Aguascalientes cruza la frontera sin maletas: cultura e identidad mexicana llegan a Los Ángeles

Aguascalientes cruza la frontera sin maletas: cultura e identidad mexicana llegan a Los Ángeles

Cuando una banda escolar hidrocálida desfiló por la avenida César E. Chávez, no solo sonó música: sonó la memoria de miles de familias que viven en Estados Unidos sin dejar de sentirse de Aguascalientes.

El pasado 13 de septiembre, una delegación de Aguascalientes participó en el 80° Desfile del Día de la Independencia de México en el este de Los Ángeles, el más antiguo y uno de los más grandes de su tipo en Estados Unidos. Más allá del boletín oficial, el hecho abre una pregunta más profunda: qué significa, para una comunidad migrante, ver llegar hasta su calle las bandas, los trajes y los caballos del lugar de donde salieron sus padres o sus abuelos.

Una niña nacida en Boyle Heights, que nunca ha pisado la Plaza Patria de Aguascalientes, se para de puntitas para ver pasar un traje de china poblana bordado a mano. No sabe pronunciar bien «hidrocálida». Tampoco necesita saberlo. Lo que sí sabe es que su abuela llora un poco cuando suena una banda de viento, y que ese llanto no es de tristeza. A unos metros, un hombre que migró de Calvillo hace veinte años graba con su celular para mandarle el video a su madre. En la avenida César E. Chávez, cada 13 de septiembre, México no llega de visita: México ya vivía ahí, esperando el desfile para hacerse visible.

Esa escena, repetida con variaciones en miles de familias, es el verdadero centro de esta historia. El desfile es la puerta de entrada. Lo que hay detrás es una relación de ochenta años entre una ciudad estadounidense y un país que nunca terminó de irse de ella.

I. Aguascalientes cruza la frontera

De acuerdo con información difundida por el Gobierno del Estado de Aguascalientes, una representación del estado participó este año en el desfile de Los Ángeles con bandas escolares, demostraciones ecuestres, grupos de danza folclórica, carruajes y otros elementos culturales propios de la entidad. Es, en la superficie, una nota protocolaria: un gobierno estatal envía una delegación cultural a un evento en el extranjero. Pero reducirlo a eso sería quedarse en la cáscara de la historia.

El desfile de Los Ángeles no es un escaparate cualquiera. Es, según describe el propio Departamento de Asuntos Culturales de la ciudad de Los Ángeles, una celebración que reúne cada año a federaciones de migrantes que representan a distintos estados de la República mexicana, con carros alegóricos, bandas de escuela, unidades de charrería y grupos folclóricos. Que Aguascalientes tenga presencia ahí no es un gesto aislado: es sumarse a un ritual migrante que Jalisco, Michoacán, Zacatecas, Guanajuato y otras entidades sostienen desde hace décadas como una manera de decirle a su gente en el extranjero: seguimos siendo de ustedes.

II. Ochenta años de una celebración mexicana en Los Ángeles

El Desfile del Día de la Independencia de México en el Este de Los Ángeles nació en 1946. Lo organiza, desde entonces, el Mexican Patriotic Civic Committee Inc., una asociación comunitaria que este 2026 cumple, a su vez, 95 años de existencia. En sus primeros años el recorrido no era el actual: iba desde La Placita Olvera, en el centro histórico de Los Ángeles, hasta Lincoln Park, hasta que en 1953 se trasladó definitivamente al este de la ciudad, donde permanece hasta hoy.

La edición número 80 se realizó el domingo 13 de septiembre de 2026 sobre la avenida East César E. Chávez, entre las calles Mednik y Gage, con un festival posterior en la avenida Mednik. El evento fue transmitido en vivo por la cadena ABC7, con el cantante sonorense «El Dasa» como gran mariscal y la supervisora del condado de Los Ángeles, Hilda Solis, como comariscal -en su último año en el cargo antes de buscar un escaño en el Congreso de Estados Unidos-. El tema de esta edición fue, sin casualidad, «tradición, familia y cultura».

Se le describe, de forma consistente en medios como Los Angeles Times y en la propia documentación municipal, como el desfile mexicano más antiguo y uno de los más grandes de Estados Unidos. Eso no es un dato menor: significa que generaciones completas de mexicanos y mexicoamericanos -abuelos, padres, hijos y nietos- han crecido viéndolo pasar por la misma avenida, año tras año, como un reloj que marca la identidad en lugar de las horas.

No existe, hasta el cierre de este reportaje, una cifra oficial verificable de asistentes a la edición 2026; distintos años se han descrito como eventos que congregan a «miles» de personas a lo largo del recorrido. Por rigor, evitamos inventar una cifra que no pueda sostenerse en una fuente confiable.

III. Una ciudad con memoria mexicana

Los Ángeles no es una ciudad con mexicanos. Es, en un sentido histórico profundo, una ciudad fundada por ellos. El pueblo que dio origen a la actual metrópoli fue establecido en 1781 por colonos que llegaron desde territorio de la Nueva España, muchos de ellos originarios de lo que hoy son Sinaloa y Sonora. Dos siglos y medio después, el condado de Los Ángeles concentra la mayor población hispana de cualquier condado de Estados Unidos: cerca de la mitad de sus habitantes se identifican como hispanos o latinos, y -según estimaciones censales recientes- más de siete de cada diez de ellos tienen herencia mexicana.

Pero esa cifra esconde una diversidad interna que conviene no borrar. No es lo mismo un migrante mexicano de primera generación, que llegó de adulto y guarda el acento y el calendario de fiestas patrias intactos, que un mexicoamericano de tercera generación que quizá no habla español con fluidez pero se reconoce, sin ambigüedad, como parte de esa comunidad. Y ninguno de los dos es lo mismo que un salvadoreño, un guatemalteco o un centroamericano de otro origen que también forma parte del extenso mosaico latino del sur de California. Hablar de «los mexicanos de Los Ángeles» como bloque homogéneo es, en el mejor de los casos, una simplificación; en el peor, un borrado de matices que importan.

Lo que sí sostiene la investigación en demografía migratoria es una tendencia clara: la población mexicana de tercera generación en Estados Unidos ha crecido más rápido que ninguna otra en las últimas dos décadas, de acuerdo con el Anuario de Migración y Remesas México 2025, elaborado por BBVA Research, la Fundación BBVA y el Consejo Nacional de Población (Conapo). Eso significa que cada año hay más «Aguascalientes» que nacen fuera de Aguascalientes: personas que heredan el estado como referencia familiar, no como lugar de nacimiento.

IV. ¿Dónde están los aguascalentenses en Estados Unidos?

Según ha declaredo públicamente la gobernadora Teresa Jiménez Esquivel, alrededor de 153 mil aguascalentenses residen actualmente en Estados Unidos. Es la cifra que el propio Gobierno del Estado utiliza como referencia para diseñar su política pública hacia la diáspora, y que sirvió de base, por ejemplo, para la presentación del Programa 2×1 para Migrantes, orientado a duplicar con recursos estatales el dinero que las y los migrantes destinan a proyectos productivos o de infraestructura en sus comunidades de origen.

Esa cifra debe leerse con cuidado metodológico: es una estimación gubernamental, no un censo exhaustivo, y conviene distinguirla de conteos oficiales como los que elabora el Conapo o el Inegi a partir de encuestas y registros binacionales. Aun así, coincide con el peso que Aguascalientes tiene en el mapa de la migración del centro-occidente de México, una región histórica de expulsión hacia el norte que incluye también a Jalisco, Guanajuato, Zacatecas, San Luis Potosí, Querétaro y Nuevo León.

El propio Gobierno de Aguascalientes ha reconocido la importancia de esa presencia binacional al abrir oficinas de atención al migrante en dos de las ciudades estadounidenses con mayor concentración de connacionales: Los Ángeles y Chicago. La existencia de una oficina permanente en Los Ángeles -no solo la visita de una delegación para el desfile- es un dato relevante: sugiere que la relación entre el estado y su comunidad migrante en esa ciudad no se limita a un evento anual, sino que forma parte de una infraestructura institucional más amplia, aunque hasta el cierre de este reportaje no fue posible verificar de forma independiente el nivel actual de operación de esa oficina.

V. Cuando las tradiciones viajan

¿Qué pasa con una danza folclórica cuando cruza la frontera? La antropología de la migración lleva décadas intentando responder preguntas de este tipo, y el concepto que mejor las organiza es el de transnacionalismo: la idea, desarrollada por investigadoras como Nina Glick Schiller y Linda Basch desde los años noventa y ampliada después por Peggy Levitt, de que las personas migrantes no rompen sus vínculos con el lugar de origen al desplazarse, sino que construyen «campos sociales» que existen simultáneamente en dos países. La familia, la fiesta patronal, el club de paisanos y, sí, el desfile del 16 de septiembre, son nodos de ese campo compartido.

Bajo esa lógica, una banda escolar de Aguascalientes tocando en Los Ángeles no es folclore congelado: es un acto de transmisión activa. La música, la danza y el traje regional funcionan como lo que la sociología cultural llama vehículos de memoria colectiva: no transmiten solo estética, sino un relato compartido sobre quiénes somos y de dónde venimos. Un carruaje o una charreada no representan únicamente un espectáculo visual; para una comunidad que vive lejos, pueden operar como un mecanismo concreto de pertenencia, algo que la literatura especializada en identidad migrante suele describir como una forma de «hacer patria» a distancia.

Eso no equivale a decir que todo se conserve igual. La cultura, al migrar, también se transforma: se mezcla con nuevos referentes, se adapta a un público bicultural, incorpora inglés, incorpora ritmos de otros orígenes latinos. Los propios estudios sobre identidad mexicoamericana hablan de identidades híbridas, no de copias exactas de la cultura de origen. Lo que viaja no es una fotografía fija de Aguascalientes: es una versión viva, editada por el tiempo y la distancia.

VI. Los hijos y nietos de los migrantes

La pregunta más difícil de este reportaje es también la más honesta: ¿qué significa sentirse de Aguascalientes cuando se nació a miles de kilómetros de Aguascalientes?

No existen, para esta nota, testimonios propios recabados directamente con familias aguascalentenses en Los Ángeles, y evitamos inventar citas que no podamos sostener. Pero la investigación académica sobre segundas y terceras generaciones de origen mexicano en Estados Unidos ofrece un patrón consistente: la identidad no se hereda de forma automática ni se pierde de forma automática. Se negocia.

Jóvenes nacidos en Estados Unidos suelen combinar el inglés como lengua dominante con un español doméstico o «de cocina»; participan de la cultura mexicana sobre todo a través de la comida, la música y las fiestas, más que a través del idioma formal; y muchos reportan una identidad dual -mexicano y estadounidense a la vez- antes que una elección excluyente entre ambas.

Ese fenómeno explica, en parte, por qué un desfile como el de Los Ángeles importa tanto a nivel comunitario: no es solo un evento para quienes migraron, sino uno de los pocos espacios físicos donde la generación nacida en Estados Unidos puede tocar, literalmente, un fragmento tangible del lugar de origen de su familia. Ver pasar una danza folclórica de Aguascalientes puede ser, para un adolescente de East LA, el primer contacto sensorial con una historia que hasta entonces solo conocía por las conversaciones de sobremesa.

VII. Cultura, identidad y pertenencia

Ninguna de estas dinámicas ocurre en automático ni garantiza resultados idénticos en cada familia. La literatura sobre identidad transnacional advierte que la pertenencia se sostiene con esfuerzo activo -viajes, llamadas, remesas, fiestas, clubes de paisanos- y que, sin ese trabajo continuo, la conexión también puede diluirse con las generaciones. Es decir: la cultura puede viajar, pero no viaja sola. Alguien tiene que seguir empacándola, generación tras generación.

Ahí es donde entra el papel de instituciones como el Gobierno de Aguascalientes. Programas como Reencontrando Corazones -que en 2026 llevó a un nuevo grupo de adultos mayores a reencontrarse con hijos que no veían hasta por treinta años- o la entrega de reconocimientos a migrantes destacados en el evento «Estrellas Gigantes en el Extranjero» no son solo gestos de relaciones públicas: son, en términos antropológicos, intentos deliberados de mantener activo ese campo social transnacional del que hablan Glick Schiller y Levitt.

VIII. Remesas y vínculos económicos

La cultura no es el único hilo que conecta a Aguascalientes con su diáspora. Hay también un vínculo económico medible, aunque conviene explicarlo con precisión, sin simplificaciones.

Según cifras del Banco de México (Banxico) analizadas por BBVA Research, el estado de Aguascalientes cerró 2025 con 938 millones de dólares en remesas recibidas, una caída de 2.2% respecto a 2024 -cuando la entidad había captado cerca de 20 millones de dólares más-. Ese retroceso se inscribió en una tendencia nacional: México en su conjunto pasó de 64,746 a 61,791 millones de dólares entre 2024 y 2025, rompiendo una racha de crecimiento sostenido desde 2013. Solo el municipio capital de Aguascalientes concentró 557.2 millones de dólares de ese total en 2025 -cerca de seis de cada diez dólares recibidos en el estado-, lo que lo ubicó en el octavo lugar nacional entre municipios receptores de remesas, por encima de Oaxaca de Juárez y por debajo de Puebla.

La directora del Instituto Aguascalentense de las Personas Migrantes (IAPEMI), Natzielly Rodríguez Calzada, atribuyó parte de esa desaceleración al clima de temor generado por operativos migratorios en Estados Unidos, que según explicó ha llevado a algunos trabajadores a ausentarse de sus empleos por miedo a ser detenidos. Ese dato, sin embargo, corresponde a una declaración institucional y a una lectura cualitativa del fenómeno, no a una cifra verificada de manera independiente sobre cuántas personas dejaron de trabajar por esa causa específica.

Es importante no confundir remesas con desarrollo automático. Las remesas son, ante todo, dinero familiar: llega a hogares concretos para gastos concretos -alimentación, salud, educación, vivienda-, no un fondo de inversión estatal. Programas como el 2×1 para Migrantes intentan tender un puente entre ese ingreso privado y proyectos con impacto comunitario, pero la evidencia pública disponible no permite afirmar que las remesas «financian» por sí solas el desarrollo del estado; sostienen, sobre todo, la economía cotidiana de miles de familias.

IX. Aguascalientes como identidad cultural

¿Qué Aguascalientes conoce alguien que nunca ha vivido en Aguascalientes? Probablemente, uno construido a partir de fragmentos muy concretos: la Feria Nacional de San Marcos, con su desfile de primavera y sus carros alegóricos; el vino y la vitivinicultura de la región; el deshilado como artesanía textil distintiva; las calaveras de José Guadalupe Posada, artista hidrocálido cuya obra se ha convertido en símbolo nacional del Día de Muertos; la charrería; la música de banda y mariachi.

Cada uno de esos elementos funciona como una pieza de lo que la comunicación institucional llamaría «marca estatal», pero que en términos antropológicos es simplemente memoria compartida hecha símbolo portátil. Cuando ese repertorio viaja a un desfile en Los Ángeles, no solo representa al gobierno que lo envía: representa una síntesis de identidad que una persona migrante puede reconocer de inmediato, incluso si lleva veinte años fuera del estado.

X. Diplomacia cultural y presencia internacional

¿Puede llamarse «diplomacia cultural» a la participación de Aguascalientes en un desfile comunitario en Los Ángeles? El concepto, en sentido estricto, se refiere al uso de expresiones culturales por parte de un gobierno para construir relaciones, imagen o cooperación con actores de otro país. Cuando ese actor es un gobierno subnacional -un estado, no la federación- actuando fuera de sus fronteras, la literatura de relaciones internacionales suele hablar de paradiplomacia.

No toda participación en un desfile califica automáticamente como tal: hace falta que exista una intención institucional de construir vínculo, y no solo una presencia simbólica puntual. En el caso de Aguascalientes, los elementos disponibles -oficinas permanentes de atención al migrante en Los Ángeles y Chicago, programas específicos de vinculación con la diáspora, presencia reiterada en eventos comunitarios en Estados Unidos- sí apuntan hacia una política más estructurada que un gesto aislado. Aun así, calificarla plenamente como «diplomacia cultural» en el sentido formal del término requeriría más evidencia sobre acuerdos institucionales, cooperación con autoridades de Los Ángeles o California, y resultados sostenidos en el tiempo, información que no está disponible de forma pública y verificable al momento de este reportaje.

XI. ¿Qué puede ganar Aguascalientes con estos vínculos?

Más allá del afecto y la memoria, hay una pregunta pragmática: ¿puede la identidad cultural convertirse también en una plataforma económica sin perder su significado comunitario?

La promoción cultural en eventos como el desfile de Los Ángeles tiene, en teoría, potencial para abrir puertas a artesanos, productores de vino, restauranteros, músicos y operadores turísticos aguascalentenses interesados en el mercado mexicoamericano del sur de California. También puede alimentar el llamado turismo de raíces: viajes de personas de segunda o tercera generación que buscan conocer el lugar de origen de su familia.

Sin embargo, no existe evidencia pública disponible que permita afirmar que la participación en el desfile haya generado, hasta ahora, resultados medibles en inversión, turismo o ventas para el estado. Existe potencial promocional documentado; no existe, todavía, un resultado económico comprobado. Mantener esa distinción es, precisamente, lo que separa el periodismo del boletín institucional.

XII. Lo que significa no olvidar de dónde se viene

Al final, la pregunta que abrió este reportaje -qué significa que Aguascalientes lleve su cultura hasta Los Ángeles- no tiene una sola respuesta, y probablemente no debería tenerla. Para el gobierno estatal, puede ser una política pública de vinculación con la diáspora. Para un migrante de primera generación, puede ser la oportunidad de escuchar, por un rato, el sonido exacto de la plaza que dejó. Para un joven nacido en East Los Ángeles, puede ser apenas el primer hilo de una identidad que todavía está construyendo.

Lo que sí puede afirmarse, con el respaldo de la investigación migratoria disponible, es que la distancia geográfica no elimina automáticamente el sentido de pertenencia. A veces lo transforma. A veces lo vuelve más visible, precisamente en esos momentos -un desfile, una fiesta patronal, una llamada de domingo- en que una comunidad migrante vuelve a encontrarse con sus propios símbolos. Una bandera puede convertirse en recuerdo. Una canción puede conectar generaciones que nunca compartieron un mismo país. Y una danza, bailada a miles de kilómetros de donde nació, puede seguir enseñando algo verdadero sobre el lugar de origen.

Aguascalientes y sus migrantes: ¿dónde buscar apoyo?

Para las y los aguascalentenses que viven en Estados Unidos, el Gobierno del Estado, a través del Instituto Aguascalentense de las Personas Migrantes (IAPEMI), ha dado a conocer públicamente los siguientes programas y vías de contacto:

  • Oficinas de Atención al Migrante en Los Ángeles y Chicago, orientadas a resolver trámites y dudas de connacionales.
  • Programa «Reencontrando Corazones», que apoya reencuentros familiares entre adultos mayores en Aguascalientes y sus hijos residentes en Estados Unidos.
  • Programa 2×1 para Migrantes, mediante el cual el Gobierno del Estado aporta un peso por cada peso que un migrante envía para proyectos productivos o de infraestructura familiar.
  • Matrícula Consular, reconocida como identificación oficial en el estado.
  • Oficinas centrales de IAPEMI en Aguascalientes capital: Montes Himalaya 725-2, Jardines de la Concepción II. Teléfono: 449 688 63 86 (horario de atención: 8:00 a 15:30 horas).

Recomendación editorial: antes de realizar cualquier trámite, se sugiere confirmar directamente con IAPEMI la vigencia de horarios, requisitos y programas, ya que la información institucional puede actualizarse.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se realiza el Desfile de Independencia de México en Los Ángeles?

Porque desde 1946 la comunidad mexicana del este de Los Ángeles, a través del Mexican Patriotic Civic Committee Inc., organiza esta celebración como forma de honrar sus raíces y fortalecer la identidad comunitaria en Estados Unidos.

¿Qué significa la participación de Aguascalientes?

Según el Gobierno del Estado, implica la presencia de bandas escolares, danza folclórica, demostraciones ecuestres y carruajes representando la cultura hidrocálida ante su comunidad migrante.

¿Cuántos aguascalentenses viven en Estados Unidos?

El Gobierno de Aguascalientes ha citado la cifra de alrededor de 153 mil personas, una estimación institucional, no un censo exhaustivo.

¿Dónde se concentra la comunidad aguascalentense en Estados Unidos?

No existe una cifra pública, desagregada y verificable por ciudad; el propio estado mantiene oficinas de atención permanente en Los Ángeles y Chicago, lo que sugiere una presencia significativa en ambas.

¿Qué papel tienen las remesas?

En 2025, Aguascalientes recibió 938 millones de dólares en remesas (Banxico/BBVA Research), una fuente clave de ingreso familiar, aunque no equivalente a inversión o desarrollo estatal automático.

¿Cómo conservan los migrantes sus tradiciones?

A través de la música, la danza, la gastronomía, los clubes de paisanos y eventos comunitarios como el desfile de Los Ángeles, que funcionan como vehículos de memoria colectiva.

¿Qué es la identidad transnacional?

Un concepto de la sociología y la antropología migratoria que describe cómo las personas migrantes mantienen vínculos activos -sociales, culturales y económicos- con su país o región de origen, sin que eso implique dejar de integrarse en el país de destino.

¿Qué significa ser mexicano de segunda o tercera generación?

Suele implicar una identidad dual: nacer o crecer en Estados Unidos mientras se conserva, en distintos grados, un vínculo cultural, familiar o simbólico con México, expresado más a menudo en comida, música y fiestas que en el dominio pleno del español.

¿Cómo pueden los migrantes mantener vínculos con Aguascalientes?

A través de clubes de migrantes, programas gubernamentales como Reencontrando Corazones y el 2×1 para Migrantes, visitas familiares y la participación en celebraciones patrias en Estados Unidos.

¿Qué programas existen para los aguascalentenses que viven en Estados Unidos?

IAPEMI ofrece, entre otros, oficinas de atención en Los Ángeles y Chicago, el programa 2×1 para Migrantes, Reencontrando Corazones y la Matrícula Consular como identificación oficial.

Redacción Diálogos en Pluralidad

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