¿Dónde están las manos que mueven al mundo?
La fuerza del trabajo mundial, en 2026, está formada por 3 mil 822 millones de personas. El 7.8% se ubican en los países de “bajos ingresos”; mientras que casi tres cuartas partes están localizadas en países de medianos ingresos los cuales se dividen en dos niveles: el inferior (35%) y el superior (38%). Por su lado, los países de altos ingresos concentran sólo el 20% de la fuerza de trabajo. Lo anterior según el informe de la OIT, “Tendencias sociales y del empleo 2026” (disponible en www.ilo.org), publicado hace un par de semanas.
La clasificación en esos cuatro niveles fue elaborada por el Banco Mundial de acuerdo con el nivel de ingresos per cápita de cada país, calculados en dólares estadounidenses. Las naciones más pobres suman 26, entre ellas, muchas africanas y algunas asiáticas como Afganistán o Siria. Las de medianos ingresos del nivel inferior son 51, entre las cuales hay también varias ubicadas en África, pero igualmente algunas latinoamericanas como Bolivia, Haití, y Honduras; y países tan destacados como India. En el nivel superior de medianos ingresos están 49 naciones, comprende la mayoría nuestro subcontinente incluyendo México, pero igualmente China Irán, y Turquía. Finalmente, las de altos ingresos son 63; en esta clasificación se encuentran Estados Unidos, Israel, casi todas las naciones europeas, algunas latinoamericanas como Chile y Costa Rica; Rusia; varias naciones asiáticas como la República de Corea; y países árabes exportadores de petróleo (Arabia Saudita, Emiratos, y Catar).
Esta clasificación es un tanto inexacta ya que no mide otras variables como los niveles de desarrollo productivo y tecnológico, ni los índices de bienestar y desigualdad. Sin embargo, resulta útil para algunas comparaciones. Por ejemplo, el año pasado, aunque el desempleo a nivel mundial se calculó en 4.9%, la desocupación juvenil fue mucho mayor, 12,4%. Además, el porcentaje de personas de estas edades que no recibieron un ingreso por su trabajo y tampoco estaban estudiando o en algún programa de capacitación llegó a 20% a nivel mundial y era mucho más alto en los países más pobres (28%), en los de ingreso medio inferior (22.8%), y en los del nivel mediano superior como México, (17.1%) mientras que en las naciones ricas el porcentaje de estos jóvenes sin empleo ni educación era de 11%. Es decir, mayores oportunidades de empleo o educación para los jóvenes propicia mejores ingresos per cápita a nivel nacional.
Algo similar sucede en las tasas de informalidad y trabajadores por cuenta propia, grupos que tienen en su gran mayoría una gran vulnerabilidad ya que no están asegurados, no tienen contratos ni estabilidad en el empleo ni, frecuentemente, un ingreso irregular. En los países más pobres, los trabajadores por cuenta propia representaban el 53.5% y los informales el 90,2%; en los de medianos ingresos de nivel inferior, 49.4 y 83,4% respectivamente; en los medianos de nivel superior como el nuestro, 26.6% y 53%. En cambio, en las naciones ricas, los trabajadores por cuenta propia fueron apenas el 7.4% y los informales el 8,5% del total de la fuerza de trabajo. Así, el nivel de informalidad y el porcentaje de trabajadores por cuenta propia pueden tomarse en cuenta como indicadores, muy elocuentes, del nivel de prosperidad de una nación. Es posible afirmar que la pobreza de ingresos laborales por persona en un país es mayor en la medida en que lo sea la existencia de trabajadores informales y empleados por cuenta propia.
Además, el fenómeno de la informalidad ha venido aumentando: a nivel mundial: pasó de 57.4 % en 2015 a 57,7% en 2025 y afectó especialmente a las mujeres pues el nivel de informalidad de los hombres en los últimos 10 años (2015-2025) disminuyó ligeramente de 59.1 a 58,9% mientras que en el caso de las mujeres aumentó de 54.8 a 55,9%. Lo anterior mostraría que, no obstante algunos progresos en materia de equidad entre los géneros, las condiciones de las mujeres trabajadoras han empeorado.
Evidentemente, los ingresos que se reciben por el trabajo y la informalidad laboral se ven reflejado en los niveles de pobreza, según los parámetros de la OIT y el BM. En los países con menores ingresos la pobreza extrema llegó al 50.5 y la moderada al 17,2% del total de la fuerza de trabajo; en los medianos inferiores, 10.1 y 13%; en los medianos nivele superior 14 y 2.3%, y en los ricos no hubo registro estadístico. Las mujeres fueron más afectadas en las naciones más pobres: en 2023, la pobreza extrema y moderada fue de 66.8% para los hombres y de 71.1% para las mujeres.
En síntesis, a pesar de las objeciones que pueden hacerse a la clasificación del Banco Mundial, de manera agregada puede encontrarse que, a menores ingresos per cápita, la informalidad será mayor, los trabajadores por cuenta propia más numerosos, y por supuesto más elevados los niveles de pobreza por ingresos laborales.
Como señalamos antes, las tres cuartas partes de la fuerza de trabajo ubicadas en los países de medianos ingresos (inferior y superior) tienen un nivel de informalidad agregado de casi 50%%. Si agregamos las naciones más pobres, la informalidad aumenta a 56.4% es decir 2 155 millones de personas trabajan en la informalidad, incluyendo 1058 que trabajan por cuenta propia.
En otras palabras, los brazos de hombres y mujeres que mueven al mundo son en su mayoría trabajadores sin protección, sin gozar de derechos laborales y con ingresos poco seguros.
En México, según los últimos datos de INEGI, la pobreza laboral (es decir, las personas con un ingreso laboral insuficiente para adquirir la canasta básica) alcanzó en el cuarto trimestre de 2025 a nivel nacional al 32.3% de la población; fue más elevada en el ámbito rural (46.6%) y menor en el urbano (28.1%). Mostró una disminución anual de 3.1 puntos porcentuales, el cual se explica por el aumento del ingreso laboral per cápita de 5.3% a nivel nacional
No obstante, hay que subrayar que, en Chiapas, Oaxaca y Guerrero, la pobreza laboral sigue siendo elevada con niveles de 59.8, 56.6 y 51.3% por ciento respectivamente. En cambio, en Baja California Sur y Baja California se observaron los más bajos: 14.2; y 18.2% en ese orden. Porcentajes similares a estos se observaron en otras entidades norteñas. Igualmente, en el cuarto trimestre de 2025 la tasa de informalidad fue de 55% y fue más acentuada entre los jóvenes (68%).
Ambos indicadores, el de pobreza laboral y de informalidad, elaborados por INEGI, no son comparables con los de la OIT debido a que utilizan parámetros distintos. Sin embargo, muestran que el reto para México sigue siendo mejorar la calidad de los empleos.
Lo anterior supone, destacadamente, cerrar la brecha regional, principalmente, entre el medio rural y el urbano, y entre las entidades del sureste y el norte. Esta brecha ha sido resultado de procesos históricos de muchos años que se ha acentuado debido a la integración de México a la economía estadounidense.
Superar esa brecha supone un conjunto de políticas públicas relacionadas con la inversión en infraestructura social y productiva, la atención al campo y a sus trabajadores; mejorar las oportunidades de educación y capacitación para los jóvenes; y proteger a las mujeres trabajadoras. Implica, asimismo, reducir la dependencia del modelo exportador de manufacturas hacia Estados Unidos y construir una economía más sustentable en el consumo interno y en cadenas de valor más complejas y diversificadas.
Los brazos y manos de los mexicanos y mexicanas que producen lo que consumimos y permiten exportar mercancías no pueden estar divididos entre una mayoría que labora en la informalidad o por cuenta propia, y otra, minoritaria, que labora en mejores condiciones. Todos merecen un futuro más promisorio, pero la posibilidad de esa mejoría depende en buena medida de que los más vulnerables superen esas condiciones críticas.
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