Asalto a la Razón

Asalto a la Razón

La trayectoria intelectual de Georg Lukács (Budapest. 1885-1971) inició en literatura y crítico de arte y culminó con filosofía y teoría política. Estudio a Kant, militó en la socialdemocracia de Hungría y en diciembre de 1918 ingresó al Partido Comunista. Desde el punto de vista doctrinario, coincidía con Rosa Luxemburgo (quien sostuvo largos debates con Lenin respecto a la interpretación y práctica de las teorías de Marx), pero, ante el éxito de la revolución que encabezó Lenin en Rusia, Lukács se adhirió más a las tesis del líder soviético. Judío de nacimiento, se vio obligado, ante la instauración del nazismo en Alemania, a refugiarse en la URSS de 1933 a 1944. 

En el prólogo a la edición española de “Asalto a la Razón” (1959), señaló que esta paradigmática obra fue escrita durante la segunda guerra mundial y terminada en 1952. Lúcido, erudito, con gran dominio de los temas que aborda, sin embargo, denota rigidez ideológica cuasi dogmática por su filiación ortodoxa del marxismo oficial dominante, convencido del socialismo soviético como portador de la perspectiva de un mundo nuevo, justo y libre. Seguramente desconocía –o no se atrevió a admitir— que la república del proletariado no estaba en manos de los trabajadores, sino de “la vanguardia” ideológica que impuso un régimen autocrático en manos de la nomenklatura del PCUS, que era realmente la clase dominante.

Lukács y Herbert Marcuse coinciden en que la dialéctica es tanto categoría de análisis del proceso histórico, como cuestión metodológica. “En Historia y conciencia de clase, Lukács establece … [que] el método dialéctico penetra más allá de la superficie de los datos estadísticos y entidades separadas, para llegar a la totalidad y a las contradicciones que forman su esencia” (Textos político-filosóficos. Historia y conciencia de clase. HistClassConcCoverGerman.gif, p. 2)

Marcuse, por su parte, aduce que el “método dialéctico es método histórico … Todo hecho puede ser sometido al análisis dialéctico sólo en la medida en que cada hecho esté influenciado por los antagonismos del proceso social” (Razón y revolución, 1941, p. 21).

En esa línea discursiva, Lukács afirma que el conocimiento de la realidad es parte sustantiva de la lucha de clases. “La dialéctica materialista en cuanto conocimiento de la realidad, no se consigue más que desde el punto de vista de clase …  Si abandonamos ese punto de vista, nos alejamos del materialismo histórico, lo mismo que, por otro lado, si nos elevamos a ese punto de vista, entramos directamente en la lucha del proletariado” (Historia y conciencia de clase, Editorial de Ciencias Sociales del Instituto del Libro, La Habana, Cuba. P. 55). 

En su visión ortodoxa Lukács consideró al PCUS como instrumento necesario para “el movimiento revolucionario: “Existe … una problemática caracterizada por tres grandes problemas a saber: 1. niveles de conciencia de clase; 2. relación entre partido y masas trabajadoras, particularmente en el transcurso de la revolución; 3. problema de la organización interna del partido. En dicho contexto problemático se ubica Historia y Conciencia de Clase” (Luis Ricardo Ruiz, https://kmarx.wordpress.com, p. 4).

Para Lenin, el partido “es la herramienta fundamental de realización de la síntesis entre el factor consciente [o séase la “vanguardia” que piensa por los trabajadores y los orienta ideológicamente] y el movimiento de masas, síntesis que tiene que ser dada en el movimiento real, concreto” (Ruiz, Op. Cit. P. 7). Añade: “Lenin ha mostrado con toda razón que no hay situación alguna que en sí y por sí que carezca de salida. Cualquiera que sea la situación en que se encuentre, el capitalismo descubrirá siempre posibilidades de solución ‘puramente económicas’; la cuestión es simplemente si esas soluciones podrán realizarse, imponerse, cuando pasen del mundo teórico puro de la economía a la realidad de la lucha de clases. Así pues, vistas las cosas en esa pureza abstracta, siempre son imaginables salidas o soluciones para el capitalismo” (p. 5). 

Escrito un siglo antes, pareciera que en el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels anticiparan respuesta a ese planteamiento de Lukács: “la burguesía moderna es ya de por sí fruto de un largo proceso de desarrollo, de una serie de revoluciones en el modo de producción y de cambio … Cada etapa de la evolución recorrida por la burguesía ha ido acompañada del correspondiente progreso político” (Marx, Engels, Obras Escogidas, Ediciones de Cultura Popular, p. 34)

Acorde con ello, desde mi punto de vista, la historia ha acreditado,  la resiliencia del sistema capitalista y su capacidad para evolucionar y superar sus propias crisis, transformando las condiciones de las relaciones sociales de producción, adaptando las innovaciones tecnológicas a sus necesidades de reproducción y acumulación de capital y, con ello, a la organización y control del trabajo, de modo que consolida las formas de dominio clasista, tanto en lo económico como en el régimen político-jurídico-ideológico. 

Para los trabajadores la opción práctica a sus problemas y demandas, dentro de la sociedad capitalista, se canalizan vía el sindicalismo, que a la larga no es sino una forma de mediatización, ya que elimina formas revolucionarias de lucha social y política. A cambio compensa con la estructura de bienestar social, pero sólo para una fracción de la clase trabajadora, la sindicalizada, con lo cual genera no únicamente una especie de “casta proletaria aristocratizante”, sino, en particular, divide en varios niveles a los trabajadores, descendiendo hasta a grados de informalidad y subsistencia. 

Así, además de la subdivisión clasista, propicia la eliminación o neutralización de conciencia de clase. En consecuencia, el trabajador se ve a sí mismo en su condición de ciudadano formalmente “libre y con derechos”, no se asume como objeto de expoliación. Ello fomenta, incluso, la atomización ciudadana, impidiendo así las organizaciones de clase. En su lugar genera otro tipo de particularismos sociales que evaden la condición clasista subordinada, entre otras, “liberación femenina” (la cual sólo es posible, vinculándola con “la liberación masculina”, esto es, la supresión de las desigualdades clasistas), diversidad sexual, diferenciaciones culturales y hasta religiosas.

Jorge Varona Rodríguez

Ex Presidente del Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública de Aguascalientes

Jorge Varona Rodríguez

Ex Presidente del Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública de Aguascalientes

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