Aguascalientes sigue entre los más competitivos del país, octavo lugar en el ICE 2026

Aguascalientes sigue entre los más competitivos del país, octavo lugar en el ICE 2026

El Índice de Competitividad Estatal (ICE) 2026, que el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) presentó este 21 de septiembre —en el marco del vigésimo aniversario de la medición—, ubicó a Aguascalientes en el octavo lugar nacional, con una competitividad clasificada como alta. Un año antes, en el ICE 2025, el estado había alcanzado el quinto lugar. Es decir: subió en algunos indicadores, mantuvo fortalezas estructurales y, aun así, perdió tres posiciones frente al resto del país.

Y es que ahí está la clave para entender el índice: no basta con mejorar por dentro. Si otras entidades avanzan más rápido, el lugar relativo puede caer aunque los números propios no empeoren. Esa es, exactamente, la historia detrás del octavo lugar de Aguascalientes.

¿Qué mide realmente el ICE?

El ICE no es un termómetro del crecimiento económico ni una calificación al desempeño de un gobierno en turno. El IMCO lo define como una herramienta que mide la capacidad de las 32 entidades federativas para generar, atraer y retener talento e inversión, a partir de 53 indicadores agrupados en seis subíndices: Innovación y Economía, Infraestructura, Mercado de Trabajo, Sociedad y Medio Ambiente, Derecho, y Sistema Político y Gobiernos.

La directora general del IMCO, Valeria Moy, presentó esta edición advirtiendo sobre un reto que atraviesa a todo el país en la nueva economía impulsada por la inteligencia artificial: la disponibilidad futura de energía y agua para sostener el crecimiento industrial y tecnológico.

Esta edición 2026 tiene un peso simbólico adicional: el IMCO cumple veinte años publicando el índice, y por primera vez reconoció a diez estados por su desempeño competitivo sostenido durante las dos décadas de mediciones. Aguascalientes está entre ellos, junto con Ciudad de México, Querétaro, Nuevo León, Coahuila, Baja California Sur, Sonora, Chihuahua, Baja California y Jalisco. Ese reconocimiento histórico —vale la pena subrayarlo— es una medición distinta al lugar que el estado ocupa en la edición de este año. Una cosa es la trayectoria de veinte años; otra, la fotografía de 2026.

Dos movimientos explican buena parte de la nueva tabla. Querétaro subió cuatro posiciones y se colocó como la segunda entidad más competitiva del país, con una calificación de 56.77 sobre 100 puntos. Y Quintana Roo protagonizó el mayor salto del ranking: doce lugares, impulsado —según el propio IMCO— por un fuerte incremento en su índice de complejidad económica en sectores de innovación, junto con Nayarit y Campeche.

Aguascalientes, junto con Baja California Sur, fue de las entidades que más posiciones perdió entre las diez primeras. No porque su economía se haya derrumbado, sino porque el resto del tablero se movió con más fuerza.

Fortalezas confirmadas: inversión, exportaciones y salarios más parejos

El boletín del Gobierno del Estado no exagera al hablar de fortalezas concretas, aunque las presente sin el contraste de la caída de posiciones. De acuerdo con los datos que el propio IMCO reporta para esta edición, Aguascalientes destaca en:

  •  Cuarto lugar nacional en Inversión Extranjera Directa (IED), dentro del subíndice de Innovación y Economía. Es un indicador de flujo de capital hacia proyectos productivos nuevos o ampliaciones, no un monto acumulado histórico; conviene no confundirlo con el tamaño total de la economía estatal.
  •  Quinto lugar nacional en exportaciones, reflejo de la integración de las empresas instaladas en el estado —con fuerte peso de la industria automotriz y sus cadenas de proveeduría— a los mercados internacionales, particularmente a Estados Unidos.
  •  Quinto lugar nacional en menor desigualdad salarial, dentro del subíndice de Mercado de Trabajo. Aquí hay un matiz importante que el boletín oficial no explica: ‘menor desigualdad’ no equivale a ‘salarios altos’. El indicador mide qué tan parecidos son los ingresos entre las personas trabajadoras, no su nivel absoluto. Un estado puede tener salarios modestos y, al mismo tiempo, poca brecha entre ellos.
  •  Entre las cinco entidades con menor proporción de población con ingresos por debajo de la línea de bienestar. Tampoco es sinónimo de ‘sin pobreza’: la línea de bienestar mide si el ingreso alcanza para una canasta básica de bienes y servicios, un umbral distinto —y más estrecho— que el de la medición multidimensional de pobreza que usa el Coneval.

En el contexto nacional, Chihuahua fue la entidad que más creció en su proporción de exportaciones sobre el PIB en dos décadas (de 76% en 2007 a 109% en 2026); Aguascalientes también avanzó en ese periodo, de 38% a 60%, un salto relevante aunque menor al de sus pares del norte del país.

La otra cara: qué explica la caída de tres lugares

El IMCO no atribuye el descenso de Aguascalientes a un solo factor, y aquí es donde el boletín gubernamental guarda silencio. La lectura más precisa es relativa: el estado no necesariamente retrocedió en términos absolutos en todos los indicadores, pero perdió terreno frente a entidades que avanzaron con más velocidad en el mismo periodo —Querétaro, Coahuila, Yucatán y, sobre todo, Quintana Roo—.

La edición 2025 del ICE ya ofrecía pistas sobre los focos amarillos del estado. En ese entonces, con Aguascalientes en el quinto lugar general, sus fortalezas estaban en Innovación y Economía, Derecho e Infraestructura, mientras que el subíndice de Sociedad y Medio Ambiente lo colocaba en el noveno puesto, con rezagos en variables como el tratamiento de aguas residuales y la morbilidad por enfermedades respiratorias. Ese mismo año, el estado mostraba además señales de desaceleración económica interna: el crecimiento del PIB estatal se ubicó en la posición 23 a nivel nacional, con apenas 2.0%, y la diversificación económica lo colocó en el lugar 21.

Esa combinación —fortaleza exportadora y de inversión, junto con rezagos en bienestar social y una economía todavía poco diversificada más allá del clúster automotriz— es consistente con lo que otras entidades del país están reportando para 2026: el crecimiento del PIB se desaceleró de manera generalizada, y el propio IMCO advirtió que la competitividad de México en su conjunto depende cada vez más de la disponibilidad de energía y agua, dos variables donde ningún estado del centro-norte tiene ventajas garantizadas hacia el futuro.

Aguascalientes frente al Bajío

Dentro de la región, el mapa competitivo de 2026 quedó así:

Querétaro es hoy la referencia regional más clara: subió cuatro lugares y se consolidó como la segunda entidad más competitiva del país, solo detrás de la Ciudad de México. Jalisco, aunque bajó dos posiciones, mantiene un perfil de fortalezas muy marcado en innovación (es la entidad con más patentes del país) y en mercado de trabajo, pero arrastra rezagos importantes en los subíndices de Sociedad y Medio Ambiente, Derecho y Gobierno, donde se ubica entre los lugares 13 y 16 a nivel nacional. San Luis Potosí protagonizó uno de los ascensos más consistentes del índice: pasó del lugar 12 al 10 en un año, superando a Tamaulipas, Sonora, Guanajuato y Chihuahua, aunque conserva rezagos en Derecho (19°) y Sociedad y Medio Ambiente (21°). Guanajuato, por su parte, quedó fuera del top 10 y del top 15, en el lugar 16, un dato que merece revisión aparte y no debe leerse como una crítica política sino como resultado de indicadores específicos que el propio IMCO documenta estado por estado.

La lectura regional, entonces, no es que Aguascalientes se haya quedado atrás de todo el Bajío: sigue por delante de San Luis Potosí y de Guanajuato. Pero si la vara de comparación es Querétaro —la entidad que más subió este año en el país—, la brecha se amplió.

Lo que el índice no puede contar por sí solo

Un ranking estatal, por diseñado que esté, no sustituye la experiencia cotidiana de quienes viven, trabajan o invierten en el estado. El ICE no distingue entre la capital y los municipios: no dice si las oportunidades de inversión y empleo que explican el cuarto lugar en IED o el quinto en exportaciones se sienten igual en Jesús María, Rincón de Romos, Pabellón de Arteaga o Calvillo que en la capital. Tampoco mide la percepción cotidiana de la informalidad, ni la calidad específica de los empleos que se están creando, ni cómo se distribuye el ingreso dentro del propio estado más allá del indicador agregado de desigualdad salarial.

Dicho de otro modo: que Aguascalientes tenga poca desigualdad salarial relativa y esté entre los estados con menor proporción de población bajo la línea de bienestar es una fortaleza real y verificable. Pero no equivale a decir que todos los sectores, municipios o grupos de trabajadores —incluidas las brechas de género en participación económica e informalidad que el propio ICE también mide— están recibiendo el mismo beneficio de esa competitividad agregada.

Redacción Diálogos en Pluralidad

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