtra a través de los residuos y que, sin control, puede contaminar mantos acuíferos— y el biogás, compuesto principalmente por metano y dióxido de carbono, generado por la descomposición orgánica, que representa riesgo de explosión y es un gas de efecto invernadero si se libera sin tratamiento.
La cobertura diaria de los residuos con material térreo reduce fauna nociva, malos olores y la dispersión de partículas, mientras que el monitoreo ambiental permanente —de agua, aire y estabilidad del terreno— es lo que permite detectar fallas antes de que se conviertan en daños irreversibles. En San Nicolás, de acuerdo con declaraciones de la Secretaría de Servicios Públicos, el biogás captado se conduce a un centro de distribución para su transformación en bioenergía, en lugar de liberarse directamente a la atmósfera.

El reto de fondo: una vida útil que se agota
Aquí es donde la historia se vuelve menos triunfalista y más urgente. En abril de 2026, el propio secretario de Servicios Públicos, Carlos España Martínez, admitió públicamente que el relleno tiene una vida útil aproximada de dos años si no se realiza ninguna intervención adicional. ‘Ya se avecina nuestra etapa de clausura del relleno sanitario’, reconoció el funcionario.
| Declaración Clave (Abril 2026): «Ya se avecina nuestra etapa de clausura del relleno sanitario.» — Carlos España Martínez, Secretario de Servicios Públicos. |
La alternativa que analiza el municipio es reabrir etapas previamente clausuradas, después de que estudios de factibilidad detectaran que la degradación natural de la materia orgánica —que representa cerca del 25% de los residuos depositados— ha reducido el volumen ocupado en esas secciones, lo que podría sumar hasta seis años adicionales de operación.
Meses antes, en diciembre de 2025, otro reporte había hablado de una posible extensión de la vida útil hasta 2035, una cifra más optimista que no coincide exactamente con el cálculo de abril de 2026, lo que sugiere que las proyecciones se han ido ajustando conforme avanzan los estudios técnicos.
En paralelo, el municipio ya trabaja en un relleno sanitario de nueva generación: ha adquirido 17 hectáreas contiguas a San Nicolás y está en proceso de comprar 15 más, con miras a construir, cruzando la carretera del sitio actual, una instalación con una vida útil proyectada de hasta 20 años, cuyas obras podrían iniciar en 2026. Es un dato que conviene subrayar con claridad: la certificación ambiental acredita que el relleno opera hoy conforme a la norma; no resuelve, por sí misma, el problema de que ese mismo sitio se acerca al límite de su capacidad física.
El siguiente desafío: reducir, separar, reciclar
La quinta certificación demuestra cumplimiento normativo sostenido, pero el crecimiento de la ciudad —y, con él, de la generación de residuos— hace que la disposición final por sí sola deje de ser una estrategia suficiente a mediano plazo.
Los programas municipales de separación doméstica y los centros de acopio de materiales reciclables, en los que Aguascalientes ya destaca a nivel nacional, apuntan en la dirección correcta, pero el reto de fondo —reducir lo que se genera, separar más desde el origen, aprovechar materiales orgánicos e inorgánicos y me planear con años de anticipación la infraestructura de disposición final— es una tarea que trasciende cualquier certificación anual y cualquier administración en particular.
La quinta certificación consecutiva de San Nicolás es, ante todo, evidencia de continuidad: un municipio que decidió en 2022 someterse voluntariamente a una verificación ambiental externa y que ha sostenido ese compromiso, con inversión y personal, durante cinco años y dos administraciones bajo el mismo alcalde.
Es un logro operativo e institucional documentado por una unidad de verificación acreditada, no una declaración vacía. Pero el mismo comunicado que celebra la certificación reconoce, en la voz de sus propios funcionarios, que el relleno se acerca al límite de su vida útil. La verdadera prueba de la política de residuos de Aguascalientes no se jugará en la sexta certificación, sino en si la ciudad logra reducir lo que genera, reciclar más de lo que ya recicla y dejar lista a tiempo la siguiente infraestructura de disposición final.








