Escisión social y lucha de clases

Para Lenin –siguiendo las tesis Marx-Engels— el Estado aparece cuando la sociedad se divide en clases, “como aparato especial para la coerción” a fin de garantizar que la casta dominante “se apropie permanentemente del trabajo ajeno, donde unos explotan a otros” (El Estado y la Revolución, p. 8). Al paso de los siglos, “del intercambio de mercancías y la aparición del poder del dinero, surgió el poder del capital” (9). La forma política del Estado presenta gran variedad, así como “doctrinas políticas, opiniones y revoluciones, cuya enorme diversidad e inmensa variedad … [que] sólo podremos llegar a comprender”, admite, “especialmente en relación con las doctrinas políticas, filosóficas de los eruditos y políticos burgueses” (10). Aunque es preciso puntualizar de mi parte, que esa diversidad de formas y doctrinas políticas surgen desde la antigüedad “clásica”: Medio Oriente, Grecia y Roma. Baste citar a Solón, Platón y Aristóteles. Incluso, también algunos miles de años antes, en los países de Asia oriental, sobre todo China (Confucio).
En la sociedad capitalista –añade Lenin—el régimen jurídico del Estado “reconocía [reconoce] los derechos de propiedad de todo comerciante, fabricante e industrial. Y esta sociedad, basada en la propiedad privada, en el poder del capital, en la sujeción total de los obreros desposeídos y las masas trabajadoras del campesinado, proclamaba que su régimen se basaba en la libertad”, sin embargo, –acoto—es la libertad de la clase dominante y la libertad de comercio, no la libertad de todas las clases sociales.

Pese a reconocer como “una de las repúblicas más democráticas del mundo [a] Estados Unidos de Norteamérica”, Lenin puntualiza que “sin embargo, en ninguna parte (y quienes hayan estado allí después de 1905 probablemente lo saben) es tan crudo y tan abiertamente corrompido como en Norteamérica el poder del capital, el poder de un puñado de multimillonarios sobre toda la sociedad. El capital, una vez que existe, domina la sociedad entera, y ninguna república democrática, ningún derecho electoral pueden cambiar la esencia del asunto”. (22) Esa democracia, aclaro, era la de los propietarios blancos, sustentada en la esclavitud y la casi extinción de los “americanos nativos” (véase Howard Zinn, “La otra Historia de los Estados Unidos).
Afirma que es imagen idealizada suponer que existe la libertad en cualquier Estado “mientras exista la propiedad privada, aunque sea república democrática”, ya que no es sino instrumento –“máquina” es el término que utilizó Lenin–, de la clase capitalista reprimir a los obreros”. Incluso esa apariencia ideologizada se manifiesta con toda claridad en “Suiza … y Estados Unidos en América … En ninguna parte domina el capital en forma tan cínica e implacable y en ninguna parte su dominación es tan ostensible como en estos países, a pesar de tratarse de repúblicas democráticas, por bellamente que se las pinte y por mucho que en ellas se hable de democracia del trabajo y de igualdad de todos los ciudadanos. El hecho es que en Suiza y en Norteamérica domina el capital” (23-24)
En las potencias capitalistas, concluye, “la fuerza del capital lo es todo, la Bolsa es todo, mientras que el Parlamento y las elecciones no son más que muñecos, marionetas… (24)
En la segunda edición (mayo 2009, Madrid) de El Estado y la Revolución, reitera la tesis de expuesta por Engels en “El origen de la familia, la propiedad y el Estado” –consideraciones ampliamente compartidas por Marx–, “el Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables”. (p.29)
Según Marx, “si el Estado es producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad” y que “se divorcia más y más de la sociedad”, resulta claro que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, sino también sin la destrucción del aparato del poder Estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel “divorcio”. (29-30)
En las últimas décadas del siglo 19 [1891, último prólogo de Engels a “Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado], Francia, Alemania y “tenuemente” Estados Unidos iniciaron su etapa imperialista, según apreciación de Lenin, pero en rigor, subrayo de mi parte, el imperialismo francés dio comienzo desde el primer tercio del siglo 19. “Imperialismo –señala Lenin– tanto en el sentido de la dominación completa de los trusts, como en el de la omnipotencia de los grandes bancos, [y con ello surge] una grandiosa política colonial. Desde “la segunda década del siglo XX el planeta quedó definitivamente repartido entre (…) las grandes potencias rapaces” –continúa Lenin–, cuya “rivalidad por las conquistas” hizo que todos los pueblos y los recursos naturales de cualquier región del mundo fuesen objeto de la mayor piratería y despojo.
A partir de esa época los armamentos terrestres y marítimos han crecido en proporciones increíbles, y la guerra de rapiña de 1914 a 1917 por la dominación de Inglaterra o Alemania sobre el mundo, por el reparto del botín, ha llevado la “absorción” de todas las fuerzas de la sociedad por un poder Estatal rapaz hasta el borde de una catástrofe completa (34). Participaron en “la gran guerra” Francia e Italia, la cual reclamó que, pese la alianza con aquéllos países, no logró parte del pillaje. Dicha frustración, sumada a la crisis de postguerra, creó las condiciones para el surgimiento del fascismo.
“Para mantener un poder público especial, situado por encima de la sociedad, son necesarios los impuestos y la deuda pública” (34), cuyo alto costo en constante aumento, añado, finalmente recaen sobre los hombros del ciudadano de a pie, de las clases subordinadas.







